12 dic. 2011

La piel que habito

Gracias

Bueno, a partir de hoy me declaro oficialmente en vacaciones. Retomaré el contacto a mediados de enero. Espero que pasen unas felices fiestas, que lean mucho, y que soporten bien la euforia navideña, que a veces se torna un poco pesada y cargante. 
Gracias por la compañía y la solidaridad a lo largo de este año... Fue lo mejor del 2011...
Con afecto y respeto,
Mario

9 dic. 2011

El fin del mundo




Teoría del tiempo cero

El etnobotánico Terence McKenna ha sido uno de los grandes exploradores de la psique bajo los efectos de ciertas llaves químicas como la ayahuasca, el LSD o los hongos alucinógenos. Fue uno de los más reconocidos profesores de las universidades norteamericanas en temas de chamanismo, religiones primitivas y estados alterados de conciencia.
No deja de ser fascinante su teoría de la Onda de Tiempo Cero. A comienzos de los años setenta, McKenna y su grupo estuvieron en Colombia y participaron en rituales chamánicos bajo el efecto del yagé y otras plantas de la zona amazónica. En estado de trance, McKenna vislumbró un modelo del universo basado en el I Ching, el famoso libro de las transformaciones chino. En esa teoría del tiempo hay una serie de progresiones matemáticas, de cambios y modificaciones que respetan ciertos patrones. Es un fractal de la historia humana en el que aparecen la caída del imperio romano, el descubrimiento de América y los horrores de las guerras mundiales del siglo XX.
El quinto nivel de ese fractal comenzó en 1945 y corresponde al mundo computarizado, en el cual el tiempo se acelera 64 veces más que en los cuatro mil años anteriores. Los que crecimos viendo televisión en blanco y negro y escribiendo en máquina manual de rodillo, y luego nos hemos visto enfrentados a los portátiles y los iPods, entendemos muy bien de qué habla McKenna. El sexto nivel va del 3 de diciembre del 2011 al 16 de diciembre de 2012. El séptimo nivel son sólo seis días, del 16 de diciembre hasta el solsticio de invierno, el 21 de diciembre de 2012. El octavo nivel durará sólo unos cuantos minutos. Y ahí se detiene el asunto, ahí se entra en una especie de limbo temporal, de zona de indeterminación.
Lo curioso de ese solsticio de invierno del 2012 es que McKenna publicó su teoría en 1975, doce años antes de que José Argüelles y su libro El Factor Maya pusieran sobre la mesa esta fecha como un posible fin del mundo. McKenna postuló su teoría sin haber investigado nada sobre el calendario maya. Lo hizo como una revelación matemática en un estado alterado de conciencia en medio de la amazonía colombiana.
A esto se suma la teoría de la inversión de los polos, la teoría fomentada por la propia Nasa de que el sol enviará en el 2012 una serie de ondas que quizás afecten las comunicaciones y la luz, o la teoría de un estallido de la zona de los súper volcanes en el Parque de Yellowstone que modificaría el clima de todo el planeta.

Ciudades subterráneas

Por todo el planeta se están empezando a construir búnkeres y ciudades subterráneas. En México, por ejemplo, en las afueras del pueblo de Xul, están terminando ya un pequeño condominio llamado Las Águilas, cuya característica principal es que no son casas ni apartamentos, sino refugios atómicos resistentes a altas temperaturas y con sótanos que se hunden varios metros bajo tierra. Las fotos tomadas desde un helicóptero por la prensa mexicana dejan ver, en efecto, un diseño curioso y excéntrico. Los vecinos dicen que se trata de un puñado de inversionistas multimillonarios italianos que el próximo año llegarán con sus mujeres y sus hijos a protegerse de la gran hecatombe. Lo mismo está sucediendo en las afueras de Moscú, donde más de cinco mil búnkeres ya fueron vendidos en su totalidad. Y en el sur de Francia, en Bugarach, se instalaron varias comunas apocalípticas que se están preparando para el desastre del 2012. El alcalde de Bugarach, Jean-Pierre Delord, les ha pedido ayuda a las autoridades para diciembre del próximo año. Incluso es muy raro que el aeropuerto de Denver, en Colorado, esté siendo acoplado bajo tierra para alguna catástrofe.
El modelo a seguir de este comportamiento fatalista podría estar en las leyendas y los mitos antiguos. En muchas culturas se habla de un diluvio pertinaz que cubrió la superficie entera del globo. Entonces, algunas tradiciones hablan de que los hombres empezaron a cavar y a prepararse para vivir en los lugares más remotos de las entrañas de la Tierra. Construyeron ciudades magníficas y llevaron hasta allá plantas y animales, a sus mujeres y a sus hijos, y lograron armar un mundo sofisticado a prueba de catástrofes llamado Agartha. La entrada principal y la capital de este reino subterráneo se llama Shambala, y queda justo bajo el Desierto de Gobi, entre China y Mongolia. El mito dice que hay varias ciudades que hacen parte de esta confederación y que están bajo la superficie del Amazonas, de las pirámides de Egipto, de México, de Turquía. Es una realidad intra-terrena atravesada por largos pasadizos e interconectada por rutas que viajan de un continente a otro.
Luego, cuando el diluvio pasó, los sobrevivientes decidieron no volver a relacionarse con los seres de arriba que lograron salvarse, seres muy primitivos, bestiales, codiciosos, mentirosos, vulgares, elementales en sus pasiones y sus vicios: nosotros. Y se quedaron allá abajo perfeccionando sus sociedades altamente tecnificadas y dotadas de una sabiduría ancestral, cósmica.
Puede parecer absurda la anterior teoría de la ciudad subterránea de Agartha. No obstante, vale la pena recordar que en 1963 un campesino de Capadocia, en Turquía, descubrió que detrás de la última pared de su casa, ubicada en las montañas, había una habitación secreta. Excavó con enorme curiosidad y encontró detrás de esa habitación otra más, y luego otra, y otra, y así hasta que dio aviso a las autoridades de la región. Se trata de la ciudad de Derinkuyu, que se extiende a lo largo de varios kilómetros. Los arqueólogos han descubierto ya veinte niveles, de los cuales sólo se han podido visitar ocho. Hay canales de ventilación, pozos de agua, riachuelos, templos. Como si esto fuera poco, esta ciudad está conectada con otra aún más profunda, Kaimakli. Y, según parece, Kaimakli conlleva a un mundo perdido allá abajo, en los parajes más remotos de la Tierra…

