11 mar. 2013

Escritores e impostores





Abro el periódico El Tiempo hoy, lunes 11 de marzo de 2013, y aparece la noticia de un ex mafioso que se redimió gracias a la literatura. Su primera novela salió estas semanas a librerías. Y entonces recuerdo a la cantidad de cantantes, actores, periodistas, abogados secuestrados, militares secuestrados, políticos secuestrados e, intelectuales de todo tipo, a los que les ha dado, en algún momento de sus vidas, por creerse escritores. Supongo que es porque la imagen del escritor les parece seductora, atractiva, glamurosa. Tiene un aire de creatividad e inteligencia sumado a cierto misterio que es imposible de descifrar. Nos imaginamos al escritor como alguien que está sumergido en realidades extrañas y desconocidas, como una especie de mago solitario que todavía está en contacto con las antiguas divinidades. En suma, la imagen del escritor romántico, la imagen que nos heredó el Romanticismo francés, inglés o alemán.
Muchos de mis amigos de carrera y de mis alumnos, tanto los del pregrado como los de la maestría, creyeron también que ellos eran escritores. Trazaron algunas líneas y después, con cierta lucidez y humildad, se dieron cuenta de que eso no era para ellos. ¿Qué fue lo que los hizo desistir de semejante despropósito? Fácil: descubrir que el oficio es durísimo, violento, salvaje, cruel, y que es excluyente, que no permite combinarlo con nada ni con nadie más.
La gente cree, porque está en contacto con alguno o varios escritores, que puede a su vez escribir relatos o novelas. Hemingway decía que eso mismo pasaba cuando uno veía a un torero excesivamente talentoso. Como Juan Belmonte, por ejemplo. La gente lo veía torear con tanta facilidad que de inmediato se decía: “yo también puedo hacer eso, no es tan difícil”. Hasta que veían una cornada: la sangre estallaba a borbotones, la carne se abría como si fuera gelatina, y, por entre el amasijo de tendones y articulaciones, aparecía el hueso blanco, inmaculado, brillante. Sacaban al torero a rastras ahogado, bañado en sangre, con los ojos vidriosos, gimiendo, y entonces al público se le aflojaban las piernas y quedaba en shock. Y entendía. ¿Qué entendía? Que ser torero no sólo no era fácil, sino que era una locura, un disparate, un oficio en el que había que dejarlo todo, incluso la vida. Y ahí se les quitaban las ganas de torear.
La gente cree que porque sabe escribir puede escribir literatura. Es un error tan grande como creer que porque yo tengo piernas sanas y fuertes puedo ser corredor de alta competencia. No tiene nada que ver. Correr no es un problema de piernas, sino psíquico. El deporte no es una habilidad corporal, sino una templanza, una fortaleza mental, una terquedad inquebrantable.
Ser escritor no es escribir libros. Ser escritor es una tortura, una condena, una especie de maldición. Desde muy joven empieza uno a sentir esas voces, esos seres dentro del cerebro habitándolo, persiguiéndolo, vigilándolo. Por las calles, en los rincones, en los restaurantes, en todas partes están ellos mirándonos, llorando, riendo, gritando, suplicando. El escritor es un delincuente, un chamán, un poseso, un chivo expiatorio, un aguafiestas.
Aquí se lucha cuerpo a cuerpo todos los días contra la locura. El suicidio ronda por nuestras cabezas una y otra vez, es una imagen persistente. En ningún lugar se siente uno a gusto. Tarde o temprano huimos, escapamos, desistimos. Cuando la gente pregunta por uno, hace rato ya que estamos por ahí en un parque, en una panadería o en un sótano con la cabeza entre las manos. Las relaciones sentimentales son un desastre y terminamos haciendo daño sin querer: el amor es sólo una más de las infinitas posibilidades que brinda la ficción. No podemos estar tranquilos, en paz, satisfechos, porque nuestras obsesiones nos persiguen sin darnos tregua alguna.
