27 jul. 2011

Literatura de anticipación




Leí la última novela de Guillermo Cardona, Batallas de Champiñón, y me pareció un libro muy extraño, con un aire apocalíptico y al mismo tiempo utópico que comparto plenamente como narrador. Cardona es el director de la Fiesta del Libro de Medellín, y, ahora en septiembre, estaré conversando con él sobre éste, su último libro. Mientras tanto, decidí hacerle una entrevista y publicarla completa aquí en el blog. Espero que disfruten su aire de irreverencia y de sencilla erudición espontánea.

Batallas de Champiñón rompe por completo con tus dos novelas anteriores, El jardín de las delicias y La bestia desatada. ¿Te desprendiste fácilmente de esos dos universos, o fue un trabajo arduo de ruptura, recaídas y abandono final?

Pese a que varios lectores me han señalado profundas diferencias entre mis dos primeras novelas y Batallas de Champiñón, yo noto un hilo conductor en la exploración creativa de la guerra como fenómeno social y como tragedia humana, como escenario para el heroísmo, para el engaño y la traición. La gran diferencia estriba en el optimismo desembozado de Champiñón, en su fe inquebrantable en el futuro, cuestión que podría tomarse como una metáfora de esa larga oscuridad de las guerras civiles en Colombia y de ese arraigado anhelo colectivo de fundar sobre los escombros del combate, una sociedad civilizada, decente, equitativa y respetuosa con su entorno.

¿Eres consciente de la rareza de este libro? No creo que haya antecedentes en nuestra literatura de un imaginario parecido. ¿Sabes también que abres un camino literario para las generaciones que vienen?

El libro es raro, porque la literatura de anticipación en Colombia e incluso en América Latina es una planta exótica. Qué tanto se escribe y por qué entonces no se publica, es una inquietud que no está a mi alcance resolver. Pero ciertamente Batallas de Champiñón puede considerarse también como un manifiesto de libertad creativa, para arrebatarle al primer mundo, opulento y altamente tecnificado, el derecho a imaginar nuestro futuro.

Wells, Verne, Orwell, Bradbury… ¿Cómo se fue armando este libro? ¿Cómo se te ocurrió la trama y cómo tejiste la red de referencias?

Debo confesar que esta historia surgió de una propuesta que me hicieron para escribir una telenovela dirigida al público juvenil. Pero tan pronto me senté a escribir la primera sinopsis, las Batallas se desenvolvieron solas, como si yo fuese, no el autor, sino el cronista de unos sucesos acaecidos en Champiñón en tiempos recientes. El tono de la historia y el punto de vista, develan el carácter de testigo preferencial del narrador, de notario obligado a consignar los muertos y refrendar con cifras el valor y heroísmo de sus paisanos. Ahí mezclados, en ese inconsciente que me puso de amanuense, de seguro están mi amor por los libros y el trabajo que he venido realizando en los últimos años con la Alcaldía de Medellín, para darle categoría de política pública al Plan Municipal de Lectura, con unos componentes muy concretos para niños y jóvenes. Ahora bien, como telenovela, obviamente estas Batallas no cuadraban en los estrictos cánones del oficio y mucho menos si se miran con realismo los costos de producción, de manera que la amiga que me invitó a fungir de libretista me dijo que eso no era televisión, que lo que tenía entre manos era literatura. Desde entonces no me detuve hasta que puse punto final, divirtiéndome y gozándome la escritura como no me había ocurrido nunca antes con ninguna otra historia, volviendo con alegría y entusiasmo al Word, cuando buena parte de mi tiempo lo dedicaba al Excel.

Según la FAO, estamos bordeando los 7.000 millones de personas y, por primera vez en la historia, tenemos más de mil millones de individuos muriéndose de hambre. La contaminación del 2010 fue la peor de los últimos años, guerras, crisis del capitalismo, suicidios, masacres,… ¿Vamos inevitablemente hacia la Gran Hecatombe?

Los problemas que se derivan de la sobrepoblación de la Tierra no se arreglan solos. Basta evaluar lo que hacemos como sociedad y como individuos, para darnos cuenta de que como vamos, vamos mal.

Tu libro nace de un pesimismo apocalíptico, pero es, ante todo, una declaración de vitalismo, y el reclamo de un derecho fundamental: el derecho a creer en la utopía. ¿Si?

Claro que sí. Desde la caída del Muro de Berlín nos vienen diciendo que la Historia se acabó y que el modelo de estado liberal y capitalista es el último peldaño de la civilización. Yo no creo en determinismos, porque la ciencia nos enseña que nada en el Universo se queda quieto. Todo cambia, todo se transforma. Los planetas, las estrellas. La vida misma en la Tierra, tal cual la conocemos hoy, es fruto de miles de millones de años de mutaciones, de ensayo error, de evolución. Y a esa misma realidad está sujeta la especie humana, hija del Cosmos.

La aparición de los dos volúmenes del Quijote me parece no sólo un bello homenaje a la lengua, sino la postulación de un deber: el deber de la ensoñación. Esto es, la necesidad de transformar lo real mediante el ejercicio continuo de la voluntad. ¿Estás de acuerdo?

Voy a responder con un ejemplo, un simple, cotidiano y barato encendedor. Un encendedor es, sobre todo, la concreción de un sueño que seguramente desveló a muchos de nuestros antepasados, cuando vivían temiéndole a la oscuridad en las cavernas y para hacer fuego todavía no encontraban el sustituto del rayo. Así las cosas, soñar es una obligación, una manera de sembrar ilusiones  que podrán cosechar las generaciones futuras.

