15 oct. 2012

El triste final de los genios




Cuando yo era estudiante de Letras, la facultad parecía subdividirse en tres secciones muy marcadas: los genios, que casi siempre venían de colegios privados, hablaban dos o tres idiomas, pertenecían a estratos altos o a una clase media ilustrada, y que miraban a todos los demás con cierta conmiseración; los disciplinados, que venían de cualquier parte y cuya característica principal era la terquedad, el rigor; y los incompetentes, que ya desde primer semestre se sabía que habían elegido Literatura por un gran error en sus vidas.
Al comienzo de la carrera, los primeros eran imposibles de superar, se llevaban todas las alabanzas, eran los preferidos de los profesores, leían a los autores en los idiomas originales, citaban de memoria a poetas y narradores que sólo conocían ciertos docentes, y, como si fuera poco, escribían de maravilla y parecían destinados de una manera irremediable a ser escritores reconocidos y laureados. Pero con el paso del tiempo el asunto se iba modificando poco a poco, casi de un modo invisible.
Los obstinados iban ganando terreno, leían en la biblioteca desaforadamente, asistían a todos los ciclos de cine, se intercambiaban libros entre ellos y no descansaban nunca, ni siquiera en las vacaciones. Cuando la carrera estaba por terminar, los genios seguían dormidos sobre sus laureles y estaban convencidos de que ellos pertenecían a una casta superior. Pero estaban equivocados, ya no era así, era un error de percepción.
Al enfrentar la tesis, se desmoronaban, empezaban a esgrimir todo tipo de excusas, se inventaban argumentos para no tener que trabajar a fondo en sus investigaciones, se justificaban asumiendo poses de falsa superioridad que en realidad escondían la pereza y la vagancia del consentido. En cambio, los que venían trabajando con seriedad y aplomo desde los primeros semestres terminaban sus monografías, se graduaban y aplicaban para las becas internacionales. Con el tiempo, ese primer bando desaparecía o se iba camuflando en trabajos que conseguían gracias a sus relaciones sociales o a sus contactos con las altas esferas culturales.
Cuando fui profesor, esos bandos se mantenían intactos. Los estudiantes juiciosos y metódicos, que invertían buena parte de su tiempo en estudiar en la biblioteca y en tomar notas, eran los que al final valían la pena. Los genios estaban tan enamorados de sí mismos que su narcisismo recalcitrante los condenaba a una autodestrucción sin remedio. Incluso, con los años, no podían reconocer los méritos y los logros de ese segundo bando que nunca había bajado la guardia. Seguían convencidos de que toda la vida era como en primer semestre.
Esto me recuerda al docente húngaro László Polgár, que decidió crear un método para formar individuos salidos del común. Eligió como conejillos de Indias a sus propias hijas pequeñitas, y empezó a darles una educación especial basada en la disciplina. Una de las materias prioritarias era el ajedrez. Cuando las niñas ya tenían diez años eran unas jugadoras reconocidas internacionalmente y habían derrotado a varios jugadores hombres de primera línea. La clave de esa educación era simple y al mismo tiempo muy compleja: entrega, sacrificio, concentración, disciplina.
Enorgullecerse de un coeficiente intelectual es algo banal porque no hay ningún mérito en ello. Nacimos así. Lo difícil es saber qué hacer con el talento, cómo cultivarlo, cómo usarlo, cómo ponerlo al servicio de una causa significativa. Y ese paso sólo se logra a punta de terquedad, obstinación y mucha disciplina. No hay magnificencia sin entrega, y, como la misma palabra lo indica, significa dejar el ego a un lado y empezar a pensar más allá de sí mismo. Hay que ir doblegándose, dominándose, y muchas veces sometiéndose a las malas. Y eso nadie nos lo enseña. Muy pocas veces en la vida encontramos a un maestro de verdad que nos logre transmitir la obsesión y la perseverancia, que son las claves de la auténtica grandeza.


(Próximamente en Bacánika.com)

10 comentarios:

  1. Desde que salió Apocalipsis, y de vez en vez en tu blog, no había tus palabras leído. Es extraño que hace algunos días robaste una de mis noche de sueño, colándote de buen gusto en uno de ellos. Tu vívida imagen en la biblioteca escrutando algunas antigüedades, y frunciendo el ceño de vez en vez. Con temor me acerqué, se entreabrieron mis labios para cruzarte algunas palabras...y, una noche más perdida: la urdida Tierra se sacude majestuosa y de un brinco me expulsa de la irrealidad. ¡Maldito sismo!

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  2. Cuando vuelvo en el tiempo y pienso en lo que me dejó la educación más temprana me da corage pensar que nunca nadie, ni en el colegio, me enseñaron de disciplina. Ya cuando uno crece entiende lo importante que es y lo fundamental que hubiera sido que nos enseñaran eso. Y cómo enseñar a ser disciplinado?

    Un saludo Mario

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    1. Qué difícil... La disciplina pertenece a los rasgos del carácter... He pensado tu pregunta todos estos días, y la verdad es que no sabría cómo transmitirle la disciplina a alguien que no desea ser disciplinado... Saludos, MM.

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  3. Totalmente cierto. Y debo decir que estudio con personajes como los que mencionas en esta entrada, sobre todo con los del primer bando; resulta divertido verlos dormir sobre los laureles y esgrimir su palabrería que sirve de velo a la vagancia.

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  4. Mario, es un placer contar con usted. Si le parece bien podríamos hacer la entrevista este jueves en horas de la tarde para tener listo lo que se necesite y fijar un cita para conectarnos alrededor de las 2 pm ¿podría regalarme su cuenta en skype para agregarlo? . ¿Estaría bien para usted? Saludo.

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    1. Lo siento, ahora ando entrando y saliendo de Bogotá en un agite tremendo. Estoy terminando una investigación y ya no tengo un minuto. Saludos, MM.

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  5. Mario, te extrañamos por aquí en la ciudad de los umbrales. Espero que tu salud haya mejorado. Un abrazo.

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    1. Gracias, Karem... Cerrando este mes, muy posiblemente, estaré en una firma de libros en una librería. Les avisaré con tiempo... Un abrazo, Mario.

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  6. Acumular muchos conocimientos no nos hará mejores abogados, ingenieros, sino lo importante es saber cómo ejecutar y poner en práctica, y esto lo dan cosas sencillas de la vida, como haber nacido con grandes problemas, y poder darles solución; en esto radica más inteligencia que la que podamos beber de la psicología, o filosofía, pues desafortunadamente, ellas no nos solucionarán nuestros problemas.

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  7. Hace no mucho he comenzado a leer tus libros, realmente he quedado sumamente cautivado con las realidades plasmadas con las que logro evidenciar en esta ciudad en la que soy nuevo. aunque son sectores y épocas diferentes la sociedad no pareciera evolucionar. evoluciona quizás su entorno; sus casas, sus cocinas, sus televisores. pero el hombre siempre será hombre con una parte salvaje tratando de salir en busca se su alma perdida.

    Estos sumamente emocionado de poder seguir leyendo tus obras. la que más me he sentido identificado a sido BUDA BLUES.

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