30 sept. 2013

El canto de las sirenas




En una pequeña isla del Mediterráneo, cerca del cabo Pelorus, en Sicilia, vivían las sirenas que solían encantar a los marineros que por allí hacían navegar sus embarcaciones. Por esa isla pasó Ulises en su viaje de retorno a Itaca, y con seguridad hubiera naufragado de no ser por los sabios consejos de Circe. Esas sirenas eran tres: Parthenope, Leucosia y Ligeia. Permanecían en la playa rodeadas de cadáveres, y su poder letal radicaba en la profunda sublimidad de sus voces. Según la mitología griega, si fracasaban en su misión de seducir a los mortales eran condenadas a muerte, lo cual hace pensar que perecieron cuando Ulises logró remontar la isla sin atender a sus llamados. Pero como señala Daryl E. Jones, parece que tenían cierto poder de revivificación, ya que atacaron tanto a Ulises como a Orfeo, que estaban separados por una generación.
Ulises pide que lo amarren al mástil de la embarcación para no quedar encantado por la voz de las sirenas y arrojarse al agua y morir. En este caso, la seducción es igual a la muerte. Y algunos autores se preguntan si en realidad ellas cantaron esa vez. ¿Se quedaron calladas y Ulises sólo escuchó el viento contra las velas de su embarcación? ¿Mintió Ulises cuando aseguró haberlas engañado con una más de sus estratagemas? ¿O en realidad entonaron sus cantos angelicales y él, amarrado por su propia tripulación, pudo oír esas voces impecables y sublimes cruzar el cielo y llegar hasta él para conducirlo a otra dimensión? ¿Qué fue lo que escuchó Ulises en medio de su trance misterioso?
Las sirenas reaparecen muchos siglos después a orillas del  Rhin, y las leyendas populares vuelven a tejer a su alrededor una atmósfera caótica y destructiva. Por este entonces eran llamadas las “Lorelei”, y es seguro que autores como Edgar Poe, por ejemplo, conocían sus características y su larga tradición. De esto da testimonio el epígrafe de Sir Thomas Browne que Poe colocó a Los asesinatos de la rue Morgue, y su propio relato llamado Ligeia.
Es posible ver cómo entonces las sirenas han estado siempre ligadas a los conceptos de seducción y muerte. Si las escuchamos, partiremos hacia un lugar de donde no podremos regresar. Sus voces nos conducirán hacia otra realidad, hacia otra dimensión.
Dos grabaciones submarinas, una hecha a finales de los años noventa, y la otra realizada en el año 2004, muestran sonidos de ballenas y de delfines, sonidos que están bien catalogados. Y al fondo, como si fuera un mensaje de otro mundo, se oye una gama de sonidos desconocidos, toda una serie de silbidos que, según los expertos en comunicación animal, dan testimonio de un lenguaje muy elaborado, un lenguaje que habla de significados desconocidos para nosotros.
Estas grabaciones fueron hechas por unos biólogos marinos que empiezan investigando las muertes masivas de ballenas y delfines en distintas costas del globo, y que sin planearlo dan con una especie nueva muy misteriosa que está emparentada con nosotros, los humanos. Según la teoría de estos biólogos, hace millones de años, en África, unos homínidos decidieron no adentrarse en la sabana y en los bosques, sino en el mar. Empezaron pescando en las costas, recogiendo alimento de los arrecifes, y finalmente aprendieron a nadar y se sumergieron en alta mar. La evolución los fue dotando con el paso de los años de aletas y membranas para que pudieran nadar con mayor agilidad. El mito de las sirenas, que ha cruzado diversas culturas, tendría entonces una base real. Estos hermanos nuestros decidieron no volver a la superficie y aprendieron a temernos porque somos los grandes depredadores del planeta. Sin embargo, allá, en su reino submarino, aún cantan, y sus voces son el testimonio de que hay otros mundos en este mundo.

Creo que es mejor que ustedes mismos vean lo que fue considerado el mejor documental de Animal Planet en el 2012. Si a alguien se le ocurre preguntar si esto es verdad o no, le recuerdo que soy un escritor, y que la pregunta me tiene sin cuidado. Para mí todo es verdad.

24 sept. 2013

Lecumberri





Uno de los grandes libros de la literatura colombiana es el Diario de Lecumberri, de Álvaro Mutis. En él se rememora la dura prueba que pasó este autor en la Ciudad de México al ser recluido por más de un año en esa prisión cuyo otro nombre era El Palacio Negro.
Hoy en día la antigua cárcel de Lecumberri es el Archivo General de la Nación. Una mañana visité el lugar y me sorprendió la geometría perfecta del diseño, la visión matemática del espacio, las figuras simétricas que aumentan aún más el horror. En el centro del lugar, sin saber muy bien cómo ni por qué, empecé a recitar en voz baja, sólo para mí, aquel fragmento inicial que dice:

La ficción hizo posible que la experiencia no destruyera toda razón de vida. El testimonio ve la luz por quienes quedaron allá, por quienes vivieron conmigo la más asoladora miseria, por quienes me revelaron aspectos, ocultos para mí hasta entonces, de esa tan mancillada condición humana de la que cada día nos alejamos más torpemente.


