30 abr. 2015

FERIA DEL LIBRO DE BOGOTÁ 2015




Mañana viernes 1 de mayo, estaré firmando en el stand 1 de Planeta, pabellón 6, de 4:00 a 5:00 pm.

A las 6:30 presentaré la novela de Juan Trejo, ganadora del Premio Tusquets 2014, en el salón León de Greiff.
Ojo a este libro: Rasputín, videntes, alucinógenos, Teoría de Cuerdas, iniciaciones chamánicas, Doctor Manhattan. De lo mejor de esta feria.

27 abr. 2015

LOS LECTORES





Cuando empecé a escribir con cierta seriedad vivía en la Calle 9 # 3-24. Aún existe esa casa. Al frente quedaba el Café de Rosita. Es la Calle de La Agonía, en la última cuadra de La Candelaria. Era una pensión en donde había arrendado una pequeña habitación. Teníamos que compartir el baño entre muchos. Es la pensión de la que hablo en Relato de un Asesino. Mis amigos eran un teatrero llamado Fernando y una muchacha de gafas de carey que acababa de salir de la cárcel El Buen Pastor, una intelectual dura y comprometida a fondo con movimientos subversivos urbanos. Hace poco me saludó en Medellín, en la feria del libro pasada en esa ciudad. Nos dimos un abrazo lleno de afecto y emoción. Ahora es una profesora universitaria reconocida y debe ser un privilegio estar en una de sus clases.
En ese cuarto, al fondo, en una máquina manual, se podía escuchar el golpeteo incesante de las teclas contra el rodillo. Me la pasaba trabajando de día y de noche en mi primer libro: La Travesía del Vidente. Tenía la impresión de que alguien me lo dictaba, de voces y voces que me iban hablando en la cabeza. Primero escribía a mano, en lápiz Mirado número 2, y luego pasaba el texto a máquina, en lo que entonces se llamaba “pasar en limpio”. Los libros siguientes los escribiría de igual modo, según las reglas de la vieja escuela.





Nunca pensé que mis textos fueran a tener repercusión alguna. Lo digo de corazón, con absoluta sinceridad. Siempre me visualicé como un escritor muy marginal, solitario, cuyos libros, si acaso, llegarían a una población de seres fantasmales que me leerían en cafés de mala muerte, en parques abandonados, en instituciones psiquiátricas o en rincones olvidados e iluminados con una luz agónica. Seres retraídos, tímidos, huidizos, tristes, apagados, desesperanzados, al borde del abismo. Seres sin ilusiones, sin salida, atrapados en un mundo que no tiene escapatoria. Seres como era yo en aquel entonces.
Dejando todo a un lado, con una convicción profunda, fui armando cada uno de los libros con una paciencia de relojero. Hoy los veo todos reunidos y no sé cómo fui capaz de semejante empresa. No sé cómo no me enloquecí o no me pegué un tiro en el camino. Al poner el punto final de muchos de ellos terminé hecho polvo, sin fuerzas, deprimido. Cada uno de esos textos lo recuerdo como una travesía por parajes sumamente peligrosos, parajes llenos de trampas y de enemigos agazapados en la oscuridad.
Y ahora veo a los lectores con esos títulos bajo el brazo y me conmuevo en lo más hondo de mí. No sé cómo darles las gracias por defender una literatura tan dura, tan negra, escrita a veces en medio de estados de ánimo poco recomendables. No sé cómo decirles que gracias a ellos es que aún sigo en pie de lucha, defendiendo mi trinchera con el cuchillo entre los dientes.





Y llego a la Feria del Libro, y veo las filas, los rostros, las expresiones, y quisiera detenerme y preguntarle a cada uno cómo se llama, quién es, dónde lee, cuál es su personaje más entrañable. Porque cada uno de ellos, cada uno de ustedes, le da vida a mi trabajo, le da sentido, permite que Sinisterra o que Frank Molina encarnen de verdad, existan. Un libro en un rincón sin abrir no es nada, es tinta, papel y cartón. Mis personajes tienen piel, y sangre, y vísceras, porque ustedes les han prestado su cuerpo y su psique en un acto de generosidad a toda prueba.





