2 feb. 2011

México



Cuando estuve en México a mediados del año 2010 varios periodistas me hicieron la misma pregunta: ¿Qué opina usted de la “colombianización” de México? Lo decían, por supuesto, como algo negativo, como lo peor que le podía estar pasando a México. Y respondí sin dudar: el problema de México es justamente que no se “colombianiza” de verdad. “Colombianizarse” sería lo mejor que podría pasarle. Y a continuación procedía a explicar mi respuesta.
El presidente Calderón le ha declarado la guerra al narcotráfico, y lo ha hecho con una vieja fórmula que esconde toda su doble moral: hablando de los narcos como algo que está allá, lejos, detrás de una línea que crea dos bandos. Es decir, ellos, los buenos, están de un lado, y allá, del otro, están los malos, los asesinos, a los que hay que combatir. Es un esquema maniqueo muy peligroso, no sólo por lo mentiroso e hipócrita, sino por lo cobarde. El asunto no funciona así, y Calderón lo sabe mejor que nadie.
Cuando a mediados de los años noventa Colombia decidió enfrentar las infinitas redes del narcotráfico, tal postura nos condujo hasta el propio Ministro de Defensa (Fernando Botero), que estuvo detenido en la Escuela de Caballería, e incluso hasta el Presidente Samper y la Casa de Nariño. Aprendimos entonces que el narcotráfico funciona de un modo transversal, que cruza todas las capas sociales, todos los oficios posibles, todos los estratos. En nuestro país fue necesario investigar a los equipos de fútbol, a ciertos periodistas y presentadores de televisión, a las reinas de belleza, a los lavadores de dinero, a los terratenientes, a los transportadores, a los empresarios, a todos.
Cerca de sesenta congresistas están hoy presos justamente por sus vínculos con los narcotraficantes paramilitares. Sesenta. Es una cifra increíble, creo que única en el mundo. ¿A quién se le debe eso? A nuestro aparato judicial, cuyos héroes han sido perseguidos, calumniados, amenazados y finalmente asesinados. Las investigaciones del famoso Proceso 8.000 a mediados de los años noventa dejaron en claro que la clase política no sólo no estaba al margen del proceso, sino que era quizás su principal motor. Es decir, que son los dirigentes los que arman y coordinan todo el proyecto político de los carteles de la droga. Hay una asociación muy profunda entre narcotráfico y política, una alianza, una empresa. Por eso mismo, hoy en día, hay tantos políticos colombianos tras las rejas.
México está muy lejos de iniciar un proceso semejante. Por una sencilla razón: no tiene un aparato judicial lo suficientemente potente como para enfrentar a la clase política. Si Calderón tuviera el más mínimo resto de decencia, iniciaría unas investigaciones de verdad empezando por sus propios allegados y cómplices: la clase política mexicana, ésa que desde los hermanos Salinas de Gortari está cuestionada por sus vínculos con los carteles de la droga. No olvidemos que desde un principio, desde el mismo año 88, cuando sube al poder, Carlos Salinas de Gortari está en tela de juicio por fraude electoral (igual que Calderón). Su hermano Raúl es llevado a juicio, entre otras cosas, por sus vínculos con la mafia. Y su otro hermano, Enrique, que estaba siendo investigado por la Interpol, fue asesinado misteriosamente en el año 2004. El 23 de marzo de 1994, estando todavía Salinas de Gortari en el poder, fue asesinado el candidato  Luis Donaldo Colosio (crimen que funciona como telón de fondo de una de las mejores novelas latinoamericanas: Un asesino solitario, de Elmer Mendoza). Recientemente, en el año 2009, el ex presidente Miguel de la Madrid se refirió a los vínculos de Salinas de Gortari con los carteles. ¿Y el crimen del Cardenal Posadas Ocampo? ¿Y los asesinatos de alcaldes en Oaxaca, en Morelos, en Coahuila? ¿Y el extraño secuestro del Jefe Cevallos?
No, el narcotráfico no es un problema que suceda allá, lejos, del otro lado de esa línea moral imaginaria. No. Sucede en principio de este lado, donde están parados los políticos. Si Calderón fuera honesto con su frase, al declararle la guerra al narcotráfico le declararía la guerra al establecimiento político mexicano, del cual hace parte, y tendría que renunciar. Y eso, lamentablemente, no va a suceder.



4 comentarios:

  1. Sr. Mario Mendoza, se le olvidó recordarle a los mexicanos que en Colombia el proyecto narcotraficante llegó a su triunfo casi total con la llegada a la presidencia del narco paramilitar y asesino Alvaro Uribe Vélez, primo de los narcos Ochoa Vasquez y compinche de Pablo Escobar, con su asesor a cuestas, Jose Obdulio Gaviria, concilieri del capo Escobar. ¿En México quién será?. Y después de México viene USA, tal vez con el TEA PARTY. Gracias.

    Pirata Subterráneo

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  3. es muy interesante este texto sobre Mexico por que muchas personas no sabian lo que pasaa en Mexico pero lo mas triste es saber que no se ba a poder combatir bien el narcotrafico por que el presidente Calderon no renunciara a su cargo para poder comair el narcotrafico por que hace parte de la politica.....

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