2 dic. 2016

FIL GUADALAJARA 2016

Hoy aquí, en la Feria del Libro de Guadalajara, con el excelente público mexicano cerrando el año.
Saludos, MM.



28 nov. 2016

CUENTO DE NAVIDAD


   Muchas gracias a todos por seguir leyendo de un modo tan comprometido durante este 2016. Ha sido un año maravilloso y terrible al mismo tiempo, generoso y cruel, prolífico y desalmado como ningún otro. Es hora de descansar. Esta semana estaré en la Feria del Libro de Guadalajara y luego habrá llegado el momento de parar, de hacer balances, de planear estrategias para el 2017.
    Muy posiblemente habrá una última firma de libros el 17 de diciembre en la Librería Nacional de Unicentro, en las horas de la tarde, y los que estén interesados deben estar pendientes de la página de Editorial Planeta, donde se avisará la hora exacta. 
Espero que el próximo año tengamos la fuerza necesaria para continuar resistiendo con determinación. Les deseo a todos unas felices vacaciones. Retomaré el blog a finales de enero. No solo ustedes deben descansar de mí. Creo que es sano que yo también deje a un lado por unas semanas a Mario Mendoza.
A manera de regalo de Navidad, les dejo este breve cuento inédito que escribí para ustedes.
Con el afecto de siempre, MM.










LA LLEGADA DE ALICIA


La vida en Alaska es dura. Frío, nieve y mucha soledad. James Lee, el guardia de la última frontera de la reserva natural Denali, lo sabía muy bien. Llevaba ya tres años a cargo de uno de los puestos de vigilancia al norte del parque, y, aunque al principio se adaptó bien al silencio y a la falta de compañía, un tiempo después empezó a sentir una depresión que lo obligó a consultar a un psiquiatra. Se negó a tomar antidepresivos pero no sabía cómo superar esos lamentables estados de ánimo.
Una noche recortó un aviso en el que ofrecían muñecas de compañía para adultos hechas en silicona. Las fotos del anuncio mostraban unas imágenes de mujeres jóvenes voluptuosas y sensuales. Decían que el cliente podía elegir el color de la piel, el diseño de los ojos, el cabello y los atributos corporales. James siempre se había sentido atraído por Alicia Keys, la cantante, e incluso alguna vez le había escrito una carta personal de fan enamorado. Así que decidió enviar un mensaje preguntando cuánto podía costar una imitación de Alicia Keys. A los pocos días le respondieron, él consignó en una cuenta bancaria, y cinco semanas después, en el pueblo más cercano, le avisaron que había un paquete grande para él. James sintió que el corazón se le aceleraba, recogió una caja larga de madera en su camioneta y regresó a su puesto de vigilancia.
Su nueva compañera lo dejó deslumbrado. No solo se parecía a la Alicia original, sino que tenía una ligera curvatura en los labios que insinuaba una sonrisa tierna, dulce y provocadora. La caja traía también una hoja de instrucciones y una bolsa con lencería sexy de varios colores. De pronto le pareció que su cabaña estaba más calurosa y que el frío había menguado.
En la siguiente bajada al pueblo compró ropa de mujer, maquillaje, esmaltes, zapatos y varios perfumes. También un pavo, salsa de ciruela, una torta de chocolate y dos botellas de vino.
El día de Navidad se sintió alegre, cocinó desde el mediodía y, a las doce en punto de la noche, ayudó a su nueva compañera a sentarse a la mesa. Afuera caía la nieve. Sirvió la cena en los dos platos, escanció el vino generosamente, levantó su copa muy emocionado y dijo con la voz entrecortada y los ojos arrasados en lágrimas:
- Bienvenida a casa, Alicia. Feliz Navidad.

