14 sept. 2011

Rompiendo piedra



Muchas veces me he preguntado por qué hay gente tan inteligente llevando una vida triste, angustiada o llena de errores. Uno ve gente brillante, con varios títulos universitarios, simpática, escondiendo en la sombra una existencia atroz, unos vicios que los consumen o una desidia que no los deja hacer nada. Muchos de ellos, por ejemplo, eligen relaciones de pareja espantosas, donde sufren, donde no son felices, y continúan con ellas como si se tratara de una condena, de un destino inevitable. ¿Por qué?
En la madeja caleidoscópica que nos compone, la razón, la inteligencia, sólo ocupa un breve espacio en la superficie. Significativo, sin duda, pero superficial. El resto se pierde hacia adentro en capas más profundas que definen nuestro carácter. Y buena parte de ese carácter lo hemos heredado, está en papá y mamá, en este o aquel abuelo, aunque nos disguste reconocerlo. Por eso es fundamental, desde muy joven, navegar por esas aguas, descender al inconsciente, bajar a las profundidades de sí mismo para desactivar ciertos mecanismos autodestructivos que más adelante pueden echar por tierra una vida valiosa. El problema es que a la gente no le gusta hacer ese viaje. Y en el fondo es comprensible: no es fácil, toca ir a tientas, entre la penumbra, tropezándose con situaciones desagradables que apestan y hieden, con dolores terribles, con heridas que aún están sangrando. Pero quien no conoce el sótano de sí mismo, las cañerías, los subterráneos, está condenado más tarde a perecer en ellos.
Alguna vez, en una conversación entre dos psicoanalistas amigos, escuché que el uno le decía a la otra refiriéndose a un paciente conocido muy inteligente que pronto empezaría terapia:
- Sí, el tipo es brillante. Tocará a cincel –y se sonrió con cierta picardía.
Entendí sin que me explicaran el chiste. Claro, entre más inteligente es la gente, peor, porque hay una capa de argumentos y lecturas que arman un ego potente que cree que puede solo, que no necesita ayuda, que se las sabe todas y que desprecia aquello que no tenga que ver con la erudición y la inteligencia racional. En consecuencia, desprecia el inconsciente o lo mira de reojo, con cierta soberbia muy segura de sí misma. Y justamente ése es el problema: que para llegar al inconsciente hay que ir más allá del ego y de la razón. Por eso, con esos pacientes, toca a cincel, como rompiendo piedra, como abriendo a mazazo limpio esos egos sólidos y monolíticos.
La pereza, la dejadez, la depresión, la baja autoestima, la ansiedad, la vanidad, la crueldad sentimental, la permanente victimización, la hipocondría, las adicciones, la culpa o la imposibilidad para relacionarse con los demás nos pueden lesionar gravemente una vida que hubiera podido ser esplendorosa y magnífica. Es preciso descubrirlas a tiempo y desactivarlas. Y eso no se logra a punta de ideas ni de argumentos.
Finalmente, uno no es lo que quiere ser, sino lo que puede. Y la distancia que hay entre lo que desea ser y lo que es se llama el inconsciente.

(Próximamente en Bacánika 58)

9 comentarios:

  1. Me gustó esta entrada Mario porque me hizo pensar en “La Metamorfosis” de Kafka. A veces hemos bajado al más horroroso laberinto de confusión, soledad y miseria y sin saber cómo ni porque nos hemos aferrado a él, convertidos en insectos que se arrastran ante la mirada de todos. Pero sólo como insectos podemos entender muchas cosas y ser los más lucidos. Si tuvimos suerte, y sin saber tampoco cómo o porqué algo nos cambia. Para bien o para mal, la salida es siempre dolorosa.

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  2. Mario, lo que nos compartes en este texto me parece muy bello. Siempre es muy clara en ti esa intención de conectarnos/te con otros saberes, con otros sentidos; allí aparece el budismo. Recuerdo que en una de esas charlas tuyas mencionaste alguna fábula zen y al maestro Densho. Un día me fui a la biblioteca de la Universidad a buscar "Conciencia Zen", fue mi libro de las vacaciones de junio. Todas las noches lo leía e iba atando cabos, desanudando otros, fui despertando. Por esos días una amiga, de esas iluminadas que la vida le pone a una en frente, me pasó un libro de meditación. Desde ese tiempo empecé a meditar, poco a poco, con esfuerzo, en las noches o en cualquier momento del día. Es una práctica que cuesta mucho trabajo, por lo menos a mi me ha costado, porque implica disciplina y querer permitir el vacío. Pero sin duda rompe el ego, le da tres vueltas, nos hace concientes del ahora (único tiempo). La vida tiene ritmos perfectos, el asunto es aprender a sentirlos, a respirarlos. Dejo hasta aquí mi cuento. Gracias por el texto.
    Un saludo. Marcela :)

