5 ago. 2013

Dimensiones Desconocidas








Buscando las huellas de mi personaje juvenil Felipe, llegué en febrero de 2013 a Huasao, un pueblo a una hora de Cuzco por carretera. Era un invierno persistente y tenaz, y el agua corría a chorros por las callejuelas de los lugares que íbamos visitando. En Andahuaylillas observamos una catedral impactante, una mezcla de pintura renacentista y altares barrocos con techos artesonados. Una verdadera obra de arte. Su plaza empedrada e imponente me quedó para siempre grabada en la memoria. Al lado de la catedral visité unas momias muy extrañas con los cráneos deformados y alargados. Seres mutantes de escasa estatura que no parecían humanos.
Cuando llegué a Huasao, el pueblo de los brujos y los chamanes, me recibió Juan, alias Joan o Johan, un indígena quechua alto y fornido con el que conversé unos minutos. Le pregunté por la saga juvenil de Felipe y su perro Elvis, y él interrogó a su vez a la hoja de coca por el destino de esos libros. La hoja respondió que todo sería difícil, muy complicado, que los libros marcharían lentamente, pero que al final se impondrían ellos solos. No me sorprendí por el vaticinio. Al fin y al cabo, siempre me ha tocado ganarme todo a pulso, lentamente, a punta de esfuerzo y aguante. Me dije que, como me había sucedido en el pasado con otros libros, me iba a tocar luchar en contra de ciertos prejuicios: la idea, por ejemplo, de que la literatura infantil y juvenil es menos, una especie de subgénero al que no se dedican los grandes creadores. Lo mismo me ha pasado con la novela negra o con la literatura policíaca. Se trataba entonces de luchar y de no perder la fe en mi personaje.
Pero lo que más me sorprendió de esa sesión con Joan fue su tono religioso, místico, reposado, la manera como le preguntaba a la hoja de coca por el destino de mis libros. Joan aprendió español en la adolescencia y entonces guarda ese acento suave, dulce, sin grandes aspavientos de su lengua natal, el quechua.
Esta vez, en julio de 2013, fui a la feria del libro de Lima a presentar por un lado La importancia de morir a tiempo, y por el otro los dos primeros libros de la saga juvenil: Mi extraño viaje al mundo de Shambala y La Colonia de Altair. Me escapé a Cuzco unos días y me fui directo a Huasao en busca de Joan. Le llevaba los libros a manera de presente, pues, aparte de ser un personaje central de la narración, el segundo volumen está dedicado a él. Fue un momento extraordinario cuando saqué las dos novelas y se las entregué con mucho respeto. No me pasó desapercibida la escena en la cual los dos libros quedaron justo junto a las hojas de coca, como si dependieran de ellas, como si de un modo inevitable estuvieran ligados a su fuerza y su poder.
En esta ocasión yo no había reconocido el pueblo, ni sus calles, ni su iglesia diminuta. Tampoco la fachada de la casa del chamán. Mi memoria había urdido un mundo propio, fantasmagórico y único en el que se desarrollaba la historia. Pero algo continuaba intacto: el tono del chamán, el modo en el que sus palabras breves y musicales repetían de nuevo el mismo presagio: paciencia, paciencia, paciencia. Los lectores llegarán a Felipe lentamente, pero entablarán con él una amistad sólida y duradera.
Y estando en su guarida, ahí, con él frente a mí y con las dos novelas junto a las hojas de coca, de pronto me llegó a la cabeza mi propio estudio, mis imágenes mágicas, mis amuletos (libros y libros regados por todas partes), mis largas horas de encierro conectado a otros mundos, a dimensiones desconocidas para el resto de la gente. Y sentí una secreta hermandad con Joan. Con el debido respeto hacia él, sentí que el artista es alguien muy similar, un ser que sabe cómo escapar de la inmediatez, de la cotidianidad, y que descubre fisuras e intersticios en lo real, umbrales, pasadizos, laberintos que conducen a otros universos tan relevantes como éste en el que transcurre nuestra miserable condición humana.

¿Qué son los libros? Presagios, adivinanzas, enunciados misteriosos, letanías que vienen de universos paralelos para comunicarnos certeros mensajes que modificarán nuestra vida para siempre.

3 comentarios:

  1. Dime Mario, crees que tu personaje de Felipe tenga algo que ver con ese niño de ese relato que se llama "Yo no ocupo mucho espacio" y que apareció en "La importancia de morir a tiempo"? o solamente comparten el nombre, jeje una curiosidad algo tonta. Un saludo

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  2. Juanma, recuerda que buena parte de la escritura sucede en el inconsciente. Sí, puede ser... No se me había ocurrido... Saludos, MM.

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  3. Mario es imposible que vallas al colegio Refous a dar una conferencia a chicos de 8° ?, sobre lady masacre??

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