Por eso muchos de nosotros hemos terminado en la cárcel; o alcoholizados de taberna en taberna, de bar en bar, de callejuela en callejuela; o drogados hasta el embrutecimiento; o hundidos en la depresión, o envenenados, o con un tiro en la sien. ¿Por qué? Porque la literatura es una de las formas más exquisitas de la locura. Lo que sucede es que el artista, dejando en la arena su propia vida, logra convertirla en belleza. Y por eso al final su cuerpo y su mente no valen un céntimo, por eso el escritor al final es un despojo de sí mismo, una piltrafa, un beodo que no sirve para nada. Se necesita mucha fuerza y mucha disciplina para aguantar en esta profesión sin terminar en la clínica psiquiátrica o en el cementerio.
Cuando alguien se cree escritor, cuando alguien quiere mandar sus textos a concursos literarios o a una editorial, no tiene ni idea de la falta de respeto que está cometiendo. Si es en realidad un escritor, listo, entregue entonces su vida, déjela en la arena, tenga el coraje de abandonarlo todo para pasar años y años sin salir de una habitación, preso, amarrado al asiento de su escritorio.
Gauguin abandonó a su mujer y a sus hijos. Picasso decía: artista verdadero es aquél que deja morir a la mamá de hambre. Jorge Cuesta terminó ahorcándose en un manicomio de Ciudad de México. Hemingway se voló la tapa de los sesos con su escopeta de cazar elefantes. Stevenson terminó entre maoríes y leprosos en los Mares del Sur. Haroldo Conti fue torturado y desaparecido durante la dictadura en Argentina. Sábato dejó su carrera como científico y su trabajo en París para entregarle su vida a una obra delirante y sincera como pocas. Mi amigo Carlos Framb recitó durante horas poemas de Borges antes de meterse una sobredosis de morfina en una noche jubilosa en Medellín. Alejandra Pizarnik fue internada en una clínica psiquiátrica tras dos intentos fallidos de suicidio, y al final logró intoxicarse con 50 pastillas de Seconal. El maestro Botero se destrozó el brazo y el codo de tanta disciplina, de tantas horas que pasaba en el taller haciendo trazos y dando cincel. García Márquez tuvo que empeñar el secador de pelo de su mujer para poder enviar algunas de las páginas de Cien Años de Soledad a una editorial en Argentina: no tenía literalmente ni un peso para comer cuando puso el punto final. Virginia Woolf se llenó de piedras su abrigo y se metió en el río que pasaba cerca de su casa. Encontraron su cadáver dos semanas después. Mutis pasó más de un año de cárcel en Lecumberri leyendo a Proust en el infierno más absoluto. Salinger no quiso salir de su casa durante años para no tener que exponerse al público.
Alguien dirá: pero no todos los casos son tan dramáticos. Hay escritores felices, dichosos, con familias perfectas. Eso creen ustedes. Basta con echar un vistazo a su intimidad para ver hasta qué punto sus obsesiones los perseguían de día y de noche, cómo se destruyeron la espalda encorvados trabajando, cómo sufrieron trastornos de la alimentación, insomnio, enfermedades raras cuyo origen estaba, en realidad, en sus largas horas de escritura persistente y tenaz. El año pasado conversé con la hija de un poeta antioqueño a quien siempre he admirado mucho. Me contó pequeñas anécdotas familiares de su padre que demostraban hasta qué punto la literatura se le había convertido en un trastorno mental.
Tantos escritores entregando sus vidas a cabalidad, según las reglas de la vieja escuela, para que vengan unos advenedizos con aires de grandeza a usurpar el oficio del modo más vil y canalla. Si les va bien o mal es lo de menos. Son unos impostores. Y la prueba contundente de su falta de integridad es que jamás tendrán las agallas suficientes para decirse la verdad.

