26 nov. 2015

VACACIONES





Y bueno, acabo de otorgarme a mí mismo vacaciones. Por fin... Espero que descansen mucho, que lean, que vean buen cine, que visiten las exposiciones de arte, y ya nos veremos en el 2016 para seguir resistiendo cada vez con mayor fuerza y determinación...
Felices fiestas para todos,
Mario Mendoza

23 nov. 2015

EN DEFENSA DE LAS HUMANIDADES





Parece mentira que estemos en guerra contra las humanidades, que en cientos de universidades del mundo occidental empiecen a recortar las materias de cine, de literatura o de historia, en aras de multiplicar las asignaturas científicas, contables o tecnológicas. Incluso han empezado a cerrar carreras enteras porque las consideran inútiles o poco rentables. Es de una ceguera de no creer.
A todos esos directores o rectores ignorantes habría que dictarles un seminario de las razones por las cuales hemos destruido el planeta entero y estamos empezando ya a destruirnos a nosotros mismos. Todo ese discurso de la razón moderna, toda esa apología del cientificismo terminó con el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Y desde entonces el capitalismo no ha hecho más que nutrirse, justamente, de la revolución científica e industrial.
Por eso el capitalismo aborrece las humanidades, porque pertenecen al orden del ocio, de la no productividad, del placer, de la contemplación, de la belleza, del porque sí. El hombre capitalista, el empresario exitoso, el hombre ocupado que siempre está sumando y restando sus ganancias, es el Homo Faber. Ese mismo ególatra es el que ha contaminado el agua, el que ha arrasado bosques y selvas enteros, el que ha exterminado a las otras especies, el que ha abierto agujeros asesinos en la capa de ozono, siempre con su calculadora en la mano contabilizando sus ganancias y haciendo la apología de su pretendida inteligencia.
El pintor, el bailarín o el director de cine pertenecen al Homo Ludens, al hombre lúdico que detiene el tiempo y decide pensar y crear impulsado por fuerzas que lo sobrepasan, que son superiores a él. Está en contacto con otras dimensiones, siente de otro modo, reflexiona de manera distinta, sin pensar en su propio provecho, sin calculadora, sin ganancias, muchas veces con su cuenta bancaria en ceros. De allí nace su energía, su potencia desmesurada, su fe, su absurda entrega a una creatividad que nos ilumina y nos transforma a todos.
Homo Faber y Homo Ludens son dos modos complementarios de ver el mundo, de interpretarlo y de asimilarlo. Se necesitan mutuamente, son como dos hermanos gemelos, como una sola deidad bifronte. El problema es que el capitalismo no soporta dualidades ni multiplicidades, sólo rentabilidad. Por eso detesta y aborrece al otro, al que ama la lectura, el cine, al danzante, al que pinta, al que toca el violín o canta a altas horas de la noche. Sabe perfectamente que si hay alguien capaz de ponerlo en la picota pública y hacerle un juicio de responsabilidades, es precisamente ese hermano díscolo y travieso: el Homo Ludens juguetón y melancólico.
Por eso ahora ha decidido borrarlo del mapa, negarlo, abrirle un pliego de cargos tachándolo de vago, improductivo, sinvergüenza e inútil. Y ese crimen nos costará muy caro. Porque Homo Faber solo, a la deriva, sin brújula, sin pintores, sin cantantes de jazz, sin actores ni poetas, se hundirá cada vez más en un abismo que terminará por destruirlo. Porque Homo Faber es un matón y un suicida sin remedio, no sabe controlar sus fuerzas autodestructivas. Y arrasará con todo, y se matará a sí mismo, tal y como está haciéndolo en este justo momento.
Por eso cada vez que un muchacho dice “Voy a estudiar literatura, mamá”, o “Quiero hacer cine, papá”, o “Les confieso que lo mío es dibujar y pintar”, en ese preciso instante nos estamos jugando todos el destino de la humanidad. Porque sin cine, sin novelas ni poemas, sin música, sólo nos queda hacer filas para pagar recibos, revisar el saldo de la cuenta cada día, pedir préstamos, cancelar las deudas de las tarjetas de crédito y suplicar cada mes por un aumento en la oficina. Es decir, la vida plana, sosa y tediosa del hombre productivo que al final termina deprimido, sin saber adónde ir, perdido en la maraña de su propia soberbia, reconociendo que sus billetes, indefectiblemente, no lo hacen feliz. Y que cualquier noche acude a una sobredosis de somníferos o se pega un tiro y se vuela la tapa de los sesos.