Lamento no poder saludarlos a cada uno como se merecen, lamento la brevedad de nuestros encuentros, lamento no poder quedarme conversando porque en la fila, allá atrás, hay otra gente esperando una firma en Cobro de Sangre o en Satanás, y yo quisiera alcanzar a firmarles a todos, yo quisiera multiplicarme, como Doctor Manhattan, y ser ubicuo y estar con cada uno de ustedes al menos dos o tres minutos. Yo quisiera que toda la gente hubiera podido ingresar al auditorio y que luego no se hubieran presentado choques ni enfrentamientos con la gente de seguridad de la Feria del Libro. Pero no puedo controlarlo todo, no logro dominar cada uno de los frentes, estar al mando de todas las situaciones que se van presentando. Y me excuso por ello, lamento si en algún momento algún lector se sintió ofendido o maltratado. Saben bien que yo lo que quisiera es todo lo contrario, y espero que sepan perdonar la vulnerabilidad humana a la que también, miserablemente, pertenezco.
Gracias por tanto, gracias por sus expresiones de bondad, por sus palabras al oído, por sus notas, por sus abrazos, por sus regalos entregados con tanto cariño. La vida ha sido infinitamente generosa conmigo, y sé muy bien que cada uno de ustedes es un mensajero, alguien que me transmite fuerza y vitalidad, alguien que me han mandado desde una dimensión desconocida para que no baje la guardia en ningún momento.

En Sampai,

Mario Mendoza



(Con Óscar Abril y Alejo Amaya)


(Mi editor, Sergio Vilela, tomándome el pelo después de la firma del sábado)

22 abr. 2015

Presentación Paranormal Colombia (Feria del Libro de Bogotá)





SÁBADO 25 DE ABRIL 

3:00 a 5:00 p.m. (Stand 1 - Planeta) - Antes del evento.
5:30 a 6:45 p.m. Presentación "Paranormal Colombia". Auditorio: José Asunción Silva .
7:00 a ---- (Stand 3 - Planeta ) Después del evento. 

20 abr. 2015

El poder de la sociedad civil




(imagen tomada de laboratoriosdepaz.org)


