7 ago. 2012

En la mitad de la noche



Una noche me dije que si era posible chatear con gente que uno no tenía ni idea quién era, también era posible entonces llamar por teléfono al azar, marcar cualquier número y entablar un contacto con esa persona que contestara. Con la ventaja de que la voz es más humana que esos renglones fríos en la pantalla. Y así lo hice. Al principio, en las primeras dos o tres llamadas, me mandaron al quinto infierno. Pero de pronto una voz femenina de una mujer adulta me contestó con dulzura al otro lado de la línea:
- ¿Me está usted diciendo que está llamando al azar, sin saber de quién se trata? –me preguntó en un tono que demostraba que también andaba despierta a esa hora y que estaba sola, sin ningún hombre a su lado.
- Sí, tengo la sensación de que la vida es fugaz, muy rápida, casi irreal –empecé a confesarle agradecido de que alguien me escuchara-. La vida se pasa sin que nos demos cuenta de ello, cada día morimos un poco, y no despertamos, no modificamos nuestra existencia.
- ¿Está solo, es usted soltero?
- Sí, esta idea no me deja dormir. Es la lucidez lo que me está haciendo daño, el darme cuenta de algo tan grave que sin embargo parece no importarle a nadie más. Nos estamos muriendo y nadie se da cuenta.
- Sí, lo entiendo perfectamente. Es aterrador –dijo la mujer con una entonación que me puso la piel de gallina.
- ¿Usted sí entiende de qué le estoy hablando? Me estoy volviendo loco. A los demás no parece interesarles su propia desaparición. Vivimos en un mundo de zombis, de muertos vivientes que hablan, comen, caminan y trabajan, pero que en verdad no están vivos, que no han tomado conciencia de su fugacidad, de su transitoriedad.
- Si alguien entiende sus palabras soy yo –dijo ella con esa curiosa profundidad que tanta emoción me producía-. Tengo treinta y siete años y llevo luchando dos años con un cáncer que se reproduce por todo mi cuerpo. Apenas logro vencerlo en un punto gracias a radioterapias y quimioterapias que me dejan exhausta, me aparecen entonces metástasis en otro punto. Y ya no hay nada que hacer. Me agarró los pulmones y el estómago. Llevo meses recluida en este hospital y me queda poco tiempo. Como duermo tanto de día, a veces me desvelo por las noches.
- ¿Estoy llamando a un hospital? –pregunté sorprendido con la situación.
- Sí, es el pabellón de cáncer, habitación 411… Como no tengo sino una hermana, la mayoría del tiempo permanezco sola. Será un placer conocerlo personalmente algún día…
Y me dictó el nombre del hospital y la dirección. Copié sus datos prometiéndome mentalmente que la visitaría.
- Gracias por escucharme –le dije con la voz temblorosa-. Claro que la visitaré. En cualquier momento le doy la sorpresa.
Nos despedimos y me pareció fascinante la experiencia de encontrar a alguien en la mitad de la noche, cruzar algunas palabras y que de pronto apareciera la chispa de estar sintonizado en la misma frecuencia: el milagro de la comunicación con el otro. 
Y, al menos por esos breves instantes, había desaparecido la sensación de irrealidad.

(Próximamente en Bacánika.com)

9 comentarios:

  1. ¿Y ya la visitaste? Es el final que cerraría con broche de oro esta fantástica historia (¿anécdota?). Total, valdría la pena comenzar a formar el ejército de los desconcectadores, al estilo de Morfeo, aunque algunos lo insulten, vale la pena seguir intentando buscar a algún interlocutor válido al otro lado de la línea.

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  2. Excelente historia. Cuan relegados estamos ya el uno del otro, que tener una experiencia como esta debe ser maravilloso.

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  3. Me sorprende que fuera precisamente ella quien contestara, estando en un hospital y con una enfermedad tan grave, me encanta esa fantasía donde todo es posible, donde todo puede suceder. También me sorprende, y esto ya es realidad, que las personas como ella, a propósito cuál era su nombre?, sean las que estén vivas y las demás, las que están sanas, no.
    Me gustó.
    TLuces.

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  4. Que historia tan inquietante... Me encantó.

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  5. Buenas noches Mario espero poder contactarlo por este medio.

    Soy estudiante de periodismo y quisiera hacerle una entrevista para una de mis clases. Tendría como objeto su trabajo creativo como escritor. Serían alrededor de diez minutos.

    Espero que por favor me pueda colaborar ya que de verdad la necesito con urgencia. Cuando vea este mensaje si puede escribame a este correo. carloslondonolz@gmail.com

    Aparte buena historia. Interesante el experimento y su resultado.

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  6. La única posible forma de comunicación es la libertad del otro, independientemente que esa mirada o comunicación nos desnude y a veces sea nuestro propio infierno. No olvidemos que el infierno son los otros…bello texto que recuerda el teatro del absurdo. Abrazos desde la montaña.

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