18 sept. 2013

Los libros

La ciudad de los umbrales (1994)

Todo surgió de una intuición: que la ciudad latinoamericana, en este caso Bogotá, no había sido narrada en su intensidad caótica, en su desmesura de fuerzas sin control, en su entropía liberadora y entusiasta. Mientras mis amigos y yo vagabundeábamos por las calles bogotanas, cada vez era más evidente para mí que esta ciudad no había sido escrita no como tema, ni como forma, sino como fuerza, como energía, como potencia. Fue así que empecé a trabajar en un libro cuya escritura no pretendiera narrar ninguna trama específica, sino que atravesara la metrópolis en busca de su propia explosión.
Por esos días leía desaforadamente a Deleuze, a Guattari, y a Paul Virilio. Me sorprende que los académicos y los comentaristas no hayan visto de manera evidente la influencia de esta filosofía en mi obra. No es la literatura la que alumbra mis pesadillas urbanas, sino son los filósofos, principalmente los franceses.


La travesía del vidente (1995)

Aunque fue el segundo libro que publiqué, en realidad se trata del primero que escribí. Mi obsesión juvenil está allí presente: el viaje, el desplazamiento en el espacio como una fuerza subversiva, como un vector que obliga al viajero a reinventarse, a fundar nuevas relaciones con el mundo. Siempre creí que en la vida era clave dejarse morir varias veces y volver a nacer convertido en otro. La historia de Noé es el eje principal: estamos en medio de un gran diluvio universal, de un final inminente, pero parece que muy pocos están construyendo sus arcas para poder sobrevivir. Este libro ganó el Premio Nacional de Literatura en Colombia en 1995.
Después de mi viaje a Israel, y de una detención preventiva que sufrí en ese país, regresé a Bogotá y sufrí una crisis muy profunda con ese tipo de escritura tan pulida, tan limpia, tan sublimada, tan sin mácula. Me dije entonces que no quería escribir para ser aceptado por los círculos académicos e intelectuales, sino que quería descender a las profundidades de la contemporaneidad y ensuciarme con todo lo que me encontrara en el camino.


Scorpio City (1998)

Durante los años 1993 y 1994 me vinculé a los grupos de recicladores de basura de la calle del Cartucho, donde vivían muchos de los indigentes radicales de Bogotá. Los grupos mal llamados de limpieza social habían asesinado a cientos de ellos por esos años. Esa calle era una cicatriz vergonzosa que cruzaba nuestra ciudad. Poco a poco se me fue haciendo muy claro que a mí me interesaban narrativamente las fuerzas centrífugas de una sociedad, es decir, las fuerzas que van hacia el borde, hacia la frontera, hacia los límites. Las fuerzas que van hacia el centro, las centrípetas, las del éxito, el dinero y el poder, entre otras, no me atraían para nada. Así que, después de escuchar una noche una conversación en un bar de mala muerte, tomé notas sobre un personaje que, como un ángel caído, descendería a los infiernos de la ciudad para purificarla. Ese personaje es Leonardo Sinisterra.
Mis padres tutelares durante este tiempo fueron Paco Ignacio Taibo II y Rubem Fonseca.


Relato de un asesino (2001)

Hasta el año 2000 yo estaba dividido entre la academia y la creación. Es una división esquizofrénica que resta convicción y seguridad en sí mismo. Entonces renuncié a una década de vida universitaria y me encerré a escribir mi primera novela como profesional. Eran sesiones de doce y catorce horas de trabajo al día. Muy agotador. Quería entrar a la ciudad desde la perspectiva de la psicopatología criminal.
En esta novela le presté mi niñez y mi adolescencia al protagonista para que encarnara mejor, para que tuviera tendones y músculos de verdad, para que el lector lo sintiera más próximo, más real. Supe desde el principio que esta novela y la siguiente (Satanás) conformarían un díptico sobre la ciudad, un diagnóstico psiquiátrico de nuestra época.
Es curioso, pero recuerdo esos años de escritura febril como un encierro perfecto, como si me hubiera convertido en un monje de clausura. Durante dos años no hice nada más que escribir de día y de noche, poseído, alucinado, escuchando voces y tropezándome con los personajes en los cuartos y los pasillos de mi apartamento de entonces.


