14 ago. 2012

Alfonso y James Holmes





Llegó a mi casa una noche y se quedó a vivir en la sala para siempre. Se acomodó en el sofá y no quiso volver a irse. Es jorobado, pequeño, enclenque, sagaz, muy inteligente, y tiene una historia impactante que desea que yo escriba. Creí que se trataba de una ilusión, de uno de esos típicos estados alucinatorios que sufrimos los escritores. Pero después intuí que quizás Alfonso era real, de verdad, y que estaba allí justamente para dictarme una futura novela.
En un principio, sentí que me llamaba, que me interpelaba. Me decía que me necesitaba, que había llegado la hora de acudir a la cita. Eran apariciones casi siempre nocturnas, durante los períodos de soledad extrema o bajo el efecto de algunos antigripales que estaba consumiendo durante ciertos resfriados. Después el fantasma de Alfonso, por llamarlo de alguna manera, se trasladó a mi casa y se convirtió en una presencia permanente que me tropezaba en la ducha, en el comedor, en la sala, en la cocina. Una especie de esquizofrenia muy precisa con una obsesión invariable. He luchado en contra de este personaje, procuré alejarlo de mi mente, combatirlo, pero después me rendí y empecé a sospechar que tal vez no era un producto de mi cerebro delirante, sino una entidad real, un ser de verdad que está vagando por el mundo en busca de personas que estén dispuestas a contar su historia increíble y magnífica, como un extraño mensajero que no desea que su legado entre en el olvido.
¿Qué es la realidad? ¿Es real sólo lo que percibimos por los sentidos? Los geómetras egipcios y los matemáticos griegos, ¿estaban equivocados cuando sospechaban que esta realidad en la que vivimos cotidianamente no es más que una sola realidad entre muchas? ¿Es posible que el cerebro salga de las coordenadas establecidas y pueda atravesar los límites que nos separan de esas otras realidades paralelas? ¿Están los locos de verdad tan locos como creemos? ¿Por qué una percepción es superior a otra o más correcta que otra? ¿Por qué la democracia no se aplica en los terrenos de la locura? ¿Por qué no respetamos a aquéllos que son diferentes, que ven de otra manera, que oyen voces que los otros no oyen?
Qué curioso que justamente ésta sea la pregunta que obsesionaba a James Holmes, el asesino de la masacre en el estreno de Batman, y que estuviera investigando al respecto. ¿Qué fue real y qué no para Holmes aquella noche?
Ya lo he dicho antes: en el cuadro Tormenta de Nieve, Turner no pintó una tormenta de nieve, sino un estado de la mente moderna. Sus palabras me parecen la confesión de un gran descubrimiento. Dice Turner: No lo pinté para que fuera entendido, sino porque quería mostrar cómo luce semejante espectáculo. Hice que los marineros me ataran al mástil para poder observarlo. Cuatro horas seguidas me mantuvieron atado. Creí que iba a morir. Pero yo quería fijar su imagen en caso de sobrevivir.
Al final, lo que está en ese cuadro no es una representación de nada, sino una suma de fuerzas que nos hablan de cómo pensamos, cómo relacionamos, cómo vemos. El mundo para Turner, como para Holmes, no es más que un pretexto para ahondar en el pensamiento, en la percepción, en los sentidos. El cerebro es una máquina que crea realidad, un aparato que construye inmediatez: a veces de manera angelical, otras de un modo macabro e infernal.
¿En qué plano existen los personajes de un escritor, de un pintor, de un cineasta? ¿Es el arte menos real que la realidad? Seguro que aquella noche Holmes halló una respuesta terrible.

(Próximamente en Bacanika.com)

4 comentarios:

  1. Otra vez coincidir. Ese cuestionamiento me ha acompañado desde niña. No fueron menos reales mi muñeca de trenzas rubias y mi perrito pequeño, quienes acompañaron mis primeros años y nadie recuerda haber visto, sólo me vieron interactuando con ellos y muchas veces con verguenza por lo que podrían pensar los extraños.
    Aún hoy no son menos reales mis sueños clarividentes, ni las sensaciones ajenas, sentidas como propias. Tenemos percepciones de otras realidades paralelas y creo, que debemos dejarlas ser. Es posible que esté bastante loca al ser percibida por los otros en su realidad lógica y común, pero me gusta, me gusta mucho...

    ResponderEliminar
  2. Que mis actos se clasifiquen como locura, no quiere decir que mis pensamientos no estén en la cúspide de la cordura.

    ResponderEliminar
  3. Las Pussy Riot fueron declaradas culpables

    Las tres integrantes del grupo de punk Pussy Riot fueron condenadas a dos años en prisión por cantar en una catedral de Moscú en contra del presidente ruso Vladimir Putin.

    ResponderEliminar
  4. Cada quien interpreta su realidad de acuerdo a sus propias experiencias y creencias, es como cuando muchas personas lee el mismo libro, o ven la misma película o miran la misma obra de arte, si uno les preguntará que aparecieron estoy totalmente seguro que cada cual dará una opinión diferente sobre el mismo tema en cuestión, el cerebro crea un entorno de todo aquello que es percibido atreves de nuestros sentidos y la mente es quien interpreta y recrea dichos acontecimientos.

    ResponderEliminar