6 may. 2013

La cultura del odio





Hace poco, en una biblioteca de Bello, Antioquia, al finalizar una grata conversación en público con dos escritores de la región, se levantó un señor que estaba sentado en la primera fila del auditorio y pidió la palabra. Fue una intervención memorable. Habló de cómo, desde niño, le enseñaron a odiar. Creció en un hogar de católicos recalcitrantes y le enseñaron a odiar a los ateos, gente sin fe y sin Dios, sospechosa de llevar vidas licenciosas y desordenadas. Luego, en sus años de adolescente, unos tipos en Cuba hicieron una revolución, y entonces le enseñaron a odiar a los comunistas, gente rara que no creía en el trabajo ni en la propiedad privada. Más tarde, le enseñaron a odiar a los negros, una raza de perezosos y sinvergüenzas que si no la hacían a la entrada la hacían a la salida. Y así, a lo largo de su vida, toda su educación había sido siempre en contra de algo o de alguien, consejos para defenderse, para contraatacar, para no dejarse, para protegerse de los demás.
Esa lista, si empezamos a ampliarla, se vuelve infinita. Los cónclaves masculinos hablando en contra de las mujeres, las madres y abuelas previniendo a sus hijas y nietas contra los hombres, los de Santa Fe detestando a los de Millonarios y viceversa, cierta gente de la capital hablando en contra de “los paisas”, los de Cali hablando de “los rolos”, los del Caribe hablando de “los cachacos”, los de una creencia religiosa hablando en contra de las otras creencias o de los que no tienen ninguna, los conservadores hablando contra los liberales, los de izquierda hablando contra los liberales y los conservadores, los de tal universidad contra tal otra, los de una tribu urbana contra las otras, los del norte de Bogotá contra los del sur, los del sur contra los del norte, ciertos fanáticos religiosos alegando contra los gays, los bisexuales y los transexuales, ciertas pandillas de homofóbicos aborreciendo a sus colegas homosexuales, los flacos contra los gordos, los apologistas de las buenas costumbres contra los yonquis, a los que no les gusta el deporte contra los deportistas, los que se creen exitosos detestando a “los fracasados”, los resentidos en contra de los que hacen bien su trabajo, todos contra los judíos, todos contra los musulmanes, todos en contra de los extranjeros que practican costumbres raras, en fin, todos contra todos.
Así crecimos, así hemos vivido: aprendiendo siempre a odiar a alguien. El machismo, el maltrato infantil, la segregación social, el racismo, el clasismo, la violencia laboral, todas esas taras tienen su origen en una educación cuya base fundamental es el odio. Nos alimentamos de él, no sabemos vivir sin su influjo contaminante y nefasto. Y lo peor de todo es que es muy fácil de contagiar. Por eso algunos expertos en salud pública lo consideran hoy en día una pandemia, una enfermedad que se ha propagado a velocidades alarmantes. Las verdaderas consecuencias aún no las hemos medido.
Odiar va creando, además, una personalidad narcisista que se va anclando cada vez con mayor fuerza en el yo. Lo único importante es lo que me sucede a mí. Yo soy el centro del mundo. Yo tengo la razón. Nadie se da cuenta de la verdad, excepto yo. Nadie ha sufrido como yo. Es que nadie sabe por las que me ha tocado pasar a mí. Mi vida no ha sido cualquier cosa. Todo el mundo está muy mal, menos yo, que sí me doy cuenta de todo. Yo, yo, yo. Las consecuencias físicas y mentales de ese exceso de presencia en sí mismo son muy negativas. El sujeto no puede expandirse, explayarse, compartir, enriquecerse con las experiencias de los otros. Es difícil también que pueda darse a los demás, entregarse, disfrutar de la generosidad. Por ende, cada vez estará más atrapado, más encarcelado, y su odio se irá agigantando también. Es un círculo vicioso que se retroalimenta cada día. Odiar debilita mucho.
Las consecuencias económicas son también devastadoras. No logramos trabajar en equipo, no podemos cooperar, no sabemos hacer grupo para crecer como sociedad. El odio impide asociarse para alcanzar metas comunes.
     Darnos cuenta de esta educación perversa ya es un paso. Quizás el siguiente sea empezar a respetar y a estimar a aquéllos que, aunque sean diferentes en su raza, sus equipos de fútbol o sus creencias religiosas, pueden llegar a ser nuestros mejores amigos, nuestros socios o nuestras parejas sentimentales. Quizás allá, en donde me enseñaron que era territorio enemigo, me está esperando alguien para darme un abrazo.

25 comentarios:

  1. Educar desde la empatía sería la barrera para tan solo penar en lastimar o sentir odio por los otros

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  2. La cultura del odio nos ha tenido inmersos a traves de la historia un un centenar de "sin sabores", nos enseñan a ver la diferencia como algo imposible y estamos metidos en una masa homogenea que tan solo pretende que nos acabemos los unos a los otros y no podamos crecer en unidad.... Gracias Mario por esas palabras que siempre nos hacen aterrizar y pensar y re-pensar nuestro papel en la sociedad.....

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  3. Genio. El título podría leerse también al inverso con los tiempos que corren.

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  4. Mario, me has recordado un texto maravilloso de Freud titulado "Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico", en particular el aparte I. Las «excepciones». De este se derivó este otro texto de un psicoanalista paisa llamado Juan Fernando Pérez que se titula. Te los recomiendo. Ambos textos sugieren que hay una tendencia de los sujetos de esta época a situarnos en un lugar de excepcionalidad frente a la ley y a concentrarnos en un individualismo extremo.
    Un gusto leerte.

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    1. No conozco los textos. Gracias por el dato. Saludos, MM.