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  3. Siempre tuve sensibilidad para el arte. A los diez años gané un concurso de dibujo infantil en la Universidad de La Sabana, cuando quedaba en por los lados de la avenida Chile. Recuerdo que nos dijeron que debíamos dibujar una fiesta infantil. Nos dieron colores y una cartulina. Yo, que no conozco el mar, dibujé una fiesta infantil en una playa, con piñata que colgaba de una palmera, gaviotas (no sé si bien, pero para mí eran gaviotas) y de fondo ese mar con algunos barcos. Luego le puse a esa playa colores vivos y el cielo muy azul. El primer sorpendido con el premio fui yo. Luego, a los 13 años, la guitarra llegó a mi vida y, lamentablemente, los colores, el lápiz y las hojas en blanco quedaron en el pasado. Cuando me iba a graduar de bachiller, papá y mamá casi quedan pegados del techo con mi decisión de estudiar pedagogía musical en la Pedagógica. Sabía que sería buen músico y, además, docente. Por aquellos años me dictaba clases un amigo muy buen guitarrista. Y empezó a decirme que buscara otra profesión, que de la música no se podía vivir, etc, etc, etc (Con el tiempo me enteré de que ese consejo gratuito de mi amigo se debía a que mis padres le rogaron que me convenciera de abandonar mi locura de seguir la carrera musical). Finalmente opté por estudiar Derecho (cojo y todo jejejje), pero no duré dos años en El Externado. Ya venía pisando fuerte algo que se llama escritura, además de enfrentarme a una carrera que me decepcionó desde el primer año. Y en 1997 entré a estudiar Comunicación social con énfasis comunitario en La UNAD (Universidad Nacional Abierta y a Distancia) Tenía ya 28 años (creo, porque nací en el 69) y varias lecturas acumuladas, pero conocer autores como Jesús Marín Barbero o Néstor García Canclini, me dieron una nueva visión de la cultura y, sobre todo, de lo popular. Es maravilloso Mario, porque a partir de ahí, al lado de la teoría, mi sensibilidad creció y me animé a garabatear mis primeros intentos de escritor. En la actualidad retomé la guitarra, pero sin la intención de ser un artista. Es parte de mi vida, una manifestación de un hombre que va por esta ciudad regalando canciones a cambio de monedas, billetes o sonrisas en los buses. Y ese reencuentro con la música fue definitivo también para enriquecer mi vocación literaria, mis primeros pasos, mi epifanía. Mario, me emocionó esta entrada. Confieso que se me escurrieron las lágrimas. Un abrazo enorme y gracias

    Carlos Eduardo

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  4. Esta mañana otra vez tu texto me salva, me lanza un salvavidas en este día algo confuso que tengo miedo. Rompes mi piedra. Gracias

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  5. Totalmente de acuerdo con ustedes. No hay una educación sobre el inconsciente, parece increíble. Uno se gradúa del colegio, e incluso de la universidad, sin haber recibido un solo curso al respecto. Se privilegia la inteligencia racional, y en ese desdén lo único que hay es miedo.
    Saludos a todos los comentaristas, MM.

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  6. Hola a tod@s. El gran vacío en la Educación es la Educación Emocional. Conceptos como Amor, Bienestar, Comunicación...El A B C de muchos de los conceptos que necesitamos para relacionarnos de una forma sana y eficaz tanto para uno como para el otro. Tenemos que tropezarnos muchas veces en la misma piedra para empezar a pensar que hay algo que no funciona y aún así no queremos reconocer que casi todo se derrumba a nuestro alrededor. Los beneficios que podemos llegar a obtener no los vislumbramos. La comodidad, el estrés, la competitividad, por nombrar alguno de los factores en contra, son la excusas perfectas. Aún con cincel vale la pena adentrarnos en aquellas profundidades de las que nos podemos espantar pero que debemos aceptar como parte de nuestra herencia y que podemos modificar, si queremos, porque el primer paso es Darnos Cuenta de lo que nos sucede y actuar.

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  7. Bueno a veces también de las experiencias negativas, de los fracasos emocionales, de las depresiones y cosas por el estilo, podemos sacar un buen material literario. No me las quiero dar de psicólogo ni nada de eso, pero me ha sucedido que cuando escribo sobre ciertos fantasmas que me atormentan, cuando termino, me siento más liviano, como si le hibiese confesado mís más íntimos secretos al mejor amigo. Creo que tratar de ponerlos por escrito ayuda a expiarlos, a mirarlos de frente y decirles - ¡Ey amigo, no eres tan fuerte después de todo! - Pienso que algunas obras literarias saben más del ser humano y de su complejidad, que muchos psicólogos. Un abrazo Mario y gracias por estar en constante intercambio de ideas con tus lectores

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  8. Se puede ver como en el texto se expone una verdad muy vivida en este mundo y es esa desgracia que viven miles de personas solo porque una vez no exploraron ese inconciente y se quedaron solo en lo que una sociedad les inculca en ese ego interiorizado que inculcan a cada persona a cada niño, joven esto sucede muy a menudo en los niños que les cortan esas alas para soñar para interiorizar ese ser que quieren ser pero no solo hay que tener algo claro y es que lo que diga el margen social eso se debe hacer por que una persona sabia tiene que sentirse superior a los demás por que no simplemente puede ser humilde.
    Yo creo que no hay persona más sabía que aquella que pueda demostrar su sabiduría siendo humilde y en vez de hundir a los demás con su gran ego los ayude a subir a mejorar cada dia mas con ese miedo de salir al mundo y ser ese yo interno que quieren ser, ese yo que inconscientemente quiere salir de ese encierro profundo en el que lo mantenemos en el que lo obligamos a vivir y no dejamos que salga que nos haga feliz a cambio de eso decidimos vivir una vida llena de tristezas, angustias y demás y no hacemos nada tan solo nos acostumbramos a vivir así, aun sabiendo lo que nos pasa.
    Porque no simplemente nos dedicamos a ser lo que somos seres humanos que erran pero que gracias a esos errores salen adelante superándolos y no dejándose vencer por un marco social en el cual el ser feliz, es tener mucho dinero, en vez de que ser feliz sea tener esa riqueza interior que nos de esa paz y tranquilidad que nos permita salir adelante con lo que de verdad queremos y tomar las decisiones que en verdad deseamos no las que los demás quieren que tomemos
    Solo digo que es posible llegar a ese inconsciente y logar que en vez de que se ponga en nuestra contra lo logremos controlar y ponerlo a nuestro favor

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