30 abr. 2012

Plegarias Nocturnas




Un acierto indudable de la novela Plegarias Nocturnas, la más reciente publicación de Santiago Gamboa, es su fuerza, su fluidez narrativa, su corriente ininterrumpida de voces que hablan y piensan y nos cuentan qué fue lo que sucedió. Una polifonía rítmica de la que ya hizo alarde este autor en su anterior novela, Necrópolis. Hay algo musical en este libro, una cierta obsesión coral. A Gamboa no le interesa un punto de vista, sino una visión caleidoscópica que gire, que viaje de sujeto en sujeto, un narrador que se desdobla, que es muchedumbre. Esa melodía multiplicada en varias voces está muy bien lograda. Parecería que detrás de esta polifonía hay un interés político. La voz única le parece al autor demasiado tiránica, militar, megalómana. Y entonces la subdivide en busca de una auténtica democracia participativa, de voces que son la voz del pueblo, la voz de ella, de él, de ti, de nosotros, de ustedes. Y en esa multiplicación se logra cruzar una sociedad de manera transversal, desde los jóvenes de la Universidad Nacional hasta los asesores presidenciales, pasando por escorts, ex reinas de belleza y tránsfugas entre los agentes estatales de seguridad. Lo musical es en Gamboa un asunto político.
La página en nuestra tradición hispanoamericana ha estado siempre muy vigilada moralmente. Se espera de una persona culta que sea decente, que no vaya a salir con groserías o vulgaridades de mal gusto. ¿Cómo liberar el cuerpo de esa vigilancia moral, cómo emanciparlo? Y aquí volvemos a una idea que nos conecta con la anterior. Para Gamboa el sexo no es sólo una gimnasia sensorial, un alarde de sibaritismo, sino un ejercicio político: ¿Cómo quitarle las cadenas a ese lenguaje mojigato, constreñido y apolillado para que pueda nombrar la fuerza libertaria del cuerpo emancipado? ¿Cómo se lleva a cabo esa sublevación? Y creo que es algo que el colombiano tiene muy arraigado como narrador y como artista: el sexo como praxis revolucionaria, como instante privilegiado en el cual escapa a toda restricción, a toda prohibición, a todo encarcelamiento. Las orgías con los agentes de seguridad, los encuentros sexuales juveniles, los moteles, la prostitución en Japón, los capítulos llamados Inter-Neta son instantes privilegiados en los cuales el lenguaje conquista el cuerpo, sus gemidos, sus fluidos, sus olores, y lo nombra. La democracia del músculo y el nervio. Nombrar el cuerpo en medio de una religión que ha quemado gente por eso no es fácil aún hoy en día. Ya no hay hogueras, pero sí hay un establecimiento social conservador que va a misa y que continúa haciendo la apología del cuerpo virtuoso, limpio, higiénico, casto, la apología de la conyugalidad y la familia. Y en medio de esas restricciones, de esa vigilancia, de ese espionaje delirante y obsesivo, los personajes de este escritor son admirables momentos de libertad, instantes en los cuales la mojigatería bienpensante no puede meter en cintura a esas voces concupiscentes y lujuriosas.
En una propuesta que viene desde el Síndrome de Ulises, en el sentido de contar el viaje de un Odiseo tercermundista que atraviesa un reino que se desmorona (el Primer Mundo), ahora, en Plegarias Nocturnas, asistimos al viaje de Penélope, de una Molly Bloom que cuando sale de casa deviene escort, dama de compañía, puta, esclava, meretriz torturada. Si el viaje de este nuevo Ulises termina en un sótano lavando platos a la madrugada o en un centro de salud convulsionando, el de esta Penélope africana, rumana o latinoamericana termina en el burdel, en la calle buscando clientes o en moteles malolientes ebria, intoxicada de cocaína y heroína, rociada de semen.
 Finalmente, creo que esta novela propone algo que no hemos querido aceptar como sociedad: el origen de nuestra violencia no está afuera, en el narcotráfico o el terrorismo, sino adentro, en el establecimiento mismo, en la familia, en la política, en el colegio, en el Estado. El arribismo, el clasismo, la segregación social, el racismo, la envidia, todas esas son las verdaderas fuerzas oscuras que están aniquilando civilmente a la sociedad contemporánea, y que no queremos reconocer por el simple hecho de que deberíamos hacer un examen de conciencia y llegar a una conclusión tremenda: el origen de la violencia somos nosotros mismos. La voz coral de Plegarias Nocturnas termina con un estribillo que nadie quiere escuchar: todos somos responsables.

(Próximamente en Bacánika.com)

2 comentarios:

  1. Una feria del libro muy especial, querido Mario. Nuestro encuentro contigo, tu lanzamiento de los libros el sábado y domingo, el conversatorio de Gay Talese, la vida de Pambelé escrita por Salcedo Ramos. Tuve la fortuna de llevarme cuatro libros: Apocalipsis y La ciudad de los umbrales de un maestro llamado Mario Mendoza; Soledad, una colombiana en Madrid de María Paz Ruiz y El oro y la oscuridad de Alberto Salcedo. Y algo curioso: tenía referencias de Roberto Ampuero. Sabía que es chileno y un escritor fundamental de esa nueva generación, pero no había leído nada de él. Entonces ese sábado, cuando hiciste el lanzamiento de "El último tango de Salvadro Allende", algo se movilizó en mi interior. No compré el libro, sin embargo al llegar a casa busqué en mi biblioteca. Y aunque suene paradógico encontré "La guerra de los duraznos" que forma parte de la colección "Zona libre" de Editorial Norma. ¿Te das cuenta amigo? Cuatro libros me acompañaron en mi regreso a casa y uno me estaba esperando ansioso. Es increible. Un abrazo enorme y gracias por todo.

    Carlos Eduardo

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  2. Fue el libro que me acompañó en mis días de Feria, el más vendido de la FILBO 2012.
    Tienes toda la razón cuando señalas que es una propuesta que viene desarrollando Gamboa desde el Síndrome de Ulises", mi obra preferida del autor.
    Curiosamente entrevisté a Gamboa en la misma librería que Manuel va a buscar junto a su madre un libro de Oscar Wilde, y como le dije a Gamboa también te lo comento no me esperaba ese final y el protagonismo que Juana de repente toma en la obra, personaje que quizás nos sorprenda y aparezca en otra historia del autor.
    Por otra parte para las personas que aún no han leído el libro, no hay que dejar de lado estos dos personajes: Edgar Allan Porras y el profesor Echenoz.

    Tal vez pueda decir muchas cosas, pero mejor que la gente espere cuando la entrevista sea publicada.

    Saludos.

    Dulce

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