3 nov. 2014

Una casa en Bogotá





Conozco a Santiago Gamboa desde los años de infancia. Creo que no hay otro caso similar en la literatura colombiana: el de dos escritores que hayan compartido juntos el mismo colegio, la misma ruta de bus, la misma universidad, las mismas editoriales, los mismos géneros literarios y la misma estética. Quizás por eso mismo es que alguna lectora, una vez, dijo en Twitter que tenía la impresión de que cuando leía algún libro de nosotros dos sentía que estaba leyendo no al que firmaba, sino al otro. Hemos ido construyendo dos obras que funcionan de manera especular, y por eso lo considero el mejor compañero de ruta que he tenido a lo largo de tantos años de trabajo ininterrumpido. Hemos discutido innumerables veces, tenemos posiciones muy distintas con respecto a mil asuntos diversos, pero creo que si Bogotá hoy en día es una ciudad literaria (como Buenos Aires o Ciudad de México), se lo debe en buena parte a la obra de Gamboa. Tanto sus libros de cuentos como sus novelas apuntan al deseo ferviente de elevar la ciudad a una categoría estética. Y su última novela, Una casa en Bogotá, cierra el ciclo de manera lúcida y efectiva.
Creo que en la trilogía iniciada con El Síndrome de Ulises, seguida por Necrópolis y rematada con Plegarias Nocturnas, este nuevo aventurero del desarraigo y la soledad contemporánea, este nuevo viajero urbano que no tiene adónde llegar, cuya casa paterna siempre está lejos, cuyo hogar no existe, cuyo destino siempre es incierto, desciende a los infiernos de la angustia y la desesperación de su tiempo como un modo de buscar catarsis individual, pero también colectiva. Baja a las profundidades para liberarse del horror que lo invade, pero en ese descenso busca también liberar a otros: los lectores. La novela como medicina, como antídoto en contra del extravío actual, como expurgación de nuestras fuerzas más secretas y siniestras. Es un periplo por el inconsciente individual y colectivo buscando una sanación.
Por eso el sexo no equilibra la fuerza de destrucción, por eso el Eros es desenfrenado, caótico, violento y deja al final una sensación de vacío y orfandad espiritual. Me arriesgaría incluso a decir que no hay Eros como tal: lo que hay es un nomadismo del cuerpo, un deseo 1 que lanza hacia un deseo 2 y un deseo 3, sin fin, sin encontrar nunca al otro. No hay alteridad. El otro no existe sino como pretexto para destruirme a través de su piel, de sus gemidos y su sexo. No me salva el otro, me salva la palabra, enunciar mi propio terror interno. Y en esa bajada a las profundidades de un ser contemporáneo que jamás puede contar con su semejante, que no puede sentir compasión ni solidaridad, que se encuentra atrapado en su propio vacío psíquico, faltaba por narrar el intento de retorno. Y digo intento porque no hay retorno en realidad.
Una vieja leyenda griega decía que cuando Ulises regresa a Itaca, después de la matanza de los pretendientes, el cónclave de los ancianos le abre un proceso y lo condena por tomarse la justicia en sus propias manos. El castigo: el exilio. Y Ulises es desterrado, ése es su verdadero final. Así se cumplen las palabras del oráculo enunciadas por el ciego Tiresias, cuando le dice que terminará en un país donde los hombres comen su pitanza sin sal. Eso significa que Ulises es condenado a vivir sus últimos días lejos del mar, lo que más ama, lo que lo define, lo que le da su esencia más pura. Debe morir entre las montañas, lejos de las olas y las tormentas, lejos de los pelícanos y los mástiles de las embarcaciones.
Una casa en Bogotá es ese retorno de Ulises a una Itaca imposible, es el colofón que hacía falta. El incendio en las páginas finales es la imposibilidad de retornar. ¿Adónde se dirige ese filólogo desarraigado, ese Ulises sin tiempo ni lugar? La clave está unas páginas atrás: al infierno, a las ollas, al bazuco, a buscar a Ginna y a Santosusto, a la destrucción final, a la purificación por medio de la inmolación.
De este modo, se cumplen las palabras de la tía del protagonista: algún día tendremos que pasar al paredón sin rechistar, algún día tendremos que pagar nuestra deuda con ese otro país que nos negamos a ver, esa zona oscura que es el origen de una culpa honda y profunda.
No hay redención, no hay catarsis real. No se sale del inframundo jamás. Ese privilegio pertenecía a otros tiempos. Nosotros, seres que ya lanzamos bombas atómicas, que ya usamos Napalm, que ya degollamos a James Foley, seres del capitalismo depredador, de los cordones de miseria, de las guerras químicas y biológicas, seres que modificamos el clima y que exterminamos a las demás especies, que ya pasamos la escalofriante cifra de mil millones de personas muriéndose de hambre, no tenemos derecho al Paraíso. Pertenecemos a la Era del Descenso, somos hijos de nuestro propio caos y nuestro propio delirio. Es la Edad de la Entropía, de aquí nadie puede salir bien librado, nadie se cura, nadie tiene derecho ni siquiera a soñar con el Purgatorio. Somos los hijos del infierno.

