3 sept. 2012

La nostalgia





Y de repente, cuando uno está lejos del país, le llega la nostalgia y lo deja en el suelo, doblado de dolor, sin aire, con conteo de protección. No importa si está uno en Madrid, en una calle cualquiera de Nueva York, en Singapur o en la Patagonia, da igual. Lo cierto es que se siente esa necesidad, esa ausencia, ese vértigo de no saber qué diablos está haciendo uno lejos de su gente, de su barrio, de sus amigos, de la persona que tanto ama. Es como si el piso se abriera y uno empezara a caerse en un abismo sin fondo.
Pertenezco a una generación que experimentó la nostalgia sin correos electrónicos ni Skype. La sensación de lejanía era tremenda. Había que esperar dos o tres semanas para recibir la carta de regreso. Recuerdo en las calles de Madrid haciendo trampas con marroquíes, afganos y bolivianos para llamar a nuestros países gratis. A las tres de la mañana, y muy pendientes de que la policía no nos fuera a pillar, alterábamos un teléfono y nos íbamos dando turnos de a diez minutos por individuo. Luego uno volvía a hacer la fila y llamaba a otro pariente o a otro amigo. Nos cogía la madrugada así, haciendo fila junto a otros nostálgicos que también lloraban en la cabina, mandaban abrazos o prometían amor eterno en distintos idiomas. Qué duro era, carajo…
A veces llegaba algún colombiano y entonces lo llamaban a uno y le decían: ven este domingo, hay arepas y chocolate de verdad. Uno llegaba temprano, muy pendiente, y de repente, como si el país acabara de aterrizar en esa sala o esa cocina, aparecían las arepas de Promasa y el chocolate Sol recién batido. Y era inevitable que a uno se le hiciera un nudo en la garganta o se le aguaran los ojos. Y si a alguien se le ocurría poner un vallenato o una canción de Alci Acosta, quedábamos todos liquidados, como para pedir un pañuelo. Uno sólo se reconoce colombiano cuando ha estado lejos…
Un amigo que estaba casado con una extranjera me llamaba a la madrugada, cuando aquí en Colombia eran las diez de la noche, y, borracho, empezaba a decirme:
- Chokis, Arequipito, veleño, Herpo, Bon Bon Bum, Chocoramo, pandeyuca, pandebono…
Lo decía como una plegaria, como si estuviera rezando. Era una retahíla de palabras que sólo tienen sentido para un colombiano. Y entonces yo sabía que la nostalgia había llegado y que no tenía a nadie a su lado para recordar lo que era una buena aguapanela con tamal o con almojábana.
He visto a colombianos dejar doctorados y trabajos extraordinarios para salir corriendo al aeropuerto a coger el primer vuelo a Colombia, así, súbitamente, sin pensar en nada, como quien sabe que su vida depende no de su razón, sino precisamente de todo lo contrario: de su irracionalidad, de su desmesura. No importa si después hay que llegar a las viejas calles, a la falta de oportunidades, a no saber qué diablos va a hacer uno con su vida. Pero al menos le queda la posibilidad de irse hasta la panadería y pedir un roscón con Colombiana o con Pony Malta.
Somos nuestras calles, nuestras empanadas, nuestros guisos, nuestra música, nuestro caos, nuestra fuerza, nuestro heroísmo, nuestros defectos, nuestra alegría, nuestra rumba. Para bien y para mal. Y cuánta falta nos hacen cuando estamos caminando por calles ajenas, hablando con otros que no entienden nuestras palabras más propias y durmiendo en casas donde nadie sabe en realidad quiénes somos.

(Próximamente en Bacánika.com)


13 comentarios:

  1. "Somos nuestras calles, nuestras empanadas, nuestros guisos, nuestra música, nuestro caos, nuestra fuerza, nuestro heroísmo, nuestros defectos, nuestra alegría, nuestra rumba. Para bien y para mal. Y cuánta falta nos hacen cuando estamos caminando por calles ajenas, hablando con otros que no entienden nuestras palabras más propias y durmiendo en casas donde nadie sabe en realidad quiénes somos."
    Creo que esa es la esencia del Colombiano, cuando alguien me pregunte: ¿Que significa ser Colombiano?, probablemente responderé eso.

