4 oct. 2011

El cuerpo y la noche



Estar solo es a veces una decisión estética, una necesidad literaria. Muchos escritores, pintores o actores siguen negándose a entrar en la rutina y la comodidad, en la atrofia de la costumbre. Es curioso, pero en medio del sopor, de la paz del amor rutinario y repetitivo, algo se adormece en el artista, algo sucede y ciertas facultades de percepción ingresan en un marasmo del cual es muy difícil salir. Quizás la creación sucede justamente en el caos, en las saturnales, en el ir y venir de una existencia múltiple que necesita de la escritura como una forma de equilibro para contrarrestar la locura y la muerte. Nosotros somos distintos no porque seamos mejores, pues ser un creador es un privilegio miserable. Somos distintos porque nuestro cuerpo se mece entre la desmesura y la catástrofe, entre la pluralidad y la entropía. Nuestros cuerpos necesitan ir siempre un paso más allá de la conyugalidad, la estabilidad y la fidelidad, y por otro lado necesitamos estar solos, atravesando la oscuridad con los ojos alucinados, más acá de la compañía, sin nadie a nuestro lado, sabiéndonos exiliados y atrincherados para que entonces llegue el arte y pueble con toda su fuerza ese vacío, ese agujero negro donde combatimos día y noche contra el paso del tiempo, contra la muerte. Necesitamos que nuestros cuerpos deliren, y necesitamos también que nuestros cuerpos se aíslen: he ahí nuestra dicha suprema y nuestra condena. Necesitamos de la libertad y de la soledad como dos estrategias de guerra para no ingresar en esa zona pantanosa donde la costumbre puede matarnos. Por eso somos tan peligrosos, porque somos animales salvajes que se niegan a domesticar su deseo.

6 comentarios:

  1. Bellísimo texto Mario. Me siento muy identificada con él sin ser artista ni escritora, simplemente docente de literatura. Gracias por seguir compartiendo tus palabras con los lectores.

    ResponderEliminar
  2. Mario, qué bonito cómo tratas y nombras la soledad. Es muy valiosa tu reflexión sobre todo en tiempos en que se nos configura para vivir en pareja, en donde se nos ha dicho que estar con alguien erótico-afectivamente es alcanzar la plenitud de la vida, sin importar en qué condiciones se de esa relación. Seguramente todos esos imaginarios y discursos han permeado en la idea del amor, sí, de un amor que se ha entendido desde un "todo lo puede", que no respeta individualidad, que aspira a ser uno con el otro/a, que se resiente cuando uno de los dos quiere tiempo en soledad.
    Está bien también pensar y sentir que la soledad es distinta de la desolación, porque le retira entonces a la soledad ese carácter de vacío y fracaso. Gracias Mario por el texto! :)

    ResponderEliminar
  3. "más acá de la compañía" Trato de visualizar al hombre, al autor, al artista y esa frase es un knockout en el primer round. Dibuja a un hombre pleno. Brindo por ello.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. Sin un poco soledad no hay espacio para la fantasía, sin la fantasia somos presa fácil de la rutina y la rutina es la ruina, la plaga para erotismo, la creatividad y la transformación.

    ResponderEliminar