La nueva Arca de Noé

Se le conoce como la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, aunque los científicos y articulistas, de manera más familiar, la llaman La nueva Arca de Noé o Doomsday Vault (Bóveda del fin del mundo). La construyó el gobierno de Noruega con apoyo de varias fundaciones internacionales y donaciones de distintos países. Está en la isla de Spitsbergen, a 130 metros de profundidad, muy cerca del Polo Norte. El proyecto arrancó en el 2007 y un año después se inauguró la primera fase. Ese año contaba ya con 100 millones de semillas provenientes de todo el mundo. Las tres secciones en que está dividida espera albergar más de 2.000 millones de semillas. Todo el material está a 18 grados bajo cero y la bóveda es resistente a terremotos, huracanes, inundaciones y ataques nucleares. En caso de que se dañen las conexiones eléctricas, las bajas temperaturas de la zona garantizan que las semillas duren cientos de años intactas.
La pregunta es obvia: ¿Para qué? ¿Por qué están haciendo esto e invirtiendo tanto dinero los países más desarrollados del mundo occidental? ¿Por qué es preciso en este justo momento guardar una memoria de todas las especies vegetales del planeta? ¿Estamos en una novela de ciencia ficción? ¿Dónde está el principio de realidad?

Sectas

Hay que tener cuidado durante el 2012 con la desilusión de la gente. Si en efecto se presenta una catástrofe, los que estén en sus refugios tendrán que enfrentar un mundo mucho peor que la muerte. Sobrevivir no parece una buena idea. Pero si no pasa nada, la desilusión será de tal envergadura que puede llevar a muchas personas a masacres colectivas como las de Guyana en 1978, la de Waco en Texas, en 1993, o el suicidio colectivo de la religión ovni La Puerta del Cielo en 1997. Esta escalada delirante de gente anhelando el fin del mundo podría ser el verdadero desastre del próximo año.

(Publicado en El Tiempo, 09/12/2011)

5 dic. 2011

Jossimar Calvo




“Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar sólo mi país. Pero, con el tiempo, me pareció también imposible. Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia, a los más cercanos a mí. Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y —quién sabe— tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo.”
Inscripción de una lápida de la Abadía de Westminster

