15 sept. 2013

El poder de las micro-violencias




(Foto: El Tiempo)



      He escrito y he dictado conferencias sobre este tema varias veces, pero siento que las instituciones encargadas de evitar estas aberraciones no escuchan y no hacen nada por remediarlas. Nos han enseñado a temer una violencia que viene de la parte externa al sistema. Cuando estamos en un aeropuerto requisan nuestras maletas, nuestras chaquetas, nuestros zapatos, a nosotros mismos. Nos dicen que hay unos fulanos que amenazan nuestra tranquilidad, terroristas que pueden en cualquier momento acabar con nuestra estabilidad y nuestra concordia. A nivel nacional es lo mismo. Nos han dicho que estamos en La Habana firmando un proceso de paz, y que si lo logramos, los colombianos por fin podremos construir el futuro que nos merecemos. Es un problema de perspectiva, de modos de ver.
La peor violencia no es la violencia política, es decir, la que viene de fuera del sistema. En nuestro caso, la de la guerrilla, los paramilitares o el narcotráfico. No le vamos tampoco a restar importancia. Es una violencia que nos ha hecho mucho daño y que ha terminado con vidas valiosas, qué duda cabe. Pero no es la peor ni la más dañina. La peor violencia se está cocinando al interior mismo del establecimiento, aquí y ahora, entre nosotros mismos. Por probabilidades, estamos más cerca de ser agredidos por nuestro jefe de trabajo que por las FARC. Estamos más cerca de ser violentados por nuestros padres en nuestra casa que por Al Qaeda. Estamos más cerca de ser matoneados por nuestros compañeros de colegio que por los paramilitares. En el caso de las mujeres, están más cerca de ser maltratadas física o psicológicamente por un hombre del común (un novio, un amigo, un primo, un desconocido) que por un grupo terrorista. La violencia laboral, la violencia contra los menores de edad, la violencia de género, el racismo, la segregación social, el arribismo, el desprecio, el matoneo escolar, el desdén por el otro, el terrorismo de Estado, la violencia de la moda y la publicidad (que genera millones de personas anoréxicas, bulímicas y con trastornos de alimentación), el terrorismo económico y bancario son formas eficaces de micro-violencia que están convirtiendo la convivencia de las grandes ciudades en un infierno.
Hace un par de años me puse en la tarea de buscar un o una joven de estrato 6, de colegio o universidad privada, que tuviera sus afectos en los estratos uno o dos. Un estudiante de Los Andes que se hubiera enamorado de una empacadora de Carulla o de una cajera del Tía. Una joven de la Universidad Javeriana que se hubiera enamorado de un mecánico humilde o de un albañil. Es decir, un ejemplo de cómo el poder de los afectos trasciende toda estratificación social. Mi investigación arrojó una cifra escalofriante: 0.0. No nos mezclamos. He ahí el verdadero origen de nuestra violencia. Nos han enseñado a relacionarnos en el mismo estrato social o hacia arriba. Cuando uno le pregunta a alguien por la democracia y la igualdad, todo el mundo dice que sí, que por supuesto, que todos somos iguales. Y si vemos las vidas privadas de esas mismas personas, sus amigos o sus parejas siempre han estado en su misma clase social o en una superior.
Arrojamos estudiantes por los huecos de los ascensores (Cristian Jiménez), los matamos después de las fiestas y los dejamos tirados en los parques públicos (Luis Andrés Colmenares), tiramos a los niños desde los balcones (Válery Pérez), asesinamos a nuestras parejas en centros comerciales (Vivian Urrego), acuchillamos o baleamos por robar un celular (Juan Guillermo Gómez), o eliminamos a nuestros vecinos porque nos piden bajar el volumen de la música (Francisco Cifuentes). Estamos en una batalla de todos contra todos.

Entonces, si eso es así, ¿de qué nos sirve firmar la paz en Cuba si estamos en guerra todos los días entre nosotros mismos?

8 comentarios:

  1. Excelente Mario, cada día que pasa, reconfirmo que eres un gran escritor, eres encantador y tus libros y tus escritos, todo lo que sea de tu autoria es grandioso

    Un fuerte abrazo

    Vanessa Duarte

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    1. Regreso el abrazo, Vanessa, y me alegra que haya lectores apasionados y entusiastas. MM.

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  2. Fraterno saludo Mario, muy acertado el análisis.

    Te cuento que estoy interesado en indagar un poco más por eso que denominas "violencia transpolítica". Además de algunos textos de Baudrillard, de la literatura de Vallejo y la tuya, dónde puedo encontrar información.