Satanás (2002)
             Desde la matanza de Pozzetto en 1986 yo había intentado narrar esta historia y no había podido. El hecho de haber estudiado en la misma universidad con el asesino, Campo Elías Delgado, y de haber sido su compañero de tesis, me daba una visión privilegiada de los móviles internos. La violencia colombiana es de otro tipo: narcotráfico, paramilitares, guerrilla. Pero un asesino serial culto, sofisticado, con intereses creativos, no es la regla sino la excepción. Desde ese año yo supe que estábamos ingresando en otra época, en la Edad del Descontrol y la Locura, y supe también que la historia de la ciudad acababa de ser partida en dos. A partir de entonces seríamos personajes amnésicos, catatónicos, maniquíes atiborrados de sedantes y antidepresivos.
Es curioso que la crítica no ha señalado la cercanía de esta novela, sus coqueteos con el melodrama televisivo, el cómic y el cortometraje gótico. No porque yo esperara que sobre este libro se hiciera una película (como especulan algunos), sino como formas populares de expresión que apuntan a un inconsciente colectivo muy rico en matices inexplorados por la novela tradicional.
Este fue el libro que me dio una plataforma más sólida gracias al Premio Biblioteca Breve Seix Barral en el año 2002.


Una escalera al cielo (2004)
Después de un premio internacional fue muy riesgoso publicar un libro de relatos. Todo el mundo me anunciaba un fracaso seguro. No fue así. Los personajes de este libro los fui recogiendo a lo largo de los años, los tenía anotados en una libreta y sabía que algún día trabajaría sobre ellos. Se trata de una serie de individuos que son arrastrados a un destino delirante y salido de lo normal. Otra vez quise viajar por la frontera de lo social y capturar vidas que por su singularidad nos iluminaran a todos los demás. Algunos críticos creen que a mí me interesa la marginalidad económica, los bajos fondos, la miseria como una forma de denuncia. Es un error de apreciación grave. Me interesan aquellas fuerzas que nos sacan del conglomerado social, de la rutina, de la costumbre donde la masa cumple con sus labores y ahorra y tiene hijos y se enferma y muere. Hay fuerzas de borde, energías sutiles que nos obligan a viajar por intersticios desconocidos. Todos los personajes de este libro son viajeros que se lanzan a dimensiones desconocidas de la realidad.


Cobro de sangre (2004)

Esta es una de mis novelas preferidas. La escribí en un estado de trance, sin darme cuenta siquiera de qué día era o cuántas horas invertía en ella. Nunca he sido capaz de un happy end a lo Hollywood. Hay algo inmoral en un final feliz. Sin embargo, en este libro supe desde el comienzo que, aunque la historia terminaría en el desierto de la Guajira, en medio de una soledad demoledora y de una miseria absoluta, el personaje sería capaz de una afirmación de la vida a tope, a todo trapo, y supe también que pegaría un alarido de vitalidad extremo.
Durante los primeros capítulos creí que era una novela sobre el problema de los militantes políticos de izquierda, sobre su persecución y exterminio por parte de fuerzas paraestatales, sobre sus atentados y venganzas. No obstante, sin darme cuenta, no sé en qué momento el libro se me fue convirtiendo en una historia sobre la culpa, sobre cómo elaborar y superar un arrepentimiento demoledor y tiránico. El protagonista debe aprender a perdonarse, a ser indulgente consigo mismo y a no tomarse tan en serio.
Como dato curioso, esta novela fue publicada cuando el país estaba radicalmente decidido a derrotar militarmente a la guerrilla, y, en una lectura política paranoica, fue mirado de reojo, con sospecha, y finalmente rechazado.


