14 jul. 2011

Apología de la irregularidad




Me gustan las aventuras de los hombres en el mar, desde Ulises en adelante. ¿Por qué me gustan los aventureros solitarios, esos viajeros marítimos que pasan meses y años lejos de sus casas y de su gente? Porque el mar, el ir y venir de las olas cuando se navega, es sinónimo de lo inconcluso, de lo indeterminado, de lo irresoluto. Me gustan las descripciones de los navegantes porque tengo la sensación de que ellos ingresan en una nueva geometría donde las coordenadas tradicionales son alteradas. Creo que ese cambio exterior tiene un equivalente interno, en la psique. El mar es impredecible y sus figuras no son formas delineadas ni compactas.
Me gustan los viajeros que atraviesan el desierto, que cruzan el Sahara o Hyderabad entre huracanes de arena, con sus escasas pertenencias a lomo de camello o sobre sus caballos bien entrenados, que comen lo que llevan en sus tulas, que beben en los oasis que encuentran a su paso, que duermen en tiendas de campaña suspirando bajo la luz de la luna.
En algún poema, Neruda, como Baudelaire, nos habla de las nubes y nos dice que ellas son la bendición secreta de los extranjeros. ¿Extranjeros de qué, de dónde? Extranjeros de la conciencia, de sí mismos. Los que estamos lejos siempre, al otro lado, difíciles de atrapar. Me gustan también las nubes por la misma razón que me gustan las olas y el desierto: porque conforman fuerzas, no formas. Están en permanente mutación, en metamorfosis, de aquí para allá, mezclándose, amalgamándose. En un mundo donde todos sueñan con estabilidad, con un piso seguro y firme, las nubes y las olas parecen insinuarnos otro camino: el de lo indeterminado.
Cuando camino por la ciudad me fijo mucho en la gente. Y me atraen los vagabundos que a veces llegan a dormir al Parque Nacional, al Parque de los Mártires, a los caños, a los puentes, a las carrileras. Me atrae su libertad, me gustan sus carros de madera, sus perros, su ausencia de trayecto. Duermen donde los coge la noche, no tienen tarjetas de crédito, ni servicios públicos, ni cédula, ni cuentas bancarias, ni domicilio fijo. Están por fuera, desplazándose en una dimensión aparte. En una época que habla de ahorrar, de consolidar un futuro, de armar una vida estable y juiciosa, de vigilar los fondos de pensiones y cesantías, en una época así existen todavía unos hombres que buscan el máximo grado de inseguridad, la inconformidad absoluta, el presente que no anhela ningún grado de responsabilidad. Admirable. Son invisibles, y no porque no podamos verlos, sino porque no están en el sistema, no aparecen en ningún archivo, en ninguna pantalla. A su modo son también aventureros solitarios.
Y así es el deseo, como las olas, el desierto o las nubes: errante, curvo, retorcido. Si la fidelidad fuera algo natural, no existiría una vigilancia extrema sobre el cuerpo de los que amamos. No, lo natural es la infidelidad. Deseamos lo que no tenemos. El deseo es subrepticio, sinuoso, experimental, subversivo. En contraposición a la pareja católica, al matrimonio, al concepto de familia, está siempre la esperanza del deseo. No deseamos la ropa que está en el clóset. Nos gusta, pero no la deseamos. Deseamos la ropa que está en las vitrinas, en los almacenes, la que no es nuestra. Deseamos lo que no nos pertenece. El deseo también es irregular, nómada, como los vagabundos, los beduinos o los navegantes solitarios. Y asimilar esto no es fácil. Supone también un grado de marginalidad. Qué le vamos a hacer. No me gustan las formas. No me gusta la pintura del Renacimiento. Me gustan las fuerzas de la pintura de Turner, la desmesura de Pollock, el caos de Basquiat… Me gustan las tormentas…

(Próximamente en Bacánika 54)

10 comentarios:

  1. Me encantó este texto porque es más sincero y más auténtico que siempre, es mas hombre que escritor... me encanta y así es el deseo tan irregular que no lo podemos controlar... por eso me encantas!!!
    Karem Moreno

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  2. Me encantó lo de ser un extranjero. Siempre contra el canon y la normatividad, igual que el arte de Pollock, qué gran sensibilidad en tu texto.

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  3. Es verdad, en los momentos de tormenta es cuando soy yo, incluso la infidelidad es un sentimiento de absoluta libertad, nunca “ser de nadie’. Luego la vida sin ataduras, sin trayecto; vivir en la marginalidad no me asusta, es mi deseo perpetuo.

