30 mar. 2012

26 mar. 2012

4 años a bordo de mí mismo




Hay una página de la literatura colombiana que siempre me ha conmovido profundamente: la última página de 4 años a bordo de mí mismo, de Eduardo Zalamea Borda. Esa página, que el autor bautizó como Noticia, desafortunadamente ha sido suprimida en varias ediciones. En ella asistimos a un instante revelador en el que el mundo se detiene, y en la cotidianidad imprecisa, en la aparente fugacidad del entorno, se percibe una realidad indivisa, acontece todo. Aquí lo que se comunica no es lo que se dice, sino la intensa relación que se mantiene entre lo dicho y lo no dicho, entre lo expresado y lo no expresado, entre lo visible y lo invisible. Ambos factores son esenciales.
Esta Noticia es un despertar, una forma de conocimiento donde el silencio no es negación del lenguaje, sino su complemento. Esto corrobora que no existe un viajero por un lado y un escritor por el otro. Lo que hay es un bloque de devenir, una simultaneidad potenciada entre lo dicho y la acción de decirlo. La Noticia nos revela una percepción hiperlúcida para la que no escapa ni el número siquiera de la máquina de escribir donde sucede el lenguaje. Este tipo de sensibilidad nos recuerda de inmediato las “noticias” de Ho Chi Minh en su Diario de la Prisión .
     En el verano de 1942, en China, cerca de la provincia de Kwangsi, Ho Chi Minh, líder del Vietminh, es arrestado por la policía de fronteras y acusado de espionaje. Sin sentido alguno se ve obligado a un duro peregrinaje por treinta provincias distintas a lo largo de los trece distritos de la zona de Kwangsi. Su vida se sostiene excepcionalmente gracias a una serie de consignaciones que ejecuta en secreto entre el 28 de agosto de 1942 y el 16 de septiembre de 1943. Escritas en chino para no levantar sospechas ante los carceleros, estas anotaciones constan de varias estrofas tang. En ellas, Ho Chi Minh entrena su cuerpo para que no sucumba ante la adversidad, manteniéndolo despierto y alerta ante el entorno. Es un cuerpo para el cual el mundo es una noticia constante. No un cuerpo impregnado de la atrofia de la costumbre, con sentidos territorializados, quietos, fijos, rutinarios y perezosos, sino un cuerpo con sentidos anfibios, que cambian de posición y de elemento, que no se acostumbran a una misma información y que por tanto poseen funciones múltiples. Ese cuerpo percibe, por ejemplo, las notas musicales de una mujer que espera en lo alto de una torre el regreso de su amado, o la velocidad de un peón inmóvil en el tablero de ajedrez .
Esa actitud es la que le permite a Ho Chi Minh una contemplación desapasionada de su propia desgracia. Un cuerpo desajustado, en movimiento, es un cuerpo abierto siempre a un afuera.
      La Noticia final de la novela de Zalamea, entonces, no está regida por el deseo de registrar ningún acontecimiento en particular, sino que traza una vía para ir más allá de los sentidos tradicionales, de los acontecimientos excesivamente codificados, y de la reflexión (también codificada) sobre ellos. Como en el caso de Ho Chi Minh, o de algunos poetas occidentales que dieron origen a las vanguardias como Rimbaud, esta percepción producto de un cuerpo que fluye busca una tensión entre lo que se dice y lo que no se dice. Una palabra que nos comunica lo incomunicable, que nos permite, a través de lo visible, acceder a lo invisible. Detrás de esta Noticia una mano tiembla, un cuerpo es recorrido por pequeñas convulsiones que lo obligan a ir fuera de sí. Moléculas y dendritas que buscan una palabra, microsismos corporales que se hacen literatura.



(Próximamente en Bacánika.com)

20 mar. 2012

Pina, de Wim Wenders



Atención al último trabajo de Wenders. No se lo pueden perder. La tercera dimensión no como un alarde de efectos especiales, sino como ejercicio plástico.

Saludos, MM. 

