8 dic. 2014

No puedo respirar









En los meses pasados hemos visto a agentes de la policía mexicana atacando a los estudiantes de Ayotzinapa a balazo limpio, secuestrando a los muchachos, desapareciendo a unos y asesinando a otros. En uno de sus discursos, Peña Nieto tuvo la desfachatez de salir a decir que los desmanes y las protestas callejeras estaban desestabilizando a la nación. Hay que ser muy cínico para salir a decir eso. Los que están desestabilizando al pueblo mexicano no son los ciudadanos indignados que han salido a la calle iracundos a exigir justicia. Al revés, lo insano sería que el grueso de la población fuera cómplice pasivo de los crímenes. El cáncer está en los políticos y los militares mexicanos aliados con los carteles. Lo que México está esperando es que su Presidente tome posición y sepa combatir desde el bando correcto, lo cual, hasta el momento, no ha hecho.
Hemos visto también cómo la policía estadounidense asesinaba a Michael Brown, un joven adolescente que iba desarmado por la calle con uno de sus amigos, y al que balearon sin piedad alguna. Poco después, vimos cómo un gorila salvaje llamado Daniel Pantaleo se lanzó sobre un sujeto pacífico y bonachón de 43 años llamado Eric Garner, lo arrojó al piso, le hizo una llave al cuello y lo asfixió hasta matarlo de manera brutal. Garner, que era asmático, alcanzó a suplicar:
- No puedo respirar, por favor, no puedo respirar.
En Colombia los escándalos de la policía no cesan. Una institución que en algún momento se preció de su limpieza y de su defensa de los Derechos Humanos, parece hoy en día irreconocible. Vimos a dos agentes de esta institución atropellar a una menor de edad y dejarla en la vía sin auxiliarla. Nos enteramos de que el ataque a Gorgona por parte de las FARC se llevó a cabo gracias al trabajo realizado por un intendente de la Policía que servía como espía al grupo guerrillero. Un coronel de esta institución, Néstor Maestre, que durante años se suponía que había llevado una vida ejemplar llena de honores dentro de la institución, resultó ser un tipo clave dentro de un cartel de narcotraficantes. Otros policías más aparecieron ligados a bandas de apartamenteros y a carteles de la gasolina. Y cómo olvidar a Diego Becerra, el joven grafitero que fue asesinado en Bogotá por dos agentes de la policía que luego alteraron la escena del crimen y mintieron a diestra y siniestra. O al talentoso Israel Hernández, otro grafitero colombiano al que mataron los policías de la Florida en Estados Unidos al someterlo a descargas con una pistola taser. Luego, en lugar de prestarle los primeros auxilios y conducirlo a un hospital, lo dejaron agonizar en las peores condiciones.
Indigna ver que la Policía, sea donde sea, no entiende su poder ni su misión. Sus bolillos, sus pistolas y revólveres, sus motos y sus carros, sus uniformes y hasta sus sueldos los pagamos nosotros, la sociedad civil. Si ellos tienen mando y armas es porque nosotros así lo decidimos. Ese poder se lo hemos otorgado nosotros para que nos defiendan y para que protejan los distintos parágrafos de la Constitución. Entonces no deja de asombrar que ellos no sepan ni entiendan su situación, y que terminen regresándose en contra nuestra, pisoteándonos, robándonos y disparándonos. Pagamos nuestros impuestos, nuestras valorizaciones y nuestras multas para que ellos tengan sus sueldos y sus prestaciones en orden, y resulta que, en lugar de estar agradecidos con la sociedad civil, lo que hacen es irse en su contra, amenazarla y atropellarla. ¿Hasta cuándo?
Me preocupa que a lo largo del 2015 la crisis de la educación en Colombia va a estallar en manifestaciones, marchas y protestas cada vez más radicales para exigir cambios estructurales, de fondo. Y con esta actitud de matones y de guardaespaldas de capos mafiosos, los policías no sólo se dedicarán a cuidar del orden público, no sólo les lanzarán bombas lacrimógenas a los estudiantes, sino que muy posiblemente disparen contra ellos o terminen matándolos a golpes. En lugar de investigar a fondo entre las directivas de esas mismas instituciones a ver quiénes son los que se vienen robando el presupuesto, apelando al amiguismo para cargos y nombramientos, e imponiendo de mala manera el nepotismo y la mediocridad como conductas regulares.
       Definitivamente, la Policía nunca parece estar del lado de las víctimas, como es su deber, sino de los victimarios.