Salí a la calle ahogado, sin aire. A los pocos días tuve el honor de saludar al escritor en un evento literario. Y no pude hablarle de cuánto han significado sus libros para mí. No veía al artista, sino al recluso. No veía al poeta y narrador premiado, sino al reo que disfrutaba como ningún otro el momento de la ducha y del vapor en los baños de la prisión. No pude decirle que yo había leído ese libro mil veces desde mi propia experiencia, desde mi propia reclusión, desde mi propia desesperación. La cárcel no es sólo un lugar, sino un estado del espíritu, un estado que regresa una y otra vez para hacernos daño, que nos visita de vez en cuando, y contra el cual tendremos que luchar hasta el día de nuestra muerte.

(La importancia de morir a tiempo)

23 sept. 2013

Maqroll El Gaviero





En El hombre de la multitud, del escritor norteamericano Edgar Poe, un individuo persigue a un anciano de setenta años a través de las calles de Londres, cruzando plazas públicas, mercados, puentes y zonas residenciales. El objetivo es averiguar hacia dónde se dirige el viejo. La persecución dura una noche completa y todo el día siguiente, hasta que el individuo descubre que el anciano no va a ningún lado, que es lo mismo que descubrir que va a todas partes.
     En Wakefield, del también norteamericano Nathaniel Hawthorne, un hombre sale de su casa y de repente, sin explicación alguna, decide no volver. Pero no se fuga a la conquista de lejanos territorios ni nada similar. Arrienda una pequeña habitación en la calle de al lado, y desde allí, anónimamente, vigila lo que ocurre en su casa y construye una especie de “existencia paralela”. Al cabo de veinte años, también si explicaciones, regresa a casa y abraza a su mujer, que lo creía muerto.
En realidad a Hawthorne no le interesa tanto la anécdota, sino analizar la forma como Wakefield, poco a poco, comienza a ser seducido por un idea que lo desterritorializa, que lo saca de un territorio donde vive, come, duerme, trabaja, copula, etc... Así, lentamente, Wakefield se encuentra un día por fuera del sistema, marginal, sin saber cómo regresar.
En apariencia Wakefield se encuentra en la calle de al lado, pero en realidad está en otro mundo. Ha sido expulsado no sólo de un territorio donde se cumplen los hábitos que componen su vida, sino, y acaso en esto reside la mayor fuerza del texto de Hawthorne, de su “yo”, de lo que él consideraba hasta entonces su identidad, su singularidad. En la medida en que pasan los días se aleja más de sí, con aceleración vertiginosa. Como en algunos relatos de Poe, el horror de Wakefield es un horror de la conciencia: sentirse habitado por fuerzas internas que nos desplazan y nos impiden cualquier principio de identidad, de un territorio interno seguro. Dice Hawthorne:
   En la aparente confusión de nuestro mundo misterioso los individuos se ajustan con tanta perfección a su sistema, y los sistemas unos a otros y a un todo, que con solo dar un paso a un lado cualquier hombre se expone al pavoroso riesgo de perder para siempre su lugar. Como Wakefield, se puede convertir, por así decirlo, en el Paria del Universo.

     En Un fragmento de vida, de Arthur Machen, un personaje se encuentra, en las primeras páginas de la novela, asfixiado con su vida rutinaria y mediocre. Y decide aventurar. Pero no tiene dinero para financiarse un viaje a regiones distantes. Decide entonces aprovisionarse de agua y de víveres, y salir al azar a recorrer la ciudad en la que siempre ha vivido. Viajar por ella sin proponerse objetivos específicos, ir por las calles sin saber adónde pero atento, lúcido, sin perder detalles, exigiéndose al máximo para percibir el nuevo cúmulo de sensaciones. Este viaje a la deriva es, claro está, un viaje de auto-conocimiento. Al término de su recorrido el personaje no sólo ha descubierto “otro” espacio (“otro” en el “mismo”): ha descubierto a su vez un “otro” que lo habita, que ha estado “ahí” desde siempre.
También estaría la novela Hambre, de Knut Hamsun, o El defensor tiene la palabra de Petre Bellú. Pero en la literatura colombiana el personaje por excelencia que nos enseñó la libertad del vagabundeo, la potencia que hay detrás de todo viajero nómada, fue sin duda Maqroll El Gaviero, el inolvidable personaje de Álvaro Mutis. Bien sea al fondo de una mina o trepado en el mástil de una embarcación, Maqroll vive explorando permanentemente las infinitas posibilidades que le brinda su cuerpo. Somos lo que percibimos. Somos lo que nuestra máquina corporal captura.
Aprendimos con Maqroll que no viajamos para conocer el mundo (objetivo miserable de todo turista baladí), sino para abrir zonas de la conciencia desconocidas por nosotros mismos. No viajamos para decir que hemos recorrido muchos lugares, sino porque en cada viaje hemos sido iniciados en un misterio sagrado muy antiguo: cómo desaparecer y renacer, cómo dejarnos atrás y cómo volver a reinventarnos. El turista que sale y regresa siempre es el mismo. Lo único que tiene para mostrar son unas cuantas fotos y sus sellos en el pasaporte. El viajero se esfuma en el camino y el que regresa es otro. Y no tiene nada para mostrar.
Hoy todos los medios de comunicación hablan de la muerte de Álvaro Mutis. Por fortuna, los escritores nunca mueren. Viven en sus textos, encarnados en sus personajes, yendo y viniendo por entre los laberintos interminables de sus páginas. Un escritor muere el día en que muera su último lector.

