5 nov. 2012

Impermanencia







Eres todo aquello que has palpado o has contemplado sin darte cuenta de la importancia de esos gestos: el manubrio de tu bicicleta cuando eras niño, los cubiertos recién puestos en las horas de la mañana, los libros por los que has pasado tus manos suspendidas entre las páginas amarillentas, las frutas frescas recién cogidas de los árboles, el pan humeante junto a la taza de té en el desayuno, los grifos de los baños, las puertas y las ventanas que has abierto o que has cerrado alguna vez. Pero por encima de todo eres las pieles de esos cuerpos que has amado con locura, casi con desesperación, esos cuerpos que te han enseñado la fuerza del amor desmedido y sin control, y que también, allá, muy al fondo de cada instante de plenitud, te han hecho sentir a su vez el peso de la muerte, de la caducidad, de la transitoriedad, pues tocar un hombro o una cadera es un acto simultáneo con el hecho de preguntarse cuándo desaparecerán ese hombro o esa cadera.
Eres las palabras que te han susurrado al oído en interminables noches de placer, los quejidos, los ahogos, las confesiones de amor en medio de los cuerpos sudorosos y agotados. Eres la música de un rito corporal en el que has buscado otra piel, otra osamenta, otros ojos que contemplen tu materia para que den fe de tu realidad, de tu existencia.
Eres los olores y los sabores que has percibido en medio de esa gimnasia frenética a la que te has entregado para escapar de un destino inevitable: tu muerte. Los olores y los sabores de esas bocas trémulas que acaban de beber vasos de vino o de ron, el olor y el sabor salitroso del sudor acumulado a todo lo largo de un día de trabajo, los olores y los sabores animales y bestiales del sexo, de los centros donde se origina la vida.
Cada cuerpo que has amado te ha conducido de un modo inevitable hacia la muerte. Cada boca besada, cada cabellera acariciada han sido una bendición y una tortura al mismo tiempo, pues mientras besabas o acariciabas sabías que esos labios o esos mechones de pelo eran fugaces, transitorios, efímeros. De alguna manera, la materia viva es peor porque en su centro, en su esencia más profunda está el paso del tiempo, el vértigo de la existencia, la muerte.
Amamos a futuros cadáveres, acariciamos cuerpos que un día estarán muertos, dormimos junto a seres enfermos y achacosos en el futuro, besamos a personas cuyas bocas un día van a apestar, nos bañamos junto a pieles y músculos que en cualquier momento ingresarán a cuidados intensivos y desaparecerán para siempre. La necrofilia no es una opción, es un destino. Cada uno de nosotros es un vampiro que recorre la ciudad en busca de carne y sangre que le haga olvidar, al menos por un instante, el paso implacable del tiempo. Somos muertos que buscan a otros muertos para sentirse vivos.


(Próximamente en Bacánika.com)

15 comentarios:

  1. Vertiginosa y palpable. !Qué bella es la impermanencia!

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  2. Hay personas que siempre llegan a tu vida cuando tu menos te lo esperas, dejan huellas, huellas que siempre salen a flote en los momentos menos pensados. ( tiempo sin saber de ti, Gloria)

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    1. Espero que todo marche bien, Gloria, donde sea que estés. Un saludo afectuoso, Mario.

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  3. Leer impermanencia me hizo ver en mi mente muchos flashes de momentos que he vivido, y recordar lo que me espera! Gracias

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    1. Exactamente. Eso nos espera, nada más... Saludos, MM.

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  4. Que maravillosa es la impermanencia, muy a pesar de ella nos afirma el paso de nuestra vida en un pequeño espacio de tiempo.

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  5. Cómo negarse a esa gran experiencia que te hace sentir vivo aunque mueras en el intento. Es igual de palpable a lo que se siente con la angustia, un instante en el que somos y nada más, porque nos afirma nuestra condición humana, ese sin sentido del que estamos hechos. Gracias Mario por hacer presente que sólo vamos hacia la muerte, que todo lo que hacemos nos da la certeza que somos caducos y por eso mismo todas las vivencias contienen ese agridulce ingrediente de finitud.

    Un abrazo.

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  6. entre una sensación que experimenta la carne apegada a una necesidad insaciable en ocasiones por el ser,lo importante es sentir sin saber que de una u otra forma llegara a un estado de putrefacción el cual no se podrá ser testigo.

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  7. Tener fecha de caducidad y ser conciente de ello, saber que la cuenta es regresiva hacia la nada y que eso nos enloquezca, que todo es prestado, que nos esfumaremos, que se esfumarán...esa es la única gracia de estar vivo. Saludos

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  8. Vivir con la cuenta regresiva a diario. Nuestra realidad latente

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  9. Alegría de encontrar este blog. Mario, disfruto tus textos enormemente.

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  10. Hace tiempo no leía algo que me retorciera por dentro, que me hiciera sentir así, viva.
    Es una hermosa carta de amor, gracias por compartirla.

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  11. Gracias Mario, siempre me estremeces las fibras.

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