5 ene. 2011

Hikikomori



La palabra hikikomori hace alusión al confinamiento solitario, al aislamiento voluntario. Se trata de una serie de muchachos y de adultos jóvenes que un buen día deciden no volver a salir de sus habitaciones y hacerse invisibles. La gran mayoría viven con sus padres o con algún pariente cercano, y de un momento a otro deciden recluirse y convertirse en solteros parásitos. Algunos de ellos llevan años ya sin ver la luz del sol.
El fenómeno empezó a presentarse en Japón y poco a poco se ha extendido ya por varios continentes. El porcentaje de hombres es mayor que el de mujeres. Viven dentro de sus televisores, sus computadores o sus videojuegos, pero algunos de ellos son capaces de quedarse meses viendo un punto en una pared o en el techo, en silencio, sin tener ningún contacto con otra persona. Se comunican con sus padres o parientes por medio de notas o de monosílabos que enuncian con desgano. Tienen una sexualidad virtual, en las pantallas de sus aparatos, o sencillamente son asexuados. Pueden pasar en el verano días y semanas desnudos en sus camas viendo películas. Duermen de día y viven de noche, cuando pueden ir al baño, sacar algo de la basura que los consume, cortarse el pelo ellos mismos, hacerse un sándwich o asearse un poco. Son muy cuidadosos con la higiene dental, pues le temen a que un dolor de muela los obligue a salir. Otros, más radicales, llevan dos o tres años viviendo entre sus propios desperdicios y sin permitir que nadie se les acerque o les hable.
Los encargados de re socializar a los hikikomori se preguntan siempre por qué hacen eso, qué les pasa, cómo interpretar el fenómeno, como explicarlo. Lograron ya diagnosticarlo como un trastorno mental, como un problema de algunos pocos individuos que no soportan la presión de la disciplina japonesa, cuando el hecho de que haya ya más de un millón de hikikomori en Japón, y que en todo el mundo vaya creciendo su aparición, demuestra que no es un asunto individual, sino social. Se habla incluso de una epidemia que puede convertirse en una pandemia. Y parece mentira la cantidad de giros psicológicos y de argumentos estúpidos que dan para intentar culpar a esos jóvenes de algo cuya responsabilidad le pertenece, realmente, al sistema. Un sistema que, como siempre, demuestra su incapacidad para revisarse, para auto-criticarse, y que se sigue rehusando a enfrentar una evaluación seria y a fondo. Como en el caso de muchos depresivos o suicidas, la responsabilidad no es del sujeto, sino del entorno.
Una prueba de ello es la fundación Turismo con Propósito, creada por un joven japonés, Kenji Jokoi Díaz, que trae a varios de estos jóvenes fronterizos a Ciudad Bolívar para que tengan una experiencia humana potente en medio de la pobreza y la necesidad. La idea le surgió después de que su mejor amigo se lanzó a los rieles de un tren en Japón. Kenji cuenta que el sólo hecho de abrazarse en Ciudad Bolívar con sus vecinos y conocidos les cambia la vida a sus amigos japoneses que vienen en busca de una cura para su desesperación.
A mí no me parece tan raro que unos jóvenes decidan no salir al mundo, no estudiar más, no trabajar. Lo que me parece raro es lo contrario: cómo millones de personas sí logran hacerlo. El mundo ya no es un lugar amable, plácido, justo, donde valga la pena luchar y hacer una vida. Más bien parece una trampa, una mentira, una emboscada en la cual iremos dejando en vano nuestras fuerzas y nuestras ilusiones a cambio de un sueldo miserable que escasamente nos dará para comer. Hemos construido una sociedad muy violenta, de doble moral, mafiosa, racista, segregacionista, clasista, cruel, y me parece apenas normal que alguien no quiera hacer parte de esto. Incluso me parece lúcido y ético. Y lo que deberían preguntarse todos esos analistas de pacotilla es con qué autoridad moral pueden decirles a esos jóvenes que salgan de sus encierros para que hagan parte del horror general.

3 comentarios:

  1. La primera vez que escuché mencionar a los hikikomori fue, precisamente, en tu voz, durante un programa de radio Caracol al que te invitaron con ocasión de la feria del libro en Bogotá del 2007. Según estadísticas, la taza más alta de suicidios en adolescentes y jóvenes se presenta en los llamados países desarrollados. Japón se encuentra en esa lista, por eso es interesante y aleccionador lo que hace el muchacho colombojaponés al invitar a sus amigos a Ciudad Bolívar. Según tengo entendido en Japón la gente no se abraza, no se expresa el afecto, no hay calidez. Me dejas pensando con esta entrada, un abrazo

    Carlos Eduardo

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  2. Esta entrada me hace recordar el libro "Locura y Libertad" de Luis Carlos Restrepo. ¿En qué momento y bajo qué criterios se decide qué es sano e insano? Hay un punto en el que la salud mental deja de ser salud y se vuelve otro mecanismo más de control para presentar como saludable, deseable y aceptado, ir hacia el centro, desfilando como carne de cañón ante el "horror general". Excelente post Mario. Un saludo.

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  3. ¡Que liberador resulta leerte! Inevitable recorrer este blog de arriba a abajo, de principio a fin.

    Abrazos,
    Leidy.

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