26 nov. 2011

Camilo



Camilo Torres se graduó de la Universidad de Lovaina como sociólogo y fundó grupos de investigación para ahondar en una problemática que a él no sólo lo obsesionaba, sino que le dolía como cristiano: la enorme crueldad que practicaban las clases adineradas al aplastar y someter a las clases trabajadoras. ¿Por qué? ¿Por qué no se afectaban con semejantes dosis de exclusión y de miseria? ¿Cómo era posible que se llamaran seguidores de Jesús, que fueran a misa, que rezaran, que leyeran la Biblia, que educaran a sus hijos en esa misma fe, y que al mismo tiempo no les interesara en absoluto la marginalidad, la falta de educación y la extrema miseria de la gran mayoría de sus congéneres?
En 1959 Torres regresó a Colombia y fue nombrado capellán de la Universidad Nacional de Bogotá. Junto a otros de sus colegas, fundó la primera facultad de Sociología de América Latina en 1960 y ejerció como profesor de la misma. Y fue entonces que se volvió un elemento peligroso para el establecimiento. Empezó a recorrer los barrios periféricos de la ciudad y organizó grupos de apoyo, trabajo social directo con las comunidades. Sus inquietudes fundamentales eran: ¿Si Jesús había estado entre pescadores humildes, carpinteros y prostitutas, un seguidor suyo no debía imitar su ejemplo y hacer lo mismo? ¿Debía un sacerdote realmente comprometido con su inmediatez andar sólo entre gente adinerada, políticos y militares, como era ya tradicional en la historia de la Iglesia Católica? ¿No era lo más fácil y mediocre repetir frases de las Sagradas Escrituras sin ningún tipo de acción directa, sin comprometerse a fondo, sin jugarse su propia vida? No, lo que Camilo deseaba con todo su ser era exactamente lo contrario: estar él mismo metido entre los humildes, amarlos con la misma fuerza con la que Jesús había amado a sus discípulos, compartir con los desposeídos, hombro a hombro, su miseria, su exclusión, su esclavitud heredada de generaciones atrás.
Por esos años estaba en plena vigencia el Frente Nacional, esa aberración política por medio de la cual los conservadores y los liberales se turnaron el poder cada cuatro años, obstruyendo las dinámicas propias de una auténtica democracia. Camilo fundó entonces el Frente Unido del Pueblo y decidió oponerse políticamente a esa oligarquía dominante que se repartía el poder entre integrantes de su misma clase social sin el más mínimo reparo moral. Salió a la calle con sus estudiantes y protestó públicamente en contra de ese tipo de democracia restringida. El problema fue que el Frente Unido obtuvo un apoyo mínimo en las siguientes votaciones y Camilo se dio cuenta de que era preciso radicalizarse aún más. Ya el establecimiento lo tenía en la mira, recelaba de él como sacerdote y lo consideraba un sujeto peligroso.
El paso que le faltaba dar fue inevitable: ¿No había entrado Jesús al templo furibundo, en un ataque de ira, y se había liado a trompadas con los mercaderes hasta echarlos de allí a patadas? ¿No demostraba esa escena que si era preciso usar la fuerza física, la violencia misma, estaba permitida como una forma de sanear un establecimiento corrupto y mañoso? ¿No se había opuesto Jesús a los otros sacerdotes, al oficialismo, a los sepulcros blanqueados? ¿No era Jesús un renegado, un marginal, un hombre poseído por un amor fuera de lo normal, un combatiente que había llegado hasta el punto de ser perseguido por la justicia, capturado, torturado y finalmente crucificado? Camilo se hizo la pregunta que ya era ineludible: ¿Estaba él dispuesto también a dar su vida por una causa, a entregar lo más preciado que tenía con tal de ser fiel a unos ideales? Y fue entonces que escribió aquella frase que definiría su destino: Si Jesús viviera sería guerrillero. Obviamente, se refería a la guerrilla de los años sesenta, que muy poco tiene que ver con la actual.
Es preciso aclarar que por entonces los Estados Unidos veían con auténtica preocupación el fenómeno de una Iglesia Católica virada hacia las ideas de izquierda. La Teología de la Liberación era analizada en los servicios de inteligencia norteamericanos como un verdadero peligro geopolítico en la zona. Ya Cuba había triunfado en su revolución, el Che quería levantar a más pueblos en un movimiento integral que cubriera a toda la América Latina, y si había algo que unía a estas naciones era precisamente su fe católica. Unos sacerdotes como Camilo eran vistos no sólo como una amenaza política, sino como objetivos militares. Por eso unos años más tarde el Vaticano recibió fuertes presiones para que metiera en cintura a los curas revoltosos, y la CIA decidió penetrar en Centroamérica y Suramérica con predicadores de extrema derecha del puritanismo anglosajón, pastores fundamentalistas que se dedicarían a shows mediáticos, a generar estados alterados de conciencia mediante éxtasis verbales y a reunir millones de dólares que servirían para la nueva causa: alienar al pueblo latinoamericano a nivel religioso y alejarlo de una lucha por sus derechos civiles y constitucionales.
Camilo empezó a hacer contactos con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), un ala radical de la guerrilla que tenía a varios de sus militantes estudiando en la Universidad Nacional. Y se enroló primero como un miembro más, como un soldado cualquiera, y después se dedicó a prestar servicios religiosos desde un punto de vista cristiano marxista, una línea por la cual estaba luchando justamente. Sin embargo, Camilo no era un hombre de armas, un estratega militar, un guerrero que disfrutara con la violencia. El 15 de febrero de 1966 el frente al cual pertenecía emboscó a las tropas de la Quinta Brigada en Patio Cemento y hombres al mando del entonces coronel Valencia Tovar lo dieron de baja. Murió en su primera experiencia en combate.
Muchas veces me he imaginado ese momento final: los matorrales, el viento, la sensación de tener un arma en la mano, de poder quebrantar un mandamiento fundamental (no matar), los silbidos de las balas pasando cerca, los estallidos de mortero, los gritos tanto de soldados como de guerrilleros buscando guarecerse y salvar el pellejo. Y de pronto, sin saber de dónde, la ráfaga que da en el blanco, el dolor de la bala entrando en su cuerpo, la caída en la hojarasca, la visión de un cielo azul allá lejos, desvaneciéndose, la sonrisa al tener la certeza de estar muriendo clavado en la cruz. Y seguramente, con los labios resecos y sintiendo ya los chorros de sangre que salían de su cuerpo, murmuró sólo para él una frase que lo emparentaba con el Carpintero: Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado?

