16 abr. 2012

El tedio, el hastío




 Con el Romanticismo aparece una ruptura, una fragmentación de la conciencia que se prolonga hasta nuestros días. Algo se quiebra en el espíritu del hombre moderno occidental, algo se resquebraja para siempre. Nunca más volveremos a ser los mismos. La formación de los Estados modernos europeos, la negación de los derroteros que trazaba la revolución industrial, Napoleón y sus campañas, o la pérdida de una amistad entre artista y sociedad, son algunos de los sucesos que rodearon este movimiento. Pero esa ruptura de conciencia ha sido el legado más cruel y duradero que nos ha dejado el Romanticismo. Lo percibimos en Ernest Theodor Amadeus Hoffman o en “Marginalia” de Edgar Poe. Y fue necesario que creáramos formas literarias que expresaran esa ruptura, como el poema en prosa o el fragmento.
     En El Spleen de París de Baudelaire, el poema en prosa adquiere una connotación significativa. El libro de Baudelaire busca una forma que se adapte a los avatares de la vida moderna, y sobre todo una forma que pueda aprehender la experiencia de la ciudad. Dice Baudelaire: “De la frecuentación de las ciudades enormes, del encuentro de sus innumerables relaciones, es de donde nace este ideal  obsesionante”. El poema en prosa baudelairiano nos habla del recorrido a través de la ciudad, de múltiples instancias que se relacionan todas ellas entre sí sin perder cada una su propia independencia. Es el testimonio de un ciudadano que ha entrenado sus facultades hasta alcanzar una delicada percepción con respecto al entorno urbano. 
Entre otras razones, la modernidad literaria se inaugura con Baudelaire no sólo por sus nuevos postulados estéticos, sino también por la particular relación que hay entre el sujeto y la ciudad en este texto. Podríamos distinguir una poesía del aquí y ahora en El Spleen de París. Esto es, lo urbano obliga a una reflexión sobre el instante, sobre la discontinuidad de la ciudad. Es por ello que Baudelaire se ve obligado a fragmentar el discurso poético para que la ciudad pueda hablar, expresarse en la discontinuidad verbal. Así, tenemos una emoción poética enfrentada a una temporalidad urbana.
     Lo angustioso es que la discontinuidad (tanto urbana como formal en los poemas) nos expresa una fragmentación de la conciencia. La pregunta es: ¿Qué hay entre fragmento y fragmento? ¿Qué hay entre pensamiento y pensamiento? ¿Qué hay entre mí y mí? La respuesta de Baudelaire: el spleen, el ennui, el tedio, el cansancio, el hastío, la fatiga de sí mismo. Las grietas, las hendiduras de la conciencia baudelairiana nos hablan de algo que más tarde se llamaría “el mal del siglo”, es decir, el hombre que se convierte en nadie para sí mismo y para los otros, el hombre de la multitud, el ninguno, el extranjero. 
El siglo XX le dará verdadera carta de identidad a este pathos: personajes amnésicos, catatónicos, sin nombre, sin proyecto de vida. Hemos perdido el rostro: estoy por fuera de la rostridad, eres nadie, somos cualquiera. Ya no estamos ni en un lenguaje unívoco, ni en un lenguaje multívoco o polisémico, ni tampoco en una relación sublime donde el sujeto está atrapado en el objeto. Estamos frente a una conciencia que deriva de significante en significante sin alcanzar nunca un significado. Ya no hay una travesía hacia el sentido. El sujeto contemporáneo vagabundea sin hallar nunca el sentido. Es una mirada que no tiene a dónde ir o que va a todas partes. Estamos extraviados y nadie quiere reconocerlo…

(Próximamente en Bacánika.com)

2 comentarios:

  1. Cuando se menciona el romanticismo no puedo dejar de pensar en los poemas de S.T. Coleridge y W. Wordsworth  que el poeta y profesor Giovanni Guessepe nos leía en sus clases de literatura.   No imagino la lectura posterior de Baudelaire sin esos poemas. No imagino el desasosiego sin  esa ruptura de los románticos. Sin "el opio"  de Coleridge la nada seria inconcebible. 

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  2. Hola Mario. Un texto que confronta. El hastío, esa monotonía que nos encierra en nosotros mismos. Nos convertimos en habitantes efímeros de no lugares. Un abrazo, estaremos Luz Marina y yo el sábado y el domingo en la feria del libro.

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