26 may. 2014

Las puertas de la percepción







Desde la antigüedad ha existido siempre la sospecha de que el cuerpo no logra percibir sino una parte mínima de lo que está allá afuera. Nos hemos entrenado en sobrevivir, en cazar, en recorrer grandes distancias con la tribu durante los inviernos para huir del frío y las heladas. Nuestro cerebro es práctico y nos es útil para alcanzar lo fundamental: seguir con vida y garantizarles un futuro mínimo a las nuevas generaciones. Vemos y oímos y olemos lo que nos conviene, lo que es necesario para nuestra supervivencia.
Sin embargo, sabemos que es así, y que al otro lado de esa inmediatez hay otras realidades, otros mundos. Los chamanes han sido los encargados de adentrarse en esas rutas, de cruzar esos umbrales, de entrenar su cuerpo y su psique para poder viajar por otros estados de conciencia.
Los oráculos de Delfos o de Epidauro eran otorgados por la pitonisa, una mujer que respiraba aromas de plantas alucinógenas sentada en una trípode, y que podía percibir de otro modo porque su mente se ensanchaba más allá de las categorías de espacio y tiempo que regían para el resto de los mortales.
Las brujas medievales, quizás las primeras feministas occidentales, fueron perseguidas, torturadas y quemadas vivas porque propusieron otras formas de aprehensión de lo real opuestas a la Iglesia, es decir, opuestas al poder masculino.
Los artistas, siempre atentos a percibir de modos inéditos y renovadores, también han efectuado aventuras asombrosas para salir de las coordenadas permitidas. Los románticos exploraron con derivados del opio y con cáñamos que traían los marineros de sus viajes por oriente. No en vano Coleridge y Poe escribieron bajo el efecto del láudano y más tarde se fundó el famoso Club del Hashish. Rimbaud llamaría al desorden de los sentidos para alcanzar la videncia y más tarde los surrealistas se sumergirían bajo técnicas distintas en el inconsciente individual y colectivo en busca de nuevas realidades.
No es suficiente con lo que nuestros sentidos perciben cotidianamente. Hay algo más. Otras fuerzas nos circundan y están en continuo movimiento. Por eso después de la guerra de Vietnam la psicodelia insiste en emprender viajes que nos conduzcan a nuevas categorías, nuevos preceptos, nuevos conceptos y nuevos afectos. Un hombre nuevo es imposible bajo categorías añejas y oxidadas. Sólo arriesgando y explorando internamente podremos ampliar nuestros modos de comunicarnos con el misterio, con las fuerzas que componen el universo.
No en vano Huxley, en Las puertas de la percepción, bajo el efecto de la mezcalina, notó que los objetos, debido a su funcionalidad cotidiana, perdían su dimensión sagrada, su hermandad con nosotros. Todo lo usamos, todo es para alcanzar algún beneficio, todo tiene una determinada función, y por eso no nos conmovemos con la redondez plástica y erótica de una taza, no nos damos cuenta de la humildad afectuosa de un asiento ni sentimos la hermandad que nos une con una lechuga o un rábano. De hecho, el lenguaje revela ese desprecio: me importa un pepino, me importa un comino. Hemos llegado incluso a convertir la comida, algo sagrado en su esencia misma, en un insulto: no sea tan guiso, fulana de tal es una guisa. Mayor ceguera es difícil.

Si el cerebro ha creado un filtro para poder codificar lo real, la pregunta obvia es: ¿cómo es el mundo si reducimos o anulamos por completo el poder de ese filtro? ¿Cómo sería la realidad si lográramos percibir todo? Quizás uno de los objetivos de la música, de la danza, de ciertos rituales o de la poesía sea justamente ese: sacarnos de la zona de confort y mostrarnos que algo está allá afuera esperando por nosotros.