Es claro que para los sobrevivientes de la Gran Hecatombe no basta sólo con beber y comer. Es indispensable la literatura para poder seguir viviendo. La novela funciona casi como un manifiesto literario-vitalista. ¿La pensaste así? ¿Es el Club Verne un movimiento de resistencia vital?

Para reconstruir la civilización, lo único que tenían a mano los sobrevivientes de la Gran Hecatombe eran los libros, porque es en los libros donde se consigna el arte, la filosofía y la historia de la humanidad. Así ha sido desde antes de la aparición de la imprenta. La virtualidad de nuestra época a veces nos hace olvidar esta simple verdad, una verdad que se nos aparece de golpe cuando se le acaba la batería al portátil, cuando viajamos a una zona donde se queda sin señal el Blackberry o desaparece la conexión a internet.


¿El verdadero protagonista de Robinson Crusoe es Viernes? ¿La otredad, la alteridad como clave ética?

Alejandro Raicesamargas reflexiona sobre este asunto cuando llegan a Champiñón las primeras noticias de la guerra: ¿Por qué al idiota del Tío Sam se le habría ocurrido invadir la Confederación justo cuando su destino y el de Elena lograban encontrarse? ¿Qué clase de majadería lo impulsaba a destripar y asesinar a sus semejantes, cuando la inteligencia humana es el principal recurso natural con que contamos? Apenas la especie había superado la más seria amenaza de extinción en toda su corta historia, y ya los hombres volvían a las andadas, al desprecio, al odio, a la ambición, a la incapacidad de mirarse como el otro de los otros”.

La Confederación de Champiñón reivindica los viejos ideales de la Modernidad política, de la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad… ¿Un reclamo en contra del capitalismo y de sus guerras fratricidas?

Decía Chesterton que los seres humanos empezamos a preocuparnos por los nietos cuando no tenemos hijos y nos fijamos nuevos ideales cuando todavía no hemos sido capaces de concretar los viejos. Allí está el reclamo: los comunistas quieren, por ejemplo, acabar la propiedad privada, cuando ese es un derecho que a las mayorías siempre les ha sido negado.

Qué viene, Guillermo, ¿hacia dónde crees que se dirige ahora tu imaginación, tu creatividad?

Por lo pronto, sigo bosquejando una novela que hasta ahora se llama Proyecto Josafat. Sigo en la línea de la anticipación. La historia da cuenta del propósito de una sociedad altamente desarrollada que se pone como meta resucitar mediante procesos de reversión genética a toda la humanidad, para oponer al colapso final del Universo, la fuerza transformadora de la vida.

6 comentarios:

  1. En Colombia son pocas las veces que se nombra a un artista como Guillermo Cardona para que dirija políticas públicas sobre el arte, lo cual es una buena medida de la importancia que le dan al asunto nuestros padres de la patria. Desafortunadamente no conozco la obra de este escritor y por supuesto tampoco la novela que menciona Mario, sin embargo, me llamó la atención la anécdota que cuenta Guillermo sobre cómo surgió esta historia, en especial cuando su amiga le dice que lo que él había escrito no era “televisión” sino “literatura”. Pecaré de atrevido, pero creo que el comentario de esta mujer refleja el espíritu de la televisión colombiana, o mejor, su falta de espíritu. ¿Acaso la literatura no tiene cabida en la televisión? Dar al público el máximo de diversión con un mínimo de reflexión, parece ser la fórmula apocalíptica de los medios de comunicación en nuestro país.

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  2. El tercer libro de Guillermo, desde la literatura futurista, es un excelente ejercicio que desarrolla la imaginación narativa, e invita a desarrollar el pensamiento creativo. Al igual que las dos obras anteriores Batallas de Chanpiñón está plagada de fino humor que deja en evidencia los complejos andares de la condición humana. Bien por Guillermo, y bien por Mario, a través de esta entrevista se entiende, mejor, la obra del ingenioso escritor paisa.

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  3. Mario, ¿es idea mía o Guillermo en esta novela anula el comercio después de la hecatombe? Es curioso que las familias no intercambien alimentos.

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  4. No tenia ni idea que Guillermo Cardona había publicado ya dos novelas. Muy interesante la entrevista Mario, muchísimas gracias por compartirla. Te invito (y a todos tus visitantes) a darte una vuelta por mi blog, especialmente, en las últimas tres entradas. La tercera es un video que filmaron sobre mí unos estudiantes de cine y tv; la penúltima un relato llamado "Abducido por la oscuridad" y la más reciente un cuento-crónica titulado "Ajuste de cuentas". Te dejo el enlace del blog:

    El mago de tu corazón

    Un abrazo

    Carlos Eduardo

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  5. Vi el video, Carlos. Magnífico. No tenía ni idea que cantabas así de bien. La poética del outsider, siempre tan reveladora... MM.

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  6. Hombre Mario, honor que me haces, precisamente porque tú escribes desde la periferia. Lo más curioso, o mejor hermosos, es que los niños son quienes más ponen cuidado y los que primero aplauden cuando canto en los buses. Y me emociona porque en el transporte público canto bambucos. La interpretación de la canción de Silvio en el video tuve que hacerla después, debido a que usaron el sonido de la cámara y no quedó bien. Muchas gracias Mario por tu amistad y apoyo.

    Un abrazo

    Carlos Eduardo

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