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  2. Y cuando ese destierro es en la infancia, el golpe es más duro, más difícil de entender. En la infancia nos enseñan otras costumbres, otro himno, otra música, nuevo lenguaje
    y en ningún momento dejamos de extrañar nuestras golosinas,
    paisajes, parques, canciones, sabores, olores, abrazos, juegos y quien sabe cuantas cosas más. esa lejanía de lo propio deja imborrables huellas en nuestra memoria y por ende en nuestras decisiones,pra toda la vida.

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  3. solo quien sabe como es la vida fuera, puede describir lo que realmente lo que pasa por la cabeza... gracias mario... simpre me sorprendes... un abrazo y nuevamente gracias.... saludos desde madrid y pronto desde bogota

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  4. Buenas noches Mario mi nombre es Fredy Pinto,me acerque el día del lanzamiento de su libro en la Tadeo y le dije que necesitaba un concejo de usted y es el siguiente soy un escritor aficionado pero ahora me gustaria entrar por el lado de la novela pero no se como o que debo hacer para subir de nivel.
    Mi número es 313 4853520 y mi correo es fredy_profe@hotmail.com

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  5. Sin comentarios. Me quedé muda y con la nostalgia alborotada a la quinta potencia.
    Un abrazo.

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  6. Buen blog, hace reflexionar a personas como yo que nunca han salido de su país y muchas veces se sienten avergonzados de el. Colombia no es un país perfecto y nunca lo va a ser, pero aquí es donde nacimos y muy pocos paises tienen la calidad de personas que existen en Colombia; puede que seamos flojos y algunas veces hasta mediocres pero en el mundo no hay como el cariño colombiano.

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  7. Sí, qué difícil es estar por fuera y extrañar todo esto... Por algo el exilio en ciertas culturas antiguas era el castigo más duro de todos... Saludos, MM.
    PD: Lamento ahora no tener tiempo para conversatorios y demás. La próxima semana salgo para Medellín... MM.

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  8. Aún de vacaciones, después de la tercera semana se siente la nostalgia que describes, te quedas como Gala asomada a la ventana mirando el mar y te asalta la terrible idea de que algo pase y no puedas volver...

    Buen viaje...

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    1. Sí, morir por fuera del país... Conozco ese miedo... Saludos, MM.

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  9. ¿Y qué hacer cuando esa nostalgia que describes se siente cada día por un país desconocido pero no extraño? Un país en el que anhelas estar, porque una parte de ti le pertenece? Quizás sean cosas del alma, o quizás debí nacer en Israel pero caí acá, o tal vez es allá donde está mi destino si es que eso existe...

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    1. El sentimiento contrario también es maravilloso. Cosmopolita significa ciudadano del mundo. Estás ligado a todo el resto de la humanidad... Saludos, MM.

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  10. En el momento en que viajamos nos reconocemos como colombianos. Pero en el momento que regresamos nos damos cuenta que el viaje nos ha modificado, pasamos de ser parte de un solo territorio a ser parte del mundo. Ya no sólo nos reconocemos entre iguales sino que la diferencia nos da una apertura al mundo, una apertura a muchas maneras de habitar en el mundo. Nos damos cuenta que los resquicios por donde miramos son variados. Ya no sólo es una perspectiva de la realidad, ya no es sólo una manera ser y de vivir. Se nos abren muchos agujeros para ser. La nostalgia que experimentamos cuando regresamos a eso que denominan patria se acerca a no sentirnos parte de un lugar específico sino que podemos emparentar con la condición humana, con eso que nos une sin importar el lugar. Extrañamos más el mundo, a los otros sin rótulo de identidad o procedencia. En esa perspectiva la nostalga es bella y necesaria porque nos acerca más a lo que nos une que a lo que nos separa. https://www.youtube.com/watch?v=_zbRmfQksjA; Sea en el lugar que sea siento que una de las prioridades bellas de la vida es hacer lo que te apasiona y poderelo compartir con los otros, es afirmar la vida donde sientas que la puedes experimentar con un Carpe Diem. Los otros lugares, así como el lugar donde nací me han mostrado muchas posibilidades, pero los mundos donde me siento más a gusto han sigo indudablemente el mundo de los otros, los libros, el arte y los viajes. https://www.youtube.com/watch?v=5XTf_5pjXPs. Gracias Mario. https://www.youtube.com/watch?v=fDioVsOSCWo. Abrazos.

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