En el capítulo final de Una casa en Bogotá, el protagonista cierra la puerta de Itaca para adentrarse con su perra en los agujeros negros de la nueva metrópolis contemporánea: la de los neonazis desenfrenados, la de las fiestas necrofílicas, la de los esfínteres abiertos de par en par en las ollas de bazuco y metanfetaminas. Ya no hay posibilidad de regresar a casa. Papá y mamá no nos están esperando. Atravesados por la locura y la muerte, sólo escuchamos el grito de Kurtz en medio del corazón de las tinieblas: El horror, el horror...

13 comentarios:

  1. Buenas tardes...
    El motivo de este mensaje, para empezar es elogiar tu trabajo Mario como escritor, que buen arte en el que él ha traspasado a la historia Colombiana y me atrevería da decir del mundo. Mi nombre es Richard Stevens Ladino, soy un joven común nada salido de lo normal, estudiante de una carrera que en este país es marginada, es tomada como un juego y que en la constitución dicta que es libre de que cualquiera la asuma, Comunicación Social... Vivo en Bosa y estudio en la Uniminuto regional Soacha, y tengo en mis manos la tarea de realizar un entrevista a un personaje de reconocimiento, instantáneamente pensé en, obviamente, Mario Mendoza... Quizá sólo quizá esta gran mente me pueda brindar un tiempo minúsculo para poder charlar y lograr este objetivo que lo veo salido de toda obligación, es un objetivo que me dejaría una experiencia enorme, y además tener la posibilidad de conocer un poco más sobre un ser que para mí esta salido de todo contexto normal. Ojala puedan colaborar a un joven que admira mucho tu literatura. Quedo atento a cualquier respuesta... Infinitas Gracias Mario!!!

    Correo: steven200899@hotmail.com

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    1. Ya te escribo a tu correo, Steven... Saludos, MM...

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  2. Parece ser tan complejo como tu... habrá que leerlo

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    1. Creo que primero vale la pena leer la trilogía, y, si uno puede, cerrar con éste último... Abrazos, MM...

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    2. Entonces, ya que teminé Paranormal Colombia seguiré con Scorpio City...asi sigo navegando por la complejidad tuya...

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  3. Mario, muchas gracias por tu visita al colegio, fue un momento muy importante para todos nosotros. Dejo mis datos, espero podamos seguir en contacto...

    Mi mail: pedroalejogalindo.pg@gmail.com

    Mi blog donde registré tu visita al colegio: http://pepegalindo.wordpress.com/2014/10/31/mario-mendoza-en-el-colegio-del-santo-angel/

    Gracias de nuevo y saludos.

    Pedro Galindo
    Colegio del Santo Ángel

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    1. Resistir en contra de este establecimiento mañoso y tramposo es un imperativo, Pedro. Y nos corresponde hacerlo desde los libros. Esa es nuestra trinchera. Gracias por la hospitalidad.
      Con afecto, Mario.

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  4. Como un zombie de las peliculas de romero, me consegui una copia de el sindrome de ulises. Eso fue hoy.

    Por la lluvia me vole temprano del trabajo y mientras venia en el bus, atorado en un trancon, me puse a leer. Los angeles señor mendoza, los angeles: el chofer misteriosamente no puso el radiobasuco, a nadie le dio por hablar por celular o comentarle las cuitas del dia al vecino. Puro silencio, y arranca a llover. Mistico.

    Luz tenue, una cosa casi erotica y yo dandole pelvis al estudiante ese con su amigo arabe en paris y los guerrillos del m-19 que dan clases de español.

    Mil gracias por la sugerencia literaria. Cierro transcribiendo uno de los loores que viene en la caratula de atras - como se llama?- sobre el autor y que resulta sospechosamente parecida a sus esperanzas sobre su amigo y colega:

    "santiago gamboa es, junto con Gabriel Garcia Marquez, el autor colombiano mas importante"

    Mito o realidad? no se, pero lo que si puedo decir es que esas dos horas de bus estuve en paris.


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    1. Me alegra que la recomendación haya valido la pena, y que las circunstancias citadinas hayan sido propicias para la lectura. Más adelante el libro se pone aún mejor... Saludos, MM.

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  5. Hola a Mario y a todos los lectores ¡¡ asi como ustedes comparten los mas preciosos pensamientos y reflexiones , quiero compartir esta joya : El maestro Jarrett encore tokio.

    https://www.youtube.com/watch?v=r7lVTYcENRw

    un abrazo a todos ¡

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  6. Buenas...
    Querido y respetado maestro, debo felicitarlo por su inefable labor y agradecerle por este acercamiento a la obra de Santiago Gamboa "Una casa en Bogotá" (Muy buena novela) Soy estudiante de literatura, estoy en proyecto de grado, justamente he elegido esta obra para realizar el trabajo que permita graduarme. Gracias porque me ha salvado de entrar en un error garrafal en esto de investigación, repetir. Ahora, de alguna manera, pretendo, pedirle colaboraciones posibles para seguir en esta linea que he propuesto. Si ahora le agradezco, luego no tendré palabras para expresarlo de una forma más fuerte e infinita.

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    1. La obra de Gamboa es sólida, está escrita en piedra. Buena elección. Ahora vive en Cali y no te será difícil ubicarlo para entrevistarlo y hablar con él... Saludos, MM...

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