Los hombres invisibles (2007)

Esta novela es la fusión de un realismo urbano descarnado que había caracterizado mi obra hasta entonces, y mi fascinación por la novela de aventuras, por el viaje como una ética y una estética. El personaje que viaja hacia la selva en busca de la tribu de los Nukak Makú encarna a los viejos aventureros que van más allá de los límites establecidos. En esta ocasión las fuerzas centrífugas son tan intensas que el viajero atraviesa los muros de la ciudad y sale a la conquista de un territorio agreste, desconocido y brutal: la selva. Era inevitable no evocar durante la escritura de este libro a Arturo Cova, el personaje de La Vorágine, que finalmente es devorado por las fuerzas de la naturaleza. Sin embargo, la verdadera influencia es 4 años a bordo de mí mismo, esa extraordinaria y rara novela de Eduardo Zalamea Borda cuyo subtítulo es Diario de los 5 sentidos.
Vale la pena resaltar que, en su viaje por la jungla colombiana, este personaje se tropieza con los campos de secuestrados de las FARC, con sus torturas y sus horrores. Entonces ese país que estaba en pie de guerra contra semejantes atrocidades celebró que ellas aparecieran en esta novela y, a diferencia de lo que le pasó a Cobro de sangre, lo acogió con beneplácito e incluso con admiración. Sobra decir que si antes me habían tachado de izquierdista y terrorista, esta vez me calificaron de derechista y de intelectual útil a la causa paramilitar. Disparates de unos comentaristas atrapados en sus propios delirios y temores.


Buda Blues (2009)

La escribí como una novela de anticipación, como una especie de texto urbano futurista, como esos cómics donde en lugar de alienígenas aparecen los escasos sobrevivientes de un Apocalipsis que arrasó con la humanidad. Siempre había querido escribir sobre una corriente de los anarquistas contemporáneos, los llamados anarco-primitivistas liderados por el matemático terrorista que vivió años en una cabaña de Montana sin luz, ni agua, ni teléfono, ni seguro médico, ni sueldo ni nada: el famoso Unabomber, Theodore Kaczynski. Lo que hice entonces fue mezclar esta figura, y la de sus seguidores a nivel mundial, con una historia bogotana de la cual fui testigo de primera mano. El resultado fue una especie de pesadilla urbana apocalíptica que me encantó porque daba en el centro de algo que intuí en un viaje a la India en 2008: que el futuro del capitalismo no es nada halagador y que las grandes condensaciones de las fortunas generan inevitablemente una multiplicación de la miseria. La novela, entonces, busca navegar por esas aguas subterráneas donde los anarco-primitivistas pretenden tumbar ese sistema que ellos consideran injusto, despiadado y brutal. El problema es que al hacerlo se convierten ellos mismos en asesinos sin control.
De nuevo, como en los casos anteriores, algunos comentaristas (siempre los mismos) me tacharon de izquierdista furibundo y de haber creado un pastiche, una amalgama irreconocible, sin forma ni sustancia. Creyeron que se trataba de denuncia social y no de una novela de anticipación apocalíptica. En cambio, en España los periodistas culturales sí la leyeron desde esta óptica, quizás porque la propia crisis de la sociedad del bienestar europeo, las marchas, las protestas, las huelgas y la caída de la clase media los preparó bien para ello. Me alegró que la novela quedara de finalista para el famoso premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón.


La locura de nuestro tiempo (2010)

Este libro se me cruzó de manera transversal y no estaba en mis planes. Quería regresar a la brevedad, a esos textos de una página en los cuales hay que dar en el blanco en muy pocos renglones. El objetivo, aparte de intentar un diagnóstico de época (la depresión, la esquizofrenia, la obsesión,  la manía como resultados inevitables de este ritmo de vida insulso y sin sentido), era mostrarle al lector que para un escritor no existe ninguna diferencia entre la realidad y la ficción. Poco a poco la escritura va creando ella misma una realidad paralela, un mundo propio, un intermedio, un fractal que se puede demostrar matemáticamente con facilidad. Como las sacerdotisas primitivas, las pitonisas de los oráculos antiguos, las brujas medievales o los chamanes de las distintas tribus alrededor del globo, el escritor está enchufado a otras dimensiones, es un individuo que vive en planos alternantes, una conciencia que está aquí pero que  al mismo tiempo está siempre en otra parte. Por eso mismo no tiene identidad, es una multiplicidad en vértigo permanente.


