9 jul. 2012

Geología



El tiempo no es lineal, por supuesto, sino en espiral. Los antiguos, bien sean griegos o aztecas, lo sabían de sobra. De la misma manera, en nuestras vidas no avanzamos, no dejamos atrás, sino que vamos sumando capas. Esa es la razón por la cual aún tenemos siete años, y lo que le hicieron a ese niño todavía me duele, todavía me afecta, todavía me sangra. Aún tengo trece años y los injustos castigos que recibí, o el desdén con el que me trataron, o la forma como me abandonaron están intactos dentro de mí. Y esas capas se van mezclando, a veces se activan unas, a veces otras, y somos esa marea que sube y baja, ese clima extraño donde a veces hace sol y a veces llueve a cántaros.
Quizás donde es más evidente esa circularidad es en el plano sentimental. Cuando hemos amado de verdad, a fondo, y nos separamos de ella o de él, creemos que vamos hacia adelante, que hemos dejado atrás, como si se tratara de una medida espacial. Y el tiempo no funciona de ese modo. Cuando menos lo pensamos, en el momento menos esperado, nos llega la fuerza de ese afecto en toda su dimensión, en toda su intensidad. Los recuerdos reaparecen, las tardes compartidas, las caminatas o las conversaciones con helados de chocolate en la mano, los besos, las caricias, el olor de ese cuerpo que fue la mitad del nuestro, las frases al oído murmuradas en la intimidad del lecho, los sueños que se tenían a dúo.
Descubrimos entonces que no hemos avanzado nada porque el tiempo no funciona así. Estamos parados, de nuevo, en el mismo punto. La nostalgia nos hace pedazos, la memoria nos trae, una y otra vez, la imagen de esa persona que fue clave en nuestras vidas, intentamos escapar de nuestros sentimientos y entre más hacemos esfuerzos por huir de nosotros mismos, más chapoteamos en el pantano, más nos hundimos en nuestras pasiones más intensas. Hasta que tenemos que reconocer que estamos dando vueltas, que estamos viajando en círculos, que nos movemos yendo y viniendo, cruzando en repetidas ocasiones los mismos puntos. Y es ahí que intuimos la dinámica del tiempo dentro de nosotros y nos decimos la verdad: que el pasado nunca se queda atrás, sino que se convierte en una capa más, se suma a nuestras vidas, y, aunque suene contradictorio, permanece en el presente renovándose y actualizándose de manera vertiginosa . Por eso hay que tener tanto cuidado en la vida. Porque todo lo que elijamos para nosotros estará ahí, en esa misteriosa geología cerebral, para siempre. Nada desaparece. Todo está en permanente ebullición. El pasado no existe porque nadie vive en pasado. Sólo existe el presente. El cuerpo siempre nos recuerda la sagrada relación con la inmediatez. Ningún músculo, ningún órgano, ninguna neurona viven en pasado. Todo existe aquí y ahora.
La clave está en jamás perder la amistad consigo mismo. Los demás contra mí, está bien, listo, acepto el reto. Todos contra mí, bueno, no hay problema, que arranque el partido. Pero yo contra mí mismo, no, eso jamás. Porque en ese caso todo está perdido desde antes de empezar.

(Próximamente en Bacánika.com)

14 comentarios:

  1. Tienes toda la razón, como casi siempre. Todo está ahí en ebullición y siempre dormido en capas, que a veces cuando llegan a la superficie recrean en nosotros aquellos sentimientos y sensaciones de cada situación, agradable o no.
    ¿Realmente eliges situaciones?, porque si la elección es inconciente y encadenada a vivencias anteriores, no sabría con seguridad como tener cuidado.Pienso que el camino a seguir, es aprender a identificarse con sus sensaciones gratas y tratar de reproducirlas. Explicaríamos entonces los encuentros fortuitos con situaciones casi dejá-vu. De cualquier modo muy afortunados quienes como tu, encontraron la ocasión de amar de verdad y ser correspondidos. Es posible andar por el mundo sin esa oportunidad, al menos el haberlo vivido deja una esperanza en nuestro corazón. Sostengo aún que en el proceso de envejecer, la oportunidad que nos brindemos de probar nuevos caminos e intentarlo otra vez, será más importante que disfrazar los cambios de nuestro cuerpo. Lo único permanente es el cambio.

