8 oct. 2012

La soledad de los cantantes




Soñé que era un niño llamado Felipe y que un ángel, quizás para enseñarme algo clave, me mostraba unas imágenes. La primera era una mujer anciana sentada en un cuarto viendo televisión. No hacía nada más. Me pareció familiar su rostro. Una secuencia me la mostró a lo largo de distintos días. Una empleada le llevaba el desayuno a la cama y ella encendía la televisión a las ocho de la mañana. Iba al baño y a veces se bañaba, a veces no. La misma empleada le subía el almuerzo a la una de la tarde. Después de comer, la mujer dormía una siesta, siempre con el televisor encendido. A las siete de la noche cenaba, dos horas después apagaba la televisión y se quedaba dormida. Al día siguiente se repetía la misma rutina. Lo que más me sorprendió es que no cambiaba nunca de canal.
- Se llama Eunice –me dijo el ángel caminando unos cuantos pasos alrededor del salón-, y lleva cuatro años en depresión encerrada en su habitación. De joven solía ser una cantante alegre y extrovertida. Ahora está vieja y cansada. Como ya te diste cuenta, no cambia de canal y siempre ve los mismos concursos, las mismas recetas de cocina, los mismos consejos para el hogar. La verdad es que se quiere morir, pero la muerte no llega.
Apareció entonces una casa muy bella, lujosa, una mansión rodeada de lagos, de esculturas de niños, comedores al aire libre, piscinas, salas con múltiples televisores y videojuegos, tinas para bañarse y parque de diversiones. Un palacio, realmente. Por un corredor apareció un hombre muy delgado y pegué un grito al reconocerlo:
- ¡Es Michael Jackson!
- En efecto, estás viendo Neverland, la mansión donde vivía él hasta hace poco –dijo el ángel sonriendo-. Vas a ser testigo de una escena muy íntima, desconocida.
Y entonces vi a Jackson en un cuarto de hotel. Afuera había una multitud de fans ovacionándolo y gritando su nombre. Un helicóptero de un canal de televisión volaba sobre el hotel intentado captar una imagen del cantante. En el edificio del frente, desde un apartamento cualquiera y con sus máquinas de fotografía instaladas sobre unos trípodes, varios paparazzi vigilaban la habitación del artista. En algún momento él se acerca a una ventana, sale a un pequeño balcón y saluda a la gente. Todos empiezan a dar alaridos y el helicóptero se acerca lo que más puede para registrar una buena imagen del rey del pop en vivo y en directo. Los paparazzi disparan sus cámaras una y otra vez. Jackson se retira del balcón, cierra las cortinas, entra al baño y se sienta sobre la tapa del inodoro. Pasan los minutos. Un aire de tristeza invade el lugar. El ídolo se agarra la cabeza con las dos manos y empieza a llorar. Lo hace como si fuera un niño, ahogándose y limpiándose las lágrimas con las mangas de la camisa.
- ¿Qué le pasa? –pregunto sin entender muy bien la escena.
- Quiere salir a tomarse un café –me empieza a explicar el ángel-, a comer algo, a comprar alguna baratija, a estirar las piernas después de muchas horas de vuelo. Y no puede. Es demasiado famoso. Está atrapado en su propio prestigio. Desconfía de todo el mundo porque lo único que buscan es su fama y su reconocimiento. No tiene adónde ir, no tiene a nadie con quien comerse una pizza y beberse una gaseosa.
Y la última escena que veo es ésa: la del rey del pop llorando, sentado en el baño de un hotel que no sé cuál es, en una ciudad que no reconozco, desamparado, en silencio, como si afuera el mundo se hubiera acabado y sólo quedara él en el planeta, él y su voz única, magnífica, inigualable.

(Próximamente en Bacánika.com)

2 comentarios:

  1. Si, es duro pensar en ese circulo de depresión, alcohol y drogas que persigue a los cantantes y musicos que llegan a lo más alto de la fama. Recuerdo algunos nombres porque su tragedia se expresaba de alguna manera en sus voces: Hector Lavoe, Elis Regina, Elvis Presley, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Kobain, Amy Winehouse...voces unicas con depresiones irreversibles.
    Saludos.

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  2. Mario, lo que pasa, es que los seres humanos, creen que la vida es obtener la fama y la gloria, pero no se dan cuenta, que lo más importante en la vida, es constantemente buscar la esencia de las cosas, que en verdad, nos hacen felices, sacarle provecho en la medida de lo posible. Pero en especial, estas están inmersos en algo tan pequeño como son los pequeños detalles como una flor, un libro, una estrella, muy profundamente: en el alma humana.

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