Apocalipsis  (2011)




Esta es una novela que cierra el círculo iniciado en La ciudad de los umbrales. La mayoría de mis novelas tienen finales abiertos: un tipo abandonado en la Guajira (Cobro de sangre), un criminal en una clínica psiquiátrica (Relato de un asesino), un aventurero en un leprocomio en mitad de la selva (Los hombres invisibles) o dos amigos que se van a encontrar en una favela de Río de Janeiro (Buda Blues). Bien, en este libro se muestra que todos ellos se conocían, que son más o menos de la misma generación y que su destino fue precisamente llevar la contraria, rebelarse, resistirse, negarse a hacer parte del horror circundante. Hay una fuerte conexión con las anteriores novelas. Son esos muchachos que vagabundean por la ciudad los que más adelante escribirán todos estos libros. Y aquí, en esta novela final, nos enteramos de sus vidas secretas y de los verdaderos motivos que los condujeron al exilio, a la locura o a una muerte sin remedio.
Esto anula la idea de un yo, de un solista que canta de la mejor manera que puede, de un escritor que expresa una determinada visión de mundo. Se trata más bien de un colectivo, de un coro, de una multitud. Lo que me rige no es la frase de Rimbaud, Yo es un otro (Je est un autre), sino la frase de Satán en las Sagradas Escrituras: yo soy legión porque somos muchos. Los que han escrito mis libros son diversos seres fantasmales que me han habitado con un propósito extraño: dejar constancia de la demencia de este tiempo miserable. A estas presencias misteriosas las he bautizado como mis Perros Salvajes.
APOCALIPSIS es no sólo un diagnóstico de época, sino una idea que cruza toda mi obra desde el comienzo, una intuición que poco a poco se va confirmando. No progresamos, la idea del progreso en decimonónica, caduca. Después de Auschwitz y de Hiroshima y Nagasaki está claro que estamos extraviados. La Modernidad hizo todo muy mal. Y las consecuencias saltan a la vista: caos general, depresión, angustia, sinsentido, suicidios, guerras, hambrunas, devastación a diestra y siniestra. Y ese primer mundo que se sentía seguro y fuerte ahora se sabe frágil y vulnerable. APOCALIPSIS. Una sola palabra que define la contemporaneidad y que define mi obra al mismo tiempo. Creo que es breve, contundente y magnífica.



La importancia de morir a tiempo (2012)






El título tiene que ver con dos ideas que han cruzado mi obra. La primera: morimos muchas veces a lo largo de la vida. Hay que aprender a morir y nadie nos enseña eso. Hay momentos en los que uno cree que está al final de algo que debe dejar atrás. También está la idea del morir físico, hay que aprender a morir. No nos enseñan dos cosas fundamentales: a amar y a morir. Y son dos momentos cúspide. Somos analfabetas en ambos. El libro está atravesado todo el tiempo por la fuerza del amor y la fuerza de la muerte.
A lo largo de las novelas y libros de cuentos, siempre he sentido que intento aprehender la época, entrar en el presente con toda su fuerza, pero me quedan aristas pendientes, costados de la realidad a los que no alcanzo a llegar. Voy tomando notas, guardando textos breves para trabajar después sobre estos temas. De pronto veo que en ellos está el corazón palpitante de una época, algo que no está en los libros, pero que es significativo.
Quienes crecimos en una generación sin Internet, sin celulares y sin acceso a cierta tecnología teníamos un concepto de lo real muy distinto. Hoy, hemos ingresado en realidades paralelas. Eso ha producido un imaginario contemporáneo distinto. Este libro es el deseo de entrar a este tiempo y empezar a mirar historias individuales sobre lo que está pasando aquí y ahora. Así, entre trastornos psiquiátricos, alucinaciones, delirios, religiones y fechas apocalípticas, le tomo la temperatura a nuestra época.