21 nov. 2016

Reversibilidad





Este año 2016 se considera ya como el punto de no retorno en cuanto a una crisis general que varios científicos, sociólogos y ambientalistas venían prediciendo durante la última década. Antes podíamos decir “debemos corregir el rumbo haciendo esto o aquello”, “si todos ponemos de nuestra parte lo lograremos”, “nuestra creatividad está siendo puesta a prueba para sobrevivir”, “aún hay esperanza”, etc… Todos esos discursos ya son inocuos. Tanto en la cumbre de París como en el reciente encuentro de Marrakech la semana pasada, está claro que las cifras, en lugar de brindarnos alguna esperanza, lo que hacen es confirmar el desastre que ya se inició. Las autoridades no lo dicen abiertamente para no causar pánico en la población, pero lo que se viene es una cadena de catástrofes que ya no tienen solución.
Cuando pasamos la escandalosa cifra de siete mil millones de personas debimos actuar de inmediato y frenar la tasa de natalidad. Ningún país tomó medidas radicales ni se presentó una sola campaña significativa al respecto. Reproducirse siguió siendo algo natural, normal, incluso una acción que se continuó celebrando, cuando ya las alarmas mundiales estaban encendidas y cualquier nacimiento lo que hacía era agravar ese punto de no retorno.
El deshielo de los polos, los cambios en las corrientes marítimas, el recalentamiento global, las lluvias exageradas en ciertas zonas del planeta y las largas sequías en otras están produciendo centenares de miles de refugiados climáticos. De todas esas personas que vemos con sus bártulos al hombro intentando ingresar a los países europeos, una buena parte provienen de parajes donde no llueve desde hace ya más de tres años. Eso significa que no hay agua potable, ni cómo sembrar, ni cómo bañarse, ni cómo sostener un alcantarillado público. Se estima que en los próximos años veremos a cerca de 720 millones de personas afectadas por el cambio climático de manera directa y los refugiados por las migraciones pueden llegar a 150 millones.
Las consecuencias de este punto de no retorno se presentan no solo en lo exterior, sino que nuestro propio cuerpo empieza a experimentar ya una falta de adaptabilidad a un entorno agresivo, impredecible y caótico. Nuestro sistema inmune es cada vez más débil a las amenazas de virus variables, macro-bacterias y temperaturas que suben y bajan de un modo anárquico. Cada vez somos más frágiles ante los embates de este planeta al que convertimos en un enemigo de tanto herirlo y maltratarlo.
También en el plano social veremos las consecuencias de esta sobresaturación del sistema. El colapso de la economía en el 2008 fue solo una advertencia, un mensaje de lo que está por venir. Los países con mayor afluencia de inmigrantes no saben cómo paliar la situación. La xenofobia empieza a renacer con una tenacidad que parecía ya extinta, y eso ha fortalecido los discursos de los partidos de derecha. De ahí el triunfo del Brexit en Inglaterra y la subida de Trump en Estados Unidos. Ya no se trata de solidaridad ni de fraternidad, sino de cómo aislarnos de esos extranjeros que amenazan nuestra estabilidad interna. Esta percepción del mundo no evitará, sin embargo, que se presenten guerras internas, civiles, entre franjas privilegiadas de la población y los estratos menos favorecidos. Veremos en los próximos años un renacimiento del racismo, la segregación y la exclusión.
Si antes se trataba de tolerancia y de respeto, ahora la consigna es aislarse para sobrevivir. Nuestro cerebro racional, inteligente, educado, culto, que es el más reciente y el menos desarrollado, sufrirá una reversibilidad lamentable. Las habilidades que conquistamos para relacionarnos con los otros y crear con ellos formas cada vez más sofisticadas de convivencia, de estudio y de creatividad, serán reemplazadas por las viejas prácticas que están memorizadas en el cerebro reptil: hostilidad, agresividad, defensa del territorio, pensamiento tribal.

Estamos asistiendo, indudablemente, al comienzo de la caída. Las décadas por venir exigirán de nosotros toda nuestra fortaleza y nuestra capacidad de resistencia.

20 nov. 2016

LA COLONIA DE ALTAIR






     Y bueno, acaba de salir a librerías en la edición de Planeta el cuarto libro de la saga de aventuras de El Mensajero de Agartha: La Colonia de Altair. Qué alegría alcanzar a verlo antes del cierre de año. Las ilustraciones de Alejandro Amaya y Oscar Abril, como siempre, son fantásticas.
Durante la década de los años setenta, según una leyenda urbana, desaparecieron varios científicos europeos. No dejaron rastro alguno. Muchos creyeron que se trataba de una fuga de cerebros al extranjero, principalmente a Estados Unidos. Después surgió una versión inquietante: que habían sido elegidos para dirigir una expedición secreta a otro mundo. El objetivo era alcanzar un planeta muy similar a la Tierra y fundar allí una colonia humana. 
En esta cuarta aventura, Felipe viajará junto a su fiel Elvis a Cuzco, en Perú, y en La Montaña de los Astrónomos, en Machu Pichu, serán abducidos y transportados a Altair. Allí tendrán que ser testigos de los logros y los horrores cometidos por los expedicionarios. 
Curiosamente, Altair es un mundo que funciona como un espejo perfecto de nuestro propio planeta, la Tierra.