     Algo nos dejan en claro las andanzas sensoriales de Maqroll: poblamos el mundo con una materia que desconocemos, somos una corporeidad cuya multiplicidad de intensidades ignoramos. En consecuencia, anhelamos un cuerpo que cruce el mundo como las grullas de Maldoror, como el gigantesco pájaro níveo de Arthur Gordon Pym, como el albatros de Baudelaire en su vuelo perfecto y casto, como el descompuesto pájaro de Coleridge. Sabemos que un nuevo mundo es imposible sin un nuevo cuerpo que lo invente. Estamos en búsqueda. La inocencia es nuestra arma. Un día levantaremos vuelo y surcaremos un aire surreal y elástico, como una bandada de pájaros migratorios viajando a través de la rueda zodiacal.

18 sept. 2013

Los libros

La ciudad de los umbrales (1994)

Todo surgió de una intuición: que la ciudad latinoamericana, en este caso Bogotá, no había sido narrada en su intensidad caótica, en su desmesura de fuerzas sin control, en su entropía liberadora y entusiasta. Mientras mis amigos y yo vagabundeábamos por las calles bogotanas, cada vez era más evidente para mí que esta ciudad no había sido escrita no como tema, ni como forma, sino como fuerza, como energía, como potencia. Fue así que empecé a trabajar en un libro cuya escritura no pretendiera narrar ninguna trama específica, sino que atravesara la metrópolis en busca de su propia explosión.
Por esos días leía desaforadamente a Deleuze, a Guattari, y a Paul Virilio. Me sorprende que los académicos y los comentaristas no hayan visto de manera evidente la influencia de esta filosofía en mi obra. No es la literatura la que alumbra mis pesadillas urbanas, sino son los filósofos, principalmente los franceses.


La travesía del vidente (1995)

Aunque fue el segundo libro que publiqué, en realidad se trata del primero que escribí. Mi obsesión juvenil está allí presente: el viaje, el desplazamiento en el espacio como una fuerza subversiva, como un vector que obliga al viajero a reinventarse, a fundar nuevas relaciones con el mundo. Siempre creí que en la vida era clave dejarse morir varias veces y volver a nacer convertido en otro. La historia de Noé es el eje principal: estamos en medio de un gran diluvio universal, de un final inminente, pero parece que muy pocos están construyendo sus arcas para poder sobrevivir. Este libro ganó el Premio Nacional de Literatura en Colombia en 1995.
Después de mi viaje a Israel, y de una detención preventiva que sufrí en ese país, regresé a Bogotá y sufrí una crisis muy profunda con ese tipo de escritura tan pulida, tan limpia, tan sublimada, tan sin mácula. Me dije entonces que no quería escribir para ser aceptado por los círculos académicos e intelectuales, sino que quería descender a las profundidades de la contemporaneidad y ensuciarme con todo lo que me encontrara en el camino.


Scorpio City (1998)

Durante los años 1993 y 1994 me vinculé a los grupos de recicladores de basura de la calle del Cartucho, donde vivían muchos de los indigentes radicales de Bogotá. Los grupos mal llamados de limpieza social habían asesinado a cientos de ellos por esos años. Esa calle era una cicatriz vergonzosa que cruzaba nuestra ciudad. Poco a poco se me fue haciendo muy claro que a mí me interesaban narrativamente las fuerzas centrífugas de una sociedad, es decir, las fuerzas que van hacia el borde, hacia la frontera, hacia los límites. Las fuerzas que van hacia el centro, las centrípetas, las del éxito, el dinero y el poder, entre otras, no me atraían para nada. Así que, después de escuchar una noche una conversación en un bar de mala muerte, tomé notas sobre un personaje que, como un ángel caído, descendería a los infiernos de la ciudad para purificarla. Ese personaje es Leonardo Sinisterra.
Mis padres tutelares durante este tiempo fueron Paco Ignacio Taibo II y Rubem Fonseca.