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    2. Lo siento, olvidé el título del texto de Juan Fernando Pérez: "Ser de excepción o del individualismo" y, si te interesa, lo encuentras en el siguiente enlace:
      http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/affectiosocietatis/article/view/5441
      Saludos,
      Clara

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  5. Demasiado cierto, gracias Maestro por esas palabras, que aunque duras, son el fiel reflejo de lo que es nuestra sociedad hoy en día...

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  6. He ahí las causas de que el matrimonio gay no haya sido aceptado en este país que aún no quiere aprender a aceptar y a amar. Ese es el primer paso para el desarrollo y sostenimiento de una sociedad. Gracias Mario, interesante e incitante texto.

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  7. De acuerdo. Otro tipo de educación sobre el otro nos daría, obviamente, otro tipo de sociedad. Saludos para todos, MM.

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  8. Mario, buenas tardes. Mi compañero y yo somos creativos de una agencia de publicidad de acá de Colombia, y tenemos una idea para incentivar la lectura en Colombia. Queremos contar con su participación.
    Nos gustaría poder charlar con usted y contarle la idea.
    Gracias y esperamos su pronta respuesta.


    (si esta interesado en el proyecto, escribame a este correo y así contarle con más detalle: mauricioxperez@gmail.com)

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. Solo quería compartir este cortometraje

    https://www.youtube.com/watch?v=OlldI-gu8So

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  11. el odio, pienso que abecés es necesario sentirlo, aunque el perjudicado en muchos casos sea uno. el odio necesita de control para que no cometer errores, depende de la intensidad con la que se odie lo lleva a conocer cosas de sí mismo.
    el odio se genera por experiencias vividas o inculcadas en la infancia, uno no odia porque si, solo pasa y ya, hay que trabajar es para controlarlo, no para no odiar.

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  12. genial MM sus escritos siempre han hecho eco en mi vida...

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  13. Mario, siempre he admirado la facilidad que tiene para, en medio de toda la podredumbre, encontrar el diamante bruto. Éste es quizá uno de los textos más hermosos que le he leído. Pese a lo cruentos y reales que son sus libros, siempre he encontrado en ellos una luz de esperanza. Gracias.

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  14. Mario, leí el texto y me parece sumamente interesante, porque enlazas el concepto del odio con lo cotidiano e igualmente se puede interpretar y comprender desde la mirada del psicoanálisis y la filosofía, algo que me parece sumamente loable, puesto que le permites al lector, tener una mayor apertura y comprensión del tema en cuestión y ahondarlo con su propia experiencia de mundo en la existencia humana.

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  15. Querido Mario: hoy te has paseado por La Escuela Normal Superior de Medellín, porque antes de salir a vacaciones de mitad de año,entregamos el reconocimiento al grupo de estudiantes que leyeron en forma continua durante uno de los descansos de cada día, "MI extraño viaje al mundo de Shambala". Se les dio a escoger entre el libro que les dedicaste precisamente en el encuentro de Bello al que haces alusión en este artículo, o un regalo sorpresa. Decidieron entregar el libro a la Biblioteca, "Para que muchas personas lo puedan disfrutar y no quedar sólo uno de ellos con él.
    Un nuevo triunfo sobre el egoismo y el odio circundante. Te abrazamos, Gabriela Elena y jóvenes de Abra Palabra.

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    1. Tenemos que hacer algo en la Normal, Gaby. Apenas vaya a Medellín, te aviso. Abrazos para todo el grupo, Mario.

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  16. Estimado Mario, ese señor del que hablas se llama LUIS ANGEL PARRA GARCÉS y quiere en primer lugar agradecerte y felicitarte por la disertación escrita que haces a partir de sus sentidas palabras. Como estás en la jugada, te quiero comentar que ese ODIO que se construye en el día a día, en el segundo a segundo de nuestras vidas va acompañado siempre de dos compinches: el MIEDO que me permite sentirme amenazado y, por ende dispuesto a atacar, y la DESTRUCCIÓN a traves de la cual construyo la muerte del diferente a mi, mediante la indiferencia, la exclusión, la dominación, la desaparición física, ete. etc. Ellos se fortalecen en la medida en que los tres existen o se debilitan si tan solo uno se debilita. El ODIO se acuna en la DESCONFIANZA, el MIEDO en el AUTORITARISMO y la DESTRUCCIÓN en la falacia de la SUPERIORIDAD

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    1. Qué buena explicación. Mil gracias. Y saludos a Luis Ángel. MM.

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  18. Esta es la parte de tu libro que mas me gusto y la que más me conmovió, es un análisis muy certero que te confronta sinceramente, y para ser franca me conmovió porque me vi reflejada en ese odio, lamentablemente y casi que inconscientemente lo vivimos todos, vivimos de ideales creyendo que somos las mejores personas porque no le hacemos mal a nadie pero sin proponernos a veces caemos en ese odio, en el odio hacia los de abajo, hacia los de arriba somos víctimas y victimarios creyendo ser buenos creemos que no estamos inmersos en ese juego de odio, viendo siempre el problema allá, a fuera, en el otro y no en mi.
    Gracias por hacerme ver que también soy parte del problema y que también hago parte de la solución, por apersonarme de un conflicto que me afecta y que puedo empezar a cambiar en mi, para mí, para los demás y por los demás.

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    1. Sí, somos parte del problema, qué duda cabe. Por eso hay que estar revisándose todos los días... Saludos, Caro, MM...

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  19. Me uno a la apuesta por la educación empática, reconociendo la realidad y la riqueza en la diferencia. Los niveles de violencia que vemos a veces son tan tensionantes que tienden a explotar en cualquier momento y para qué rechazarnos si hacemos parte de una misma sociedad, eso hace más difícil la vida, sin caer en lo simplista.

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