15 dic. 2014

Reseña El Espectador

Los universos paralelos

Con su última obra, ‘Paranormal Colombia’, el escritor Mario Mendoza invita a asumir que la realidad es solo una coartada de otra que nos circunda.





http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/los-universos-paralelos-articulo-532971

13 dic. 2014

Gracias





Gracias a todos por la solidaridad de hoy. Siempre lamento que el tiempo sea tan breve y que yo no alcanzo a conversar a fondo con los lectores. Pero saber que el pelotón es sólido, que está ahí, intuirnos de algún modo de lado y lado, nos hace más fuertes. Sé que muchos de ustedes cruzaron la ciudad de un extremo a otro para llegar a la última firma del año. Me llevo esa lealtad en el fondo de mí.
Buen cierre de año para todos.
Retomaré el blog a finales de enero.
Fraternalmente,
Mario Mendoza

10 dic. 2014

FIRMA DE LIBROS EN BOGOTÁ





Este sábado 13 de diciembre voy a tener mi último encuentro de este año con los lectores. Será una firma de libros en Unicentro. Los horarios son estos:

4:00 pm - 5:00 pm    Librería Panamericana

5:00 pm - 6:00 pm   Librería Nacional

Si tienen tiempo y buen ánimo, allá nos vemos.
Saludos para todos,
MM.

TED Ziauddin Yousafzai. Mi hija Malala.





"USÉ LA EDUCACIÓN PARA LA EMANCIPACIÓN"

Malala - Premio Nobel de Paz 2014






¿POR QUÉ ES TAN FÁCIL ENTREGAR ARMAS Y TAN DIFÍCIL DAR LIBROS?


8 dic. 2014

No puedo respirar









En los meses pasados hemos visto a agentes de la policía mexicana atacando a los estudiantes de Ayotzinapa a balazo limpio, secuestrando a los muchachos, desapareciendo a unos y asesinando a otros. En uno de sus discursos, Peña Nieto tuvo la desfachatez de salir a decir que los desmanes y las protestas callejeras estaban desestabilizando a la nación. Hay que ser muy cínico para salir a decir eso. Los que están desestabilizando al pueblo mexicano no son los ciudadanos indignados que han salido a la calle iracundos a exigir justicia. Al revés, lo insano sería que el grueso de la población fuera cómplice pasivo de los crímenes. El cáncer está en los políticos y los militares mexicanos aliados con los carteles. Lo que México está esperando es que su Presidente tome posición y sepa combatir desde el bando correcto, lo cual, hasta el momento, no ha hecho.
Hemos visto también cómo la policía estadounidense asesinaba a Michael Brown, un joven adolescente que iba desarmado por la calle con uno de sus amigos, y al que balearon sin piedad alguna. Poco después, vimos cómo un gorila salvaje llamado Daniel Pantaleo se lanzó sobre un sujeto pacífico y bonachón de 43 años llamado Eric Garner, lo arrojó al piso, le hizo una llave al cuello y lo asfixió hasta matarlo de manera brutal. Garner, que era asmático, alcanzó a suplicar:
- No puedo respirar, por favor, no puedo respirar.
En Colombia los escándalos de la policía no cesan. Una institución que en algún momento se preció de su limpieza y de su defensa de los Derechos Humanos, parece hoy en día irreconocible. Vimos a dos agentes de esta institución atropellar a una menor de edad y dejarla en la vía sin auxiliarla. Nos enteramos de que el ataque a Gorgona por parte de las FARC se llevó a cabo gracias al trabajo realizado por un intendente de la Policía que servía como espía al grupo guerrillero. Un coronel de esta institución, Néstor Maestre, que durante años se suponía que había llevado una vida ejemplar llena de honores dentro de la institución, resultó ser un tipo clave dentro de un cartel de narcotraficantes. Otros policías más aparecieron ligados a bandas de apartamenteros y a carteles de la gasolina. Y cómo olvidar a Diego Becerra, el joven grafitero que fue asesinado en Bogotá por dos agentes de la policía que luego alteraron la escena del crimen y mintieron a diestra y siniestra. O al talentoso Israel Hernández, otro grafitero colombiano al que mataron los policías de la Florida en Estados Unidos al someterlo a descargas con una pistola taser. Luego, en lugar de prestarle los primeros auxilios y conducirlo a un hospital, lo dejaron agonizar en las peores condiciones.
Indigna ver que la Policía, sea donde sea, no entiende su poder ni su misión. Sus bolillos, sus pistolas y revólveres, sus motos y sus carros, sus uniformes y hasta sus sueldos los pagamos nosotros, la sociedad civil. Si ellos tienen mando y armas es porque nosotros así lo decidimos. Ese poder se lo hemos otorgado nosotros para que nos defiendan y para que protejan los distintos parágrafos de la Constitución. Entonces no deja de asombrar que ellos no sepan ni entiendan su situación, y que terminen regresándose en contra nuestra, pisoteándonos, robándonos y disparándonos. Pagamos nuestros impuestos, nuestras valorizaciones y nuestras multas para que ellos tengan sus sueldos y sus prestaciones en orden, y resulta que, en lugar de estar agradecidos con la sociedad civil, lo que hacen es irse en su contra, amenazarla y atropellarla. ¿Hasta cuándo?
Me preocupa que a lo largo del 2015 la crisis de la educación en Colombia va a estallar en manifestaciones, marchas y protestas cada vez más radicales para exigir cambios estructurales, de fondo. Y con esta actitud de matones y de guardaespaldas de capos mafiosos, los policías no sólo se dedicarán a cuidar del orden público, no sólo les lanzarán bombas lacrimógenas a los estudiantes, sino que muy posiblemente disparen contra ellos o terminen matándolos a golpes. En lugar de investigar a fondo entre las directivas de esas mismas instituciones a ver quiénes son los que se vienen robando el presupuesto, apelando al amiguismo para cargos y nombramientos, e imponiendo de mala manera el nepotismo y la mediocridad como conductas regulares.
       Definitivamente, la Policía nunca parece estar del lado de las víctimas, como es su deber, sino de los victimarios.

