2 dic. 2013

La fortaleza de los feos





Cuando era niño, después de una estancia en la clínica por siete meses, tuve que volver a aprender a caminar. Quedé enclenque, torcido, con las piernas atrofiadas. Mi espalda se curvó de mala manera, y esa malformación se empeoró aún más con el paso de los años. De ahí mis problemas de columna hoy en día. Lo cierto es que durante dos cursos seguidos pertenecí al bando de los endebles, de los lisiados, de los que estaban eximidos de cualquier actividad deportiva en Educación Física. Mi cuerpo era un desastre por aquel entonces.
Es importante aclarar que cuando uno es un niño jorobado y contrahecho no se lee de la misma manera que leen los niños sanos. De hecho, se lee exactamente al revés. La mayoría de los relatos infantiles están diseñados para que nos identifiquemos con el príncipe o la princesa, que deben superar ciertas pruebas para lograr al final quedarse el uno junto al otro. A mí esos personajes siempre me importaron un cuerno, me parecían ridículos, cursis, idiotas, brutos, incompetentes, consentidos, amanerados. Me identifiqué, en cambio, con los sapos, los brujos, los generales malvados del reino, los enanos, el lobo feroz, los monstruos que vivían en cavernas y en sótanos malolientes, en fin, toda esa caterva de seres oscuros y feroces que intentaban sobrevivir en un mundo de hipócritas socarrones que siempre se las ingeniaban para triunfar con sus caras hermosas y angelicales.



Recuerdo bien que para mí todos los cuentos terminaban mal: el triunfo de Caperucita o de Blancanieves me deprimía días enteros. ¿Por qué los autores no se apiadaban jamás de la bruja ni del lobo feroz? ¿No se daban cuenta de que para un individuo pobre y feo, vivir en un mundo de millonarios bien vestidos con la nariz recta, los ojos azules y el cabello rubio era no sólo difícil, sino imposible? ¿Y qué hacía uno cuando tenía el cabello crespo, la piel oscura, los ojos negros y la nariz larga y torcida? ¿Y cuando era pobre, cuando no pertenecía a la familia real ni su padre era un aristócrata? Así era la forma delirante y obsesiva de mis lecturas. Ahora que lo pienso, se trataba de una lectura eminentemente política: ¿Cuándo iban a triunfar los desposeídos del mundo, los feos, el pueblo que vivía lejos del castillo?
Caminaba torcido, escorado hacia la izquierda (aún lo hago), y eso significó más adelante que la ropa me quedara un poco más holgada de ese lado. Los zapatos los desgastaba en la parte externa, hacia el empeine, tal vez por una ligera inclinación de mi cuerpo para poder transportar la desviación de la columna vertebral. Y como todos los seres deformes, yo odiaba los espejos, esos objetos abyectos que me regresaban mi figura inmunda y repulsiva. Aún los detesto, como aborrezco las fotografías. No hay nada que me agreda más que una persona enfocándome con su cámara o su celular. Cuando algún lector me pide que nos tomemos una fotografía, siempre me digo mentalmente: “Tranquilo, la foto saldrá bien no por ti, sino por ella o él”. Nunca pude identificarme con mi verdadera imagen. Y en la medida en que vengo envejeciendo, esa impresión es aún peor.
A diferencia de ciertas mujeres hermosas que siempre buscan vitrinas o ventanales en los cuales puedan apreciar sus cuerpos esbeltos y esculturales, yo rehúyo los objetos construidos en metales brillantes, los vidrios o cualquier espejo que esté en los baños de las casas o en los corredores de los centros comerciales. Ese individuo inclinado y desproporcionado que se llama Mario Mendoza no sólo me disgusta, sino que me indigna, como si una parte de mí se negara a aceptar la realidad rechazándola de manera vehemente y creyendo en su fuero interno que merecía un cuerpo y un rostro normales, como los de la mayoría de las personas.

Y es increíble que aún sea así. El otro día estaba viendo una versión televisiva de los hermanos Grimm, y el príncipe me pareció un imbécil que de la noche a la mañana se convertía en un héroe. En cambio, el gigante Hans, viviendo solo en el bosque, junto a su pantano, me pareció un tipo espléndido. Siempre he admirado el coraje y la fuerza de los feos, de los excluidos, de los solitarios. Ni modo. Me parecen muy superiores.


14 comentarios:

  1. Si es que algún día llego a tener un hijo, y nace como lo que esta sociedad considera feo (que por mi parte tendría el 50% de probabilidad de eso) y a cierta edad se de cuenta de que no es bonito, no intentaré convencerlo de lo contrario, no le ayudaré a mejorar esa imagen. Buscaré aprovecharme de eso, de hacer que en vez de que tenga conversaciones con sus amigos de quien tiene los mejores tenis este encerrado en su habitación leyendo libros. Intentaré evitar que en su adolescencia busque tener la novia mas linda del colegio y pasar horas con ella chateando y en vez de eso este escribiendo sus primeros cuentos. De que no se preocupe de que peinado hacerse, de que no se mire en cada espejo que ofrece la ciudad, en ventanas de buses o almacenes para revisar si su traje esta bien acomodado y su corbata ajustada, su pelo en el lugar correcto. De que sus conversaciones no se basen solamente en escándalos de farándula y quien se levantó la mejor vieja y quien no. Tal vez así, evitando todo eso, algún día también pueda llegar a ser el mejor escritor del país.

