19 oct. 2015

Que viva la música





La próxima semana se estrena la película Que viva la música, basada en la novela del mismo nombre del escritor caleño Andrés Caicedo. Cuando uno ve adaptaciones es importante tener claro que no va a ir a ver la novela traducida en imágenes página por página, ni que va a asistir a ver si la película se parece o no a la interpretación que uno se hizo del libro. No. Va a ver la adaptación que unos artistas hicieron, es decir, va a ver una obra de arte nueva, inédita, cuya base original es la narrativa del escritor. Y esa obra nueva debe apreciarse en sí misma, sin comparaciones con el texto literario. La película debe o no defenderse por sí misma, respetando, por supuesto, el aire, la temperatura, el universo particular del libro.
La leyenda de Caicedo es tan fuerte, su biografía está atravesada por tantos acontecimientos de alta intensidad (las drogas, la depresión, su posible homosexualidad, los tratamientos psiquiátricos, el suicidio), que es difícil deslindar toda esa mitología al momento de hacer una película sobre uno de sus libros. Es un trabajo arduo y me imagino las discusiones, los líos y los vericuetos por los que tuvieron que pasar los guionistas, el director y los productores de este largometraje.
En esta versión el resultado es una película de impecable factura que apunta a un elemento particular: ¿cómo escapar de esas celdas invisibles que va creando esta sociedad arribista, clasista, de doble moral, pacata, mojigata, sádica, hipócrita y cruel hasta niveles enfermizos? ¿Cómo se huye, cómo se abre la puerta de esa prisión que es el establecimiento, el panóptico contemporáneo?
La protagonista de la película se arroja un buen día al maremágnum de la ciudad y atraviesa los muros de ese mundillo aparte, cómodo, de los estratos altos en donde todo es banalidad y enajenamiento. Se trata de un vector inesperado que la saca, que la extrapola, que se apodera de ella hasta lanzarla a otras dimensiones. Es toda una aventura urbana vertiginosa, sin objetivos precisos, pero que la va liberando paso a paso.
Y aquí voy a permitirme insistir en un ejemplo que he repetido antes en distintos escenarios e incluso en columnas anteriores. Hace unos años me puse en la tarea de buscar un o una joven de estrato 6, de colegio o universidad privados, que tuviera sus afectos en los estratos uno o dos. Un estudiante de Los Andes que se hubiera enamorado de una empacadora de Carulla o de una cajera del Tía. Una joven de la Universidad Javeriana que se hubiera enamorado de un mecánico humilde o de un albañil. Es decir, un ejemplo de cómo el poder de los afectos trasciende toda estratificación social.
Mi investigación arrojó una cifra escalofriante: 0.0. No nos mezclamos. He ahí el verdadero origen de nuestra violencia. Nos han enseñado a relacionarnos en el mismo estrato social o hacia arriba. Cuando uno le pregunta a alguien por la democracia y la igualdad, todo el mundo dice que sí, que por supuesto, que todos somos iguales. Y si vemos las vidas privadas de esas mismas personas, sus amigos o sus parejas siempre han estado en su misma clase social o en una superior. Nuestra sociedad es una de las más clasistas y segregacionistas del continente.
Esto es, nuestro problema no es la guerrilla, ni los paramilitares, ni los narcos. El problema somos nosotros mismos. Ahora que firmaremos la paz en La Habana, el problema no será reinsertar a los guerrilleros. El auténtico problema es cómo reeducarnos a nosotros mismos, cómo salir de ese clasismo y ese racismo inconscientes que practicamos a diario sin darnos cuenta.
Esta película de Carlos Moreno, a quien recordamos gratamente por su ópera prima Perro come Perro, es un viaje en busca del otro, es un filme sobre la alteridad más allá de los discursos de exclusión que hemos aprendido y de la pésima educación emocional que nos han inoculado desde la infancia. Y su enorme mérito es que no cae en maniqueísmos ni en oposiciones simples. En ningún lugar hay paraísos, al otro lado de las fronteras invisibles de nuestras megalópolis fantasmales el mundo no es bueno ni maravilloso. También es cruel y despiadado. Pero estamos en la obligación de conocerlo, de saber de él.




El paso del rock a la salsa de esta película es la entrada también en lo negro, en el Black Power, en el swing caribeño, en los tambores africanos. Porque los discursos y la lucha de Angela Davis, de los Panteras Negras o de Malcolm X, que Caicedo vivió muy de cerca, siguen hoy más vigentes que nunca. Black is beautiful. En el caso latinoamericano, ese poder negro nos llega también a través de Ray Barreto, Hector Lavoe o la Sonora Ponceña. Nuestra identidad es un ritmo que se hace cuerpo.
Ojalá que las nuevas generaciones tomen esta película como un manual de des-clasamiento, es decir, como una auténtica propuesta de democracia e igualdad fraternas.




10 comentarios:

  1. Un libro fenomenal lleno de contenido. Difícil no tener una expectativa inmensa de la película. Salsa y rock; lluvia con nieve.

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    1. Es una lectura muy particular, pero me parece más que válida. Y está muy bien hecha... Saludos, MM...

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  2. Es imposible complacer a todos a la hora de crear una adaptación de cualquier cosa. El punto del disfrute está en saber separar la obra original de la derivada, apreciando la nueva creación como un punto de vista de la original. La pregunta es ¿qué validez creativa tiene una obra dependiente de otra?

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    1. Así es... Yo creo que la validez está en el nivel estético de la nueva obra, en su fuerza, en que se defienda a sí misma. El Padrino es una obra maestra, y hoy en día no nos interesa en absoluto compararla con el libro... Saludos, MM...

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  3. Que viva la música era un libro tabú en los ochentas, se lo consideraba literatura menor y en las facultades de literatura no creo se le dió jamás la menor importancia. A algunos nos cambió la vida, la forma de ver; para mí fue descubrir una forma de escribir muy cinematográfica, la música, un lenguaje y un sentir de mi generación.
    Y ahora ¿en película?
    No deja de conmover un poco. En el buen sentido, pues a lo mejor se recrean esas emociones, las inquietudes que nos generaron. La literatura comparada es importante, en este caso libro/película, no para destajar o para hacerlas competir la una con la otra; pero para ver esos filamentos, esas fisuras que en su transversalidad son las que perduran como lo maravilloso de Caicedo y que serán por siempre su legado.
    Me da una curiosidad enorme esta película. Gracia por tu texto.
    Un saludo.

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    1. Creo que la lectura que hicieron de la novela el director, los guionistas y los productores es muy actual, muy oportuna. Ahora que entraremos en el post-conflicto nos va a tocar revisarnos como sociedad a fondo, so pena de volver a caer en las mismas trampas de siempre: exclusión, clasismo, racismo...
      Saludos, Aleja, Mario.

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  4. creo que nunca una película se puede comparar a un libro porque el libro te transporta a una dimensión que solo tu mente imagina es como una película pero mental,, andres Caicedo era un escritor polifacético que vivía en un mundo que no lo entendio ni el supo entenderlo creo que eso fue lo que el plasmo en el libro espero que la película valga la pena verla saludos mario a propósito cuando sacaron la película basada en tu libro satanas le recortaron un poco por eso los libros siempre superaran las peliculas

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    1. A mí me gustan ambas películas independientemente de los libros... Saludos, MM...

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  5. creo que no puede lograr eso una película

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