25 nov. 2013

El escritor caníbal





Se trataba de un estudiante japonés más, bajito, medio enclenque, que había llegado a París a comienzos de los años ochenta a estudiar literatura europea. En sus años de colegio había mostrado un nivel de disciplina y de dedicación a la lectura muy riguroso. Se sentía atraído no por las mujeres japonesas, coreanas o chinas, sino por las jóvenes parisinas, holandesas o inglesas, con sus largas melenas y sus ojos bien ovalados. Esa atracción se le fue convirtiendo poco a poco en una obsesión, en un delirio. Su nombre: Issei Sagawa
Me imagino la vida de Issei un poco solitaria, entre libros, en las bibliotecas, caminando por las calles con las manos entre los bolsillos mientras pensaba en sus poetas y sus narradores preferidos. Sentía predilección por los autores ingleses. Su especialidad era la literatura de la vanguardia europea, esas corrientes cercanas al Surrealismo que surgen en el período entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
Una de sus compañeras de clase destaca entre las demás: Renée Hartevelt. No sólo porque es bella, habla tres idiomas y demuestra una fina inteligencia salida de lo normal, sino porque es alta, robusta y sus músculos bien marcados atraen a Issei de un modo irracional. Salen algunas veces como compañeros de clase, charlan, deambulan juntos por los campos de la universidad. A ella su nuevo amigo japonés le parece alguien culto, educado, erudito, pero no sospecha lo que su macabra sensibilidad esconde.
Una noche Issei invita a comer a Renée y ella acepta gustosa. Seguramente creyó que se trataba de una cena entre colegas, para compartir bibliografía y para ahondar en ciertos temas tratados en los cursos. Issei le declara su amor con vehemencia y afirma que no puede seguir ocultando más sus sentimientos. Renée lo frena y le aclara que no se siente atraída por él y que es preciso que la relación se quede en el plano de una buena amistad y nada más. Issei calma la situación y sirve dos tazas de té. Le pide a ella que por favor lea un poema mientras tanto. Ella acepta, y cuando está concentrada en la página, de repente, él saca un rifle calibre 22 y le pega un tiro en la nuca. La mata sin piedad alguna.
Luego viene la escena más macabra. Tiene sexo con el cadáver de la joven recién asesinada y decide trozar algunas secciones de su cuerpo para devorarla poco a poco.
Hay que aclarar que el episodio caníbal tiene muchas variantes: intenta arrancar pedazos de sus muslos a mordiscos y se da cuenta de que la carne humana es muy resistente. Luego la corta en tiras finas, como un sushi. La grasa humana no le gusta, se siente comiendo una especie de atún sin cocinar. Con un cuchillo eléctrico corta el resto del cuerpo y lo guarda en un refrigerador. Condimenta con mostaza y pimienta, come trozos grandes de carne cruda también, degusta, paladea.
El rito caníbal dura dos días seguidos. El cuerpo de Renée es ingerido en desorden, pedazo a pedazo. Finalmente, Issei mete el resto del cadáver en una maleta y lo echa a un lago en el bosque de Bolonia. Pero unas horas después la maleta flota y una pareja que recorre el lugar ve que de ella sobresale, como en una película de terror, una mano de dedos afilados.
Las autoridades parisinas capturan a Issei y después de un juicio es declarado como un individuo insano mentalmente. Lo meten en un psiquiátrico. Cumple unos cuantos meses de reclusión durante los cuales anota: “Estar allí fue un infierno, todos estaban locos”.
Gracias a una artimaña médica y a la influencia de su padre, que es un hombre adinerado y poderoso, es deportado a Japón y al poco tiempo sale libre. Como no tiene cargos en su país, y en Francia se le consideró deportado para cumplir su pena en otra nación, es liberado. Escribe un libro en el que cuenta su historia, poemas, varias cartas, se dedica a pintar desnudos de mujer.

Lo increíble de la historia del escritor caníbal es que hoy en día es considerado en su país una especie de artista superestrella. Sale en programas de televisión, es protagonista en guiones de películas y en obras de teatro, escribe comentarios culinarios para ciertos restaurantes y hasta los Rolling Stones escribieron una canción inspirados en su caso: Too Much Blood. 
Pero allá, al fondo de ese rostro mezquino y de mirada huidiza, se percibe cierto aburrimiento, cierto cansancio consigo mismo. No debe ser fácil ser Issei Sagawa.