    Estaré atento. Muchas gracias y adelante..

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  3. Oscar Hinojosa, Michel Foucault, Salabert Solé... Saludos, MM.

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  4. Mario, que buena charla la de esta tarde, un abrazo muy grande. Luisa González.

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    1. Lo mismo digo, Luisa, se nos pasó el tiempo volando. Saludos a Sergio, MM.

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  5. Mario Mendoza
    Entrañable Escritor:
    Con respecto a tu blog,"El poder de las micro-violencias", has puesto de nuevo un punto alto en el escabroso pero lùcido anàlisis que haces la realidad de Colombia en tu sinigual como profunda obra literaria, blogs y conferencias. Es deplorable ser testigo ocular de escabrosos actos de extrema violencia diaria que son apenas el sìntoma de una sociedad enferma, podrida y sin moral, porque no hay tèrmino medio para calificarla. Medellìn es una ciudad violenta en su cultura y en los simbolos de su llamada pujanza. maquillada de expresiones mediàticas que intentan vender una imagen irreal a propios y extraños; ciudad pintada de mentiras,paradigmas falsos enraizados en el imaginario popular con fuerte arraigo polìtico, religioso y social; (!la ciudad màs innovadora del mundo, què vergûenza cuando lo afirman sin pudor alguno¡) como si fuera una potencia de primer orden; ciudad edificada sobre el crimen, la injusticia social; triste urbe de excluidos, profundamente dividida social y econòmicamente, sociedad paisa reprimida por taras ancestrales religiosas con una ferrea represiòn sexual y moral casi genètica, que la revoluciòn criminal del Cartel de Medellìn en los años ochenta con el ascenso social y econòmico de la plebe, liberò pero para crear un monstruo de mil cabezas, degradò una sociedad ya corrompida pero santurrona e hipòcrita;


    Por ejemplo fuì sido testigo de un espantoso linchamiento de un llamado desechable, en un deprimido sector del centro de Medellìn, denominado Barbacoas. El sujeto en menciòn fue atrapado luego de un fallido intento de hurtar un aguacate.Eran la tres o cuatro de la tarde de una calurosa tarde de noviembre de 2010. Nunca podrè olvidarlo. En un principio fue atrapado por tres o cuatro vendedores de frutas y verduras, luego el escàndalo hizo crecer la turba; los primeros que lo atraparon lo golpearon con palos, varillas y dieron patadas sin tregua ni compasiòn. El zarrapastroso intentò defenderse pero màs enardeciò a la plebe. Con la boca y cabeza rota, el hombre aùn se mantenìa en pie pero eran tantos los golpes y puntapies que el hombre cayò sobre la calle; no tenìa salvaciòn, fue impresionante ver la ira, la saña y salvajismo de decenas de sujetos como golpeaban a aquel hombre. Se ensañaron en golpearle màs la cabeza a patadas y con garrotes pero tambièn le lanzaron enormes
    piedras sobre la cabeza que aplastaron el cràneo. Surgieron puñaletas automàticas, cuchillos mataganado, dagas,letales leznas, cuchillos de caza que se hundìan en el torax y vientre del hombre. Un negro descomunal lo degollò de un corte preciso armado con una extraña arma blanca con empuñadura de manopla y hoja curva. En minutos el tipo convulsionò y vomitò gran cantidad de sangre. Nadie hizo nada para defenderlo, y en caso de haberlo hecho tambièn lo hubieran linchado.Esa masa de hombres ordinarios, la canalla, estaba enloquecida, poseìda de la màs espantosa sed de sangre y muerte que he visto jamàs. Creo que el desachable ya estaba muerto pero continuaban desahogando toda su furia y odio sobre aquella sanguinolenta masa. Aquella turba perdiò la razòn y toda compostura de ser humano civilizado y racional.De pronto apareciò una camioneta tipo pickup de la policìa. La plebe asesina se dispersò dejando en el sucio pavimento un despojo de carne humana yaciendo sobre una enorme charca de sangre. Cuatro policìas recogieron lo que quedò del hombre del que manaban innumerables hilillos de sangre; casi arrastràndolo, lo arrojaron como un fardo, sin miramientos, sobre el platò de
    la carrocerìa del pickup. La camioneta arrancò rauda haciendo sonar las sirenas y en minutos todo volviò a la normalidad.

    Cordial y afectuoso saludo Mario,
    Boris

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    1. Qué escena... Imagen de la miserable condición humana... Saludos, MM.

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