21 ene. 2013

Las fuerzas que nos habitan






“Yo es un otro”
A. Rimbaud



Siempre me ha fascinado la vida del médico austriaco Franz Anton Mesmer, que vivió a medio camino entre el siglo XVIII y el siglo XIX, entre el famoso Siglo de las Luces y el movimiento romántico. Justo cuando los románticos empezaron a sospechar que dentro de la mente había una serie de fuerzas desconocidas, Mesmer estaba explorando en su consultorio médico con algo que él llamaba “magnetismo animal”, y que se refería, en realidad, a un flujo energético misterioso que era difícil de precisar científicamente. Se trataba de una serie de fuerzas que corrían por el cuerpo, de una corriente energética que era la esencia misma de la vida. Según Mesmer, la enfermedad no era más que una interrupción en ese flujo, tapones, atascos, pequeños cortos circuitos en la intrincada máquina corporal.
Para confirmar sus hipótesis, este singular médico utilizaba imanes para restaurar esa corriente nerviosa por los músculos y las venas de sus pacientes. Y claro, vino el debate de si era un charlatán o un genio, y sus enemigos empezaron a perseguirlo encarnizadamente. Tuvo que huir a Francia y se instaló en París, donde su consultorio adquirió un prestigio inusual, salido de lo común. Mesmer no daba abasto. La voz se propagó y la gente hablaba por las calles de un médico que conocía los secretos de la vida y de la muerte, de un mago, de un brujo que estaba en contacto con fuerzas extrañas que sanaban de inmediato a los enfermos. Lo cierto es que la gente se curaba y que su prestigio seguía creciendo. A su consultorio acudían tanto los nobles y los poderosos como los obreros y la gente humilde.
En algún momento, como la fila en su consultorio se extendía a lo largo de varias calles, Mesmer pasó sus imanes por un árbol y le explicó a la gente que los que no alcanzaran a entrar a consulta podían abrazar el árbol y sentir una mejoría. Así fue. La popularidad del médico vienés iba en aumento. Hasta que de la misma corte empezaron a investigarlo y a ver si era un científico o un hechicero con poderos curativos prohibidos. Mesmer tuvo que desaparecer una vez más y sus últimos años son todo un misterio. No se sabe a qué se dedicó realmente porque no dejó anotaciones o un diario sobre sus experimentos finales.
Lo que descubrió este investigador es la sanación por estado de trance, que luego se llamaría hipnosis. Mientras los pintores y los escritores románticos exploraban los mecanismos irracionales de la mente y creaban bajo los efectos del láudano y otros alucinógenos, Mesmer había descubierto que la identidad, lo que llamamos el yo, es realmente un ámbito mínimo de nuestras capacidades. La razón es sólo una parte de nuestras funciones, importantísima, qué duda cabe, pero no lo es todo. Más allá de la identidad, de la razón, del yo, hay una enorme zona de fuerzas vertiginosas que definen en realidad nuestra verdadera presencia en el mundo.
Nuestra educación en este sentido es prácticamente nula. Somos analfabetas en el conocimiento de nosotros mismos. Y la razón por la cual no sabemos nada al respecto es porque Occidente no ha sido capaz de seguir explorando en esta línea. Si ya sabemos que la hipnosis y la sugestión conducen a un territorio de nuestra mente que puede sanarnos y modificar nuestra conducta y nuestra percepción del mundo, ¿por qué no las usamos más a menudo para corregir daños, lesiones, traumas y estados de ánimo indeseables? ¿Por qué nos ha dado miedo ahondar en estas fuerzas que nos componen?
Es triste saber que el nazismo sí lo hizo, y con los resultados que ya todos conocemos. Y que en las dos guerras de Irak los soldados han sido entrenados mediante lavados de cerebro que los conducen a cometer las atrocidades más inimaginables. Y que el Proyecto MK Ultra invirtió millones de dólares en investigaciones de control mental grupal. Pero no hemos sido capaces todavía a nivel social y cultural de beneficiarnos de los poderes que están ocultos dentro de nosotros mismos.

4 comentarios:

  1. Muy cierto Mario, es una lástima no aprovechar todo nuestro potencial para cosas buenas... Gracias nuevamente por tan bonito texto, que una vez más pone a pensar sobre nuestra existencia. Un abrazo :).

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  2. Bienvenido de nuevo, Mario. No conocía al médico y sus estudios sobre esas fuerzas que todos tenemos pero ignoramos. Un mapa de velocidad, sin fronteras. Todo un Universo habita en cada uno de nosotros. Un abrazo, hermano. Te invito a leer algunas notas que me están publicando en un semanario argentino. Puse los enlaces en la última entrada de mi blog.

    Carlos Eduardo

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  3. Durante muchos años mi padre, un ginecólogo ya retirado, que escribió su tesis de grado sobre "el parto bajo hipnosis", trató de educar a sus pacientes sobre este tema. Muchas de ellas se entrenaron y lograron optimizar su labor de parto sin anestesia y sin dolor.
    Es evidente que hay poca información sobre la hipnosis como método para desviar el dolor y curar adicciones. Ojalá todos aprendiéramos más sobre auto hipnosis y así evitáramos tantos analgésicos y calmantes que pueden ser innecesarias en muchísimos casos. Claro, otros aspectos de la hipnosis son aún mucho más desconocidos.

    Bienvenido a la Polis Mario!

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  4. pero cuales son???? como entrar en ese saber?

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