23 comentarios:

  1. No sé por qué esa imagen me causó tanta impresión, no soy capaz de volver a mirarla porque el solo recuerdo me dejó una desazón, el sentimiento fijo de que esa realidad de la que escribes, que vives cada segundo de tu vida es una realidad tan desgarradora y mutiladora me shockea el cuerpo, me desanima el alma.

    Entiendo lo que escribes y es algo que he intentado desenmarañar durante mucho tiempo, es algo que he discutido con muchas personas. Poner una frase con orden lógico, con los signos de puntuación correctamente ubicados, con una estructura tradicional y hasta con una trama interesante no te convierte en escritor; te convierte en un estudiante que sabe escribir, en un trabajador más que puede ordenar una historia para que sea atractiva pero no en escritor, no en alguien que podría dar su vida para salvar la de sus personajes.

    Darle nombre a alguien que soñaste, ponerlo en un papel y venderlo no significa que llores cuando muere, cuando sufre, que te quedes hasta las 4 de la madrugada acompañándolo en una tusa de amor. No, saber ordenar ideas no es ser escritor; porque ser escritor no es algo que se escoge por voluntad meramente propia, es algo que nace con uno, algo que lo desgarra a la primera oportunidad, algo que como dices tu, Mario te lleva al cementerio, al hospital o al exilio.

    Abrazos,

    Leidy.

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  2. Mario, yo soy un fiel admirador de tu obra. me identifico mucho con todo lo que haces y como excavas en las entrañas de una sociedad convulsionada como la nuestra y te adentras en los infiernos bogotanos que están lejos de las vitrinas y las zonas de colores de la ciudad donde reina la vanidad. También te admiro porque en una feria del libro te conocí y sin querer entrar en adulaciones baratas, me impacte con la humildad que proyectas y la amabilidad con la que me acogiste.
    Tengo un blog: www.le-refleckt.blogspot.com y me sueño siendo escritor, porque la verdad no me amoldo a eso de tener un empleo fijo, una familia y la idea de “ser alguien”. No sé, no puedo. No me identifica nada de eso. Y te agradecería tu opinión para saber si de pronto también soy un impostor o más bien vaya bien en mi periplo descendiente.
    Un abrazo.

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  3. Mario.

    Mucho tiempo llevo pensando cuando seria el momento en que buscaría ese valor, tan urgente y necesario en estos días y me animaría a escribirle. Le debo tanto, le estoy tan infinitamente agradecido que las palabras ahora me son esquivas y escasas. Como suele pasar muchas veces, para actuar uno necesita un estrujón, algo que lo tome de las raíces que lo atan al mundo y lo haga estremecer. Ya, cuando haya uno sentido ese golpe directo y certero es señal de que el tiempo ha llegado. Este artículo fue la forma en que yo sentí eso.

    Un maestro cuyo valor no puedo yo delimitar, hace ya un buen tiempo me dijo que para escribir literatura es necesario ser de otro mundo. También, dijo que aquel que lee, tarde que temprano escribe, porque su alma se va llenando, como un baso de agua de ideas y emociones que ya no le caben en el cuerpo. La vida, la música, los otros, todo alimenta esa sensación. Escribir es entonces la forma en que eso de afuera, se toma, se interioriza, se conjuga con las voces, las imágenes, los sonidos internos, con lo propio, lo de cada quien y se hace arte. Ahí está lo difícil, escribir lo hacen todos, mi hermano de primero de primaria ya lo hace, el lío es escuchar las voces y logar esa alquimia maravillosa que puede ser un párrafo, una oración o una palabra, una simple palabra. Escribir es de muchos pero Mario, la magia es de pocos.