19 may. 2014

Sobrenatural Colombia





La hipótesis es la siguiente: la guerra ha sido tan devastadora, tan cruenta, tan llena de trampas y mentiras, que nos ha obligado a concentrarnos en ella y sus horrores. Y esa guerra tiene varias aristas: gobiernos corruptos atravesados por asesinos y por políticos al servicio de mafias secretas, guerrilleros conformando carteles de traficantes de drogas y secuestrando a los ciudadanos a diestra y siniestra, paramilitares genocidas obsesionados con la sangre y el exterminio, capos, sicarios, torturadores, víctimas por todas partes y en todos los estratos sociales. Una realidad tan espeluznante nos ha obligado a directores de cine, pintores, escritores, cronistas y ensayistas a retratar el entorno para no repetir la historia y para buscar una salida al mismo tiempo. El realismo ha sido nuestra impronta más característica. Ha sido difícil, por no decir casi imposible, escapar de esa percepción y de ese modo de procesar la información.
Sin embargo, mi hipótesis es que en la sombra, en los subterráneos de nuestra sociedad, otras formas de percibir, otros modos de aprehensión del entorno, otros imaginarios han permanecido vivos en ese enorme y rico inconsciente colectivo. Ciertas sabidurías, ciertos cultos, ciertas creencias, ciertas categorías míticas y ciertas elaboraciones arquetípicas están aún aquí, a nuestro alrededor, sólo que no ha habido la disposición ni el espacio cultural suficiente para desenterrarlas y sacarlas a la luz.
Un autor como René Rebetez (viajero, místico, estudioso del esoterismo, maestro sufi, escritor de ciencia ficción) nunca adquirió el lugar que merecía porque el realismo, justamente, era y sigue siendo la óptica imperante. Supongo que cientos de jóvenes escritores de literatura fantástica o de anticipación no encuentran dónde publicar sus textos porque las editoriales y las revistas se niegan a abrir las puertas de par en par.
Quiero aclarar que en ningún momento me ha parecido equivocada esta manera de enfrentar nuestra historia. Ni más faltaba. Hace parte de nuestros procesos, de nuestra manera más comprometida y honesta de combatir creativamente una inmediatez tan perversa. Yo mismo he estado en primera línea trabajando a fondo una obra con fuertes tintes de hiperrealismo urbano.
 No obstante, nunca he perdido de vista esos otros imaginarios, esos otros modos de percepción, esas otras disciplinas de pensamiento que se mueven en las sombras. Y creo que ha llegado el momento de auscultar en ellas, de encender la linterna para echar un vistazo en la oscuridad, de proponer un viaje por el asombro y el misterio. Quizás en ese tránsito mágico hallemos una imagen de nosotros mismos que complemente de alguna manera el rostro dibujado por la guerra.
Esta semana empezaré a investigar y a cartearme con  personas que puedan dar un testimonio y que tengan pruebas fehacientes de alguna experiencia sobrenatural: gente que haya vivido algún milagro, individuos que aseguren haber sido contactados o abducidos por seres de otros mundos, personas que tengan el don de la videncia y que nos ayuden a vislumbrar el futuro más inmediato, adeptos a creencias y cultos poco conocidos, o ciudadanos que estén seguros de recordar una o varias de sus vidas pasadas. Empezaré un viaje a lo más profundo de la conciencia sobrenatural colombiana. Al fin y al cabo, ¿qué es la realidad? ¿Qué es eso que llamamos lo real?
Ya tengo a los primeros personajes listos y empezaré un diálogo con ellos en estos días. Si algún lector considera que su experiencia es digna de ser mencionada en este libro, puede escribirme de cinco a diez renglones a la siguiente dirección:


Yo leeré los mensajes con suma atención, y con un equipo de la editorial daremos respuesta a aquéllos que consideremos óptimos para entrevistarlos e incluirlos en el esquema definitivo. Estoy seguro de que la realidad tiene pasadizos extraños, puertas que conducen a dimensiones desconocidas, y nada me alegraría más que recorrer estos senderos de la mano de sus propios protagonistas.



Nota Bene:
1. La fecha límite para recibir información es el 20 de julio. Tienen dos meses exactos.
2. Si hay algún tipo de material visual, fotos, video o audio, y lo pueden anexar, aún mejor.
         3. La persona que decida contarnos su historia, da por hecho que ésta será  editada y publicada sin retribución económica alguna, pero respetando los créditos correspondientes. A menos que deseen que yo cambie el nombre para proteger sus identidades. Se trata de un trabajo de reportería, de crónica, en el mejor sentido de la palabra, es decir, el sentido literario.

13 may. 2014

Carta a los lectores





     No importa que hayan sido unos breves segundos, un saludo rápido, un cruce de palabras apenas perceptible. Yo sentí el impacto de cada uno de ustedes, su fuerza, su contundencia al leer, su hastío de una realidad tramposa y mentirosa en la que se nos va la vida de mala manera. A veces el gentío, las personas que estaban en la fila aguardando juiciosamente, me impedía saber más de ustedes, preguntarles detalles, enterarme de quién es ese otro que está allá, detrás de los libros, recreándolos desde su propia existencia, desde su propia dicha o su propia fatalidad. Ocasionalmente, cuando el stand no estaba tan lleno, entonces sí tenía esa oportunidad y con algunos de ustedes crucé palabras, preguntas, opiniones. Sin embargo, aunque el tiempo fuera breve o largo, procuré intuirlos, imaginarlos, sospechar qué había detrás de sus miradas, de sus sonrisas, de sus lágrimas. Gracias por estar ahí, por leer de ese modo, por defender el poder de la imaginación y del arte.
     Para mí el fenómeno de la lectura es, ante todo, una sublevación, una manera de decir no al entorno, al penoso mundo que nos rodea, una forma de indignarse. Como Don Quijote, decidir un día que la realidad no es algo impuesto, algo que está dado, sino una elección, una decisión. No vivimos lo que nos toca, sino lo que elegimos. Los libros son puertas, conductos, pasadizos que nos conducen a otros mundos, a otras formas de percepción, a otros modos de conciencia.
     Durante mucho tiempo se le dio excesiva importancia al escritor. Luego vinieron los análisis de texto, el libro como eje y motor de la literatura. Creo que ha llegado la época del lector. En el extraño y misterioso proceso de la lectura, el costado más fascinante es esa persona que se acerca, que abre las páginas y que les da vida en su propia imaginación, en su propia existencia. La literatura existe porque aún hay seres inconformes que se acercan con entusiasmo a los libros y los abren como quien abre la puerta de una celda en busca de un poco de sol y de aire fresco. Esos seres son indestructibles, son héroes anónimos. Esos seres son ustedes, y yo nunca encuentro palabras claras y precisas para agradecerles toda su valentía y su compromiso con ese grito de libertad que es la lectura.

     En posición de reverencia, de rodillas,
Mario Mendoza

8 may. 2014

Trasnochón Filbo 2014





Mañana viernes estaré a las 6:00 de la tarde en Arango Editores, Pabellón 6, stand 145, en la Feria del Libro, apoyando la entrada gratis a partir de esa hora hasta la medianoche.
Saludos, MM.