Relato de un asesino (2001)

Hasta el año 2000 yo estaba dividido entre la academia y la creación. Es una división esquizofrénica que resta convicción y seguridad en sí mismo. Entonces renuncié a una década de vida universitaria y me encerré a escribir mi primera novela como profesional. Eran sesiones de doce y catorce horas de trabajo al día. Muy agotador. Quería entrar a la ciudad desde la perspectiva de la psicopatología criminal.
En esta novela le presté mi niñez y mi adolescencia al protagonista para que encarnara mejor, para que tuviera tendones y músculos de verdad, para que el lector lo sintiera más próximo, más real. Supe desde el principio que esta novela y la siguiente (Satanás) conformarían un díptico sobre la ciudad, un diagnóstico psiquiátrico de nuestra época.
Es curioso, pero recuerdo esos años de escritura febril como un encierro perfecto, como si me hubiera convertido en un monje de clausura. Durante dos años no hice nada más que escribir de día y de noche, poseído, alucinado, escuchando voces y tropezándome con los personajes en los cuartos y los pasillos de mi apartamento de entonces.


Satanás (2002)
             Desde la matanza de Pozzetto en 1986 yo había intentado narrar esta historia y no había podido. El hecho de haber estudiado en la misma universidad con el asesino, Campo Elías Delgado, y de haber sido su compañero de tesis, me daba una visión privilegiada de los móviles internos. La violencia colombiana es de otro tipo: narcotráfico, paramilitares, guerrilla. Pero un asesino serial culto, sofisticado, con intereses creativos, no es la regla sino la excepción. Desde ese año yo supe que estábamos ingresando en otra época, en la Edad del Descontrol y la Locura, y supe también que la historia de la ciudad acababa de ser partida en dos. A partir de entonces seríamos personajes amnésicos, catatónicos, maniquíes atiborrados de sedantes y antidepresivos.
Es curioso que la crítica no ha señalado la cercanía de esta novela, sus coqueteos con el melodrama televisivo, el cómic y el cortometraje gótico. No porque yo esperara que sobre este libro se hiciera una película (como especulan algunos), sino como formas populares de expresión que apuntan a un inconsciente colectivo muy rico en matices inexplorados por la novela tradicional.
Este fue el libro que me dio una plataforma más sólida gracias al Premio Biblioteca Breve Seix Barral en el año 2002.


Una escalera al cielo (2004)
Después de un premio internacional fue muy riesgoso publicar un libro de relatos. Todo el mundo me anunciaba un fracaso seguro. No fue así. Los personajes de este libro los fui recogiendo a lo largo de los años, los tenía anotados en una libreta y sabía que algún día trabajaría sobre ellos. Se trata de una serie de individuos que son arrastrados a un destino delirante y salido de lo normal. Otra vez quise viajar por la frontera de lo social y capturar vidas que por su singularidad nos iluminaran a todos los demás. Algunos críticos creen que a mí me interesa la marginalidad económica, los bajos fondos, la miseria como una forma de denuncia. Es un error de apreciación grave. Me interesan aquellas fuerzas que nos sacan del conglomerado social, de la rutina, de la costumbre donde la masa cumple con sus labores y ahorra y tiene hijos y se enferma y muere. Hay fuerzas de borde, energías sutiles que nos obligan a viajar por intersticios desconocidos. Todos los personajes de este libro son viajeros que se lanzan a dimensiones desconocidas de la realidad.


Cobro de sangre (2004)

Esta es una de mis novelas preferidas. La escribí en un estado de trance, sin darme cuenta siquiera de qué día era o cuántas horas invertía en ella. Nunca he sido capaz de un happy end a lo Hollywood. Hay algo inmoral en un final feliz. Sin embargo, en este libro supe desde el comienzo que, aunque la historia terminaría en el desierto de la Guajira, en medio de una soledad demoledora y de una miseria absoluta, el personaje sería capaz de una afirmación de la vida a tope, a todo trapo, y supe también que pegaría un alarido de vitalidad extremo.
Durante los primeros capítulos creí que era una novela sobre el problema de los militantes políticos de izquierda, sobre su persecución y exterminio por parte de fuerzas paraestatales, sobre sus atentados y venganzas. No obstante, sin darme cuenta, no sé en qué momento el libro se me fue convirtiendo en una historia sobre la culpa, sobre cómo elaborar y superar un arrepentimiento demoledor y tiránico. El protagonista debe aprender a perdonarse, a ser indulgente consigo mismo y a no tomarse tan en serio.
Como dato curioso, esta novela fue publicada cuando el país estaba radicalmente decidido a derrotar militarmente a la guerrilla, y, en una lectura política paranoica, fue mirado de reojo, con sospecha, y finalmente rechazado.


