6 feb. 2012

La desesperanza




En 1965, en la casa del Lago de la Universidad Nacional Autónoma de México, Álvaro Mutis dictó una conferencia titulada La desesperanza. En ella, Mutis explica algunas de las características de una aventura que se presenta sobre todo en la literatura contemporánea. Sin duda, la desesperanza mutisiana esclarece ciertos elementos que definen el comportamiento de ciertos sujetos desarraigados que están siempre un paso más allá de las normas, de los códigos, de toda vigilancia por parte del sistema.
      La primera condición que subraya Mutis para ser un desesperanzado es la lucidez. “A mayor lucidez mayor desesperanza y a mayor desesperanza mayor posibilidad de ser lúcido”, dice el colombiano. Lo importante de esta lucidez, como lo aclara el autor, es que no se aplique ingenuamente en beneficio propio, porque entonces se corre el riesgo de fabricarse una ilusión, de “esperar” algo. La aclaración es fundamental, porque “desesperanza” para Mutis no significa “tristeza”, “amargura” o “depresión”, no. “Desesperanzado” es aquel que afirma la vida sin esperar nada de ella, que asume la vida sin máscaras, sin trucos, sin hacerse ilusiones, dejando atrás todos los anhelos. Por ello la lucidez no puede invertirse en una máquina de falacias personales. Lo contrario: debe desnudar el mundo y mostrarlo en toda su crudeza, en toda su inutilidad.
     La segunda condición y la tercera van estrechamente unidas. Se trata de la incomunicabilidad y de la soledad. El desesperanzado no puede transmitir a otros la actitud que lo rige y lo gobierna,  y acaso sea ésa la razón por la cual los demás ven en él a un ser extraño que toma la vida con indiferencia, o en el peor de los casos lo consideran un desvariado o un delirante. En consecuencia, el desesperanzado está solo: “Soledad nacida por una parte de la incomunicación y,  por otra, de la imposibilidad por parte de los demás de seguir a quien vive, ama, crea y goza sin esperanza”, dice Mutis.
     La cuarta y última condición es una estrecha relación con la muerte. El desesperanzado no obvia ni teme la muerte, no cambia de ruta (de actos, de decisiones) por intentar esquivarla. Antes bien,  la muerte ha sido asimilada desde el comienzo como una condición inevitable del camino a seguir. Si en realidad no espera nada, no debe esperar siquiera el estar vivo.
     La desesperanza mutisiana es lo que permite a un individuo de líneas cerradas (con objetivos, con ilusiones, que “espera” llegar a un punto determinado, con comportamientos predecibles) convertirse en un viajero de vectores abiertos, en una línea errática, azarosa. Existe un equilibrio entre la actitud exterior, espacial, del viajero, y su actitud interna: sus ideas, sus afectos, sus creencias. La desesperanza mutisiana es una potencia que descodifica la vida, que la abre, que impide organicidades estrictas.
Cuánto dolor y cuánto sufrimiento no nos habríamos ahorrado si nuestra enseñanza no hubiera sido la de agarrar, la de tener, la de poseer, la de ahorrar, sino la contraria: soltar, desarraigarse, desapegarse, entregar, regalar, no tener metas, no ir para ninguna parte.

(En Bacánika.com)

8 comentarios:

  1. Aquí pienso en el efecto que me han dejado leer la obra literaría de dos escritores colombianos: la obra de Fernando Vallejo y la del autor del presente artículo (Mario Mendoza). Sin embargo me parece que, en general, la persona que se lanza al mundo de la ilustración, al mundo de los libros, al ejercicio de leer y al ejercicio del pensamiento, al final ha entrado en una empresa muy riesgosa de doble filo ya que por un lado, si bien es un privilegio extraordinario tener el derecho y la oportunidad de la lectura y la educación en general, pues leer engrandece nuestra cultura, nuestro pensamiento y nuestro entendimiento del mundo y de nosotros mismos, al mismo tiempo y en concecuencia de lo anterior es también un ejercicio monstruoso y aterrador porque el individuo ilustrado, a diferencia del ignorante, desarrolla una conciencia lúcida de lo que podríamos llamar el horror que es el mundo y esto hace que la vida sea más conflictiva en un orden moral y existencial. Entiendo lo de no esperar nada de la vida pero lo que sí me pregunto es: si se tiene esta lucidez del mundo y toda su crudeza, como dice el texto, cómo puede no haber amargura; si se tiene conciencia del desastre, cómo puede sentirse la desesperanza sin la amargura o la tristeza.

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  2. Vivir como espectador, sentir solo lo que llega momento a momento, flotar al vaiven del oleaje, sin pertenecer a nada...¿Y donde quedan las pasiones?, ¿esos afectos del alma que nos hacen vibrar? .¿ A dónde podremos poner esas satisfacciones, alegrías y plenitudes cuando realizamos algo grato?. La lucidez tambien nos trae la comprensión y la paz. En lo que si estoy plenamente de acuerdo es en no invertir nuestros esfuerzos totales en la búsqueda de objetivos comunes: posesiones, lujos, posiciones, títulos, reconocimientos y en fin....a cambio no solo buscar, sino encontrar todo lo que brinda paz y alegría interior.

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  3. Hola Mario...me encanta poder leerte por este medio. Nos encontramos en el Hay Festival, yo estaba en la organización de tu charla el sábado junto con Santiago Gamboa y Claudia Piñeiro, y te comenté que cuando estuviste en el 2006 también estuve coordinando tu evento! te seguiré leyendo por aquí fielmente. Un abrazo!

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  4. http://www.liberationofthepeople.org/es/

    la liberacion de los pueblos de la patologia del poder : es un buen libro. autor: norberto kepe
    lo pueden descargar de la pagina hay una parte en portugues el rsto esta en español
    SALUD

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  5. Estar aferrado a algo encarcela al sujeto en ese algo, lo atrapa, lo paraliza, lo deja inmóvil. No aferrarse no significa no disfrutar la vida. Todo lo contrario: el que se desarraiga multiplica su deseo. Al no desear nada en particular, al no esperar nada, deja esas cadenas a un lado y puede gozar de la totalidad. Y quizás esa actitud, en lugar de amargarlo, le dibuje una sonrisa en los labios... Saludos para todos, MM.

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  6. Más allá del cientificismo, de lo que al final parece siempre ha sido el hombre y, espero, no sea siempre; más allá de la misma realidad palpable, inminente; más allá de las cosas que para muchos se vuelven triviales, se siente un dolor de ciudad, un dolor de patria, un dolor de mundo. Es ahí donde la desesperanza llega, cuando comprendes que el presente llega a ser aún más incierto que el futuro. Desde la trinchera y en la distancia, un abrazo fraternal.

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  7. ésto me evoca a la frase tan repetidamente por mi maestra de Tai chi chuan " y recuerda que ésto también cambiará". Tener la paciencia para llegar a un equilibrio, porque la vida se encargará de desordenar todo de nuevo, ahí la importancia se saberse vacío.

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  8. Recordé una frase de la tradición china: todo va hacia su contrario. En efecto, todo es movimiento, flujo ininterrumpido, cambio, mutación. No aferrarse a nada significa tener un centro vacío que no depende del afuera. Todo va y viene, y el vacío permanece intacto en su eje. Saludos para todos, MM.

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