16 oct. 2017

12 oct. 2017

COLEGIO KENNEDY IED




En el colegio Kennedy IED, con los muchachos y los profesores hablando de literatura. Fue todo un gusto estar con lectores tan curiosos y comprometidos.

9 oct. 2017

Stephen Paddock





Hace una semana el atacante de Las Vegas disparó sobre una multitud que asistía a un concierto de música country. Mató a 59 personas y dejó cerca de 500 más heridas. Fue un contador que trabajó para el Servicio Postal, para el Servicio de Rentas Internas y también de manera independiente. Amasó un capital considerable que le permitió, ya en su vejez, retirarse con dos propiedades en el estado de Nevada, más una renta que le llegaba todos los meses puntualmente. Eso le permitía ir a los casinos a apostar con cierta regularidad. No había construido una familia y por eso no tenía obligaciones de ninguna clase. Mantenía una relación estable con una mujer de origen filipino y nada más.
Durante un tiempo se dedicó a comprar armas de asalto y ciertos dispositivos que potenciaban esas armas. Le regaló un pasaje a su pareja, Marilou Dunley, para que fuera a visitar a su familia en las Filipinas y unos días más tarde le envió cien mil dólares (unos trescientos millones de pesos) para que comprara una casa decente. Arrendó la suite número 32 del Mandalay Bay, y después fue ingresando en maletas, poco a poco, a lo largo de varios días, todos sus rifles y sus ametralladoras. Como en los hoteles no hay detector de metales y nadie le revisa a los huéspedes su equipaje (faltaba más), no tuvo problemas de ninguna clase.
Se atrincheró, tomó notas sobre el trayecto de las balas y la distancia (papel que las autoridades hallarían más tarde en la suite), aceitó sus armas y las puso en posición, esperó la hora perfecta y empezó a masacrar a la multitud sin reparo alguno. Cuando las autoridades se acercaron al piso las detectó por cámaras que él mismo había instalado y las recibió con fuego abierto. Al final, se voló la tapa de los sesos.
Desde ese día hasta ahora lo que tiene a los expertos fuera de lugar es que no encuentran una sola razón que explique la masacre. No se trata de un resentido social, de un fanático religioso ni de un trastornado mental. A lo largo de toda su vida, Paddock jamás fue diagnosticado con ninguna enfermedad psiquiátrica. De lo único que se han podido agarrar es que su padre fue un ladrón de bancos, lo cual tampoco es una enfermedad y mucho menos un comportamiento hereditario.
Y no deja de ser risible esta actitud general por encontrar un motivo o una razón, pues detrás de este comportamiento se encuentra el deseo profundo de señalar a Paddock como psicópata y poder, al fin, decir: ah, todo está en orden ya. Porque si Paddock es un psicópata significa que entonces todos nosotros estamos bien, somos los buenos, los sanos, los cuerdos, los que llevamos vidas impecables y rectas.
Qué error de perspectiva tan grave. Llevamos años masacrando en Irak y en Siria a civiles inocentes, olvidando a los africanos a su suerte, frenando a los inmigrantes del Levante a toda costa para que no entren a Europa, y a los mexicanos y centroamericanos para que no puedan ingresar a los Estados Unidos. Seguimos practicando el clasismo más aberrante y segregamos a la gente por su origen humilde, por el barrio donde creció, porque sus padres son obreros o campesinos. Seguimos siendo racistas y pobre de aquel que sea oscuro o aindiado. Seguimos maltratando a las mujeres y a los niños, seguimos persiguiendo y asesinando a los miembros de la comunidad LGBTI. ¿Nosotros los que estamos bien, nosotros los sanos, nosotros los cuerdos?
En el 2008, desde Wall Street, se llevó a cabo uno de los peores ataques del capitalismo moderno. Millones de personas lo perdieron todo y se quedaron en la indigencia. Solo en América Latina se calculan 42 millones de afectados por este robo descarado y cínico que cambió las reglas económicas para siempre. ¿Por qué Stephen Paddock debe ser un psicópata y no nos preguntamos lo mismo acerca de los banqueros, los corredores de bolsa y los políticos que permitieron esta barbarie? Solo para citar un ejemplo entre cientos posibles.
Y ojo, cuidado, no estoy justificando en ningún momento semejante disparate de ametrallar a una multitud de civiles. Las víctimas siempre son sagradas. Lo que intento decir es que no es difícil entrar en la mente del asesino y comprender su hastío, su fatiga, su asco, su orfandad espiritual. Lo que sorprende es que no haya muchos más haciendo lo mismo en otros rincones del planeta.

Por eso deberíamos recuperar el Síndrome de Amok, que se refiere a las microviolencias soterradas o explícitas que practica una sociedad tan de doble moral como la nuestra, al matoneo y a la agresividad permanentes que ejercemos sobre los otros, hasta que un buen día cualquiera de nosotros no aguanta más la presión y decide irse en línea recta asesinando todo lo que encuentre a su paso.

8 oct. 2017

Feria del Libro de Pereira







   Muchas gracias a los lectores de Pereira durante esta Feria del Libro 2017. Fue todo un gusto exponer algunas ideas con ellos e intercambiar opiniones, puntos de vista y citas de libros que hemos amado y que nos han cambiado la vida.

PLANETA LECTOR





Con los maestros del Distrito en nuestro encuentro anual de Planeta Lector.