Los medios de comunicación resaltan cada vez que pueden las crueldades de la guerrilla. Me parece muy bien. Nadie va a salir en defensa de una pandilla de asesinos, secuestradores, extorsionistas y narcos que han ensangrentado nuestro país de la peor manera. Recuerdo bien que cuando empezó a ser famoso el Subcomandante Marcos en México, la guerrilla colombiana intentó crear lazos con él y no pudo. El Subcomandante les dijo que abandonaran primero la extorsión y el secuestro, que esos métodos no eran legítimos para hacer una revolución. Imagínense: una guerrilla que era despreciada por guerrilleros latinoamericanos de otros países. Cómo serían de viles, tramposos y mañosos sus procedimientos.
El problema para mí empieza cuando los medios ocultan, falsean y pasan por debajo de la mesa los horrores del otro bando. Porque en La Habana no están sentados unos bárbaros con un grupo de hermanitas de la caridad. No. Están sentados asesinos con asesinos.
Las Fuerzas Militares están implicadas no sólo en las torturas de miles de estudiantes universitarios (todo lo que les suena a socialismo o a comunismo es demoníaco para ellos), en desapariciones forzadas y en crímenes selectivos (como los de los sobrevivientes de la cafetería del Palacio de Justicia), sino en genocidios a gran escala, como el exterminio de todo un partido político, la Unión Patriótica. Es decir, en el crimen de miles de colombianos, con sus familiares y sus amigos incluidos, que fueron cazados en sus casas, en sus trabajos, en la calle, y masacrados de la peor manera.
Por esos años, con la complicidad directa o indirecta de integrantes de las Fuerzas Militares, mataron a candidatos a la Presidencia de la República (Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro, Luis Carlos Galán), a Héctor Abad Gómez, a Álvaro Gómez (que venía de la derecha más recalcitrante), e incluso llegaron hasta Jaime Garzón, un humorista, y no soportaron sus chistes, sus imitaciones ni su humor negro. Y cuando empezamos a rastrear hasta dónde el establecimiento colombiano tenía vínculos con la mafia, llegamos hasta el Ministro de Defensa (Fernando Botero hijo por aquel entonces) y el mismo Presidente de la República, Ernesto Samper. Y en los últimos años nos hemos venido enterando de que muchos otros presidentes recibieron dineros de los narcos, y pactaron con ellos y armaron grupos de delincuencia organizada patrocinados por el Estado, como los famosos Pepes.
Es decir, los medios de comunicación, serviles, mediocres y tendenciosos, se hacen los de la vista gorda cuando se trata de informar a cabalidad sobre quiénes son los personajes que están sentados en La Habana negociando la paz. Que no se nos olvide que el Presidente Santos, cuando era Ministro de Defensa, ofreció jugosas recompensas por las cabezas de varios guerrilleros, estableciendo en Colombia la pena de muerte de manera ilegal, violando flagrantemente la Constitución. Y cuando uno de los subalternos de un frente guerrillero fue a cobrar una de esas recompensas, le preguntaron que cómo sabían ellos que el tipo sí estaba muerto, que mostrara pruebas, que trajera al menos la mano del fulano para confirmar las huellas dactilares. Se trataba de Iván Ríos. Y, como salidos de una película de salvajes primitivos o de un film de terror de bajo presupuesto, los secuaces que traicionaron a Ríos le amputaron la mano al cadáver y la presentaron como prueba. Santos pagó la recompensa a cambio de ese miembro humano todavía sanguinolento. La sola imagen, que está a años luz de una democracia moderna, habla por sí sola.

En La Habana no hay unos tipos malos negociando con un rebaño de ovejas desamparadas. Son dos bandos de carniceros y genocidas que han incendiado nuestro país saltándose la Constitución sin reparo alguno en miles de ocasiones. Y es precisamente por ello que el tercer bando es fundamental, el bando clave: la sociedad civil. Van a intentar que nos inclinemos hacia un lado o hacia el otro, que nos matriculemos, que los respaldemos, que los defendamos. No, no y no. Nosotros no hemos empuñado armas, no hemos matado, no hemos extorsionado ni expropiado campesinos. Por eso tenemos la supremacía moral. Nosotros no hemos resuelto nuestras diferencias a cuchillo ni a plomo. Nuestro deber es vigilar y exigirles a los bandos en conflicto que no se levanten de la mesa, que se pongan de acuerdo, que firmen, que se comprometan a respetar los acuerdos. Si se logra la paz es porque ese tercer bando ha asumido a fondo su responsabilidad histórica. Nosotros somos no sólo necesarios, somos indispensables.

16 abr. 2015

Mario Mendoza en la Feria del Libro de Bogotá 2015





Como me han preguntado tanto por el conducto interno cuándo estaré en la feria, vuelvo y aclaro:

El sábado 25 de abril es la presentación de Paranormal Colombia a las 5:30 de la tarde. Antes y después de la presentación estaré firmando libros.


El domingo 26, el viernes 1 y el sábado 2 firmaré de nuevo en los stands de Planeta, en el horario que está ahí.


Y el viernes 1, además, a las 6:30, presentaré la novela de Juan Trejo, La máquina del porvenir. Un libro maravilloso, ya verán.


Allá nos vemos, MM.

14 abr. 2015

FERIA DEL LIBRO DE BOGOTÁ, 2015






PRESENTACIÓN DE PARANORMAL COLOMBIA

Sábado 25 de abril, Auditorio José Asunción Silva, Corferias, 5:30 pm.