Los hombres invisibles (2007)

Esta novela es la fusión de un realismo urbano descarnado que había caracterizado mi obra hasta entonces, y mi fascinación por la novela de aventuras, por el viaje como una ética y una estética. El personaje que viaja hacia la selva en busca de la tribu de los Nukak Makú encarna a los viejos aventureros que van más allá de los límites establecidos. En esta ocasión las fuerzas centrífugas son tan intensas que el viajero atraviesa los muros de la ciudad y sale a la conquista de un territorio agreste, desconocido y brutal: la selva. Era inevitable no evocar durante la escritura de este libro a Arturo Cova, el personaje de La Vorágine, que finalmente es devorado por las fuerzas de la naturaleza. Sin embargo, la verdadera influencia es 4 años a bordo de mí mismo, esa extraordinaria y rara novela de Eduardo Zalamea Borda cuyo subtítulo es Diario de los 5 sentidos.
Vale la pena resaltar que, en su viaje por la jungla colombiana, este personaje se tropieza con los campos de secuestrados de las FARC, con sus torturas y sus horrores. Entonces ese país que estaba en pie de guerra contra semejantes atrocidades celebró que ellas aparecieran en esta novela y, a diferencia de lo que le pasó a Cobro de sangre, lo acogió con beneplácito e incluso con admiración. Sobra decir que si antes me habían tachado de izquierdista y terrorista, esta vez me calificaron de derechista y de intelectual útil a la causa paramilitar. Disparates de unos comentaristas atrapados en sus propios delirios y temores.


Buda Blues (2009)

La escribí como una novela de anticipación, como una especie de texto urbano futurista, como esos cómics donde en lugar de alienígenas aparecen los escasos sobrevivientes de un Apocalipsis que arrasó con la humanidad. Siempre había querido escribir sobre una corriente de los anarquistas contemporáneos, los llamados anarco-primitivistas liderados por el matemático terrorista que vivió años en una cabaña de Montana sin luz, ni agua, ni teléfono, ni seguro médico, ni sueldo ni nada: el famoso Unabomber, Theodore Kaczynski. Lo que hice entonces fue mezclar esta figura, y la de sus seguidores a nivel mundial, con una historia bogotana de la cual fui testigo de primera mano. El resultado fue una especie de pesadilla urbana apocalíptica que me encantó porque daba en el centro de algo que intuí en un viaje a la India en 2008: que el futuro del capitalismo no es nada halagador y que las grandes condensaciones de las fortunas generan inevitablemente una multiplicación de la miseria. La novela, entonces, busca navegar por esas aguas subterráneas donde los anarco-primitivistas pretenden tumbar ese sistema que ellos consideran injusto, despiadado y brutal. El problema es que al hacerlo se convierten ellos mismos en asesinos sin control.
De nuevo, como en los casos anteriores, algunos comentaristas (siempre los mismos) me tacharon de izquierdista furibundo y de haber creado un pastiche, una amalgama irreconocible, sin forma ni sustancia. Creyeron que se trataba de denuncia social y no de una novela de anticipación apocalíptica. En cambio, en España los periodistas culturales sí la leyeron desde esta óptica, quizás porque la propia crisis de la sociedad del bienestar europeo, las marchas, las protestas, las huelgas y la caída de la clase media los preparó bien para ello. Me alegró que la novela quedara de finalista para el famoso premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón.


La locura de nuestro tiempo (2010)

Este libro se me cruzó de manera transversal y no estaba en mis planes. Quería regresar a la brevedad, a esos textos de una página en los cuales hay que dar en el blanco en muy pocos renglones. El objetivo, aparte de intentar un diagnóstico de época (la depresión, la esquizofrenia, la obsesión,  la manía como resultados inevitables de este ritmo de vida insulso y sin sentido), era mostrarle al lector que para un escritor no existe ninguna diferencia entre la realidad y la ficción. Poco a poco la escritura va creando ella misma una realidad paralela, un mundo propio, un intermedio, un fractal que se puede demostrar matemáticamente con facilidad. Como las sacerdotisas primitivas, las pitonisas de los oráculos antiguos, las brujas medievales o los chamanes de las distintas tribus alrededor del globo, el escritor está enchufado a otras dimensiones, es un individuo que vive en planos alternantes, una conciencia que está aquí pero que  al mismo tiempo está siempre en otra parte. Por eso mismo no tiene identidad, es una multiplicidad en vértigo permanente.


Apocalipsis  (2011)