9 comentarios:

  1. Habría que regalarles una constitución a ver si es que la leen y ahí si se dan cuenta cual es su verdadero deber.

    Definitivamente para estar "seguros" en una manifestación hay que estar lejos de los policías, nunca se sabe cuando vayan a hacer de las suyas.

    Que el universo proteja a los estudiantes en lo que se venga para el 2015.

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  2. Es el festival de la sangre, de la muerte. Los sacerdotes antiguos ofrecen sus sacrificios. Oidos impuros atienden a sus ruegos.

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    1. Sí, es una salvajada. A mí me parece increíble que en ningún momento se les ocurre soltarle las esposas para que pueda respirar, ayudarlo, darle los primeros auxilios. Lo ven morir sin pestañear siquiera, como si nada. Repugnante... Saludos, MM...

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  3. Entregarle la libertad a las armas es una de las peores cosas que hemos hecho.
    Cuando nombra la posible crisis educacional se aproxima, con protestas, marchas y todo lo que esto incluye, me pone a pensar y me preocupa, ¿por qué?, estamos acostumbrados a ser víctimas, a marchar, quejarnos y quedarnos allí, estáticos, viendo como nos pudrimos cada vez más y más. Como Estudiante me preocupa, pero más como ser humano, nos hemos convertido en carne, hueso y mucho, mucho miedo...

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    1. Esperemos que el miedo disminuya y que la lucidez nos acompañe para presionar en pos de una educación de calidad.
      Saludos, MM.

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    2. No se le entrega el poder a la policía, ni a las armas. La violencia podrá derrocar dictaduras o imponerlas, defender modelos políticos e incluso pretender perpetuarlos, pero siempre será incapaz de generar un nuevo poder, tal vez sumisión sí.
      La militarización de los conflictos trae implícita la necesidad de destruir al otro. Y justamente para alterar las relaciones de poder, se hace indispensable el diálogo, no el aniquilamiento sistemático del otro.
      La violencia nos hace tartamudear, hablar monosilábicamente, repetir lo mismo incesantemente, nos hace incapaces de encontrar nuevas formas de llamar a las cosas, y por lo tanto, de vislumbrar otros modos de vida posibles. La violencia asesina al Lenguaje, y con él, de paso, al hombre.
      Aquellos que han aristocratizado la cultura y, junto a ella, monopolizado la educación, le temen a los hombres sin miedo.

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    3. Imposible decirlo de mejor manera... Completamente de acuerdo...
      Saludos, MM...

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  4. Destapar ollas podridas en la actual sociedad, si bien, podría ser una solución, no es la que pudiera llamarse definitiva; otorgarle a la Policia esas ventajas que le dio la Constitución, fue quizá, el peor error que se pudo cometer, maxime, si se tiene en cuenta que, a pesar de que en la institución hay gente buena, la gran mayoría abusa del poder que les otorgó la sociedad, bien sea, protegiendo al delincuente, ora, atacando a los inocentes.
    Y, si de la Universidad se trata, la situación no es mejor... Se está enseñando a despreciar a los demás porque no vienen del mismo lugar que uno; se enseña a desestabilizar económica, social y culturalmente... Se ha olvidado que la labor de la educación superior no es otra cosa que una preparación para la vida. Enfrentar problemas que solo nosotros podemos resolver, no con dinero ni mediante influencias, sino a través de nuestro conocimiento. Hemos abandonado la formación de ciudadanos, para crear autómatas...

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