Firma de libros: en el stand 1 de Planeta, Pabellón 6, desde las 3:00 pm. Después del evento, me dirigiré al stand 3 de Planeta, Pabellón 6, a seguir firmando libros.
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Domingo 26 de abril, firma de libros, 4:00-6:00 pm, Planeta, stand 3, Pabellón 6.

Viernes 1 de mayo, firma de libros, 4:00-5:00 pm, Planeta, stand 1, Pabellón 6.
Presentación del libro "La máquina del porvenir", de Juan Trejo, Premio Tusquets 2014. Diálogo con el autor. Salón León de Greiff, 6:30-7:30 pm.

Sábado 2 de mayo, firma de libros, 3:00-4:00 pm, Planeta, stand 3, Pabellón 6.

13 abr. 2015

Stop! Rodando el Cambio - sub english / français / italiano / castellano

Rodeemos el diálogo





Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo.
Mahatma Gandhi

La semana pasada me invitaron a una tertulia de gente de diversa procedencia que se reúne a discutir, a leer y a planear distintas estrategias para cambiar la sociedad ahora que se firme la paz y llegue el post-conflicto. Habían leído un par de mis libros y les parecía interesante oír mis opiniones, discutir conmigo, preguntarme acerca de algunas situaciones que tienen que vivir mis personajes. Acepté desde enero la cita y llegué muy puntual al encuentro con ellos.
Nos reunimos en un restaurante pequeño en la Carrera Séptima con la Calle 67. Cerraron el lugar y corrieron las mesas para que quedaran en círculo. Había académicos muy serios recién llegados de sus doctorados en el Reino Unido, tanto colombianos como ingleses, estudiantes de distintas carreras, empresarios, amas de casa lectoras, un poco de todo. Me conmovió ver a ese grupo tan preocupado por armar un nuevo país, una nueva nación, una nueva historia.
El eje central de nuestra conversación fue que todos los vicios de segregación, exclusión y clasismo que ha practicado esta sociedad desde sus inicios son las verdaderas causas de la violencia. Y si continuamos en las mismas entonces vamos a seguir reproduciendo los patrones que tarde o temprano nos volverán a hundir en el conflicto. El problema no es la guerrilla, ni el narcotráfico, ni los paramilitares. El problema somos nosotros mismos.
Si seguimos creyendo en el éxito, en amasar una fortuna, en ser un líder que va a gobernar toda su generación, en el reconocimiento y la fama, en el triunfo individual, en la competencia insana y corrosiva, en relacionarnos bien (es decir, sólo con personas de estratos superiores al nuestro), en fin, si seguimos repitiendo los viejos esquemas del capitalismo salvaje y depredador, entonces no entenderemos la tarea histórica que nos corresponde y todo volverá tarde o temprano a ser un mar de sangre. Estamos en la obligación de revisarnos, de conformar un nuevo tejido social, de modificar esas conductas tan anquilosadas que incluso repetimos de manera inconsciente.
Es la hora del trabajo en equipo, en grupo, de pensar en el otro, de entender la importancia de la alteridad y el cooperativismo. No se trata de ascender socialmente, de trepar, de volverse un alpinista que escala sobre los hombros de los demás, sino de conformar fuerzas que nos beneficien a todos, de ser útil a la comunidad.
Es impactante, por decir lo menos, el fervor y la honestidad con los que este grupo está empeñado en cambiar el presente. Dos días después de reunirse conmigo iban a desayunar con el actor y dramaturgo Fabio Rubiano para lo mismo: para escucharlo, para preguntarle, para bombardearlo con ideas y propuestas.
Primero nos quejamos y nos quejamos de todo el horror que nos circunda. En un segundo momento creemos que mediante el voto democrático es posible ese cambio tan anhelado, pero pronto nos damos cuenta de que la democracia también tiene sus vicios y sus sinuosidades. Entonces sólo queda una última manera de cambiar el mundo: hacerlo nosotros mismos.

