30 jul. 2012

Osiris



La noticia alertó a la mayoría del personal de la clínica psiquiátrica: cuatro pacientes se habían escapado a la madrugada detrás de Osiris, un enfermo bipolar que en la fase maníaca se creía un enviado de Ganímedes que venía a este mundo a reclutar adeptos para una sociedad secreta. Se habían saltado el muro oriental del hospital y el único celador del parqueadero estaba profundamente dormido y no se dio cuenta de nada. Me pareció curiosa la escena de cuatro enfermos mentales caminando por las calles de la ciudad, convencidos de que unas horas más tarde iba a llegar un platillo volador por ellos para rescatarlos de este mundo violento e inhumano.
La lista de historias que tenía anotadas en mi libreta no era fácil de procesar: Klauss en La Picota conectado con los marcianos y cultivando flores; Ana asesinada en un bar de vampiros urbanos; Alfonso, mi amigo jorobado y nocturnal, construyendo un barco según indicaciones de una crónica medieval para lanzarse a una aventura lejos de sus congéneres; James, el sobreviviente del Katrina, con su morral al hombro tomando notas de cualquier supermercado, tienda o panadería que le fuera útil más tarde, cuando llegara el fin del mundo; y ahora los cuatro pacientes vagabundeando por Bogotá mientras esperaban la señal para ser recogidos y llevados a Ganímedes. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo se nos pide a los escritores que seamos individuos normales si nos pasamos buena parte del tiempo con gente que no lo es?
A la una de la mañana llegó una camioneta de la policía con Osiris y sus tres seguidores. Los habían encontrado en un lote baldío haciendo señales de fuego para indicarle a las naves espaciales dónde debían aterrizar. Unos vecinos, intrigados por los gritos y los ademanes exagerados de los cuatro futuros tránsfugas, dieron la voz de alerta a las autoridades. Las enfermeras los condujeron a Cuidados Intensivos y los sedaron para tranquilizarlos. El personal de guardia tuvo trabajo extra porque Osiris, agresivo, gritaba por los corredores:
- ¡Me necesitan en mi planeta! ¡No tienen derecho a retenerme! ¡Voy a decirles que lancen una bomba sobre este lugar y que desaparezcan del mapa este hospital de mierda!
En un descuido de las enfermeras alcanzo a sentarme cerca de Osiris y le digo con la voz pausada, tranquila:
- Dime qué tengo que hacer, viejo, y yo voy reclutando al resto mientras sales de aquí.
Osiris me mira perplejo, sin saber si soy un paciente psiquiátrico o un esbirro camuflado. Miro el reloj y hago un gesto de que no tenemos mucho tiempo.
- ¿Cuáles son las instrucciones? Puedo ir preparando un buen grupo para cuando lleguen las naves interplanetarias.
Osiris abre los ojos de par en par, se sonríe y, muy entusiasmado, me dice:
- El mundo se va a terminar. Algunas naves llegarán para salvar a unos cuantos. La gente cree que estoy loco, pero cuando las catástrofes empiecen a arrasar con todo, se acordarán de mí.
- Listo. ¿Cuál es el cupo que tenemos? –pregunto en voz baja, en tono de complicidad.
- Mil personas. A Bogotá llegarán sólo dos naves. Hay que estar listos para noviembre –me responde Osiris muy satisfecho con tener un cómplice comprometido con la causa.
- Hecho. Iré preparando a la gente entonces…
Las enfermeras llegan con ayuda y arrastran a Osiris por el corredor, que blasfema a diestra y siniestra. Yo me quedo inmóvil. Saco mi libreta y anoto: noviembre, Ganímedes, cupo: 999 personas. Suspiro. Aún nos quedan tres meses, menos mal…

(Próximamente en Bacánika.com)

3 comentarios:

  1. pues no esta muy lejos de la realidad que concebimos ... esta joda esta agonizando ..el planeta fue devorado y arrasado mas por nuestra indiferencia e ingenuidad que nuestras limitada codicia de creer que el estiercol de satanas (cash - money ) todo lo puede y los engendros reptilarios , annunakis , illuminatis, billeldebers o como se disfracen judios o no judios ENTRE JUDIOS SE ESCONDEN .... juan 8: 44

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  2. Genial¡¡ quiero pertenecer a los 999

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