    ResponderEliminar
  2. Oportuna esta reflexión ahora que estoy dando pasos afrontando presente y pasado. Un abrazo, sigo releyendo esta entrada...

    Carlos Eduardo

    ResponderEliminar
  3. Hasta chistoso resulta pensar en cómo nos engañamos cuando decimos por ejemplo que nos queremos olvidar de esta u otra persona porque nos hizo pasar un mal rato en una relación; o cuando nos proponemos ser indiferentes con alguien pretendiendo que así lo olvidaremos. Esa indiferencia tan forzada demuestra exactamente lo contrario, lo arraigada que queda esa otra persona en nosotros así no sea un buen recuerdo.

    ResponderEliminar
  4. Me encanta lo de el tiempo en espiral, me recuerda las secuencias de Fibonacci en la naturaleza y el arte, y la foto con el reloj en espiral que adjuntas, “the Golden Mean”, o la divina proporción utilizada por Da Vinci y Durero entre otros. Bella reflexión geológica poética sobre el amor, y el eterno retorno de los simulacros. Me gustó mucho lo de mantenerse unido consigo mismo, lo entendí como una manera de resistir a la moralidad, y como la única y fiel manera de mostrar el hastío hacia los “nuevos dioses”.
    Mario, espero te hayas mejorado de la voz, quería preguntarte si vas a dar alguna conferencia o conversatorio en Bogotá entre el 15 de julio y el 15 de Agosto. Tengo todos tus libros y me gustaría que me firmaras algunos si no es molestia. O tal vez en otra oportunidad se dé.
    Gracias y saludos,

    ResponderEliminar
  5. Quizás el tiempo nos recuerda, nos lleva a eso que fue,fuimos, es,somos o fueron. Son quizás recuerdos que no quieres olvidar o tal vez si. Te hacen sonreír, tal vez llorar, están ahí suspendidos en alguna parte de nuestro ser. Los retenemos en lo mas profundo de nosotros. De repente boom!!! emerge sin preguntar, sin siquiera saber si estamos preparados, solo aparecen, en medio de esas capas, que hemos formado con el paso de los días, meses, años. Es ahí donde nos damos cuenta que aun los llevamos y siempre estarán ocultos en alguna parte de nosotros y en cualquier momento cruzaran esas barreras, que hemos sobre puesto para enterrarlos.

    ResponderEliminar
  6. ¿Pero cuándo la pelea es con uno mismo y ya está casada? También existe ese escenario y tal vez usted también lo haya vivido.

    ResponderEliminar
  7. Es mas fácil de entender que la física cuántica

    ResponderEliminar
  8. Tienes razon, aunque tambien diria que la pelea contra uno mismo se debe dar en esos momentos en que debemos reconstruirnos, desaprender y empezar etapas nuevas, ese concepto que he leido en tus textos "resilencia"

    ResponderEliminar
  9. Mario, amigo, acabo de enterarme en facebook que en breve sale un nuevo trabajo tuyo. Felicitaciones, espero ansioso para leerlo. El título es genial: "La importancia de morir a tiempo". Quiero compartir una crónica que me publicaron en una revista de internet, Red y Acción, dirigida por el periodista y escritor Manuel Tiberio Bermúdez. Te dejo el enlace:

    EL HUÉRFANO QUE ADOPTÓ A LOS MUERTOS

    Un abrazo enorme

    Carlos Eduardo

    ResponderEliminar
  10. Mario, como siempre maravilloso. Hace unos días intenté escribir acerca de cómo realmente uno no olvida en mi blog: http://nomellamojunio.blogspot.com/2012/07/taimado-y-enganador.html y te leo y es como si lo que yo no puedo decir o no sé decirlo, lo dijeras tú. Maravilloso. Un saludo con mucho afecto!

    Karem.

    ResponderEliminar
  11. Momento justo, palabras perfectas como siempre.

    Gracias

    ResponderEliminar
  12. ‎"No llores. Todo lo que pierdas regresará de otra forma. El pasado se une con el presente y el presente se une con el futuro en un continuo incesante". La reflexión es del persa Jalal ad-Din Muhammad Rumi.

    ResponderEliminar