17 ago. 2015

Mutaciones






He escrito antes sobre la admiración que me producen aquéllos que doblan voces o que encarnan los personajes de los dibujos animados. En este sentido no hay nadie comparable a Mel Blanc, el hombre que creó la voz de Bugs Bunny, la de Silvestre,  la de Porky, la del Pato Lucas y decenas de personajes más. Es cierta la leyenda de que Blanc comía zanahorias mientras hablaba como Bugs hasta que se destrozó las encías y entonces pidió que por favor se las sirvieran hervidas. Masticaba y escupía en un balde a la velocidad de su personaje.
También es increíble la historia de John Leguízamo haciendo todo tipo de malabares para poder dar con la voz de Sid, el oso perezoso de La Era del Hielo. Se metía fruta y pan mojado entre la boca para poder dar con ese tono húmedo de la voz del personaje.
Los actores son seres mutantes, con identidades maleables, que salen de sí con facilidad, y que no sólo encarnan en otros seres humanos, sino en animales reales y mitológicos, en brujas, en objetos, en fuerzas de la naturaleza. No imitan, devienen otros.
De Niro subía y bajaba de peso a su antojo de una película en otra, Christian Bale terminó en el hospital bajo supervisión médica por culpa de su papel en El Maquinista, Dustin Hoffman seguía cojeando meses después de haberse terminado el rodaje de Midnight Cowboy. Los actores viven en realidades intermedias, caleidoscópicas, fractales. Son difíciles de atrapar.
Basta ver a Roman Polanski en El Inquilino, vestido de mujer, con una peluca rubia extrayendo un diente de un hueco en la pared para sentir un escalofrío en todo el cuerpo y saber que en ese momento lo real es algo plegable, múltiple, que se dobla y se desdobla gracias a la fuerza del actor.
Alguna vez Marlon Brando dijo que le había perdido el gusto a la actuación porque de repente, misteriosamente, lo real se había endurecido, se había quedado quieto, y no encontraba cómo volver a aligerarlo, a convertirlo en un material plástico. El que tiene un principio de realidad muy sólido cada vez se parece más a sí mismo.
Hace poco me mostraron las tomas de cómo el actor Benedict Cumberbatch había encarnado al dragón Smaug en El Hobbit y volví a sentir esa misma emoción estética. Cumberbatch se arrastra por el piso, se estira, se retuerce mientras enuncia sus parlamentos con esa voz grave que le da a las palabras una sensación de eco cavernoso. Sus ojos se transforman y no mira como un ser humano, sino como el dragón en el que se ha transformado. Cada músculo está tenso, cada dedo es una garra, cada tendón está preparado para cualquier giro intempestivo. La boca se abre como si fuera un hocico a punto de echar fuego. El cuello se estira y las piernas van creando una danza animal a lo largo del piso. No es un hombre lo que estamos viendo, sino un intermedio, un umbral, un devenir dragón, un estado de trance, una posesión. Admirable. He ahí el poder del arte, su fuerza liberadora.

Bienaventurados todos aquéllos que sienten dentro de sí fuerzas que los extrapolan, que los sacan de sí mismos, que los conducen a regiones inexploradas donde el yo no es más que un lejano y remotísimo recuerdo.

18 comentarios:

  1. Siempre me ha cautivadoo esa manera de escribir tan callejera, repleta de realidad y a la vez "nostálgica" que lo caracteriza sólo a usted, buena energía Mario. Gracias.
    Uno no sabe para quien escribe pero si tiene una vaga idea de quien le gustaría que lo leyera...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Escribimos para Viernes, que está allá, al otro lado de la página esperando para empezar su viaje... Saludos, MM...

      Eliminar
  2. Excelente escrito Mario, al respecto si te interesa puedes ver la pelicula "Holy Motors" de Leos Carax, es increible la facilidad que tiene el actor para desdoblarse en mundos diferentes mientras realiza un viaje de un día apropiandose de cada uno de sus personajes como si fuera su vida propia. Un saludo y gracias por tus historias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué buen dato. La buscaré. Gracias. Hace muchos años vi de él Mala Sangre, y me encantó... Saludos, MM...

      Eliminar
  3. Si, por eso es que es un poco triste cuando las gentes descartan la pareidolia como algo menor y carente de importancia. Es en el momento pareidolico precisamente donde la realidad se derrite y deviene, para utilizar la palabreja esa, otra cosa y, en realidad, mas que la realidad, el que se derrite y deviene otro, es el observador.

    Un gol del inconsciente o un mensaje del mas alla. Una revelacion de otras realidades o un acto soberano de la imaginacion mandando a la logica a freir esparragos. La pareidolia es la puerta. La pareidolia sea acaso una de las mas excelsas capacidades del ser humano.

    Frente de Liberacion Pareidolico, presente!