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Quiero solamente aclarar que la siguiente página de Facebook no está administrada por mí ni por nadie vinculado a las editoriales con las que trabajo: Editorial Planeta y Arango Editores.

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18 nov. 2013

La alegría de ser nadie





En medio de un sistema capitalista que promulga a voz en cuello el camino de la auto-satisfacción, los cursos de coaching y liderazgo siempre me han parecido muy perniciosos. Reforzarle a alguien el ego hasta el punto de hacerle creer que es un ser especial que ha nacido para grandes cosas es empezar a destruirlo con un narcisismo perverso que lo conducirá poco a poco al endiosamiento de sí mismo. Tú naciste para algo grande, tú no eres cualquiera, tú serás un faro en medio de la oscuridad, tu destino es dar órdenes y dirigir el rumbo de los demás. Nada más dañino y perverso que el discurso del éxito, del triunfo, de “tú no eres un perdedor”. Lo que el sistema necesita es justamente eso: ponerlos a todos a competir, a darse codazos, a pisotear a los demás sin miramientos de ninguna clase, a convertirlos en bestias y atacarse a dentelladas. El sistema se alimenta de esa actitud mezquina con respecto al otro. Yo estoy aquí para dar órdenes. Yo tengo que ascender. Mi destino es ser el jefe.
Lo que en realidad necesitamos es exactamente lo contrario: cursos de humildad. No estás por encima de los demás, haz la fila como todo el mundo, la ley también es para ti. Correr detrás de un ego henchido fatiga mucho, consume mucha energía, deprime. En cambio, dejar el ego a un lado tranquiliza, relaja, permite disfrutar de la compañía de los otros. Hacer una carrera brillante, alcanzar grandes cumbres, figurar, hacer un capital, todo eso conforma un paquete completo que el sistema nos pone sobre los hombros de un modo angustiante. Dejando el ego a un lado se quita uno de encima semejante fardo y queda ligero de equipaje. Es entonces cuando nos damos cuenta de que no hay mejor modo de encarcelar a alguien que ensalzarlo mucho, porque el otro queda preso de inmediato en unas expectativas que le imponemos como cadenas. Desilusionar es una forma exquisita de libertad.
A veces, después de una conferencia o durante una firma de libros, se me acerca algún neófito a decirme que él o ella también serán famosos algún día, que darán de qué hablar. Y siempre me da tristeza que me digan algo así. Porque significa que lo que los atrae de la literatura es creer que sirve de trampolín para sus egos henchidos. La obra se construye arrastrado por fuerzas misteriosas que están muy lejos de la importancia personal.
La literatura nos enseña lo contrario de lo que fomenta y patrocina el capitalismo. La lectura de ficción es toda una lección de democracia. La historia de Don Quijote, por ejemplo, es, ante todo, la historia de un lector. Un lector que de tanto leer libros de caballería andante decir convertirse él mismo en un caballero andante. Un lector que no quiere demostrar cultura, un lector que no quiere posar en público sobre los libros que ha leído ni tampoco escribir sobre ellos. Un lector que desea fervientemente, y ante todo, vivir lo leído. Y ensilla su viejo caballo, abre la puerta de su granja y sale a experimentar en carne propia todas las imágenes anheladas a lo largo de sus múltiples lecturas. Se trata de un ejercicio de la voluntad: cómo transformar lo real mediante el lenguaje verbal, cómo lograr que las palabras modifiquen nuestra inmediatez.
Es por eso que el cura y el barbero terminan diagnosticando la peligrosidad de la literatura. Se considera que los libros tienen en sí mismos una fuerza que puede subvertir lo real, torcerlo, agujerearlo, metamorfosearlo. La lectura es un mecanismo de transformación profunda de sí mismo y del mundo circundante. Leer es peligroso porque el que lee es muchos, escinde la identidad e ingresa en la multiplicidad. El que lee se reproduce en el espíritu, se desdobla, deviene íncubos y súcubos, aprende metamorfosis prohibidas. El que lee es Rodia Raskolnikov, es Emma Bovary, es Meursault, es Aureliano Buendía, es Héctor Belascoarán Shayne.
Leer es un ejercicio de democracia porque se trata de ingresar en el otro, de pensar desde el otro, de sentir con el otro, de ser otro. Y eso atenta contra las reglas de la identidad, del yo productivo capitalista, del narcisismo económico, del egocentrismo que predica el éxito de un yo todopoderoso. Leer es un ejercicio de emancipación y de resistencia civil en contra de ese yo centrípeto que pretende la glorificación del triunfo individual.

