8 jun. 2014

EGO





Los animales cuidan de sus crías, las protegen, e incluso se han visto casos de animales de una especie protegiendo crías de otra: perros cuidando gatos, gatos cuidando pollos. El hombre es una bestia peligrosa, el animal más despiadado de todos, el depredador más cruel. Basta ver a los niños con los ojos amoratados, con los labios sangrantes o con los brazos dislocados para saber que fueron sus mismos progenitores quienes se encargaron de masacrarlos. Pertenecemos a una especie de la que tenemos que protegernos desde que nacemos.
Millones de niños en todo el mundo son manoseados, violados y heridos desde su más tierna infancia. Creemos que las bestias que han hecho semejante barbaridad son ajenas a estos inocentes. No. Son los más cercanos quienes acometen estas acciones o las permiten en silencio convirtiéndose en cómplices de los agresores.
La superpoblación mundial demuestra que somos una amenaza. El planeta está enfermo de humanidad, herido, contaminado, devorado por una especie que se propaga de manera nefasta: la nuestra. Las cifras demuestran una extralimitación en todos los registros: fornicamos demasiado, parimos demasiado, necesitamos demasiados combustibles, comemos demasiado.
Desde pequeños nos han enseñado que somos el centro del universo, que somos lo más importante, que somos la obra magna de un supuesto Creador todopoderoso. Mentira. Esas enseñanzas nos han conducido a estropear todos los ecosistemas de los cinco continentes.
El fin está cerca. Los humanos han sido tan ciegos y violentos que se han encargado de eliminarse entre ellos mismos. Los infinitos nombres de sus guerras dan testimonio de su torpeza: Corea, Vietnam, Afganistán, Ruanda,  Palestina, Irak, Colombia.
En la cronología bélica de los humanos hay una guerra donde al final imperó la moral de los vencedores: la Segunda Guerra. Pruebas de su bestialidad sin límites abundan: campos de exterminio, gulags, genocidios a gran escala, y una matanza que han intentado justificar e incluso ocultar, pero que no han podido hacerlo: el lanzamiento de dos bombas atómicas en poblaciones civiles. Los vencedores juzgaron a  los vencidos, pero llevaron a cabo matanzas similares o incluso peores.
Los humanos han modificado el clima, han creado tsunamis y huracanes, han contaminado el planeta hasta convertirlo en un gigantesco basurero, han oprimido a sus congéneres desde niños hasta esclavizarlos y condenarlos a la inanición, han exterminado a las otras especies y a los ecosistemas.
¿Cómo hace un perro para defenderse? ¿Cómo hace un delfín para protegerse? ¿Cómo hace un pájaro para evitar que por deporte disparen contra él? ¿Cómo hacen millones de reses para que no las conviertan en enlatados? ¿Cómo hace un árbol para que las motosierras no lo cercenen?

Por andar enseñándonos desde el colegio que somos los reyes de la creación, que estamos por encima de las demás especies y de las plantas, es que crecemos con ese ego inflado creyéndonos que tenemos todo el derecho a suprimir a los otros seres que consideramos inferiores. La educación debería ser al revés: enseñarnos que no somos nada, que ningún Dios nos hizo a su imagen y semejanza, que no estamos en una jerarquía superior, que todas las otras especies están muy por encima y que por eso mismo nuestra obligación es no sólo respetarlas, sino adorarlas. Si nos enseñaran nuestra inferioridad, nuestra nimiedad, el mundo sería un lugar mucho mejor.


4 comentarios:

  1. Engendrados por error y educados con mentiras.Fuimos adiestrados milimetricamente para obedecer ordenes, seguir lineamientos sin cuestionar su validez, su utilidad. Nos otorgan medallas de honor por responder en la medida que el sistema espera que lo hagamos. Obtenemos notas altas y recibimos elogios por memorizar conceptos y poner en un examen lo que el docente considera verídico “su verdad”.

    Somos obligamos a leer textos de manera obligatoria y somos divididos en dos grandes grupos enemigos, antagónicos “los buenos y los malos”, y salimos a la calle convencidos de esa falacia, a competir como fieras salvajes.

    Intentamos a toda costa erradicar el mal que habita en los otros, porque estamos convencidos de que la paz reinara cuando todos los “malos” estén tras las rejas. Solo entonces “los buenos” tendrán el mundo armonioso que anhelan disfrutar. Y Mientras nos fundimos en estas mentiras que nos exoneran de cualquier responsabilidad, el mundo seguirá siendo el mar de injusticia y destrucción que tenemos hoy.

    Nada que hacer, todo es finito y la naturaleza ya esta tomando represarías…

    Como siempre certero afilado y contundente. Gracias Mario por el articulo.

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    1. Gracias a ti, Dam, por intentar des-aprender y resistir.
      Saludos, MM.

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  2. Buenas noches estimado autor, me dirijo hacia usted de esta manera porque es la que usted ha usado en una de sus firmas, debo confesar que esa palabra en particular ha rondado mi mente en diversas ocasiones, ¿por qué la ha usado así? Quizás usted lo haya dicho antes y yo no haya prestado atención pero quizá no. ¿Es esa una resistencia al ego del que nos habla? o ¿simplemente usted encarna a una figura con esa combinación de letras? ¿Qué es un autor? Son preguntas que no salen de mi mente, que se fijan en mi espíritu y exigen una respuesta, aunque la respuesta sea que no hay respuesta, en cualquier caso estaría más tranquilo porque de una u otra manera existe una respuesta.
    Agradezco al lector su tiempo y espero que un autor me de su respuesta, después de todo somos un eterno retorno de lo "no" idéntico.

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    1. Resistir al ego es, en efecto, una buena consigna. Saludos, MM.

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