25 feb. 2011

El pájaro y el niño


La foto no puede ser más dura, más brutal. Un niño sudanés famélico, Kong Nyong, está doblado sobre el piso mientras un buitre lo vigila de cerca esperando una oportunidad para caerle encima. La foto la tomó Kevin Carter en 1993 de afán, durante unos pocos minutos que tuvo en una escala de avión. La publicó unos meses después y ganó el Premio Pulitzer. La controversia fue tremenda y mucha gente salió a protestar e incluso a insultar a Carter. El problema es que el fotógrafo no ayudó al niño, no lo protegió, no se preocupó por su futuro, ni siquiera sabía si había sobrevivido o no. Sólo se concentró en la imagen, disparó su cámara y se fue. Incluso confesó que había esperado unos segundos a ver si el buitre extendía sus alas para alcanzar una escena más contundente.

Algunos dijeron que el niño representaba el problema del hambre y de la miseria extendida a todo lo largo del Tercer Mundo; el buitre era el capitalismo salvaje, que no tiene moral alguna y que sólo piensa en su propio beneficio; y Carter, el fotógrafo, era la sociedad indiferente, nosotros mismos que vemos la pobreza y la indigencia de millones de personas sin inmutarnos siquiera.

Lo cierto es que la foto empezó a volverse una pesadilla para Carter, una especie de entidad macabra que lo perseguía a todas partes y que no le daba tregua alguna. Un día dijo: "Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado al niño".

Aunque intentó dedicarse a fotografiar la naturaleza para revistas especializadas en estos temas, lo que había visto y registrado con su cámara no lo dejaba en paz. En abril de 1994 asesinaron a un amigo suyo y entonces Carter entró en una depresión profunda de la cual no pudo salir. Un día detuvo su camioneta en un campo despoblado, pegó con cinta el tubo de escape al interior del carro y se quedó con las puertas cerradas inhalando el monóxido de carbono. Así lo encontraron, intoxicado, ya sin signos vitales.

Más allá del debate moral de si Carter hizo o no lo correcto, creo que en la propia foto hay algo, una fuerza avasalladora que arrastra al espectador hasta una zona oscura donde tiene que cuestionarse, donde se ve obligado a hacer un examen de conciencia. Y es eso lo que no nos gusta, lo que nos repugna, lo que rechazamos con cierta angustia. Creo que sí, que como dijeron algunos teóricos en su momento, nos asemejamos mucho a Carter.

Mil veces hemos pasado por una calle donde un niño hambriento está tirado en el piso con unos cartones encima y no hemos hecho nada. Mil veces hemos pasado por barrios marginales donde los niños sucios y enfermos se agolpan en las puertas de las casuchas improvisadas y no hemos hecho nada. Mil veces hemos visto niños en los semáforos agotados, desnutridos, utilizados de mala manera, y no hemos protestado. ¿Por qué? ¿Por qué hemos permitido el horror a nuestro lado sin decir una sola palabra y hemos volteado el rostro hacia otra parte para no mirar? Porque pertenecemos a un sistema despiadado cuyas reglas se basan, justamente, en el exterminio de muchos para el beneficio de unos pocos. Y hemos aceptado esas reglas. El problema es que para vivir de esa manera se crea un umbral de crueldad muy alto, una práctica cotidiana de indiferencia frente al dolor ajeno. Y no nos gusta que nos recuerden eso porque cuando hablamos de maldad creemos que es un concepto lejano, muy distante, aplicable a unos bárbaros que no tienen nada que ver con nosotros. Y no, resulta que los bárbaros, todos los días, somos nosotros mismos.

(Publicado en Revista Bacánika No. 47)

8 comentarios:

  1. Estoy completamente de acuerdo con ello, pero es que desde niños nos enseñan a ser indiferentes a los problemas de los demás, si ves a un indigente o a un niño pidiendo algo, tus padres te retiran, como si actuar correctamente fuera una terrible enfermedad, ya cuando eres grande esa indiferencia es alimentada por la consumista sociedad, que lo único que nos permite es pensar en nosotros mismos.

    ResponderEliminar
  2. Los bárbaros somos nosotros mismos sólo si nos identificamos con la barbarie que también hace parte de este mundo.
    En "etiquetas" también podrían estar palabras como paradigma, reflexión, diferencia. Este caso fue un "mal ejemplo" para el mundo pero del mal ejemplo también se aprende.
    Héroes espontáneos también surgen todos los días, prueba de ello es uno de los cuentos de La Locura de nuestro tiempo. pag. 113

    ResponderEliminar
  3. La foto es el reflejo de una realidad trágica que hace temblar al mundo removiendo su conciencia pero el significado lo pone cada cual. La sociedad, puesta en evidencia, es hipócrita, martiriza, castiga, averguenza a Kevin más allá de su muerte.¿Nos duele el niño o la verguenza de permitir esa situación? Debió Carter ayudar en lugar de denunciar?...La necesidad no está tan lejos, Aquí y Ahora es el momento. El amor es la clave, compartir, denunciar,respeto y responsabilidad nos alivian el camino.

    ResponderEliminar
  4. Siguiendo en la linea de las dos pulsiones que tenemos los seres humanos, y que comento en el caso de Campo Elias (thanatos- Eros) vuelve y en este caso de Carter, la muerte, pues llega un momento en que la psiquis no aguanta más y estalla, la información trasborda de las camadas profundas del inconsciente, se asocia a contenidos conscientes y entonces la persona busca salidas, atacando en un acto obsesivo a los que de alguna forma siente que le hicieron mal, a la SOCIEDAD, por sentir (todo esto de forma inconsciente) y si no lo logran atentan contra si mismos. Se entra en " Shock" cuando se trata de ser critico frente a temas tan descarnados como el artísticamente develado en la fotografía, y llega el sentimiento de "culpa" por verse asociado y responsable con ese grupo de personas que saben lo que sucede y no hacen nada para remediarlo.

    ResponderEliminar
  5. Como dijo Adorno: “escribir poesía después de Auschwitz, es un acto de barbarie ”, de ahí que lo único que puede hacer eco al dolor extremo y a la barbarie es el mismo arte; por ello sería simplista decir que Kevin Carter se suicidó solamente por el pánico y la culpa producto de la foto a la niña sudanesa. La angustia e indignación que produce esa imagen son la prueba de que Carter logró mostrar lo indecible aún a costa de no volver a disparar su cámara.
    Carter vivió una vida intensa poblada de adicciones e inestabilidad, pero su obra fue una constante lucha contra el Apartheid y los horrores de la violencia fueron captados miles de veces por él y el Club Bang-Bang de reporteros gráficos al cual perteneció.
    Lo aterrador de la barbarie humana, como dices Mario, es que aún con pruebas tan fehacientes como la de la fotografía de Kevin Carter, lejos de desaparecer, se intensifica y permanece bajo la mirada imperturbable de todos nosotros.

    ResponderEliminar
  6. ¿Me gusta? no lo sé, me desagrada, y no me refiero a tu excelente escritura, sino a la realidad tan distorsionada y latente que vivimos, de la que pocos se enteran lo que en realidad sucede,... y me siento culpable como Carter, de pertenecer a una sociedad sin memoria, que refugia el miedo en el silencio. Un abrazo Mario, excelente.

    ResponderEliminar
  7. si es la verdad estamos educados para consumir pero no para pensar ese es el capitalismo, el que piensa se lo bajan, la mala educacion querido mario, como decia chomsky educados para no ser felices!!

    ResponderEliminar