Mi extraño viaje al mundo de Shambala (2013)







Felipe es un niño de 10 años. Pertenece a una familia de clase media y sus padres están en proceso de separación. La novela comienza, justamente, cuando él se siente más solo y un poco perdido en la vida. Entonces llega a la casa un cachorro pastor alemán, Elvis, y se entabla entre ellos dos una hermandad inquebrantable.
Felipe tiene un tío materno, Pablo, que es historiador y arqueólogo. El tío lo invita un fin de semana a Villa de Leyva, donde tiene que investigar unos manuscritos descubiertos en unas cuevas en el desierto de La Candelaria. Pipe conoce por primera vez los monasterios de la zona y es testigo de las excavaciones donde unos curiosos papiros aparecen enterrados en la arena. Mientras tanto, la gente del lugar habla de visitantes misteriosos, de ángeles de otro mundo que cruzan el desierto en las horas de la noche.
En un momento dado, uno de los monjes del convento de La Candelaria le da unas indicaciones a Felipe y le dice que lo están esperando, que es muy importante que acuda a ese llamado. Pipe ingresa por una de las tumbas del convento a otro mundo, a una ciudad subterránea donde un pueblo muy sabio ha vivido allá abajo en secreto. Los ancianos de la Confederación de Agartha le hablan de cómo la humanidad se está destruyendo paulatinamente. Le muestran unos hologramas con ciertas historias que le cambiarán su vida para siempre. Y le encomiendan una misión: transmitir un mensaje que salvará a muchos.
Pipe regresa al mundo exterior por una tumba del monasterio del Ecce Homo. No sabe qué hacer. Durante semanas cree que la misión lo desborda, que él es un niño común y corriente, que no podrá difundir ese mensaje, que no logrará dar la voz de alerta. Habla con una amiguita, Mafe, y le cuenta su viaje y sus aventuras en ese mundo subterráneo. Ambos deciden escribir un libro y publicarlo. Y abrir un blog para estar en contacto con los niños que lean el libro.
Este es el primer volumen de una serie en la que Pipe y Elvis viajarán a descubrir los misterios de una América Latina profunda y aún desconocida. En el segundo libro irán a Cuzco, el corazón del mundo antiguo, y un chamán les transmitirá un mensaje para que vayan a Machu Pichu, donde los recogerán en secreto para conducirlos esta vez a una dimensión cósmica.

Alguna vez estuve en un hospital, a los 7 años, desahuciado. Pasé meses allí metido. Los libros me salvaron. Creo que, de algún modo, escribo esta serie para ese niño que lee largas horas en su cama de hospital.


La Colonia de Altair (2013)






Durante la década de los setenta, según una leyenda urbana, desaparecieron varios científicos europeos. No dejaron rastro alguno. Muchos creyeron que se trataba de una fuga de cerebros al extranjero, principalmente a Estados Unidos. Después surgió una versión inquietante: habían sido elegidos para dirigir una expedición secreta a otro mundo. El objetivo era alcanzar un planeta muy similar a la Tierra y fundar allí una colonia humana. Según los cálculos de algunos investigadores, el crecimiento de la población agotaría los recursos energéticos, los alimentos, el agua, todo. Por eso era importante empezar a crear bases humanas en otros mundos. Una de esas expediciones secretas se llamó Alternativa 3. Después de la Segunda Guerra Mundial algunos experimentos, como el Proyecto Filadelfia, confirmaron que era posible ya desplazarse por el espacio de un modo más audaz y veloz.
En esta segunda aventura, Felipe viajará junto a su fiel Elvis a Cuzco, en Perú, y recorrerá las ruinas de Sacsayhuamán, los monolitos de Ollantaytambo, y observará de cerca unas extrañas momias que parecen de seres venidos de otros mundos. También visitará a un chamán en el pueblo de Huasao, y ese indígena misterioso le revelará las claves de su destino.
Finalmente, después de un largo ascenso a Machu Pichu, en La Montaña de los Astrónomos, será contactado y transportado a una colonia humana en el remoto planeta de Altair. Allí tendrá que ser testigo de los logros alcanzados por los expedicionarios, pero tendrá que experimentar también en carne propia los grandes errores y las atrocidades más delirantes cometidas con los uznaki, el pueblo aborigen de este lejano rincón del universo.


