11 jun. 2012

El colapso general



A mediados de los años ochenta, bajo la fuerte influencia de las ideas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher (y amparados ambos en los consejos del Premio Nobel de Economía Milton Friedman), el libre mercado se convirtió en la supuesta panacea para las democracias modernas. A mayores ganancias para las empresas y la banca, más flujo de capital y por ende más empleo, mejores salarios, más crédito y más acceso al consumo. El paraíso neoliberal. El problema es que diez años más tarde la fiesta se empezó a convertir en pesadilla.
Una componenda mafiosa entre gobernantes, grandes empresarios y banqueros que no estaban siendo vigilados ni supervisados (¿quién regula la riqueza?) se salió de control y empezaron las especulaciones, las burbujas, las enormes fugas de capitales. A diferencia de un albañil, de un carpintero o de un campesino, que saben todos hacer algo, que conocen su oficio a fondo, un yuppie de Wall Street no sabe hacer nada. Sólo juega con el dinero, especula, infla, pasa dinero de un sitio a otro. Es un parásito intermediario que se lleva todos los beneficios mientras los demás trabajan de verdad. Esa casta de sinvergüenzas no fue supervisada por ningún gobierno por el simple hecho de que los políticos estaban también haciendo millones a sus anchas asociados con ellos.
Ya no bastaba con una mansión y cuatro autos, cuentas en las Islas Caimán o en Panamá (donde nadie pregunta nada), una isla propia y un yate. No, no fue suficiente. Querían más y más. Juergas de días enteros, drogas, alcohol, mujeres contratadas a diestra y siniestra (basta echar un vistazo a las fiestas de Berlusconi), grandes bandas de rock tocando sólo para ellos, chefs traídos de Japón y de la China para prepararles sus banquetes, masajistas, médicos cuya misión era estar alerta por si alguno de los invitados tenía una taquicardia o quería otra pastillita de Viagra. El lujo exagerado, el derroche, la codicia salida de control. Eso nunca lo previeron ni el brillante Friedman, ni Reagan ni la Thatcher. La riqueza no trae consigo solidaridad, democracia, igualdad. No. La riqueza quiere más riqueza.
En el año 2008 todas las burbujas estallaron y fue el colapso general. Nos empezamos a enterar de todas las barbaridades cometidas por los fantoches de cuello blanco, de cuántos castillos tenían, de sus botellas de vino cotizadas en miles de euros, de quiénes eran sus sastres en Moscú o Singapur. Una ralea de la peor calaña con unos egos por las nubes que, con una calculada desfachatez, aplicaron esa doble moral que tanto los caracteriza: se privatizan las ganancias pero se socializan las pérdidas. Esto es, cuando hacemos dinero es sólo para nosotros, pero cuando perdemos dinero pagamos entre todos. Y así fue. Los distintos gobiernos decidieron salvar esas grandes empresas y esos bancos, y darles dinero del erario, es decir, dinero de los contribuyentes. No había plata para la educación pública ni para la salud, por ejemplo, pero sí hubo para la General Motors. De no creer.
El único país que dejó quebrar a sus banqueros y a los grandes empresarios corruptos que estaban asociados con ellos, fue Islandia. Y parece que no fue por justicia, sino porque no había dinero suficiente para salvarlos. Se quedaron realmente en la calle. Pero eso es lo que se debió hacer: meter a todos esos pícaros a la cárcel y procesarlos. Y con ellos a varios gerentes de multinacionales y a políticos mañosos que hicieron parte de la hecatombe.
Y el enfrentamiento entre ese poder financiero y nosotros, la gente del común, aún no concluye. Hasta ahora va el primer round. Es preciso tomar aire y aguantar, porque tenemos un deber: ganar en algún momento por knockout o llegar al último asalto y ganar por decisión. Pero no podemos perder. Porque si perdemos no perdemos sólo nosotros, sino muchas de las generaciones por venir.

(Próximamente en Bacánika.com)

2 comentarios:

  1. Definitivamente cada escrito reafirma, lo que en un principio leí sobre la descripción de este blog, cuyo propósito es "crear un espacio de resistencia". Que maravilloso encontrar una mano que traducida en letras golpea nuestras cabezas, advirtiendo que la quietud, que lo estático no debe ser la condición del individuo o colectivo que en tiempos desafortunados existe. Que se debe luchar contra el tigre que a puertas del hormiguero espera con balde de agua para ahogar a las hormigas.

    Gracias a este espacio, que en momentos donde el tigre extiende sus garras, para agarrar a una pequeña hormiga afligida, en soledad y con las esperanzas desvaneciéndose, advierte que otras hormigas en condiciones similares no se han dejado vencer y que el tigre básicamente con garras y balde dispuesto a aniquilar el hormiguero se encuentra vigilante, porque teme profundamente perder el control y ser devorado por multitud de hormigas.

    Un poderoso saludo.

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  2. Y no aprenden la lección, querido Mario. Fíjate lo que están haciendo en España o en Grecia para salvar la economía. Es la misma situación del 2008. En Colombia, mientras tanto, el poder de la banca llegó a los medios de comunicación. Ahora Luis Carlos Sarmiento es dueño de El Tiempo y, al parecer, quiere comprar a Caracol radio. Tienes toda la razón: hay que ganar esta pelea como sea. Te invito a que pases por mi blog. La última entrada es un audio que subí de una entrevista que me hicieron para el programa "Detrás de las paredes" de una emisora comunitaria de Buenos Aires. Hablé sobre la situación política colombiana y la influencia de Uribe. El programa es de una hora, empieza mi entrevista en el minuto 25.Un abrazo.

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