Esta es una novela que cierra el círculo iniciado en La ciudad de los umbrales. La mayoría de mis novelas tienen finales abiertos: un tipo abandonado en la Guajira (Cobro de sangre), un criminal en una clínica psiquiátrica (Relato de un asesino), un aventurero en un leprocomio en mitad de la selva (Los hombres invisibles) o dos amigos que se van a encontrar en una favela de Río de Janeiro (Buda Blues). Bien, en este libro se muestra que todos ellos se conocían, que son más o menos de la misma generación y que su destino fue precisamente llevar la contraria, rebelarse, resistirse, negarse a hacer parte del horror circundante. Hay una fuerte conexión con las anteriores novelas. Son esos muchachos que vagabundean por la ciudad los que más adelante escribirán todos estos libros. Y aquí, en esta novela final, nos enteramos de sus vidas secretas y de los verdaderos motivos que los condujeron al exilio, a la locura o a una muerte sin remedio.
Esto anula la idea de un yo, de un solista que canta de la mejor manera que puede, de un escritor que expresa una determinada visión de mundo. Se trata más bien de un colectivo, de un coro, de una multitud. Lo que me rige no es la frase de Rimbaud, Yo es un otro (Je est un autre), sino la frase de Satán en las Sagradas Escrituras: yo soy legión porque somos muchos. Los que han escrito mis libros son diversos seres fantasmales que me han habitado con un propósito extraño: dejar constancia de la demencia de este tiempo miserable. A estas presencias misteriosas las he bautizado como mis Perros Salvajes.
APOCALIPSIS es no sólo un diagnóstico de época, sino una idea que cruza toda mi obra desde el comienzo, una intuición que poco a poco se va confirmando. No progresamos, la idea del progreso en decimonónica, caduca. Después de Auschwitz y de Hiroshima y Nagasaki está claro que estamos extraviados. La Modernidad hizo todo muy mal. Y las consecuencias saltan a la vista: caos general, depresión, angustia, sinsentido, suicidios, guerras, hambrunas, devastación a diestra y siniestra. Y ese primer mundo que se sentía seguro y fuerte ahora se sabe frágil y vulnerable. APOCALIPSIS. Una sola palabra que define la contemporaneidad y que define mi obra al mismo tiempo. Creo que es breve, contundente y magnífica.



La importancia de morir a tiempo (2012)






El título tiene que ver con dos ideas que han cruzado mi obra. La primera: morimos muchas veces a lo largo de la vida. Hay que aprender a morir y nadie nos enseña eso. Hay momentos en los que uno cree que está al final de algo que debe dejar atrás. También está la idea del morir físico, hay que aprender a morir. No nos enseñan dos cosas fundamentales: a amar y a morir. Y son dos momentos cúspide. Somos analfabetas en ambos. El libro está atravesado todo el tiempo por la fuerza del amor y la fuerza de la muerte.
A lo largo de las novelas y libros de cuentos, siempre he sentido que intento aprehender la época, entrar en el presente con toda su fuerza, pero me quedan aristas pendientes, costados de la realidad a los que no alcanzo a llegar. Voy tomando notas, guardando textos breves para trabajar después sobre estos temas. De pronto veo que en ellos está el corazón palpitante de una época, algo que no está en los libros, pero que es significativo.
Quienes crecimos en una generación sin Internet, sin celulares y sin acceso a cierta tecnología teníamos un concepto de lo real muy distinto. Hoy, hemos ingresado en realidades paralelas. Eso ha producido un imaginario contemporáneo distinto. Este libro es el deseo de entrar a este tiempo y empezar a mirar historias individuales sobre lo que está pasando aquí y ahora. Así, entre trastornos psiquiátricos, alucinaciones, delirios, religiones y fechas apocalípticas, le tomo la temperatura a nuestra época.



Mi extraño viaje al mundo de Shambala (2013)







Felipe es un niño de 10 años. Pertenece a una familia de clase media y sus padres están en proceso de separación. La novela comienza, justamente, cuando él se siente más solo y un poco perdido en la vida. Entonces llega a la casa un cachorro pastor alemán, Elvis, y se entabla entre ellos dos una hermandad inquebrantable.
Felipe tiene un tío materno, Pablo, que es historiador y arqueólogo. El tío lo invita un fin de semana a Villa de Leyva, donde tiene que investigar unos manuscritos descubiertos en unas cuevas en el desierto de La Candelaria. Pipe conoce por primera vez los monasterios de la zona y es testigo de las excavaciones donde unos curiosos papiros aparecen enterrados en la arena. Mientras tanto, la gente del lugar habla de visitantes misteriosos, de ángeles de otro mundo que cruzan el desierto en las horas de la noche.
En un momento dado, uno de los monjes del convento de La Candelaria le da unas indicaciones a Felipe y le dice que lo están esperando, que es muy importante que acuda a ese llamado. Pipe ingresa por una de las tumbas del convento a otro mundo, a una ciudad subterránea donde un pueblo muy sabio ha vivido allá abajo en secreto. Los ancianos de la Confederación de Agartha le hablan de cómo la humanidad se está destruyendo paulatinamente. Le muestran unos hologramas con ciertas historias que le cambiarán su vida para siempre. Y le encomiendan una misión: transmitir un mensaje que salvará a muchos.
Pipe regresa al mundo exterior por una tumba del monasterio del Ecce Homo. No sabe qué hacer. Durante semanas cree que la misión lo desborda, que él es un niño común y corriente, que no podrá difundir ese mensaje, que no logrará dar la voz de alerta. Habla con una amiguita, Mafe, y le cuenta su viaje y sus aventuras en ese mundo subterráneo. Ambos deciden escribir un libro y publicarlo. Y abrir un blog para estar en contacto con los niños que lean el libro.
Este es el primer volumen de una serie en la que Pipe y Elvis viajarán a descubrir los misterios de una América Latina profunda y aún desconocida. En el segundo libro irán a Cuzco, el corazón del mundo antiguo, y un chamán les transmitirá un mensaje para que vayan a Machu Pichu, donde los recogerán en secreto para conducirlos esta vez a una dimensión cósmica.