    Saludos,

    Comandante D.
    F.L.P.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Comandante D, le veo futuro a este movimiento de liberación. Qué duda cabe. Yo prefiero los misterios que no entran en la pareidolia, que no tienen explicación lógica alguna, y que nos dejan al borde mismo del abismo. Por ejemplo, todas las investigaciones del psiquiatra John Mack acerca de los abducidos o el hecho de que varios países estén ya preparados para una catástrofe apocalíptica gracias a la construcción de la Bóveda del Fin del Mundo. Apoyo la imaginación tanto como su movimiento, sólo que en mi caso cualquier explicación lógica nos deja igual enfrentados al vértigo del vacío.
      Saludos, Comandante,
      MM.

      Eliminar
    2. Inspirador texto Mario, me remite a las ideas que vengo estudiando en Jung, quien seguramente leyó profundamente a Heráclito y entendió que la función "autorreguladora" de la psique no se da sin la lucha de los opuestos o contrarios. No sé que tan cerca estuvo Jung de Freud al ver el principio de realidad a la luz del principio de placer solamente; pero me parece más profundo Jung cuando analiza la psiquis como una forma temporal dialéctica; en palabras suyas más o menos: si un pensamiento domina la vida consciente entonces un principio inconsciente se estará gestando y así se inhibe ese "pensamiento" o se interrumpe a favor de la imaginación, del delirio, de la creación, a veces de la neurosis; y ello puede estar "presagiando" un renacer de la personalidad.
      Lo que dice Prefijo sobre la pareidolia, creo que es como cuando se dibuja con el lado derecho del cerebro, yo lo aplico aveces con mis alumnos jóvenes; simplemente salen cosas maravillosas, hay un acercamiento a la forma pero a la vez un distorsionamiento de ella impecable.
      Que rico volverte a leer para perderse en cavilaciones de todo tipo. Saludo.

      Eliminar
    3. Sí, Jung estaba más cercano a la multiplicidad del inconsciente. El yo era para él una experiencia menos fascinante. Por eso es tan sorprendente, tan revelador... Un abrazo, Aleja, Mario...

      Eliminar
  4. Uff!... qué fuerza y qué pasión por lo que hacen. Admirable. No tenía ni idea de éste trabajo tan elaborado, muchas veces pensé que esas tonalidades y matices eran producto de retoque digital en la postproducción. Algo más para admirar y detallar en el séptimo arte.
    Un abrazo, sumercé.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin duda. Un actor está poseído, y el exorcismo que lo libera se llama arte... Saludos, MM...

      Eliminar
  5. Estas son las verdaderas palabras que tienen sentido, pero, de una forma encantadora. Siempre nos ha deleitado con tan exquisitos pensamientos, y es lo esencial, porque para escribir así hay que sentirlo. Entre páginas se puede deducir la persona que eres. Y es la mejor manera de dejarse conocer y hacer que otros nos conozcamos.

    ResponderEliminar
  6. Estas son las verdaderas palabras que tienen sentido, pero, de una forma encantadora. Siempre nos ha deleitado con tan exquisitos pensamientos, y es lo esencial, porque para escribir así hay que sentirlo. Entre páginas se puede deducir la persona que eres. Y es la mejor manera de dejarse conocer y hacer que otros nos conozcamos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los textos como espejos, como azogues que nos reflejan y nos multiplican... Saludos, MM...

      Eliminar
  7. Me criaron a punta de cuentos de hadas. Me los contaba una mujer que en épocas de tristeza veía castillos en el cielo. Con el tiempo, heredé esa distorsión de la percepción que me impide ser alguien adaptable, que genere confianza. Mi actuación consiste en no delatar mis nervios, mi imaginación, fingirme un mortal que no revisa la chapa antes de dormir o que siente su cama temblar en época de almas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En la clínica, de niño, estaba seguro de que me había salvado gracias a los personajes de los libros que leía. Aún hoy, confío más en mi biblioteca que en los médicos. Es mi forma de curarme de todo mal. Aunque haya que fingir todo lo contrario...
      Saludos, MM...

      Eliminar
  8. ¿Es escribir una búsqueda de unos sentimientos y sensaciones iguales o similares a los nuestros, en los otros?. ¿Es la lectura otra búsqueda parecida?
    Nuestro maravilloso cerebro crea realidades y se mimetiza con las realidades ajenas. Eso creo, además ordena la sanación del resto del cuerpo, mientras la mente se distrae en otras realidades y deja la fijación en el dolor o la incomodidad de la enfermedad. ¿Porque hay que fingir?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, la lectura y la escritura son devenires de alta intensidad... Saludos, MM...

      Eliminar
  9. Majestuoso. Inglés tenía que ser. Un viejo refrán de las artes escénicas, reza así: en el escenario, nunca te pares al lado de un animal, un niño o un actor inglés.

    ResponderEliminar