23 mar. 2015

EL REINO PERDIDO DE EDWARD JAMES







Fueron primero tres horas desde México DF hasta Querétaro. Carretera en línea recta, un bus cómodo, cero complicaciones. Luego vino la carretera por la sierra hasta Xilitla. Curvas cerradas, un camino serpenteante, niebla. Siete horas por entre las montañas mexicanas, entre la bruma, con el estómago revuelto y la cabeza a punto de estallar. Difícil.
Finalmente, la posada El Castillo en medio de un callejón empedrado en Xilitla. Una construcción fantasmagórica, llena de símbolos curiosos, de manos que salen de las columnas, de seres mitológicos que aparecen en las paredes, de trazos esculturales que van y vienen por los muros del lugar. Todo un misterio. Me hospedo en la que era la habitación del propio Edward James. Una foto suya adorna la parte alta de la habitación, una foto en la que va caminando con dos papagayos parados en sus brazos.
James perteneció a los surrealistas y fue un tipo muy sensible al que criticaron porque pertenecía a la nobleza inglesa y porque era multimillonario. Intentó hacer parte del grupo y defender los ideales exquisitos del movimiento, pero de un momento a otro se cansó e ideó un plan de fuga. Se fue a México, buscó un lugar remoto escondido en la selva de San Luis Potosí, y allí, acompañado por un indígena Yaqui llamado Plutarco Gastélum, se dedicó a construir durante varias décadas el jardín surrealista más grande e imponente del mundo. Una obra mágica, descomunal, avasalladora.
Se trata de un laberinto que, como los grabados de Escher, va y viene, sube y baja, avanza y retrocede al mismo tiempo. No está construido para ser percibido en las tres dimensiones lógicas de la mente racional, sino para ser visto con los ojos del inconsciente, del sueño, de las leyes que rigen el universo onírico. Son palacios, templos y monumentos que se mezclan con los bejucos, con las lianas, con el musgo, con las ramas y las hojas que poco a poco van tejiendo una arquitectura evanescente que nos habla de un reino perdido: el reverso de la realidad, el otro lado del espejo, el paso del espacio de Newton al espacio de Einstein, el país cuántico donde cada objeto se diluye en muchos objetos a la vez.
A lo largo de ese laberinto surrealista vamos atravesando puertas, cruzando umbrales, ingresando en uno y otro estadio que se alejan progresivamente del mundo tangible. Se trata de agujerear lo real, de abrir huecos e intersticios por los cuales podamos huir de la inmediatez, de la rutina, de la falacia de los sentidos, de nosotros mismos.
En la parte más alta de la montaña, escondido entre los árboles, el chamán James se recostaba en un camastro, rodeado por varias velas encendidas, y entraba en trance, mutaba, devenía otros entre el ruido de los pájaros y los insectos. En verdad, viajaba, auscultaba el misterio, intentaba develar el oscuro designio de eso que llamamos realidad.

Entre todos los surrealistas, el más enigmático y asombroso es, sin duda, Edward James. Su jardín es la constancia viva de que no estamos condenados a vivir según las coordenadas preestablecidas. Cada quien elige su propia realidad y en ella se disminuye o se agiganta. Cada quien opta por la miseria de lo que le ha sido otorgado o va en pos de lo soñado. Cada quien se hunde en el infierno que ha trazado con sus propias manos o se eleva por los aires en busca de su excelencia. La identidad, como la realidad, no es una condena, sino una elección. Y James decidió mostrarnos el camino construyendo uno de los lugares más extraordinarios de toda nuestra América.





9 comentarios:

  1. Impresionante... Viste la silleta?, ("esa punta de montaña como espolón, símbolo de Xilitla")?...

    Me vino a la mente el Misterio de la Orquídea Calavera, única referencia que tengo del lugar donde estuviste....

    Envidiable viaje Mario....

    Saludos,

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  2. Exactamente, es el tema central de la novela de Elmer Mendoza... La escultura a la que haces mención está arriba, cerca de la cascada... Y es un viaje que vale la pena, sin duda... Saludos...

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  3. Hermoso texto Mario, no sólo por la ensoñadora descripción del lugar pero por la intensidad del contenido que motiva a descubrir esa "expedición de la verdad" que brindan siempre tus escritos.
    Tengo una pregunta, más por una curiosidad personal y mi admiración a Leonora Carrington. ¿Por casualidad viste alguna pintura o mural de ella en el Jardín? O en el Castillo?
    Alguna vez leí que fueron muy amigos y ella lo visitó en contadas ocasiones, además parece ser que Edward James fue también su mecenas como lo fue de otros artistas, y compró mucha de la obra de la Carrington. Aunque he leído varios libros sobre ella y su vida, es poco lo que hay sobre esa amistad, la cual suena muy atractiva, tal vez más de la que ella tuvo con Max.
    Abrazos y ya se acerca la feria, mucha suerte.
    Aleja

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    1. Sí, en el primer piso de la Posada El Castillo, que fue la casa de James, y que ahora es un hotel, hay una obra suya. Que James la ayudara fue clave para ella, pues recordarás que venía huyendo de la Segunda Guerra y de una reclusión en un manicomio. Los unían varias cosas: su origen inglés, el surrealismo y la pasión por México... No sé si en el jardín habrá alguna influencia de ella. Me imagino que sí porque fueron buenos amigos... Saludos, Aleja, Mario...

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  4. Siempre he estado aquí, en silencio pero siempre, a veces las palabras me enredan y por eso les pido hablar muy en silencio; hasta que solapadamente emergen con la simple intención de recordarme que aún sobreviven y nada más, sin pretensiones expresas.
    Ahora que hablo. Envidio su viaje su experiencia. Los mundos extraños diferentes me atraen. Me parece que todos ustedes conocen mucho, y saben de muchas personas por eso los escucho con atención y no hablo, me agrada mucho escucharlos y permanecer en silencio. Espero que cuando se reúnan en alguna presentación, en la feria...pueda acompañarlos.
    Gracias por escucharme

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    1. Querida Edna, no hay nada que envidiar. Tú también sabes mucho. Leer es una forma de viajar, quizás la más intensa y extraordinaria. De hecho, los mejores lugares son aquellos que antes hemos acariciado y visto con la imaginación. Así que cada libro es un viaje que efectúas a territorios desconocidos... Saludos, MM.

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  5. Simplemente sin palabras, impresionado por este reino perdido; después de todo, Edward solo dejo que su imaginación dominara la realidad y todas aquellas cosas que saltaban en su cabeza sin parar, tan solo saltaron de su cabeza a los ojos de quien lo ve.
    Todo un viaje que cualquiera amante del arte quisiera realizar.
    Saludos Mario

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    1. Hay que soñar más con América, sí... Saludos, MM.

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