Alguna vez estuve en un hospital, a los 7 años, desahuciado. Pasé meses allí metido. Los libros me salvaron. Creo que, de algún modo, escribo esta serie para ese niño que lee largas horas en su cama de hospital.


La Colonia de Altair (2013)






Durante la década de los setenta, según una leyenda urbana, desaparecieron varios científicos europeos. No dejaron rastro alguno. Muchos creyeron que se trataba de una fuga de cerebros al extranjero, principalmente a Estados Unidos. Después surgió una versión inquietante: habían sido elegidos para dirigir una expedición secreta a otro mundo. El objetivo era alcanzar un planeta muy similar a la Tierra y fundar allí una colonia humana. Según los cálculos de algunos investigadores, el crecimiento de la población agotaría los recursos energéticos, los alimentos, el agua, todo. Por eso era importante empezar a crear bases humanas en otros mundos. Una de esas expediciones secretas se llamó Alternativa 3. Después de la Segunda Guerra Mundial algunos experimentos, como el Proyecto Filadelfia, confirmaron que era posible ya desplazarse por el espacio de un modo más audaz y veloz.
En esta segunda aventura, Felipe viajará junto a su fiel Elvis a Cuzco, en Perú, y recorrerá las ruinas de Sacsayhuamán, los monolitos de Ollantaytambo, y observará de cerca unas extrañas momias que parecen de seres venidos de otros mundos. También visitará a un chamán en el pueblo de Huasao, y ese indígena misterioso le revelará las claves de su destino.
Finalmente, después de un largo ascenso a Machu Pichu, en La Montaña de los Astrónomos, será contactado y transportado a una colonia humana en el remoto planeta de Altair. Allí tendrá que ser testigo de los logros alcanzados por los expedicionarios, pero tendrá que experimentar también en carne propia los grandes errores y las atrocidades más delirantes cometidas con los uznaki, el pueblo aborigen de este lejano rincón del universo.


Lady Masacre (2013)




Frank Molina es un periodista alcohólico, bipolar, que un día cae en desgracia y es despedido del periódico luego de un gran escándalo. Ha trabajado en judiciales y sólo se le ocurre abrir una oficina como detective privado en el barrio 7 de Agosto. Pasan los días y le llegan casos irrelevantes que no le interesan. Hasta que una tarde una mujer elegante y distinguida solicita sus servicios para investigar un crimen. Se trata de un asesinato extraño en el que hay varios misterios por resolver. Frank acepta.
Detrás del caso aparente hay un caso oculto, una historia de amor por una mujer que pertenece al país profundo, una serie de traiciones, corrupción política, trampas, masacres a la luz de la luna en fincas de terratenientes que han vendido la escasa conciencia que les quedaba. Frank va ingresando en un laberinto, en un túnel subterráneo que lo conduce cada vez más a un callejón sin salida. Entra en una de sus crisis maníacas y es internado en una clínica psiquiátrica. Desde allí, delirante, psicótico, rodeado por suicidas y esquizofrénicos, ahonda aún más en ese país febril que no tiene ningún principio de realidad fijo.
Al final, resuelve el caso, pero no triunfan las fuerzas del bien, ni hay expurgación ni purificación. En un mundo enloquecido un final feliz sería inverosímil.






Traducciones






16 sept. 2013

Lo doy porque quiero





Este viernes 20 de septiembre estaré en Medellín, en el bar Calle 9, en el parque El Poblado, con el colectivo "Lo doy porque quiero". A las 6:30 de la tarde. Hablaré sobre conformidad brutal y violencia transpolítica. El sábado presento Lady Masacre a las 6:00 pm en el marco de la Fiesta del Libro de Medellín, y el domingo tengo un conversatorio con Felipe Pigna a las tres de la tarde ahí mismo, en la Fiesta del Libro. Los que estén en la ciudad y tengan tiempo y ganas, allá nos vemos. Saludos para todos. MM.

