11 mar. 2011

La alegría de la vida



Hace muchos años un amigo mayor que yo me invitó un fin de semana a acompañarlo en el hospital  donde estaba haciendo su rural. Llegué a las ocho de la noche y la idea era seguir derecho hasta las seis de la mañana. Hubo un par de heridos leves por emergencias, una señora intoxicada y un hombre al que tocó coserle la cabeza después de un accidente automovilístico. Nada grave. Yo miraba todo con cierta curiosidad distante.
A eso de las once de la noche mi amigo me sirvió una taza de café humeante y me condujo hasta la sala de partos. Varias mujeres gemían y gritaban desde sus camillas. Unas luces agónicas iluminaban el lugar a medias. Me puse una bata y un tapabocas, me lavé las manos, me desinfecté y me preparé para un momento esplendoroso y lleno de júbilo: la llegada de una nueva vida. Al menos eso era lo que creía. Mi amigo me dijo guiñándome un ojo:
- Hay varias porque es septiembre… Ya sabes, quedan preñadas durante las fiestas de fin de año y vienen a parir en este mes…
Asentí con una sonrisa cómplice. Las enfermeras hicieron seguir a una mujer que ya estaba en trabajo de parto. Le abrieron bien las piernas y se las sujetaron a unas varillas que estaban a los lados. La mujer aullaba, suplicaba ayuda, se contorsionaba, sudaba a chorros. Una enfermera le dio la mano y le dijo que pujara, que todo iba a salir bien. La luz era tenue y la sordidez del lugar me llevó a imaginar un sótano de torturas. La mujer pujaba con todas sus fuerzas. Los esfínteres estallaron y chorros de orines y de materias fecales salpicaron la cama, el suelo y parte de nuestras batas. Una enfermera limpió como pudo.
- No dilata lo suficiente, hay que cortar –dijo mi amigo.
No tenía ni idea de qué estaba hablando. A estas alturas ya sentía mareo y todo me daba vueltas. Sin embargo, mantuve la compostura y fingí concentración. Le inyectaron a la mujer una dosis de anestesia local. Luego le pasaron unas tijeras enormes a mi amigo y él cortó los labios de la vulva como si fuera un carnicero experimentado. Borbotones de sangre mancharon las sábanas, las manos de mi amigo y los ángulos de nuestras batas. La mujer seguía gritando y las babas le escurrían por la barbilla.
- Listo, aquí viene –dijo mi amigo mientras cogía una cabecita manchada de sangre, le daba la vuelta para que los hombros quedaran paralelos a la vagina y la ayudaba a salir.
Una masa amorfa, peluda y cubierta por un moco gris emergió al fin de la cavidad vaginal. Mi amigo cortó el cordón umbilical y le entregó el bebé a la enfermera. Ella lo limpió y le puso una especie de aspiradora en la cara para extraerle los líquidos apelmazados. Al fin el niño estalló en un llanto ensordecedor y llenó los pulmones de aire. Miré a la madre y estaba exhausta, llorando de dolor, a punto de desmayarse.
Mi amigo se concentró en el alumbramiento y extrajo la placenta. Dijo algo sobre el peligro de este paso, pero yo no comprendí nada. Escasamente podía sostenerme en pie. Luego cosió la vulva para darle de nuevo la forma inicial. Una enfermera dijo con regocijo:
- Es una niña y está perfectamente sana –e intentó mostrársela a la madre para que la tuviera cerca.
La mujer la rechazó, y, ahogada en llanto, escupió unas palabras impregnadas de un rencor sordo:
- ¡No, quítenmela! Queríamos con mi marido un varón, no una mujer…
No pude más y, trastabillando y con la bata toda manchada de heces, orines y sangre, me retiré hacia el baño para vomitar.
(Publicado en Revista Bacánika No. 48)



5 comentarios:

  1. Uhy! Mario, ¡La vida y sus paradojas! Los chinos las matan nada más nacer o las recluyen en unos orfanatos en condiciones infrahumanas.Aquí, en España, dieron un reportaje tan terriblemente duro, que las adopciones a niñas asiáticas subieron como la espuma.Desgraciadamente, las mujeres hemos sido excluidas a lo largo de la historia y ha sido dura y larga la lucha para conseguir "ciertos" privilegios, pero mientras en Europa se va ganando terreno, en el resto del mundo esa lucha va a la saga. Es en la mujer en la que recae el peso de la familia, la economía, refiriendome a las maromas que las campesinas,obreras,viudas,separadas tienen que hacer para llegar a fin de mes,la educación, el cuidado y el afecto de los hij@s.Nos han robado el derecho de disfrutar de nuestra maternidad y me solidariso con esas mujeres que renuncian a ese pedacito de su vida por un acto de sumisión.

