8 sept. 2014

El caos interior





En medicina el cerebro estudió primero los músculos del cuerpo, los órganos, el hígado o el páncreas, las arterias, el esqueleto, el corazón. Al final, al cerebro sólo le quedaba una tarea pendiente: estudiarse a sí mismo. Y por eso hasta hace poco sabemos en realidad cuál es su estructura y cómo parece operar el centro de nuestra identidad.
Una hipótesis es que la evolución que hemos sufrido se nota en la misma organización del cerebro. Paul MacLean, uno de los grandes investigadores del cerebro, muerto recientemente, sugirió una división que parecería explicar cierto caos que percibimos dentro de nosotros mismos. Existiría un cerebro inicial, un lugar remoto donde se originan muchas de nuestras conductas más primitivas: el cerebro reptil. Muchos hábitos de la supervivencia y conductas compulsivas están ubicados en esa zona.
Luego vendría el cerebro paleo-mamífero, que nos permite interactuar con el exterior, poner en relación, modificar ciertas conductas a partir de un engranaje con el entorno, aprender y en ese sentido ir incorporando ese aprendizaje de una generación a otra.
Y finalmente estaría el neocórtex, que es muy reciente en comparación a los otros dos cerebros, y es el sitio de nuestro cuerpo donde está el pensamiento racional, las ideas, la capacidad argumentativa, la auténtica complejidad humana con el ir y venir del lenguaje. Es una especie de súper computador con millones de sinapsis que construyen, literalmente, la realidad. Es el sitio más dinámico y mágico de nuestro cerebro, el objeto que ha creado el universo para contemplarse en una especie de espejo deformado, para auto-percibirse, para ser consciente de sí mismo.
Uno desearía que esa parte delicada y sofisticada del cerebro que hemos desarrollado en los últimos tiempos fuera la principal, la que prima, la que se impone, la que rige nuestros modos de ser tanto a nivel individual como grupal; pero lamentablemente no es así. Es la más frágil y la que lleva menos tiempo con nosotros. Y aunque hay autores que critican este esquema y aseguran que hay correlaciones más complejas, lo cierto es que sí existe un cierto desequilibrio interior entre el mundo emocional y el racional. Es un problema de diseño neurológico.
Fuimos probando modelos en la medida en que íbamos sobreviviendo y afianzando nuestra presencia en el planeta. Y como producto de esas pruebas acierto-error, logramos irnos apropiando de la realidad circundante. Pero nos quedaron rupturas internas que al día de hoy son difíciles de manejar.
Las obsesiones, los vicios, la atracción sexual desmedida, ciertas pulsiones irracionales no se ubican en la misma zona que la reflexión, no se encuentran bajo el mandato de la neo-corteza cerebral. De ahí esas eternas contradicciones interiores que no entendemos, ese caos que a veces se nos vuelve ingobernable: nuestras pasiones van por un lado y nuestra razón por otro.
 Un alcohólico o un yonqui debe ser tratado como un enfermo y no como alguien que es dueño de sus actos. No se le puede decir a un cocainómano o a un adicto a la comida: ¿pero usted por qué no hace un esfuerzo y cambia de vida? Simple: porque la voluntad no ejerce ningún dominio en esas áreas. Por eso se necesita ayuda. No sirve de nada levantarme cada mañana con buenos propósitos y grandes argumentos para inventar una nueva vida, cuando la adicción compulsiva, por ejemplo, me arrastra más allá de mi voluntad a repetir las mismas conductas. Como una tortuga que regresa a la playa donde fue engendrada (acción característica del cerebro reptil), de ese mismo modo hay gestos y hábitos que se incrustan en las zonas más primitivas de nuestro cerebro.

La escisión entre muchas de nuestras pasiones y nuestra razón es una de las grandes batallas que tenemos que librar a lo largo de la vida. Quizás la batalla más difícil y la más desgastante. Y nadie nos enseña cómo hacerlo ni hay métodos para solucionarlo. Nos toca solos, a punta de errores, idas y venidas, contradicciones y grandes sufrimientos. Qué le vamos a hacer. Es parte de nuestra miserable condición humana.

4 comentarios:

  1. Ni siquiera es seguro que debamos perseguir la razón y el frío análisis de la realidad científica, esa que nos enseñan y para la cual fuimos educados. Las pasiones son más creativas y el reino de la intuición, parece ser el futuro. Lo que si es innegable es que navegamos en la búsqueda de la felicidad como fin de nuestro destino y la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta, que los puertos de llegada son muchos, diversos y la vamos encontrando de tanto en tanto en nuestro errático andar.

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  2. Somos nuestro peor enemigo, nuestro peor juez,nuestro peor verdugo....

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  3. Todos vivimos con nuestra propia, Batalla campal interna, creo que todos estos comportamientos irracionales que se dan a diario. Puesto que en nuestro propio interior estamos en guerra, una guerra que no acaba y nos persigue a lo largo de nuestra vida.

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  4. La batalla campal se da ,no solamente entre nuestro cuerpo y nuestra mente,debemos añadirle nuestro espíritu , ahí es cuando la cosa se pone mas dura,Existe un libro que nos enseña a ganar estas batallas y nos da muchos métodos para librarlas, ese libro se llama la Biblia,entenderla al principio es un poco complejo , luego, después de estudiarla un tiempo le encontramos sentido, el punto es que una vez entiendes todas enseñanzas te das cuenta que aplicarlas requieren un gran esfuerzo ,compromiso y comunión sobre todo,son pocos quienes están dispuestos a hacerlo , pero vale la pena, un abrazo Mario mil gracias ¡

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