15 sept. 2013

El poder de las micro-violencias




(Foto: El Tiempo)



      He escrito y he dictado conferencias sobre este tema varias veces, pero siento que las instituciones encargadas de evitar estas aberraciones no escuchan y no hacen nada por remediarlas. Nos han enseñado a temer una violencia que viene de la parte externa al sistema. Cuando estamos en un aeropuerto requisan nuestras maletas, nuestras chaquetas, nuestros zapatos, a nosotros mismos. Nos dicen que hay unos fulanos que amenazan nuestra tranquilidad, terroristas que pueden en cualquier momento acabar con nuestra estabilidad y nuestra concordia. A nivel nacional es lo mismo. Nos han dicho que estamos en La Habana firmando un proceso de paz, y que si lo logramos, los colombianos por fin podremos construir el futuro que nos merecemos. Es un problema de perspectiva, de modos de ver.
La peor violencia no es la violencia política, es decir, la que viene de fuera del sistema. En nuestro caso, la de la guerrilla, los paramilitares o el narcotráfico. No le vamos tampoco a restar importancia. Es una violencia que nos ha hecho mucho daño y que ha terminado con vidas valiosas, qué duda cabe. Pero no es la peor ni la más dañina. La peor violencia se está cocinando al interior mismo del establecimiento, aquí y ahora, entre nosotros mismos. Por probabilidades, estamos más cerca de ser agredidos por nuestro jefe de trabajo que por las FARC. Estamos más cerca de ser violentados por nuestros padres en nuestra casa que por Al Qaeda. Estamos más cerca de ser matoneados por nuestros compañeros de colegio que por los paramilitares. En el caso de las mujeres, están más cerca de ser maltratadas física o psicológicamente por un hombre del común (un novio, un amigo, un primo, un desconocido) que por un grupo terrorista. La violencia laboral, la violencia contra los menores de edad, la violencia de género, el racismo, la segregación social, el arribismo, el desprecio, el matoneo escolar, el desdén por el otro, el terrorismo de Estado, la violencia de la moda y la publicidad (que genera millones de personas anoréxicas, bulímicas y con trastornos de alimentación), el terrorismo económico y bancario son formas eficaces de micro-violencia que están convirtiendo la convivencia de las grandes ciudades en un infierno.
Hace un par de años me puse en la tarea de buscar un o una joven de estrato 6, de colegio o universidad privada, que tuviera sus afectos en los estratos uno o dos. Un estudiante de Los Andes que se hubiera enamorado de una empacadora de Carulla o de una cajera del Tía. Una joven de la Universidad Javeriana que se hubiera enamorado de un mecánico humilde o de un albañil. Es decir, un ejemplo de cómo el poder de los afectos trasciende toda estratificación social. Mi investigación arrojó una cifra escalofriante: 0.0. No nos mezclamos. He ahí el verdadero origen de nuestra violencia. Nos han enseñado a relacionarnos en el mismo estrato social o hacia arriba. Cuando uno le pregunta a alguien por la democracia y la igualdad, todo el mundo dice que sí, que por supuesto, que todos somos iguales. Y si vemos las vidas privadas de esas mismas personas, sus amigos o sus parejas siempre han estado en su misma clase social o en una superior.
Arrojamos estudiantes por los huecos de los ascensores (Cristian Jiménez), los matamos después de las fiestas y los dejamos tirados en los parques públicos (Luis Andrés Colmenares), tiramos a los niños desde los balcones (Válery Pérez), asesinamos a nuestras parejas en centros comerciales (Vivian Urrego), acuchillamos o baleamos por robar un celular (Juan Guillermo Gómez), o eliminamos a nuestros vecinos porque nos piden bajar el volumen de la música (Francisco Cifuentes). Estamos en una batalla de todos contra todos.

Entonces, si eso es así, ¿de qué nos sirve firmar la paz en Cuba si estamos en guerra todos los días entre nosotros mismos?

8 sept. 2013

La dimensión desconocida










"Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad. Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas. Están doblando por ti".


John Donne

El conocimiento es felicidad







http://www.semana.com/enfoque/enfoque-principal/articulo/el-conocimiento-es-felicidad/356929-3

4 sept. 2013

Los lectores



A las cuatro y media llegué al auditorio y ya estaban allí dos chicas con las cuales nos saludamos efusivamente. Después de revisar sonido y demás, a eso de las seis y veinte, salí a echar un vistazo y la fila le daba la vuelta al auditorio. Saludé a algunos lectores muy conmovido por la respuesta a la convocatoria. Después vi cómo se iba llenando el auditorio. Estudiantes de Soacha, de Venecia, de la Nacho, de la Pedagógica, de la Central, de los colegios de la 170, de Chía, maestros, profesionales, desempleados, lectores duros con sus libros bajo el brazo... No saben lo que uno siente del otro lado. Para rematar, muchos de ustedes esperaron hasta casi las once de la noche para que yo alcanzara a firmar los últimos libros. Increíble. Escribir es resistir, es un trabajo de aguante solitario. Nunca hay nada a favor. Todo está en contra. Uno, muchas veces, se dice: ya, listo, llegó el momento de retirarse, no más... Yo jamás he estado preparado para una recepción así. Yo estaba listo para la soledad, la periferia y la resistencia marginal...Pero son gestos como los de hoy los que nos mantienen en pie de lucha con la esperanza renovada, combatiendo, firmes en la trinchera creativa... Gracias... Gracias totales, como diría Cerati...
Con aprecio y gratitud,
Frank