13 feb. 2012

Desarraigo



Gisors encarna en La condición humana, la famosa novela de André Malraux, una visión por fuera del compromiso revolucionario que rige a los otros protagonistas. Es, en cierto sentido, una China más profunda, más entregada a una sabiduría de índole oriental. Sin embargo,  como lo indica el narrador, su bondad, su paciencia y su infinita  comprensión para con los otros no están basadas en la religión, como se tiende a creer en un comienzo, sino en el opio. Gisors ha llegado a la liberación de las grandes pasiones mediante la toxicomanía opiácea. “Se le atribuía la paciencia a los budistas; era la de los intoxicados”. Esta percepción del mundo que tiene Gisors está condensada en un principio fundamental del Zen, y al cual se puede tener acceso también mediante el opio: la anulación de la idea del yo.
      Para Gisors es claro que hay que desarraigarse del yo,  del mundo y de las ideas sobres éstos. Es preciso renunciar a las pasiones obsesivas que autodestruyen, y eso sólo se logra a través de la vacuidad del yo. No hay sujeto, lo que hay es una serie de estados mentales. Como lo explica Borges en su magnífica conferencia sobre el budismo en Siete Noches: si digo, por ejemplo, “yo pienso”, incurro en un error. Porque supongo un sujeto constante, y luego una obra de ese sujeto, que es el pensamiento. No es así. Habría que decir “se piensa”, como se dice “llueve”. Igual que se dice “hace frío”, “hace calor”, debemos decir “se piensa”, “se sufre”, y evitar el sujeto. Si no hay yo se desvanece también la necesidad de hacer feliz a un yo. Tampoco aparecerá la necesidad o el anhelo de algo. No se puede focalizar el deseo porque no hay un yo donde focalizarlo.
La vacuidad implica desapego, desarraigo del mundo. Identidad, rostro, tener objetivos, tener dinero, triunfar, ser alguien en la vida, ser exitoso, deseo focalizado, principio de territorialidad fijo, son problemas todos que se alimentan unos a otros. Para Gisors, la vacuidad del yo que le otorga el opio es una forma de desarticular el deseo. Lo paradójico  es que al no apegarse a nada, todo llega, el mundo aparece en toda su intensidad. No es una negación del mundo, sino una afirmación por medio del vacío, y no se llega a comprender esto a través de deducciones,  conclusiones, procedimientos racionales, no. Se debe intuir la vacuidad de todo, y Gisors lo hace continuamente mediante sus pipas de opio. “Con los ojos cerrados, transportado por las grandes alas inmóviles, Gisors contemplaba su vacuidad: una desolación que se unía a lo divino, al mismo tiempo que se ensanchaba hasta lo infinito aquella estela de serenidad que recubría suavemente las profundidades de la muerte”. Y antes de la partida dice Gisors: “Estoy a la vez liberado de la muerte y de la vida”.
Parece relevante señalar, entonces, que el desarraigado, gracias a esa actitud de no esperar nada, gracias a ese estar abierto a lo que venga, es el que ejecuta una potencia de afirmación de la vida en toda circunstancia. Los otros son incapaces de afirmar la vida en el sufrimiento. Pero esta concepción del mundo  permite siempre continuar, seguir asimilando la vida positivamente aún después del dolor y la miseria, después del hambre, de la injusticia, de la infidelidad o del abandono.

(En Bacanika.com.co)

2 comentarios:

  1. Desarraigo me recordó una de las novelas de Mario que para mí ha sido la más especial de las que le he leído hasta ahora: Buda Blues. Pero me parece que esta concepción de mundo es muy difícil que se de en las personas porque el patrimonio material está completamente impregnado, o para responderle al título con su antónimo, arraigado en la mentalidad de las personas. Creo que es difícil que este entendimiento tenga lugar cuando instituciones como la educación y la familia continúan funcionando como fieles reproductores de un mismo orden social ya establecido, un orden que lleva a las personas a aceptar el dinero como el mayor logro y sentido; o como lo questiona William Ospina en la escuela de la noche: "hoy sólo el ideal del lucro parece respetable". También me recuerda un texto titulado narcisismo centrípeto publicado por Mario en este blog; un texto que he compartido con otros. En fin, me gustaría preguntar cómo se podría generar esta concepción de desarraigo en la población desde la educación si a un docente, por ejemplo, le queda complicado competir en unas cuantas sesiones u horas de clase con la mala educación de toda una vida que las personas traen ya por su familia.

    ResponderEliminar
  2. Sí, así es. El sistema imperante es de una banalidad y de una crueldad difíciles de modificar. No creo que haya que proponerse algo así porque el desgaste y la fatiga pueden convertirse en fuerzas auto-destructivas. Creo que se trata, más bien, de actuar desde los bordes, de ir creando focos de resistencia, trincheras para aguantar, para rebelarse, para decir no. El pensamiento como desobediencia civil. La literatura como indisciplina y emancipación. Eso es. Saludos, MM.

    ResponderEliminar