14 nov. 2016

La tercera ley de Clarke







Después de Ray Bradbury, el escritor de ciencia ficción más fascinante es, sin duda, el inglés Arthur C. Clarke, autor de la famosa 2001: Una odisea del espacio, y coautor del guión de la película que lleva el mismo nombre. Clarke trabajó con la fuerza aérea inglesa y fue un ingeniero sobresaliente y un especialista en satélites. También estudió física y matemáticas en el prestigioso King’s College de Londres. Su vida está llena de premios y reconocimientos a su inmenso talento. Fue nombrado Caballero de la Orden del Imperio Británico en 1998 y el asteroide número 4923 lleva su nombre, lo mismo que un dinosaurio descubierto en Australia.
Son famosas sus tres leyes, esbozadas durante los años sesenta y setenta:

1.ª Cuando un científico eminente pero anciano afirma que algo es posible, es casi seguro que tiene razón. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente está equivocado.

2.ª La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.

3.ª Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Quizás debido a esta tercera ley es que decidió mudarse a Sri Lanka, entrar en contacto con maestros y chamanes provenientes de la India, y al final de su vida vivió en Colombo investigando extraños casos de reencarnación. Los periódicos de esa ciudad reseñaban historias de jóvenes y niños que tenían recuerdos de vidas pasadas. Por pura casualidad, o por destino, alguien se daba cuenta de que esos recuerdos no eran fantasías, ni delirios, sino datos referentes a la vida en concreto de alguien que también había vivido en la isla. Y entonces ponía en contacto a las dos familias para que se conocieran, la del muerto y la del reencarnado.
Clarke pasó sus últimos días leyendo estos casos, visitando a los protagonistas, tomando notas y entrevistando tanto a los jóvenes que decían haber vivido una vida pasada como a sus familiares.

¿Un escritor de ciencia ficción rastreando reencarnaciones en un rincón escondido del planeta? ¿Qué estaba estudiando Clarke realmente? ¿Qué descubrió en esos años en los que fue testigo de que la muerte no es más que el tránsito hacia una vida posterior?


(Del libro en el que estoy trabajando ahora...)

7 nov. 2016

Mi bipolaridad y sus maremotos





     A partir de reflexiones que ya había hecho en este blog, escribí el siguiente prólogo para el libro Mi bipolaridad y sus maremotos, de la periodista Catalina Gallo, un testimonio muy bien escrito, impactante y honesto, acerca de esta enfermedad. Acaba de salir a librerías y, en un país tan ignorante con respecto a temas psiquiátricos, esta lectura debería ser obligatoria.

Saludos para todos, MM.