Creo profundamente en que somos capaces de reinventarnos como sociedad. La página de los asesinatos, los secuestros y los boleteos ya está escrita. No más. Tenemos pendiente escribir la página de la solidaridad, la fraternidad y la cooperación. Ya escribimos la página de nuestra barbarie. No hemos escrito aún la página de nuestra inteligencia. Y es ahora o nunca.


6 abr. 2015

Ese anarquista imprescindible





No sé por qué a veces, en ciertos momentos complicados de la vida, nos caemos en agujeros negros sin darnos cuenta. Vamos rodando tranquilos, todo fluye bien, y de pronto, de un momento a otro, se abre el mundo e ingresamos en las peores zonas de nosotros mismos. Puede ser una ruptura amorosa, la muerte de alguien cercano, la crisis de la época, el vacío de nuestro tiempo, o simplemente una melancolía que no sabemos muy bien de dónde proviene.
Lo cierto es que caemos y caemos. Levantarse es difícil, todo lo vemos negro. El mundo, allá afuera, nos parece una trampa desagradable y tediosa. No dan ganas de nada. Es grato quedarse en casa, no hacer mayor cosa, dormir o ver televisión. No bañarse es todo un placer. Y, por supuesto, los últimos en aceptar que estamos pasando por una depresión somos nosotros mismos.
Y ojo, porque la gente suele confundir la tristeza con la depresión. Son asuntos muy distintos. La tristeza incluso puede ser positiva, pues afirma la vida por algo concreto: un duelo, una preocupación laboral válida, un examen de conciencia que está pendiente. La depresión es otro asunto muy distinto. No hay yo, no hay sujeto, y por eso está uno anulado de entrada. No hay voluntad porque no hay una identidad dónde apoyarse. Es la pérdida total de sentido. La muerte se ve, incluso, como una salida viable, como el único modo de detener tanto abismo interior, tanto precipicio.
En ciertos períodos de exceso de confianza en sí mismo uno suele creer que está exento de caer en esas trampas del alma. Error. En cualquier momento, tarde o temprano, uno conocerá sus más íntimas vulnerabilidades, y se verá abocado a descender en esos sótanos malolientes de la conciencia.
El mayor problema es que la falta de sentido en la vida va creando un tirano, una especie de reyezuelo que se atrinchera en su reino y que empieza a controlarlo todo según unas normas absurdas dictadas en medio del delirio. Se van creando rutinas, hábitos, ideas, afectos que justifican esos ritmos de vida oscuros y siniestros.
Creo que, en esos casos, hay que apelar a ese anarquista que está escondido allá, muy al fondo de cada uno de nosotros. Si hay un tirano que pretende gobernar nuestra vida con sus reglas absurdas e irracionales, también hay un demente, un chiflado irreverente, un agitador que puede poner petardos y hacer volar el palacio del dictador en mil pedazos. Cuando todo va mal, cuando estamos encerrados sin ver la luz del sol, cuando nuestras propias manos están empeñadas en asfixiarnos, la única salida es apelar a ese anarquista, ponerse en contacto con él y empezar a fraguar una revolución. Hay que aprender a ponerse bombas a sí mismo. No hay que temerle a ese terrorista interior que es capaz de cualquier cosa. A veces la única manera de zafarse del horror es dándose un golpe de Estado y eliminando a toda la cúpula que se ha anquilosado en la mente destruyendo la alegría de la vida, la capacidad de riesgo y aventura, la potencia de explorar hacia adelante.

Bienvenidas todas las micro-revoluciones interiores. Bienaventurados todos aquellos que son capaces de derrotarse, de vencerse, de tumbar a los amos y tiranos interiores que envilecen nuestras vidas. Benditos sean los que aún confían en sí mismos hasta el punto de convocarse para una revolución vital, para una última jugada maestra: un jaque mate psíquico sin contemplaciones, sin piedad alguna.