17 oct. 2015

PREMIO DE DISEÑO GRÁFICO






Alejo Amaya y Oscar Abril, los ilustradores de todas mis carátulas, ganaron un premio internacional de diseño con esa colección. Me alegro mucho por ellos. Qué privilegio trabajar a su lado. Ellos son también los ilustradores de la saga juvenil que está empezando a salir con Planeta.

Un abrazo de felicitaciones para ellos.
Enhorabuena, MM.




http://www.veredictas.com/index.php?md=premis&accio=guanyadors&id_categoria=661





Y ganaron también en esta otra categoría:

http://www.veredictas.com/index.php?md=premis&accio=guanyadors&id_categoria=669


9 comentarios:

  1. Necesitamos más gente como ellos en la industria editorial. Gente que entienda la importancia del libro como objeto sagrado.
    Felicitaciones para ellos y su gran trabajo.

    -Mauro Vargas.

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  2. Es un muy buen trabajo... Felicitaciones para los dos...
    Gracias por permitirnos disfrutar ese maravilloso arte gráfico.
    Saludos.

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  3. Tremendos artistas. Son la clase de personas que necesitan con urgencia las editoriales porque carátulas como las del libro de Avski- El infinito se acaba pronto- y el de Melba Escobar - La casa de la Belleza-, realmente no atrapan a nadie. La función de una carátula debe ser la de actuar como una telaraña que atrape lectores. Las carátulas diseñadas por Amaya y Abril cumplen esa función. Me pregunto si sus servicios son exclusivos de Mario Mendoza o si también trabajan en las carátulas de otros autores.

    Saludos.

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    1. Ellos son independientes y cualquier editorial puede contratarlos sin problemas... Saludos, MM...

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  4. Tengo las primeras ediciones que me parecen también bellas y están firmadas, así que son mis preferidas, pero luego vino la edición de Lady Masacre con el stencil, fue un detalle hermoso, y otras. Felicitaciones a ese equipo tan excepcional.

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  5. El talento de ellos es incuestionable, en efecto... Saludos, MM...

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  6. Hola, sus comentarios los tomamos con todo respeto y cariño el mismo que tenemos por el universo literario de Mario. Muchas gracias a todos por creer en las líneas, colores, contrastes y texturas de la literatura.

    El comentario esta partido en dos partes.

    Cuando un diseñador les diga que en lugar de escribir prefiere hacerles un dibujo es mejor que le crean porque si continúan leyendo me van a dar la razón. Gracias por leer estas líneas, quiero compartirles algunas pocas anécdotas que hemos acomulado en estos años de trabajo con Mendoza.

    Trabajamos con una pregunta siempre en mente ¿cómo deben lucir las historias? Esas historias sin duda necesitan una cara, una apariencia, un primer discurso y es una tremenda responsabilidad que tomamos con toda la seriedad del caso pero también con toda la diversión posible. Nuestra responsabilidad es hacia ustedes los lectores, pero sobre todo hacia el autor. El trabajo que hacemos es esa “primera impresión”, tengan en cuenta que la mayoría de los libros que están en los estantes y exhibidores vienen envueltos con un asqueroso papel transparente, como un dulce delicioso pero mal empacado y tenemos que hacer que ustedes se acerquen y quieran devorarse esos dulces de tinta impresa.

    Aunque en el caso de Mario ese dulce puede salirnos con sabor a degradada realidad de novela negra, sabor a Bogotá subterránea, a ciudad de mil caras donde sus personajes pueden ser muchos a la vez, pueden morir y volver a nacer, que bien podríamos ser cualquiera de nosotros. Su obra, como muchos de los mejores dulces tiene un sabor único, tan diferente que siempre se quedan en la conciencia y en el alma de sus lectores y mejor aun en el alma de su diseñador.

    Tengo la anécdota de Mario diciéndome que si al leer este Buda Blues y no me enganchaba en las primeras 54 páginas podría mandarlo al carajo, menos mal no aposté porque hubiera perdido.
    Encerrados los tres, el fotógrafo, Mario y yo en un estudio de dos por dos metros hablando mierda y tomando fotos. Sin duda la historia de buscar y encontrar de Vicente y su amigo Sebastián me atrapo tanto que quise ser yo mismo quien interpretara a este anarquista con mascara antigás tirando un botellazo molotov a la cara del mundo capitalista. El hombre de la mascara puede ser cualquiera de ustedes, esa es la magia de las mascaras, esa es la magia de tener el control de la imagen. Esa es la constante de los libros de Mario, ponerle mascara o ocultar el rostro de los personajes para que cualquiera de nosotros pueda poner el suyo en su lugar.