Cuando he sido muchos, cuando he estado en el pellejo de los otros, cuando he sentido de cerca el dolor y la alegría de mis hermanos, cuando he dejado ya de creerme alguien superior a los demás, estoy preparado entonces para trabajar en equipo, para hacer cooperativismo, para unirme a ellos en un abrazo fraterno de esfuerzo compartido. Cuando he dejado de mirarme tanto en el espejo estoy listo para mirar el mundo. Es ahí cuando puedo comprender los ideales de la Revolución Francesa: igualdad, solidaridad, fraternidad. Los demás no están ahí para que yo les dé órdenes, sino para luchar y compartir a su lado hombro a hombro. 
     Por algo Ulises, en La Odisea, decide en un momento crítico llamarse Nadie. No hay estrategia más lúcida y noble que ésa.

4 nov. 2013

Crononautas





Y bueno, acaba de salir el tercer volumen de la saga juvenil, Crononautas. Para este libro hicimos un trabajo de campo en México y Guatemala. Viajamos a Teotihuacán, a la Isla de Flores y luego hasta Tikal, la última gran ciudad maya hacia el sur, un lugar imponente, salido de lo común, fuera de serie. Algunas de las escenas de Apocalypto, la película dirigida por Mel Gibson, fueron tomadas en estas magníficas ruinas. Luego cerramos la travesía en Antigua, a una hora y media de Ciudad de Guatemala. En sus calles empedradas, en sus conventos, plazas y casas coloniales sucede una de las escenas más cautivantes de este relato.
Yo estoy muy contento porque nos habíamos prometido con el equipo de Arango Editores que tendríamos los tres primeros volúmenes de la saga antes del cierre de año. Y así fue. Hemos cumplido. La idea no es sólo crear un imaginario latinoamericano para nuestros muchachos, mostrarles que nadie ha descubierto todavía América, sino preocuparnos por algo que no está en la educación formal: cómo forjar el carácter. Las aventuras de Felipe van acompañadas de una vida psíquica muy rica que debe someterse a una serie de duras pruebas.
Una cosa es la formación del intelecto, y otra muy distinta la de la templanza. Para enfrentar la vida necesitamos de ambas. Y la segunda depende de cierta habilidad para transformar el sufrimiento en fuerza interior. No sólo es clave ir entrenando la capacidad de aguante, sino cómo convertir los obstáculos en plataformas de lanzamiento, como capitalizar el dolor en fuerzas positivas. Toda la saga está atravesada por esta idea. Los que no tienen poder interno lo buscan por fuera de sí, invierten buena parte de sus vidas pensando en el éxito, en el reconocimiento, hacen relaciones públicas, trepan, dan codo, viven obsesionados con su belleza, su dinero o su inteligencia. Los que se han forjado internamente no necesitan alardear de nada. Y El Elegido de Agartha es la historia de cómo un niño va aprendiendo esta sabiduría muy lentamente y con mucho esfuerzo. De ahí que me enorgullezca tanto de mi protagonista.

A continuación les copio la contracarátula:

“En enero del año 2021, en uno de los distritos de Bangkok, una familia campesina cae enferma y es llevada al hospital. Más tarde, dos enfermeras y un médico se contagian y son aislados en cuarentena.  Una investigación confirma que se trata de un virus de influenza aviar. El gobierno tailandés intenta frenar el contagio, pero ya es tarde: aparecen enfermos en el aeropuerto de Bangkok, y ese es el comienzo del desastre. La pandemia se extiende por el mundo entero.
En esta ocasión, desde una pirámide en la antigua ciudad maya de Tikal, en medio de una tormenta, Pipe y Elvis se convertirán en Crononautas, es decir, en viajeros del tiempo. Un chamán les enseñará a viajar primero al pasado, a la época de la peste, donde los está esperando un médico llamado Michel de Notre Dame.

Luego serán transportados al futuro para llevar una muestra biológica que salvará a los hombres del exterminio final. El mundo es ahora un lugar sombrío, hay terremotos y tsunamis, los volcanes explotan y las calles son atravesadas por enfermos moribundos que parecen zombies. Sin embargo, Pipe y Elvis tienen una misión: ayudar a elaborar una vacuna que salve a la humanidad. Son los portadores de la última esperanza.”