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  4. Después de leer este texto, como sucede con otros más de su autoria, no se puede caminar por las calles del centro de Bogotá sin evocar esas palabras y los sentimientos que nos provocaron leerlas. Caminar y observar a todos esos personajes que la ciudad vomita, al margen de tantas cosas, y pensamos ¿ellos que desean?

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  5. Siempre me ha gustado fijarme en la gente de las ciudades y pueblos por los que camino. Hace años me desvinculé de lo que fué mi vida en su comienzo. Por Bogotá, cuando voy por el centro, por los mercadillos, me gusta hablar con los artesanos, escucharlos, preguntarles por sus artes y sus necesidades....desde hace 4 años, sigo sus pasos y me siento a bordo de mi misma...
    Mario, por cuantos caminos nos llevas para hacernos caer en cuenta de los otros que están ahí, invisibles: gamines, mutilados, ancianos, personas de diferentes índoles que pululan por las grandes ciudades. Un maestro de la palabra y de la inteligencia del alma.

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  6. EL Mar, que hermoso es compenetrarse con él, bailar al son de sus olas, dejarse mojar hasta el ultimo rincón, recibir sus caricias aveces suaves, y en ocasiones violentas,como haciéndonos reaccionar frente a su poder, gritándonos que puede traernos y llevarnos a su antojo, que "puede hacer lo que le de la gana", que es libre......
    Que placer sumergirse, es como despojarse de la humanidad y quedar desnudo, suspendido, sin tiempo y espacio, a la merced de lo impensable, de lo irracional, de lo inesperado, lo indefinido. O que hermoso entrar en contacto con las profundidades del mar. ¡Que apasionante es! Los invito a escaparse un rato, es la mejor forma de sentirse desconectado de tanta materialidad y concreto. ¡Bucear , Nadar en el Mar, que delicia!

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  8. No quiero caer en clasificaciones arbitrarias, pero no todos los vagabundos lo son por opción, todos los sabemos. Algunas personas que deambulan por las calles, tal vez no quieren estar ahí, pero estoy de acuerdo contigo que algunos de ellos son auténticos hombres y mujeres libres, que viven en la periferia del sistema. Mi esposa es trabajadora social y hace algún tiempo, tuvo la oportunidad de trabajar con niños en situación de calle en la ciudad de Bucaramanga, procurando mejorar su situación de vida. Al principio uno ve que ellos están mal y uno está mejor, pensábamos, por eso quiere ayudarlos a “salir” de ese mundo terrible en el que viven, hasta que llegó diciembre y el número de sus niños quedó reducido a la mitad. Cuando averiguó qué había pasado con los demás, le dijeron: “es que en Diciembre ellos se van a pasar vacaciones a la Costa”. ¡Qué ironía! Nosotros no pudimos ir a la costa este año, aunque queríamos, porque no teníamos plata, y esos niños, se van de vacaciones sin un peso en el bolsillo, duran quince días “tirando dedo” como dicen ellos, a la suerte de que alguien los arrastre unos kilómetros y luego, a disfrutar del inmenso mar. A veces, los que no somos indigentes, pensamos que tenemos ciertas cosas para vivir mejor, pero la verdad es que las cosas son las que nos tienen a nosotros atados y no nos dejan vivir una vida auténtica. Gracias Mario, siempre es un placer leer tus reflexiones, digamos que es otra forma de dialogar a la distancia.

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  9. Tu descripción del deseo es perfecta. Jamás habrá institución capaz de interponerse. El deseo Es. Se presenta. De tal suerte que la persona que es fiel a sí misma, no es infiel. La persona que es infiel siendo fiel a sí misma, no es infiel. Esa persona desea... experimenta. Todo en ella es tacto, todo es eros. ¡Más bueno!

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  10. Estoy leyendo Su libro: La travesía del vidente. Ahora puedo entender muchas cosas. Hubo algo que me impactó completamente del libro y fue la pregunta de la mujer que un anciano deseaba intercambiar con simón por unos cuantos shékels: "¿si te has llevado a ti mismo, que es la carga más difícil de llevar, porqué no has sido capaz de llevarme a mi?" Sin duda más allá de cualquier viaje geográfico que invoque aventuras ya sea en el mar o en el desierto, Es un viaje hacia nuestras propias profundidades y eso pesa más. ¡Muchas gracias! Es un honor poder leerle, Es tan preciso con lo que dice que me hace sentir como uno de sus personajes. Por favor continúe así con esta forma de vida literaria y denos este privilegio de leerle. Bendiciones. Alba Sarabia

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