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  2. Wow Mario!!... me, no sé! Quedé atónito, postrado en esta silla un par de minutos, y se me revolvió el estómago pensando en tantas cosas... es que la vida es un milagro!! Me parece desastrosa, asquerosa la forma de pensar de esta mujer, que por si no lo ha notado, ella también es mujer! y sabes? Como algún día en alguno de tus libros lo dijiste, "desde la lógica de la entropía, el mundo no está avanzando ni mejorando, sino aniquilándose, destruyéndose, haciéndose pedazos!".

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  3. Bueno, es tan común esto. A través de la historia y alrededor del mundo, miles de seres humanos que están entre nosotros, mucho antes de nacer recibieron el desprecio de sus propios progenitores. ¡Qué lamentable!. Un acto tan profundo, de entrega total, donde tu rázon, esa que todo lo juzga y lo planea desaparece, y donde el poder lo adquieren tus sentidos, emociones y hasta tu alma. Sí, ese momento de placer total, en donde se juntan dos seres, se funden en un solo objetivo.... AMARSE.. hasta estallar...., ese acto de "AMOR" en 9 meses o un minuto después se puede convertir en "DESPRECIO". ¡ Que ironías tiene la vida!. No hay porque juzgar a esa mujer del relato de Mario, no sabemos las razones que la llevaron a decir esto. Puede ser el miedo a la competencia que pueda generar su llegada en relación con "su hombre", o tal vez el miedo que da traer a una mujer a vivir en esta época que aun se caracteriza por numerosos y desafortunados atropellos hacia al género femenino, o simplemente porque estaba aun en "Shock", por todo el proceso tan difícil que vivió en el parto. Bueno , quien lo sabe, solo ella.
    Lo que podría decir es que Gracias A Dios soy mujer, y sobretodo madre; si hay algo que pueda hacer analogía con la verdadera felicidad, yo creo que el hecho de parir y la sensación indescriptible de generar desde tu vientre una nueva vida, es la felicidad absoluta. Es una sensación de suspensión, en donde se borra el tiempo y el espacio, en donde desaparecen todos y solo eres tu y ese nuevo ser saliendo de tus entrañas, ansioso de conocerte y de que lo cobijes en tu pecho de nuevo. Es lo mas fantástico de la naturaleza humana, es el AMOR, el verdadero Amor en plena escena. Y.... definitivamente si pudiéramos recrear este sentimiento en las programaciones mentales de los seres que habitan este planeta, no estaríamos así, viviendo entre tanta tristeza y odio, porque ese sentimiento EL AMOR, ese es el verdadero territorio en el que debemos vivir.

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  4. Una superviviente se dio a luz aquel día. Un comentario o una acción no marcan un destino.

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  5. Hace poco más de un mes que soy papá por primera y vez precisamente de una hermosa nena, por eso cuando contabas paso a paso la escena en la sala de partos, me imaginaba allí metido acompañando a mi esposa en espera de nuestra pequeña.

    Es paradógico que romanticemos ese momento de la vida después de lo que nos ha contado Mario. Desde luego, el parto en sí no tiene nada de bonito, sobre todo si se es mujer, tal vez para nosotros los hombres que vemos cómo nuestras esposa entran a la sala de partos y horas después nos largan a nuestra pequeña creatura ya limpiecita, vestida con su primera ropita y ya convertida en una princesa, no hay nada de reprochable ni que nos produzca el vómito.

    Ahora que lo pienso, el mito de la Cigüeña no está tan mal a la hora de explicarle a un pequeño cómo llegamos a este mundo. Aunque la mayoría de la gente cree que esta historia nos ahorra la traumática explicación del sexo, creo que se lo inventaron más bien para evitarles a los pequeños el trauma de lo que realmente ocurrió allá en la sala de partos.

    Por último, yo no culparía tampoco a la mujer por su actitud ante el nacimiento de su hija, por el contrario, visto desde otro ángulo podría tratarse de una mujer realmente amorosa y consciente de que en un mundo tan machista como el que habitamos, es mejor ser hombre porque las mujeres siempre se llevan la peor parte.

    Un abrazo Mario, yo soy parte del Taller de Renata del Instituto Municipal de Cultura de la ciudad de Bucaramanga.

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