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    1. Escritor, pintor, músico, carpintero... Que haga lo que quiera lejos de toda presión, y que, ante todo, haga lo que le guste y sea feliz con ello... Bella entrada... Saludos, MM.

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  2. El gran Mario Mendoza: un ser de una hibridez espiritual, a mitad de camino entre la belleza y el horror, el amor y el odio, la tolerancia y la animadversión. Parece un espectador que puede contemplar dos espectáculos simultáneos: el cielo de los dioses y las profundidades del infierno. Es, por eso, en esta dualidad donde se debate y desde la cual nos arroja, arrebatado por la alienación, aunque con método y rigor científicos, sus informes pesadillescos.

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    1. A medio camino entre la belleza y el horror... Qué buena definición... Saludos, MM.

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  3. Muy buen texto, pero Mario Mendoza de feo no tiene nada. ¡Así de simple!

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    1. Totalmente de acuerdo contigo Ana, esta buenísimo... Simplemente divino... <3

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    2. Yo no puedo con Mario Mendoza... Ni me gusta su físico ni me cae bien él... Hay algo en su estilo que pesa demasiado... Pobre tipo... Saludos, MM.

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    3. El tipo es todo un personaje, escribe muy bueno y es amable, no es el típico adinerado odioso y engreído... Me lo imagino dentro de 10 años viviendo en la costa, pescando, viviendo en paz con su ser y sacando a flote sus fuerzas internas... Definitivamente a mi el Man me cae bien, aunque es un poquito yuppi para mi gusto, pero es lindo.

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  4. El otro día veía una propaganda en televisión, era de un crema para quitar las cicatrices, -odio este tipo de publicidad porqué te tratan de vender la idea de que no eres normal si tienes algún defecto- el fulano de la propaganda dice que lo mordió un perro y que su mayor preocupación era quedar desfigurado, no muestran al pisco hasta el final de la propaganda, cuando dice que gracias a la tal crema no quedó como un monstruo, cuando lo muestran uno piensa que va a salir un tipo con la cara destrozada, pero no, muestran a un hijo de puta con una micro cicatriz en la quijada, ¿un monstruo? Me da ira, como pueden trabajar la mente de la gente de esa manera, porqué diablos no piensan como se van a sentir las mujeres que fueron víctimas ácido en la cara, o las personas que tuvieron algún accidente y perdieron un pedazo de nariz... Si eres diferente, los demás te ven feo, te señalan, se ríen de ti, se burlan de tu defecto sin compasión, pero más te ríes tu de ellos y de su obtusa manera de ver el mundo...
    Que asco me da la televisión llena de mujeres perfectas y hermosas y de hombres atléticos y guapos... Eso es lo maravilloso de la literatura, que puedes imaginarte a los personajes como se te da la gana, eres Dios y los ves a tu imagen y semejanza...

    Un beso desde la distancia...


    Esta niña piensa lo mismo que tu...
    https://www.youtube.com/watch?v=XqflGDJ5Oq4&feature=youtube_gdata_player

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    1. Entiendo bien esta opinión de Estefanía. El culto a cierto modelo físico, a cierto patrón, se ha vuelto insufrible, penoso e idiota... Estamos en la era de la vacuidad... Saludos, MM.

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  5. Está excelente ese video clip de la niña que habla de las princesas... es maravilloso escucharla hablar con tanta inteligencia. Saludos Estefania y Mario.

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  7. Apreciado Mario. Cordialmente lo invito a que sea nuestro invitado central y entrevistado, el próximo sábado, 1 de febrero en el novedoso y propositivo proyecto radial "Pasión Cultural. Donde las letras tienen una nueva voz" que emitimos desde Cali (Valle) a través de Colmundo Radio 620 AM. Dicha propuesta ya completa casi 8 meses de emisiones continuas y en vivo, los sábados de 9:00 a 10:00 a.m. con plena aceptación y reconocimiento por parte de nuestro público objetivo.

    Nuestro objetivo a través de este producto radial, único en la radio regional, es brindar contenidos a la audiencia que visibilicen la obra de destacados escritores, narradores, músicos y periodistas que le están aportando mucho a las letras y a la expresión cultural de este país.

    Quedo pendiente de su pronta y amable respuesta para concretar su participación en nuestra próxima emisión (sábado, 1 de febrero) y obtener sus datos de contacto (celular, teléfono fijo, etc.).

    Gracias de antemano por su atención,

    VÍCTOR AGUIRRE RODRÍGUEZ
    Docente Universitario y Realizador
    Co director "Pasión Cultural"
    victor_a69@hotmail.com
    Cel. 315 2685627
    Cali (Colombia)

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  8. Solo me resta parafrasear "No existe la belleza sin rareza en las proporciones", remitiendonos a algunos de tus libros que citan esta frase tan magnífica de Poe.

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