    Todas las cubiertas tienen su referente propio de la cultura pop, traídas del cómic o del cine. El mismo Mario es una biblioteca andante que me abrió la cabeza en dos con referentes que el mismo busca y encuentra para hacer sus historias. Precisamente eso fue lo que le pedí, información privilegiada que solamente el puede tener de su universo mental, me siento afortunado de tener esa puerta abierta para provecho del ejercicio gráfico.
    Continua…

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  7. En Apocalipsis pretendí ofrecerle a Mario el hacer un cameo para esta cubierta, como lo hacen los mejores creadores de historias desde Stan Lee hasta Tarantino. Sin llegar a pedírselo el ya se estaba ofreciendo porque vio allí la oportunidad de encarnar a Marcos y de esa forma hacer que la experiencia creadora de la historia fuera completa, dibujando ese circulo entre crear el personaje y verlo cobrar vida. El personaje vive en esos 15 x 23 cm de la cubierta, esa es su mente, así de reducida, como los hikikomori que viven, sobreviven y se pudren en su estrecha realidad. Las sombras juegan un papel importante en este universo gráfico literario, siempre están presentes como jueces, verdugos o espectadores. En Buda Blues están las sombras alargadas de los policías y la gente que da la espalda, en Una escalera al cielo la sombra reflejada de sus verdugos sobre el Renault 12, en ScorpioCity el aguijón en su espalda, su propio peso, en Apocalipsis el reflejo de la obsesión de Marcos en la fotografía del caos y la inmundicia y así en muchas otras que les invitó a repasar.

    Mi preferida, Lady Masacre, ejemplo de como una historia puede estimular el poder de creación del diseño desde varios frentes. Decidí invitar a gente extraordinaria para darle vida a la dama de la noche, ese personaje pintoresco, hermosos y misteriosos detrás de la mascara. El primero al que recurrí fue a un diseñador de modas, perfecto para darle el look que solo una mascara de un personaje como lady puede tener. Al bus también se montó un fotógrafo de moda y junto con él su ejercito de maquilladores y asistentes, así es como debería tratarse al personaje misterioso detrás de la mascara y al final, ella, hermosa, "poderosa, imponente, alta, de ojos rasgados y boca fina, delicada, como actriz de cine…” con lo mejor de ambos mundos, lo mejor de ellas y nosotros.

    Hay un referente brutal un gusto que comparto con Mario, un ingrediente gráfico alimentado por el imaginario delirante de Doctor Jekyll y Mister Hyde. Mario dejo en claro cual era su intención literaria al escribir Relato de un asesino y Satanás. Son un díptico, son el lado A y B del mismo disco degradado, Tafur y Campo Elías son dos capas de la misma cebolla podrida.
    Es claro que la conexión entre ambos la conozcan los que han leído estas dos historias porque Mario así lo expresa en su escritura, pero gráficamente tenemos la labor de hacer esa conexión entre los dos. La comida, como elemento conector nos comunica muchas cosas, es claro el pudor que tenemos hacia los alimentos. Nadie se llevaría a la boca un pedazo de carne podrida pero resulta que los personajes que habitan dentro de Tafur y Campo Elias serias capases de alimentarse de esa inmundicia, así en su exterior, sigan siendo el hombre común de ciudad y el maestro de ingles limpio y correcto. Una es negra, contada desde el interior de la cárcel, la otra es blanca contada desde la luz de Poseto. El circulo esta completo, son el blanco y negro de una misma realidad.

    Hay mucho más que contar pero se puede ir de a pocos, cada cubierta es en sí una breve historia que lo único que busca es seguir respetando el cariño y admiración que tenemos por la edición y la literatura.
    La invitación final. Los acabados de los libros esconden elementos que son perceptibles con la luz o con el tacto, invitan a ser vistos, luego tocados y finalmente leídos. Al estar leyendo los libros se experimenta esa agradable sensación de querer volver cada vez a la cubierta para descubrir mas detalles ocultos. Ya quiero ver a la industria pirata haciendo lo mismo o mejor aun quiero ver que eso mismo se pueda hacer con un iPad… nadie quita la experiencia del libro como objeto, del olor a tinta, del tacto, de los acabados, a ellos, a los libros nunca se les acaba la batería.

    Muchas gracias Doctor Manhattan, muchas gracias a todos.
    Los invito a conocer más de nuestro trabajo en construcción en
    BaP-Studio.com
    www.issuu.com/bacanika
    Estaremos siempre a sus servicios.

    Oscar Abril - oscar@bookandplay.info

    Fin del comunicado.

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    1. El otro día estuve revisando obras de autores colombianos y creo que no existe un caso similar, la unificación de todo un mundo literario en un sólo universo gráfico que exprese por sí mismo las pautas estéticas creadas por el escritor. Qué privilegio el mío. Ha sido un trabajo de años, poco a poco, lentamente, pero fascinante. Y esto no debería ser la excepción, sino la regla. Los escritores deberían trabajar con los diseñadores para que el libro, al final, fuera una obra plena, redonda, cerrada. Hay casos lamentables. Recuerdo, por ejemplo, la carátula de Conversación en la Catedral, de Vargas Llosa, en una vieja edición de Círculo de Lectores. En la portada aparece una catedral, una iglesia. Increíble. En la novela es un bar donde los protagonistas se reúnen a conversar. Eso demuestra la nula importancia que la editorial le dio al diseño del libro.
      Yo, además, tengo la suerte de estar trabajando también toda la saga juvenil con ustedes dos. Viajes, lecturas, trabajo de campo, reflexiones a toda máquina. Los dos volúmenes que ya salieron, Zombies y El Palacio de los Sarcófagos, son verdaderas obras de arte para los muchachos. De eso se trata todo esto, de generosidad creativa, de afecto y respeto por el lector.
      Gracias por los mensajes, muchachos.
      Un apretón de manos, MM.

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