Lady Masacre (2013)




Frank Molina es un periodista alcohólico, bipolar, que un día cae en desgracia y es despedido del periódico luego de un gran escándalo. Ha trabajado en judiciales y sólo se le ocurre abrir una oficina como detective privado en el barrio 7 de Agosto. Pasan los días y le llegan casos irrelevantes que no le interesan. Hasta que una tarde una mujer elegante y distinguida solicita sus servicios para investigar un crimen. Se trata de un asesinato extraño en el que hay varios misterios por resolver. Frank acepta.
Detrás del caso aparente hay un caso oculto, una historia de amor por una mujer que pertenece al país profundo, una serie de traiciones, corrupción política, trampas, masacres a la luz de la luna en fincas de terratenientes que han vendido la escasa conciencia que les quedaba. Frank va ingresando en un laberinto, en un túnel subterráneo que lo conduce cada vez más a un callejón sin salida. Entra en una de sus crisis maníacas y es internado en una clínica psiquiátrica. Desde allí, delirante, psicótico, rodeado por suicidas y esquizofrénicos, ahonda aún más en ese país febril que no tiene ningún principio de realidad fijo.
Al final, resuelve el caso, pero no triunfan las fuerzas del bien, ni hay expurgación ni purificación. En un mundo enloquecido un final feliz sería inverosímil.






Traducciones






7 comentarios:

  1. Estimado Señor Mendoza, hay un personaje en sus obras que me ha cautivado y es el de José en Escalera al Cielo en el cuento Revolución, con su entrañable causa de generar una "Revolución Sexual y Gastronómica" humildemente me atrevo a sugerirle un escrito dedicado a José y su maravillosa manera de recrear el mundo que suele ser esquivo para aquellos que por ratos sufrimos ceguera causada por la rutina y la tímida decisión de vivir. Un afectuoso saludo, Natalia Neme.

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  2. Pues como te parece Natalia que estoy completamente de acuerdo y me uno a tu sugerencia... ese cuento de la Revolución es inolvidable exactamente por esto que mencionas: una mirada distinta. Un saludo Mario.

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  3. Maestro. Llegué a tus libros por que mi hijo me recomendó la lectura de tu libro Colombia Paranormal. En menos de un año hemos comprado otros 3 más como cobro de sangre, una escalera al cielo y Satanás.

    Gracias por acercarte a los jóvenes en los colegios y darles otra óptica del mundo. Gracias por ayudarles a salir de un mal tan común hoy en día que te he escuchado mencionar un par de veces conocido como analfabetismo funcional. Un saludo, maestro.

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  4. Maestro. Llegué a tus libros por que mi hijo me recomendó la lectura de tu libro Colombia Paranormal. En menos de un año hemos comprado otros 3 más como cobro de sangre, una escalera al cielo y Satanás.

    Gracias por acercarte a los jóvenes en los colegios y darles otra óptica del mundo. Gracias por ayudarles a salir de un mal tan común hoy en día que te he escuchado mencionar un par de veces conocido como analfabetismo funcional. Un saludo, maestro.

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    1. Gracias por sentir ese compromiso con la lectura, la llave maestra que nos abre la puerta a otros mundos... Saludos, MM...

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