Corriente Alterna



El 10 de marzo de 1967 Octavio Paz escribe una “advertencia” a su libro Corriente Alterna. En ella afirma que los fragmentos ensayísticos que componen el libro apuntan a un tema único: “La aparición en nuestra historia de otro tiempo y otro espacio”. En efecto, a lo largo de los tres grandes apartados del libro es notoria la obsesión por esta idea. La misma escritura fragmentada y dinámica, fluctuante, el título extraído de la electricidad (“corriente alterna” se contrapone a “corriente continua”, pues obedece a aquélla en la cual la electricidad varía rápida y periódicamente de dirección e intensidad), todo nos corrobora la tesis central planteada en la advertencia. Paz enfatiza en el libro las consecuencias políticas, históricas y estéticas de la caída del tiempo rectilíneo. Esta idea está expuesta por Paz no sólo en sus ensayos, sino que atraviesa su poesía y termina convirtiéndose en una concepción con respecto a la vida en general.
     Finalizando el ensayo “Las reglas de la excepción”, Paz enuncia abiertamente esta revolución temporal: “Si estamos ante un cambio de los tiempos, como lo creo firmemente, el fenómeno afecta nuestras creencias y sistemas de pensar. En verdad lo que se acaba es el tiempo rectilíneo y lo que comienza es otro tiempo”. Más adelante, en “Una forma que se busca”, denuncia una vez más la misma idea: “Todas estas concepciones reducen la idea del tiempo rectilíneo a una mera variante en el sistema de relaciones”. Paz se refiere aquí al hecho de que en diversas disciplinas como la biología, la lingüística o la antropología, se deje a un lado las explicaciones lineales y se conciba la realidad como un sistema de relaciones sincrónicas. La realidad: un campo magnético de entrecruzamientos, de enlaces sincrónicos. El tiempo ha dejado de ser algo lineal, producto de un viejo universo, y se ha vuelto un tiempo múltiple, infinito en el instante, un tiempo que es en sí mismo un paquete de trayectorias, un posible múltiple. Este nuevo tiempo no es quieto, fijo, estático, como el anterior. Por el contrario, nos explica el dinamismo del ahora, el movimiento incesante del presente.
     En ese instante que se abre al vértigo las formas se diluyen, los objetos pierden su aparente consistencia en el mundo. El individuo no es ajeno a ese proceso. En el instante que es abismo el yo deviene multiplicidad, pero la sensación angustiosa es que el yo alcanza a percibir el momento de su muerte, de su desaparición. Y se defiende, se niega a partir, se aferra. El yo sabe que la entrada en el devenir significa su propia extinción. Por ello este nuevo tiempo deja de ser una medida y se vuelve una realidad viva, cualitativa, tangible. Este nuevo tiempo es un umbral, una zona de indiscernibilidad de la identidad, un campo magnético donde el individuo halla un nuevo destino: devenir.
Saludemos con beneplácito esta posibilidad y dejemos de repetirnos tanto, dejemos de parecernos cada vez más a nosotros mismos.

(Próximamente en Bacánika. com)

13 mar. 2012

Antropofobia



Empieza siendo un sudor frío que recorre el cuerpo cuando presentimos a los otros a nuestro lado en un cine, en la iglesia, en un centro comercial. Basta con que un pequeño grupo de personas nos mire o tengamos que pasar a su lado para que un cierto temblor nos recorra el cuerpo y empecemos a sudar sin poder controlarnos.
Más tarde la sensación crece y se generaliza. Nos disgusta cualquier persona, creemos que los otros nos miran a toda hora, que nos juzgan, que están pendientes de nuestra ropa o nuestro corte de cabello. Luego desarrollamos un temor a comer en público, nos da taquicardia hablarles a los otros, reunirnos con ellos en una fiesta o en un salón de clase. Por ende, no podemos exponer un tema en una clase del colegio o de la universidad, no somos capaces de realizar una entrevista de trabajo y mucho menos de cumplir con una cita amorosa. Los otros nos disgustan, les tememos, nos acechan. No somos bellos, no nos vestimos bien, estamos muy gordos o muy delgados, no tenemos dinero, no somos de buena familia, somos poca cosa…
Lo que nadie explica es que las nuevas tecnologías están generando en los jóvenes tendencias fuertemente antropofóbicas. Creemos que el uso de un correo electrónico o de una red social es un procedimiento inofensivo, y no, el niño o el adolescente poco a poco van reemplazando la realidad externa por la virtual y pueden llegar a quedar atrapados en la segunda en detrimento de la primera. Es el caso de los hikikomori japoneses, que pasan hasta siete o diez años sin salir de sus habitaciones.
Miedo a los otros, terror a nuestros congéneres… Visto desde otro ángulo no parece un trastorno. Basta ver a unos cazadores degollando un venado, a un grupo de marinos acuchillando una ballena o abriendo el cráneo de una foca para empezar a tener miedo. Si a eso le sumamos imágenes de pesticidas, ríos contaminados, toneladas de basuras malolientes, pueblos enteros diezmados por las hambrunas en África, por el sida, por el Ébola, por las fiebres tropicales, ya el sudor frío empieza a tener un sentido profundo. Para rematar, basta cualquier escena de guerra (los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, los campos de exterminio nazis, las masacres de Vietnam, los bombardeos en Irak o en Afganistán) para que la posible enfermedad se transforme en un rechazo inteligente.
Por ello, una pequeña dosis de antropofobia es un acto de lucidez. La mentalidad gregaria, obediente, de rebaño, siempre será sospechosa. Quien respeta en exceso las reglas de la manada descubre tardíamente una verdad que le puede costar la vida: que estamos rodeados de bestias y caníbales de nuestra propia especie.