El largo camino

En medicina el cerebro estudió primero los músculos del cuerpo, los órganos, el hígado o el páncreas, las arterias, el esqueleto, el corazón. Al final, al cerebro sólo le quedaba una tarea pendiente: estudiarse a sí mismo. Por eso las ramas más atrasadas de la medicina son la neurología y la psiquiatría. Hasta hace poco sabemos en realidad cuál es la estructura cerebral y cómo parece operar.
Una hipótesis es que la evolución que hemos sufrido se nota en la misma organización del cerebro. Paul MacLean, uno de los grandes investigadores del cerebro, muerto recientemente, sugirió una división que parecería explicar cierto caos que percibimos dentro de nosotros mismos. Existiría un cerebro inicial, un lugar remoto donde se originan muchas de nuestras conductas más primitivas: el cerebro reptil. Muchos hábitos de la supervivencia y conductas compulsivas están ubicados en esa zona.
Luego vendría el cerebro paleo-mamífero, que nos permite interactuar con el exterior, poner en relación, modificar ciertas conductas a partir de un engranaje con el entorno, aprender y en ese sentido ir incorporando ese aprendizaje de una generación a otra.
Y finalmente estaría el neocórtex, que es muy reciente en comparación a los otros dos cerebros. Es el sitio de nuestro cuerpo donde está el pensamiento racional, las ideas, la capacidad argumentativa, la auténtica complejidad humana con el ir y venir del lenguaje. Es una especie de súper computador con millones de sinapsis que construyen, literalmente, la realidad. Es el sitio más dinámico y mágico de nuestro cerebro, el objeto que ha creado el universo para contemplarse en una especie de espejo deformado, para auto-percibirse, para ser consciente de sí mismo.
Uno desearía que esa parte delicada y sofisticada del cerebro que hemos desarrollado en los últimos tiempos fuera la principal, la que prima, la que se impone, la que rige nuestros modos de ser tanto a nivel individual como grupal; pero lamentablemente no es así. Es la más frágil y la que lleva menos tiempo con nosotros. Y aunque hay autores que critican este esquema y aseguran que hay correlaciones más complejas, lo cierto es que sí existe un cierto desequilibrio interior entre el mundo emocional y el racional. Es un problema de diseño neurológico.
Fuimos probando modelos en la medida en que íbamos sobreviviendo y afianzando nuestra presencia en el planeta. Y como producto de esas pruebas acierto-error, logramos irnos apropiando de la realidad circundante. Pero nos quedaron rupturas internas que al día de hoy son difíciles de manejar.
Las obsesiones, los vicios, la atracción sexual desmedida, ciertas pulsiones irracionales no se ubican en la misma zona que la reflexión, no se encuentran bajo el mandato de la neo-corteza cerebral. De ahí esas eternas contradicciones interiores que no entendemos, ese caos que a veces se nos vuelve ingobernable: nuestras pasiones van por un lado y nuestra razón por otro. Como una tortuga que regresa a la playa donde fue engendrada (acción característica del cerebro reptil), de ese mismo modo hay gestos y hábitos que se incrustan en las zonas más primitivas de nuestro cerebro.
El sistema límbico es aún un desconocido, y crea relaciones y actúa de un modo que no está muy claro. Y puede salvarnos, pero también puede hundirnos. Está atravesado por unas fuerzas oscuras temibles y siniestras.
La escisión entre muchas de nuestras pulsiones y nuestra razón es una de las grandes batallas que tenemos que librar a lo largo de la vida. Quizás la batalla más difícil y la más desgastante. Y nadie nos enseña cómo hacerlo ni hay métodos para solucionarlo. Nos toca solos, a punta de errores, idas y venidas, contradicciones y grandes sufrimientos.
En la madeja caleidoscópica que nos compone, la razón, la inteligencia, sólo ocupa un breve espacio en la superficie. Significativo, sin duda, pero superficial. El resto se pierde hacia adentro en capas más profundas que definen nuestro carácter. Por eso es fundamental, desde muy joven, navegar por esas aguas, descender, bajar a las profundidades de sí mismo para desactivar ciertos mecanismos autodestructivos que más adelante pueden echar por tierra una vida valiosa. El problema es que a la gente no le gusta hacer ese viaje. Y en el fondo es comprensible: no es fácil, toca ir a tientas, entre la penumbra, tropezándose con situaciones desagradables que apestan y hieden, con dolores terribles, con heridas que aún están sangrando. Pero quien no conoce el sótano de sí mismo, las cañerías, los subterráneos, está condenado más tarde a perecer en ellos.
La pereza, la dejadez, ciertas depresiones, la baja autoestima, la ansiedad, la vanidad, la crueldad sentimental, la permanente victimización, la hipocondría, las adicciones, la culpa o la imposibilidad para relacionarse con los demás nos pueden lesionar gravemente una vida que hubiera podido ser esplendorosa y magnífica. Es preciso descubrirlas a tiempo y desactivarlas. Y eso no se logra a punta de ideas ni de argumentos. Hay que emprender un largo viaje por las tinieblas interiores para conocerse un poco más allá de las apariencias a las que estamos acostumbrados.
Muchos artistas han sufrido la disociación de eso que llamamos identidad: Edgar Allan Poe, Van Gogh, Hemingway, Andrés Caicedo. Sus obras nos muestran ese difícil proceso del autoconocimiento. Lo curioso es que sus fracturas internas y sus resquebrajamientos son una metáfora de los nuestros, de los de cada uno de nosotros. Mister Hyde, el célebre y terrible personaje de Robert Louis Stevenson, es una figura que todos llevamos dentro.
Por eso este libro no es para enfermos bipolares, o para alguien que alguna vez sufrió una depresión, o para familiares de pacientes psiquiátricos. Es una aventura por las profundidades de la mente que todos deberíamos emprender. Es una bitácora de viaje y es también una brújula que nos puede ser muy útil cuando tengamos que zarpar en busca de nosotros mismos. Porque ese momento nos llega tarde o temprano.
En algún capítulo de este libro, Catalina se pregunta si está haciendo lo correcto al publicar estas páginas, si sus hijos serán señalados, si tendrá que aguantar discriminación y recelo por parte de algunos de sus compañeros de trabajo. Quizás. La ignorancia en temas psiquiátricos es muy extendida en una sociedad tan conventual como la nuestra. Pero creo que más allá de esos riesgos debemos darle las gracias por su coraje, por su temple, por su honestidad al contarnos cuáles son los peligros y también las maravillas en ese largo viaje por las profundidades de uno mismo. Y uno se arrepiente de todo en la vida, pero de ser valiente no.