4 abr. 2011

El Museo Soumaya


Me escapé un mediodía en México DF y me fui a ver el Museo Soumaya, recién construido e inaugurado por su dueño, el multimillonario Carlos Slim. Es una estructura gigantesca, extrañísima, revestida de miles de paneles hexagonales que, según el arquitecto Fernando Romero (yerno de Slim), evoca el trabajo arduo y permanente, la laboriosidad de las abejas en un panal. Lo curioso cuando uno está ahí, en la entrada principal, observando esa mole brillante y compacta, es que descubre que no hay referente, que uno no ha visto nunca nada parecido, nada con qué compararlo. Parece una figura extraterrestre, cósmica, un ser vivo y orgánico de otro mundo.
No quiero criticar el museo, ni tampoco tengo espacio aquí para detallar cada uno de sus seis pisos. Sólo quiero comentar algunas breves impresiones de artistas que siempre me impactan de una manera especial. Recuerdo un Toulouse Lautrec en el que una mujer arrodillada y cubierta por una tela oscura trenza sus manos de manera desesperada. Recordé al conde Toulouse Lautrec que se queda enano, deforme, contrahecho, y que decide irse con sus telas y sus pinturas a vivir al barrio de las prostitutas, a Le Moulin Rouge. Alcohólico, solitario, aficionado a las mujeres públicas, Lautrec lleva una vida aislada porque siente que el mundo exterior le repugna hasta afiebrarlo y enfermarlo. Recordé también que en el Museo Botero en Bogotá hay un cuadro suyo de una soledad demoledora: La Bebedora de Ajenjo. Y pensé en esa primera edición de La ciudad de los umbrales, en la que vemos en la carátula un cuadro suyo en el cual están las prostitutas sentadas en un momento de intimidad, sin clientes a su alrededor.
Luego me detuve unos minutos en un cuadro de Van Gogh en el que están unos pastores con sus animales atravesando el campo mientras encima de ellos, en el cielo, una masa de nubes oscurece el mundo (Después de la Tormenta). Allá, a lo lejos, hay una tenue y delgada línea de luz, un resquicio de esperanza que no es suficiente. Me dije: claro, Van Gogh, que era bipolar, que muchas veces entraría y saldría de instituciones psiquiátricas, puso en ese paisaje toda la fuerza de sus fases maníacas, delirantes, y toda la desolación de sus fases depresivas y oscuras.
Lamentablemente los Gauguin del Soumaya no son de la época de Tahití, cuando ya el salvaje e indómito pintor estaba viviendo entre los maoríes, sino cuadros de épocas parisinas. Extrañé los colores y la libertad expresiva de ese último período, cuando ya estaba sifilítico y leproso.
En el último piso, como si fuera un observatorio astronómico, el museo se abre al firmamento y una claraboya enorme deja entrar chorros de luz que inundan la sala con una alegría inusitada. Es una sala de escultura donde hay varios Rodin y Dalí, entre otros. Me quedé absorto frente a dos obras: Las Tres Sombras, de Rodin, y el Cristo de San Juan de la Cruz, de Dalí. La primera me pareció una clara alusión a la depresión, a ese estado de ánimo que anula cualquier acción porque el sujeto no tiene un yo en el cual apoyarse. Depresión no es tristeza, sino un hundimiento de sí mismo en el que desaparece toda identidad, una entrada al infierno, literalmente. El Cristo de Dalí parece un pájaro o un vampiro, un animal mitológico capaz de planear sobre la humanidad hasta convencerla de su mensaje salvador.
A la salida me dije que el verdadero arte nunca busca agradar, no maquilla, no edulcora, no pretende ser reconciliador. No. Ahonda en la miserable condición humana, nos confronta, nos duele, y por eso siempre es tan revelador.



8 comentarios:

  1. El arte incluso no busca nada diferente a manifestarse. Como proyección de la emoción pura no necesita convencionalismos de valoración.
    Van Gogh no vendió un cuadro en su vida y los que regaló eran escondidos por sus amigos porque se avergonzaban de aquello que "no iba acorde a la época"
    Lo más bonito del arte es su nobleza. De haber estado frente al Cristo de Dali, no se me habría ocurrido pensar en él como un vampiro o un ave, me habría quedado mirando la barca o la playa.

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  2. Haces un abanico de visiones centradas en algunas obras de arte...pero tu última frase (viendo la fotográfia) también vale para la arquitectura del propio Museo. Como tantos ejemplos en el mundo donde la critica también encajaría en ser o no ser: ¿reconciliadora? ¿ Hostil? quizás...Muchas veces crea esa confrontación entre el propio contenido y el contenedor, en este caso lo que me impresiona es la "vario-pinta" de la colección del Sr Slim...