    Mario, mas allá de estas palabras hay tanta historia, usted me salvo la vida, me mostró un camino, y de nuevo, luego de haberme resignado a la terrible inercia de estar vivo, quise, por lo menos tratar de seguir. A veces, recorro las calles difíciles de esta ciudad salvaje y no puedo evitar imaginar, que en una de esas esta usted, caminando, buscando y escuchando esas voces. Yo, con una café y un cigarrillo, me imagino hablándole, diciéndole gracias, y de nuevo, como hasta ahora, si que usted me conozca o sepa algo de mí, vuelvo a ser un extraño y desconocido pero que por sus libros vive en paz con las voces de adentro. Dijo usted en la ciudad de los umbrales: Singular condición la del lenguaje: acercarnos lo que ansiamos. Yo anhelaba hablarle, ya lo hice.
    Gracias

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  4. Mario

    Al leer este texto tengo la respuesta que estaba buscando. Gracias

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  5. Gracias Mario por su generosidad. Aunque no me gusta su manera de escribir, no puedo desconocer que usted tiene esa pasión por la escritura que caracteriza a un artista. Tiene mucha razón al decir que cuando uno decide hacer de la literatura su modus vivendi, se enfrenta al escarnio de la sociedad y la propia familia. Malcom Lowry por ejemplo, es un espejo de ese drama de la literatura: borracho, inestable, paranoico, autodestructivo. Pero todo ese sufrimiento y dolor, bien lo vale una obra maestra como "Bajo el Volcán". Los invito a visitar mi blog: http://vquijano.blogspot.com

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  6. Gracias a ustedes por sus comentarios. Miraré los blogs recomendados, por supuesto. Como dice Valdemar, lo importante no es que nos guste necesariamente lo que hace el otro, sino reconocer que cada quien está, desde su trinchera, dando una batalla tremenda, a vida o muerte. Por eso indigna tanto que vengan a manosear el oficio de esta manera tan vulgar.
    Gracias a David por ese mensaje que me confirma, una vez más, que el verdadero sentido de un texto está en sus lectores.
    Saludos para todos, MM.

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  7. Algún día alguien escribirá sobre Mario Mendoza.
    Un gran abrazo...

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  8. Solo espero que logres controlar a todos esos personajes que rondan en tu cabeza, que sigas escribiendo historias que hacen pensar, que hacen reflexionar, y no termines como aquellos artistas que describes...
    No lo digo para ofender, si no porque admiro tu trabajo. Empecé leyendo Satanás en el colegio (el Refous, de hecho :) ) y me enganché. Ahora cada vez que veo un nuevo libro tuyo, se que tengo que comprarlo. Por eso te deseo lo mejor.

    Gracias por esos momentos de lectura :)

    Andrea

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  9. Ya tengo la respuesta a lo que estaba buscando muchas gracias Maestro

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  10. Sí, que no terminemos pareciéndonos a aquéllo que tanto detestamos... Saludos para todos, MM.

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  11. Las reglas de la vieja escuela, cuanta razón hay en eso.

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  12. Muy cierto Mario, sólo aquellos artistas con vida de Samurái, los que dignamente después de una larga batalla con sus demonios vencen al enemigo, los que enloquecen por su pasión, los que trabajan en la oscuridad, esos son los únicos artistas; no los que esperan un flash o un artículo de reconocimiento.
    ..."seguir viviendo aunque estemos cansados de la vida", ese es el "camino" del guerrero....buen fin de semana

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  13. a veces pienso que una de las condiciones para hacer arte es no ser feliz y más bien permanecer entre brumas de ansiedad e inquietud.

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  14. Falta mucha autoridad para decir lo que dices, primer post que no me gusta.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. La autoridad no te la da tu ego, tu supuesta importancia personal. Te la da la obra. Saludos, MM.

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  15. Creo que al escritor lo hace el lector; quien da sentido y resignifica, justamente, la obra es el otro. El sentido es a posteriori, ni el autor es propietario de él.
    Estoy de acuerdo con muchos de tus enunciados, sobretodo con aquellos relacionados al oficio de escribir, la método por así decir, que implica esfuerzo y una dedicación desmedida con el reconocimiento y la valoración de la obra producida. Son muchos los artistas que han vivido en la pobreza siendo grandes incuestionables...
    ... el punto es éste: el sentido lo da el lector así que él decidirá nuestro destino.
    Saludos desde Buenos Aires.