A veces, cuando todo está negro a nuestro alrededor, cuando no vemos ninguna salida, cuando sentimos que hemos perdido la fe y la esperanza en el mundo y en nosotros mismos, empezamos a ser visitados por espejismos, por fantasmagorías, y esas visiones nos indican que no vale la pena seguir luchando, que cualquier intento por mejorar es inútil, que hacer planes es un acto no sólo banal, sino incluso estúpido. Y entonces cerramos la celda, nos hundimos en la oscuridad y empezamos a convivir con esas alimañas inmundas que desde siempre han proliferado en nuestro interior.
En momentos así, los espejismos nos hacen ver el mundo como un lugar ruin, despiadado, injusto hasta niveles delirantes. Y qué duda cabe de que la humanidad y las sociedades que hemos construido son la demostración más exacta de nuestra miserable condición humana. Difícil defender este mundo cuando no sólo hemos masacrado a nuestros congéneres, sino que también hemos torturado y desaparecido de la faz del planeta a las demás especies. No somos ninguna maravilla y eso no es un secreto.
Ahora, ¿saber eso nos autoriza a seguir la corriente, a repetir los errores grupales que tanto nos disgustan, a bajar la guardia, a resignarnos, o a decir que no tenemos que cambiar nada en nosotros mismos porque el mundo es una porquería? ¿Puede un obrero explotado, con ese argumento, llegar a su casa borracho y golpear a sus hijos y a su mujer a altas horas de la madrugada? ¿El hecho de vivir en un mundo cruel e injusto nos exime de toda responsabilidad con nosotros mismos? ¿Por el hecho de vivir en una sociedad tan déspota y segregacionista como ésta ya puedo recostarme en un rincón, no hacer nada, maldecir y justificarme diciendo que soy una víctima de un sistema que no me permite realizarme a plenitud?
Creo que el comienzo del cambio, y lo más difícil de todo, es modificarnos a nosotros mismos. La gran batalla es esa. Y la enorme mayoría de personas claudican rápidamente, no se revisan, o si lo hacen es de un modo superficial y continúan igual, pareciéndose cada vez más a sí mismas. En uno de los primeros textos de este blog hablé de resistencia interna, es decir, de cómo la información de papá y mamá, los maltratos recibidos, los abandonos, el desprecio, todo eso configuran mi mente, mis gustos, mis estados de ánimo. Si yo no soy capaz de transformar ese horror que me han inoculado, terminaré hundido en mí mismo, deprimido, desesperanzado, sin salida, en una celda donde lo único que puedo hacer es dar golpes en la oscuridad. Y ganan ellos, los que me abandonaron, los que me humillaron, los que me pegaron, los que jamás creyeron en mí. Ganan los maltratadores, los brutos, los incompetentes.
Ahora, ¿modificarme a mí mismo cambia la situación de Irak, de Somalia, de Bolivia? Quién sabe. ¿Transformar esa información personal malsana y dañina les sirve a los enfermos de sida, o a los trabajadores explotados o a los niños desnutridos de África? Tal vez, quizás sí quizás no. Pero es el comienzo, es el primer paso sin el cual es imposible transformar el mundo. Sin ese primer peldaño es imposible ganar terreno. La primera guerra es contra uno mismo, y es, curiosamente, la más difícil. Luego se van conquistando, poco a poco, y muy lentamente, las otras batallas. Y es un deber. Al final de la vida es muy posible que uno no haya logrado cambiar el mundo, pero sí tendrá que responder esa pregunta: ¿Pudiste cambiarte a ti mismo? Esa es la primera responsabilidad, y solemos eludirla con mil argucias que sólo demuestran nuestro miedo y nuestra falta de perseverancia. Y gracias a que aún hay personas que comprenden la importancia de este primer paso imprescindible es que el mundo tiene rincones maravillosos que se llaman arte, cine, danza, poesía, arquitectura, ciencia, filosofía, deporte. Detrás de un gran deportista o de un gran actor siempre hay un soldado que se venció a sí mismo.
Hace poco vi la noticia del gimnasta colombiano Jossimar Calvo en los Juegos Panamericanos. Tiene 17 años, vive en un rancho miserable donde comparte la cama con su madre, no tiene un centavo ni siquiera para transportarse cuando va a entrenar y no le gusta que le pregunten por su familia (qué le va a gustar). El país no le ha dado nada, la sociedad no le ha dado nada sino desprecio y dolor, y aún así, con todo en contra, este muchacho tiene su rancho atiborrado de medallas de oro. Y ahora acaba de darle al país otra medalla de oro en los Panamericanos (ese país que no ha hecho nada por él). Uno ve su miseria, su exclusión, su gigantesca soledad, y esas medallas y esos trofeos sobre una tabla de madera en esa casa que se cae a pedazos demuestran una templanza interna muy poco común, un coraje, un aguante, un heroísmo sin el cual el mundo sí sería, realmente, un infierno. Detrás de ese muchacho hay grandes batallas y grandes conquistas de sí mismo. ¿Ha cambiado Jossimar Calvo el mundo? Sí, sin la menor duda. Y todos estamos en deuda con él y deberíamos darle las gracias. Nos ha brindado no sólo un ejemplo tremendo, sino que nos ha dado, quizás, la lección más dura que alguien nos puede dar: tener que preguntarnos: ¿hemos hecho nosotros, así como él, lo que nos corresponde? ¿Hemos, desde nuestra trinchera, combatido como él? ¿Hemos aguantado como él? Esa es la lección. Ese joven nos ha puesto la vara muy alta y va a ser muy difícil siquiera igualarlo. Es decir, Jossimar Calvo nos ha hecho mejores personas a todos.
Gente así es la imprescindible. Gente así es la que necesitamos en horas tan aciagas como las presentes. Gente así es la que cambia el mundo.