6 comentarios:

  1. Colombia le debe un homenaje a Camilo Torres; por supuesto no lo van a hacer quienes están en el poder, aunque él sigue vivo en cada manifestación, en cada lucha contra la injusticia, en cada voz que se levanta para denunciar la desigualdad. Como Camilo muchos sacerdotes estuvieron al lado del pueblo, pero también otros sirvieron a los intereses de las dictaduras de Chile y Argentina. Impresiona, además, la penetración de esos pastores que inundaron el mundo con una voz que jamás será la de Jesús: es la voz del dios dinero. Un abrazo Mario

    Carlos Eduardo

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  2. ¿Cuantos Cristos más necesitaremos sacrificar?
    La injusticia social nos abre heridas en el alma, que no curamos jamás, pero detenemos su desangre a raticos con "ayuda humanitaria", que debería ser "derecho Humanitario"
    ¿Podremos conformar un frente unido no solo de protesta, sino de verdadera acción? aporte solidario de nuestras mejores capacidades para trabajar en pro de la equidad, tratando de capacitar a quienes no han tenido la oportunidad para empoderarlos y volverlos autosuficientes. Una masa unida contra el consumismo vano y publicitado, el poder de los privilegiados y la honestidad como bandera. Qué ilusa, esa es mi trinchera.

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  3. Argentina le debe homenaje al Monseñor Angelelli, por su dudosa muerte en épocas de la dictadura.
    Se la jugó por la clase obrera y el 4 de agosto de 1976,sufre un atentado criminal.

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  4. Cabe destacar tambien al capellan Mujica

    Un cura se confiesa
    Fue muchas veces señalado como un sacerdote subversivo. Sin embargo, Carlos Mugica (el polémico capellán porteño) cree respetar los mandatos de Cristo y descerraja sus iras contra "las jerarquías clericales comprometidas con el dinero, el privilegio y el desorden establecido en todo el país".

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  5. Merecido homenaje a un hombre que lo dió todo por su pueblo. " Camilio Torres muere para vivir. Dónde cayó Camilo creció una cruz pero no de madera sino de luz".... Formarnos, estudiar teniendo claro hacia dónde queremos llegar y con quién debemos compartir es la meta. Para todos los caídos en la lucha un recuerdo. " Arrasarán las flores pero siempre tendremos primavera"...

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  6. Estudiantes!!
    Somos pueblo!!!
    Construyendo alternativas de Poder Popular
    Camilo Vive!!

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