25 mar. 2013

Jaime Garzón




Conversé sólo dos veces con Jaime Garzón. Una fue de afán, un cruce de palabras breves en un evento donde nos encontramos. La otra no la olvidaré nunca. Entré al restaurante El Patio a almorzar y él estaba sentado en un rincón con una revista en la mano. Se sonrió enseguida y me dijo con ese desparpajo que tanto lo caracterizaba:
- ¿Usted es el de Scorpio City, verdad?
Me sorprendió enormemente que conociera una novela que acababa de salir. Por aquel entonces yo no era un escritor de oficio, sino un profesor de literatura que había logrado terminar, con gran esfuerzo, dos novelas breves y un libro de cuentos. Me leían mis estudiantes y un puñado de personas de humanidades y carreras afines. Eso era todo. Y que él, un tipo tan conocido y admirado, se hubiera tomado el trabajo de enterarse de esa novela recién publicada, no dejaba de asombrarme. Quizás había leído alguna de las dos críticas que me habían hecho. Una demoledora y llena de veneno (la regla entre el mundillo literario nacional), o la otra entusiasta y escrita con afecto por María Mercedes Carranza, la poeta y directora de la Casa de Poesía Silva, a quien yo conocería personalmente años después en un vuelo a España.
Ninguna de mis suposiciones era cierta. Garzón había leído el libro, no los comentarios sobre él. Más sorpresas. Me pareció casi inverosímil que se hubiera tomado el trabajo de comprarlo y de leerlo con minucia. Me preguntó si tenía dos minutos para que habláramos sobre Scorpio, y le dije que por supuesto, que para mí era un honor que él lo hubiera leído.
Y ahí, sentados en un restaurante del barrio La Macarena, charlamos apasionadamente sobre el libro. Garzón creía que yo había sacrificado el suspenso de la trama en aras de la experimentación con las voces narrativas. Me pareció una crítica válida, lúcida, bien argumentada. Me dijo que la novela le había gustado porque se sentía esa Bogotá profunda de la que casi nunca se hablaba. Me di cuenta de que nunca perdía el humor, ni siquiera cuando estábamos hablando asuntos serios o incluso trágicos. Remató ese intercambio de ideas diciéndome:
- No deje de escribir, Mendoza.
Yo le dije cuánto admiraba a Heriberto de la Calle y a Godofredo Cínico Caspa, dos de sus personajes que para mí encarnaban los opuestos, los antípodas de este país.
A los pocos meses lo asesinaron cuando iba a su trabajo en Radionet, y esa noticia me dejó devastado, iracundo, impotente. Esa noche estuve de acuerdo con César Augusto Londoño, cuando cerró la sección de deportes del noticiero CM& diciendo:
- Y hasta aquí los deportes… ¡País de mierda!
Nunca tuve la oportunidad de agradecerle su generosidad y de decirle cuánto había significado para mí esa conversación. La investigación sobre su asesinato, como tantas otras en este país, se desvió, se enturbió, aparecieron testigos falsos y el Departamento Administrativo de Seguridad, como cosa rara, no hizo sino esconder la verdad y proteger a los verdaderos implicados.
Por eso ahora, durante el proceso de paz, cuando los medios de comunicación sólo revisan los crímenes y las violaciones a los derechos humanos por parte de la guerrilla, es bueno recordar que el otro bando también ha masacrado, perseguido, negociado y traficado del modo más vil y canalla. La lista de crímenes y de ataques por parte de un terrorismo de Estado sistemático y bien planeado, es larga. En esa guerra sucia han caído no sólo militantes de izquierda, sino sindicalistas, maestros de escuela, profesores universitarios, periodistas e intelectuales demócratas de ideas de centro. La supremacía moral no la tienen los que están armados, sino la población civil, los que estamos en el medio, los que no hemos defendido nuestros ideales a plomo. Está bien que presionen a la guerrilla para que nos aclare mil delitos que tiene pendientes con el pueblo colombiano. Pero sería bueno que presionáramos también al establecimiento para que nos aclare mil crímenes que financió, patrocinó y llevó a cabo sin remordimientos de ninguna clase. Entre ellos, por cierto, el de Jaime Garzón.