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  3. Cuando abro el facebook y veo la invitación a participar del nuevo artículo del blog, me emociono sólo con adentrarme en los entresijos que nos propone. Siempre nos sorprende con algo nuevo que en éste caso, nos lleva de un tirón desde Mexico d f hasta Paris pasando por España. Me hace reflexionar, pensar, buscar, sentir,reir,ofuscarme... ejerces un poder tan especial que no puedo menos que admirarte.

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  4. Me encanta este artículo. Ya lo compartí con amigos. Más que un comentario, tengo una opinión que creo difiere un poco de la tuya Mario.
    Independientemente que la temática en una obra visual sea desgarradora, dolorosa, conmovedora o simplemente “terrible”, el arte tiene que generar también un “placer visual”. En el libro “El arte de Fernando Botero”, escrito magistralmente por el propio hijo del artista, hay una idea que Botero siempre ha expresado y la cito: “como sucede en todas las artes, el placer no depende tanto del tema como de la excelencia de la ejecución. Aunque las temáticas sean “brutales, (como las pinturas de Abu Ghraib y la violencia colombiana), sin la grandeza de su colorido, su plasticidad, su ejecución técnica y su originalidad en la composición, su obra habría perdido interés y seguramente estaría olvidada hace mucho tiempo.
    No solo por las desgracias de los artistas que nombras en tu artículo, sus obras nos tocan y nos remueven algo muy adentro. Creo que también, nos hacen sentir sus tormentos y sus vivencias a través del uso que le dan a esas paletas enloquecidas, como es el caso de “Campo de trigo con cuervos” la ultima pintura de Van Gogh, quien antes de dispararse la firmó y luego se marchó a su hospedaje donde murió fumando y sonriendo.

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  5. Habrá que leer más acerca de la vida de mi admirado Tolouse…
    Hace 30 años que me acompaña en mi casa (de una manera muy sui géneris).
    Su obra es la representación perfecta y magnífica de la fantasía francesa de los comienzos del siglo XIX.
    Gracias, Mario, por recordármelo.

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  6. Qué buena opinión, Alejandra. En efecto, así es. Sin embargo, me refería a los casos de artistas cuyo objetivo principal y único es agradar, satisfacer, caer bien, maquillar, edulcorar, gustar, ser bien acogido, aplaudido. Ese tipo de artista por lo general rehúye la crudeza, lo asusta. No quiere cuestionar nada, no quiere ser incómodo, no desea volverse un problema. Fíjate bien que a Botero no le da miedo tocar el tema de Abu Ghraib, que tantos inconvenientes y malinterpretaciones le trajo.
    Por cierto, Juan Carlos estará en la feria presentando y firmando su libro. Saludos, MM.

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  7. Creo que un claro ejemplo de esto es la Obra del artista Marcel Duchamp cuando envía un urinario de porcelana a una exposición en Nueva York 1917 con el título de "Fuente"..es bien interesante, además este artista no tiene nada dulce.

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  8. Buen articulo, gracias Mario por compartirnos esa experiencia... Pero pienso diferente sobre algunas cosas y una se la quiero compartir.

    Con relación al Cristo de Dalí que comenta que parece un pájaro o un vampiro yo lo veo más bien como un martirio eterno, que durará hasta que muera la humanidad, nada parecido a la libertad de un pájaro o un murciélago, por cuervo o murciélago que sea, esa opción es nula. Su cielo no es azul, como ese que está allá a lo lejos, su cielo es negro, oscuro, es una eterna oscuridad pegada a su condena. Arriba de los humildes pescadores, que tienen su cielo azul, los hermosos y claros rayos de luz, un amanecer en degradé, un limpio mar, una extraña paz en su pequeña costa, arriba de la humanidad, esta clavado contra la bóveda de la tierra el Cristo salvador, que jamás, en la realidad y no en la mitología y mojigatería de los creyentes, será un salvador, es un hombre torturado, !sin paz!. Nunca dejó de estar en la cruz, el peso, los clavos, el hambre, todo sigue allí, el sigue allí en la peor posición, clavado boca abajo con la cabeza descolgada sin la posibilidad de dejar de ver a quienes (bajo un cielo azul) día a día lo mantienen sujeto a esa cruz. No es un pájaro, no puede agitar sus alas, no puede volar libre, no tiene la posibilidad de ver el horizonte, su cabeza cuelga sobre una visión obligada. Aún en los cielos, junto a su ‘padre’ sigue sujeto a la in-humanidad. Cómo puede aterrizar un pájaro atado? Cómo puede ser salvador cuando si llegase a zafarse esa cruz, el enorme hombre caería aplastándose y quedando esparcido en mil pedazos contra la tierra?. Creo que el cuadro redunda más en la miseria de ese “humano” crucificado, cuando allá abajo están los pescadores, no es metáfora, no es coincidencia, son precisamente pescadores.
    Y se ve mucho más dolor, no esperanza, no salvación, pero cada cual lo ve como lo quiere ver.

    Esta obra jamás me hablaría de salvación, y me quedaría frente a ella pensando en una gigantesca miseria 'divina'.

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