27 oct. 2014

Virus





En la conquista de América casi a ninguno de nosotros nos contaron bien la razón por la cual muchos de los aborígenes fueron diezmados o exterminados. La mortandad estuvo relacionada con el hecho de que los indígenas no dormían con sus animales, lo veían como algo anti-higiénico. En cambio, los españoles, como el resto de los europeos, tenían sus viviendas al lado de sus animales de corral y de sus establos. Llevaban siglos conviviendo con cerdos, vacas, pollos, caballos, perros, patos, gansos, ovejas y demás. Por eso sus sistemas inmunológicos estaban más protegidos y desarrollaron defensas contra varios de los virus que pasaban de un huésped animal a un huésped humano.
Entre esos virus, trajeron a América la viruela, que fue el verdadero azote de nuestro continente y la enfermedad que acabó con varios de nuestros pueblos. Sin embargo, Europa no se salvó del todo y en los siglos por venir la viruela atacaría en distintos lugares con una altísima tasa de muertes, sobre todo entre los niños recién nacidos.
A comienzos del siglo XX, en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial, la gripe española acabó con más de cincuenta millones de personas en un escaso lapso de dos años. El contagio se propagó a una velocidad alarmante. Entre sus víctimas más famosas están el poeta francés Guillaume Apollinaire y el artista Gustav Klimt, muertos ambos en el mismo año: 1918.
Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, los bandos en conflicto estudiaron la posibilidad de enviar bombas biológicas o bacteriológicas a sus enemigos. Los japoneses, por ejemplo, enviaron en 1940 sobre Ningbo bombas con pulgas infectadas de peste bubónica.
Ya desde tiempos inmemoriales se usaron flechas envenenadas, serpientes o sustancias mortales que se regaban sobre los ríos o los lagos circundantes. Durante la Edad Media se enviaban enfermos contagiados de peste al interior de los muros de las ciudades que se querían atacar, y así se lograba contagiar a la población enemiga y diezmarla para luego entrar y rematarla. Muchas veces, durante los sitios militares, se lanzaban con catapultas brazos, piernas o heces de personas que habían muerto de peste. Verdaderas bombas infecciosas cuyos efectos devastadores eran imposibles de neutralizar.
Pertenezco a una generación que creció con terror al VIH, un virus que pasó de los simios africanos a los humanos, y que luego se propagó mediante contacto sexual por todo el planeta. Ha matado a personas de todos los estratos sociales y entre sus víctimas más famosas baste recordar al cantante Freddie Mercury, a Héctor Lavoe (cuando supo que estaba contagiado se lanzó desde el noveno piso de un hotel y sobrevivió), al escritor Isaac Asimov o al filósofo Michel Foucault.
Ahora vemos en los medios de comunicación cómo un nuevo virus proveniente de los murciélagos despierta las alarmas mundiales: el Ébola. En realidad, el Ébola viene atacando a la población de algunos países de África desde finales de los años setenta. Las alarmas se acaban de encender porque aparecieron los primeros contagiados occidentales. Mientras los muertos fueron negros africanos, ninguno de los países occidentales se preocupó por ellos. Pero al aparecer voluntarios y enfermeras contagiados en España y en Estados Unidos, empezó el revuelo.
En las primeras semanas la información fue precisa y casi hora a hora. En los últimos días empezó a menguar y sospecho que se debe al hecho de no crear pánico entre la población. El doctor Craig Spencer, por ejemplo, que trabajaba para Médicos sin Fronteras, fue reportado como positivo de Ébola en la ciudad de Nueva York. El problema es que había usado el metro en los días anteriores y también se fue alguna noche a jugar bolos con unos amigos. Aunque la enfermedad no se transmite por el aire, basta un poco de sudor o de saliva en un estornudo para quedar contagiado.

No me sorprendería para nada ver, como en la Edad Media, contagiados de Ébola usados como bombas humanas en el futuro. Ya no hay que estrellar aviones contra los rascacielos ni poner explosivos en las líneas del metro. Basta con enviar enfermos a las principales ciudades occidentales y ya está. Hemos usado esa táctica durante milenios.

2 comentarios:

  1. Mario, me gusta mucho el estilo que imprimes en tus textos y quisiera saber si puedes concederme una entrevista con fines académicos, acerca de el proceso de la escritura. ¡muchas gracias!

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  2. Angie, en este momento estoy en entrevistas de prensa del último libro, Paranormal Colombia, y no tengo un minuto libre. Y mis cuerdas vocales empeoran día a día... Más adelante con el mayor gusto... Saludos, MM...

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