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    1. Sí, es cierto, el lector. Totalmente de acuerdo. Me sumo por completo a esta opinión. Saludos, MM.

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  16. Mario, es la verdad no te lo digo, por quedar bien contigo y los demás lectores, sino que pienso que nuestro siglo XXI está convirtiendo la Literatura en objeto de consumo, sin darse cuenta de que ella no es, sino más bien gracias a ella, podemos confrontar nuestras visiones del mundo, para no solamente mejores cada día, sino ante todo, ampliar nuestros horizontes de comprensión.

    Aprovecho igualmente la oportunidad para invitarte a la Biblioteca de Juan que es mi blog personal, no es tan sofisticado como éste, pero son unos que han salido del corazón.

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  17. Apreciado Mario Mendoza
    Apreciado Escritor:

    Aunque llego quizàs en forma tardìa con mi comentario porque hacìa meses que no leìa tu blog, èste texto, "Escritores e Impostores, de verdad me tocò con fuerza porque en lo personal, yo soy la representaciòn en carne propia de la destrucciòn de un hombre en aras de la literatura, soy en persona la transmutaciòn, rvidencia de un despojo humano que perdiò la batalla queriendo ser escritor publicitado, con algùn reconocimiento, pero perdì la vida, la juventud; mis sueños, mi salud, todo lo arriesguè pero nada obtuve a cambio, sòlo rechazo y marginamiento en el intento. Los escritores que gastamos gran parte de nuestra vida llevando una existencia gris de derrota, fuerte adicciòn al alcohol, hundidos en el olvido y el ,ostracismo social; oscilando durante años entre el abismo y el suicidio; fracaso por doquier sin lograr jamàs ningùn èxito, ni siquiera una modesta publicaciòn, somos los màs desastrados y marginales de los escritores. Yo soy la viva imagen del maravilloso artìculo que leì como si fuera la descripciòn màs cruel pero fidedigna de mì. He leìdo casi todas tus obras y te hermanas en muchos aspectos conmigo,Mario, porque tambièn escribo literatura negra, escribo sobre la fractura y la demoliciòn del hombre postmoderno, en especial de las gentes de una ciudad como Medellìn, ciudad maldita de excesos y espejismos falsos de un progreso equivocado; ciudad podrida en todas sus esferas; con el tinte rosado esparcido sobre una costra apestosa, que oculta una sociedad putrefacta y vacìa, decadente, amante de los curas, y conservadora en su esencia; maquillada y manipulada por una casta malnacida como la èlite paisa que detenta y ha tenido el poder sobre la vida y el pensar de sus habitantes. Tu prosa literaria y argumentos filosòficos me convencen cada vez màs, como el ùnico escritor transgresor y valiente, honesto y no vendido que queda en este paìs. Gracias por recordarme que sigo siendo un escritor maldito y marginal; y ante todo, inèdito; impublicable, para salvaguardar de mi retòrica incendiaria, la moral cristiana, el statu quo y la mentira que se vende en Medellìn y en el resto de Colombia.
    Te reitero mi aprecio Mario.
    Cordial y afectìsimo saludo,
    Boris.

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    1. Apreciado Boris, leí este mensaje con el alma en la mano. Así es el oficio, como muy bien lo describes: durísimo, despiadado, brutal. Mi salud también se ha visto resentida por el exceso de disciplina. Estar publicado o no, ser reconocido o no, es lo de menos. Lo importante es respetar las viejas reglas y dejarlo todo en la arena.
      Con respeto, Mario.

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  18. Respuestas
    1. Estás en todo tu derecho, ni más faltaba... Saludos, MM.

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