1 dic. 2014

El privilegio de no ser nadie





http://www.semana.com/cultura/articulo/mario-mendoza-el-privilegio-de-no-ser-nadie/410927-3

Contaminación electromagnética





Acabo de llegar de La Guajira, donde me refugié unos días en busca de un poco de solaz. Y en su capital, Riohacha, me encontré con algunos amigos que hice durante un taller literario hace ya varios años. Hay algo fascinante en esa zona del país, un territorio que está justo entre el mar y el desierto, arquetipos de los espacios abiertos e inconmensurables.
Uno de estos amigos me contó que un buen día le instalaron un par de antenas muy cerca de su casa, colindando con su patio trasero. Él se disgustó y pidió que por favor las trasladaran unos cuantos metros o las quitaran del todo, pero, por supuesto, perdió esa batalla y tuvo que aguatarse la situación. Al poco tiempo empezó a desfallecer, a sentirse disminuido, debilitado. No podía leer ni concentrarse. En las horas de la noche sentía que la habitación le daba vueltas, veía su propio cuerpo de un color morado, como violeta, y perdía la noción del tiempo y el espacio con frecuencia. Cuando se despertaba creía que el cuarto estaba al revés y que él tenía que caminar por el techo. Lo llevaron al médico, a ese penoso peregrinaje por una serie de incompetentes que, obviamente, creyeron que todo se trataba de una obsesión, de algo psicológico.
En los parques y las zonas públicas se tropezaba con amigos y conocidos, les iba a estrechar la mano y la gente saltaba asustada porque sentía corrientazos en los dedos y en el brazo. Empezó a coger fama de brujo, de chamán, de alguien que estaba en contacto con otras dimensiones, y notó que algunos incluso le temían. Pero los ataques no disminuían y su salud empeoraba día a día. Le hicieron varios exámenes de cerebro pensando que se trataba de alguna epilepsia en estado germinal, pero nada, los resultados no mostraban tumores ni deficiencias de ninguna clase.
Esta historia se repitió varias veces. Siempre lo regresaban a su casa con unas recetas absurdas que no le servían para nada. Sin embargo, su deterioro era evidente: se puso amarillo, los huesos de la cara sobresalían por debajo de la piel, se le marcaron unas ojeras profundas, bajó de peso, y cuando se veía en el espejo le daba la impresión de estar viendo una calavera. Creyó que se iba a morir y empezó a preparar sus papeles para dejar sus asuntos en orden.
En ese momento se tropezó con un médico joven que le dijo que muy probablemente él padecía de contaminación electromagnética, algo que hasta ahora estaba estudiándose en algunos círculos médicos. Entonces empezó a notar que, en efecto, los celulares, los televisores, el computador y las redes de Wifi lo afectaban profundamente. Vendió la casa para alejarse de las antenas vecinas y se mudó a una más retirada. Y empezó a alejarse también de los aparatos y a modificar todas sus costumbres.
Como parte de su recuperación se enterraba en la arena durante horas para limpiar el cuerpo de tantas cargas electromagnéticas y se abrazaba a los árboles y a las palmeras en la playa para descargarse, para purificarse, para quitarse de encima toda la contaminación que su cuerpo había acumulado durante años. La gente creía que se había vuelto loco y solían tomarle el pelo cuando lo veían por ahí abrazado a un cocotero junto al malecón. Pero su método surtió efecto y él empezó a notar una notable mejoría. Desafortunadamente, la que cayó enferma fue su mujer, desarrolló un cáncer terminal y murió la semana pasada después de una agonía atroz en medio de un servicio médico que la dejó muchas veces arrinconada en un corredor, sin una habitación siquiera para acomodarla.

Y yo me pregunto: ¿cuánta gente no habrá en las grandes ciudades sensible a este tipo de contaminación y que no lo sabe aún? ¿Cuánta gente no se sentirá débil, sin ganas para estudiar ni trabajar? ¿Cuánta gente no sabrá que sus depresiones y sus estados de ánimo oscuros tienen su origen en estos alocados ritmos de vida contemporáneos? ¿A cuánta gente no la estarán mandando a sus casas con una receta de antidepresivos entre el bolsillo sin saber realmente el origen de sus dolencias?