5 comentarios:

  1. Imagino el momento tan especial, Mario. Y es que tiene que ser maravilloso poder compartir unos minutos con Jaime. También lo recuerdo, aunque jamás tuve la oportunidad de hablar con él. Su ausencia duele todos los días, es esa voz que nos quitaron y que, a su manera, nos hacía comprender que este país iba por mal camino. Por cierto, acabo de escribir algo relacionado con la serie "Los tres caínes", y te pregunto: ¿Qué le pasó a Gustavo Bolívar? Un abrazo, Mario.

    Carlos Eduardo

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  2. Nada mejor que las propias palabras de Godofredo Cínico Caspa para comentar a esta entrada:
    Proceso de paz
    ¡Este país se acabó! Los vejetes oportunistas de la tal comisión de conciliación quieren fundir el motor de la historia: ¡la guerra santa! La paz tranca el desarrollo y la generación de empleo. Desarmar a los civiles es quitarles el pan de la boca a miles de honestos empleados de las Convivir. ¿Sentar a los bandoleros del inmundo Che ese con los militares hijos de Bolívar y con los paras, auténticos Robin Hoods del ganado, en la misma mesa? ¡Yo no me siento a la mesa con la sirvienta y menos si me está armando sindicato! ¡Cuál espacio político para la guerrilla! Harto monte tienen. Les damos el dedo y nos cogen a codazos. La única reforma agraria aceptable es la potrerización del minifundio. ¡Bala, señores!
    O mejor….
    Filosofía turbayista
    ¡No hay derecho! ¿Cuáles desapariciones, cuáles torturas? Si, como lo advirtió hace tiempo el sapiente estadista, doctor Turbay Ayala, son ellos mismos, los subversivos, quienes se desaparecen y se torturan entre sí, con el único objeto de desacreditar las instituciones. Yo les pregunto: ¿cómo funcionaría la inteligencia militar si los interrogatorios no tuvieran sus pataditas? ¡No hay derecho!
    Y por último:
    “Hay que seguir riendo del poder que mata, y confirmar que muchos años después, todo sigue igual. O sea, peor”.

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  3. Como nos iría de bien si aplicáramos la traducción al artículo 11 de la Constitución Colombiana hecha por nuestros indígenas. Tal como no lo aconsejó el gran Jaime Garzón:
    "Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense o diga DIFERENTE"

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  4. Este texto fue, para mi, un revoltijo de sentimientos. No puedo negar que me alegró saber que MM conoció a Garzón, así como tampoco puedo negar la desazón y la nostalgia que me da al escuchar algo en relación a Garzón (y a la impunidad que ha sido sometido su caso durante estos años).

    Me llamó mucho la atención la critica que hizo Garzón a Scorpio City, nunca lo había pensado de esa manera (y de momento nunca lo podría hacer). Sentí el cambio abrupto de la narrativa, pero no logré entender bien a que se debió. Apenas hoy, con esas pocas lineas, el texto cobró toda una nueva linea de entendimiento.

    Gracias Mario, sin este texto, probablemente nunca hubiese podido esclarecer una duda que me rondó varias veces en la cabeza.

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  5. Es gratificante para cualquier escritor que su obra se conozca y sea leída en las circunstancias -aun cuando sean trágicas como en este caso- que el azar conceda. Particulamente considero el encuentro con Jaime Garzón alrededor del libro, bastante diciente de ese diálogo lector-autor que es básicamente, el pilar fundamental del oficio literario.

    Quiero invitarlos muy modestamente a que pasen por esta página y si les interesa el contenido, adquieran mi primer par de libros editados. Gracias a ese proyecto los autores inéditos que no podemos costearnos una edición con una editorial de prestigio, podemos alcanzar el sueño de ser publicados y leídos. A propósito, en mi libro de relatos "El Hondo pozo de la noche" hay uno con relación a la obra de Mario Mendoza, se llama "Bienvenidos al infierno" y es un relato sobre la masacre del Pozzetto:

    http://www.autoreseditores.com/libro/1352/andres-fernando-castano/el-hondo-pozo-de-la-noche.html

    http://www.autoreseditores.com/libro/1370/andres-f-castano/donde-reposa-el-sueno-de-las-orquideas.html

    Mil gracias por estos espacios que nos hacen reflexionar sobre el quehacer del escritor en tiempos de crisis.

    Andrés Castaño
    http://vquijano.blogspot.com

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