(Próximamente en Bacánika. com)

6 mar. 2012

Inteligencia a prueba



Hace poco sobrepasamos los siete mil millones de personas. Dos individuos nacen cada segundo. En pocos años hemos triplicado la población mundial. Y en dos o tres décadas más alcanzaremos los nueve mil millones, una cifra escandalosa, salida de toda medida razonable.
Lo que la gente se empeña en no entender es que el agua no crece exponencialmente, ni la comida, ni los demás recursos. El dinero menos. ¿Qué significa eso? Que si en este momento hay más de mil millones de personas con problemas para tener acceso al agua, en pocos años esa cifra será mucho mayor. La acumulación de riqueza implica lo mismo: muy pocos con ahorros y una vida decente, y una enorme parte de la población en la miseria, sin trabajo, en el rebusque. Cada vez la gente estará más pobre, más hambrienta y más sedienta.
Un país como Estados Unidos, cuya economía de posguerra lo ubicó en la cima, desde el 2008 no ha hecho sino dejar a buena parte de su población en la calle, sin trabajo y sin techo. Las famosas Obamavilles o “ciudades carpa” empiezan a tomarse los bosques en distintos lugares como las afueras de New Jersey (Lakewood) o el corazón mismo de Florida, donde la villa miseria Pinellas Hope alberga a más de 300.000 indigentes. Muchos de ellos son profesionales que hasta hace poco tenían una casa, un empleo rentable y un auto costoso. Ahora se reúnen alrededor de estufas de leña para calentarse en grupo durante el invierno. He ahí el futuro.
Crecemos nosotros, pero el territorio no. África, por ejemplo, ya no es de los africanos. Varios países como Inglaterra, China y Estados Unidos han venido invirtiendo capital en comprar tierras en distintos países africanos. Son enormes granjas para cultivos y ganado cuyos productos, después, son exportados a esos países mientras la población local se muere de hambre día a día.
Ha llegado el momento de entender algo a lo que nos hemos negado una y otra vez: hay una reversibilidad en el sistema, es decir, el exceso de vida nos está matando y está aniquilando también a las otras especies. Traer más vida mata. Es todo lo contrario de épocas pasadas. Si antiguamente la moral era reproducirse para asegurar la supervivencia de la especie, hemos llegado al punto en el que todo se dio la vuelta: la única posibilidad de que la especie sobreviva es no reproducirse más. Se trata de una nueva moral por medio de la cual debemos entender que la multiplicación de nosotros mismos es la causa de nuestra extinción y de la extinción de las demás especies.
Nos urge una pedagogía verdaderamente inteligente, lúcida, una serie de políticas que eduquen a las nuevas generaciones en cuanto a una conciencia ecológica cuyo meollo sea la explosión demográfica. Reproducirse ya no es dar vida, sino suprimirla. Tenemos una responsabilidad tremenda, definitiva: demostrar que sí somos la especie más inteligente y frenar lo que hasta ahora ha sido una proliferación delirante y salida de control.
Nuestra capacidad creativa está a puesta a prueba en la medida en que seamos capaces de encontrar nuevas formas de asociarnos, de adoptarnos, de protegernos unos a otros. Nos llegó la hora de comprobar si nuestra pretendida inteligencia nos es útil para comprender que el principal problema del planeta somos nosotros mismos. Y ese problema se agravará si dejamos aquí hijos y nietos cuya existencia sólo empeorará aún más la atmósfera de autodestrucción que ya nos rodea.

(Próximamente en Bacánika.com.co)

3 mar. 2012

Rebusque

Un trabajo de uno de mis exalumnos de literatura que se ha dedicado con mucho juicio y rigor al cine: Edwin Umaña. Este es un cortometraje que pronto se estrenará en Colombia. Le deseo lo mejor porque se lo merece de sobra. Saludos, MM.