Ese es el destino que nos están labrando aquellos que borran del mapa las humanidades.

16 nov. 2015

Tercera Guerra Mundial






Los recientes atentados en París vuelven una vez más a poner el dedo en la llaga. La coalición internacional, con una lógica binaria que no deja espacio para pensar, parece incapaz de analizar la situación desde un ángulo que le permita verse a sí misma como el origen de ese terror que ahora padece.
Desde la primera guerra en Irak a comienzos de los años noventa, cuando Estados Unidos con Bush padre a la cabeza decidió atacar, se cumplió la vieja sentencia norteamericana de exportar la guerra por fuera de su territorio y de sus fronteras, es decir, armar la debacle lejos de su gente, de sus ciudadanos, de sus bancos, de sus ciudades, de su infraestructura. Masacrar, bombardear, asesinar, cometer genocidios a gran escala en otros países, en otros continentes, lo más lejos posible de Washington, Los Ángeles o Nueva York. Así se hizo en la Primera Guerra Mundial, en la Segunda Guerra, en Corea, en Vietnam, en Afganistán.
Incluso la guerra en contra del narcotráfico ha tenido esa misma lógica. Aunque los mayores consumidores son norteamericanos, y aunque la mayoría del dinero se queda en los bancos de ese país, la guerra no se libró allá, sino aquí, en Colombia, donde los muertos eran y siguen siendo nuestros. Siempre deben ser otros los que pagan con sus vidas los conflictos armados por los Estados Unidos. Y cuando ellos asesinan no se llama terror, sino democracia, justicia y libertad. Sólo se usa esa palabra para los que se defienden. Se trata de una lógica muy perversa y corrosiva que ha sembrado el caos y el desastre en varios lugares del planeta.
En 1993, células militares financiadas por la incipiente Al Qaeda atacaron el World Trade Center poniendo 680 kilos de explosivos en los sótanos de estos edificios. La idea era devolver el golpe y atacar en el corazón del imperio, en plena Nueva York: derrumbar la torre norte y que cayera sobre la torre sur. La explosión abrió un boquete de 30 metros de profundidad, pero no salió como estaba planeado y el edificio se mantuvo en pie. Fue el primer aviso de que el terror engendra terror.
La intervención en Irak tenía también intereses económicos en los pozos petroleros, en la exportación de energía para los países europeos de la coalición y en la infraestructura de los gaseoductos que cruzan esos países. Como siempre, se trataba de dejar gobiernos títeres que sirvieran a los intereses occidentales.
Después del ataque a las Torres Gemelas en el año 2001, Bush hijo, que se había robado las elecciones anulando buena parte del voto afroamericano, decidió atacar Irak con el argumento de que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva (químicas, nucleares y biológicas) que eran una amenaza para la seguridad nacional norteamericana. Nunca se encontraron tales armas y muchos años después tuvieron que reconocer que le habían mentido tanto a los ciudadanos estadounidenses (que habían mandado a sus hijos a matar y a morir), como al mundo en general.
Miles de bombas cayeron sobre la población civil, es decir, en colegios, en hospitales, en edificios comunes y corrientes. A esto lo llamaron daños colaterales. Según ellos, pequeños errores que justificaban los objetivos generales. Sólo porque los muertos no eran europeos ni norteamericanos.
Uno cree que en la toma de decisiones, que en las altas esferas de los gobiernos hay personas capacitadas pensando en el bienestar general. No es así: son peones de intereses privados oscuros y macabros. El excelente documental de Michael Moore muestra el lado mediocre y siniestro al mismo tiempo de los hombres que están en el poder.
Esos niños que sobrevivieron a los bombardeos y a los genocidios son los que ahora vemos empuñando cuchillos y degollando extranjeros con un salvajismo que creíamos ya desaparecido. El odio engendra odio. El niño maltratado cuando crece es un adulto maltratador. La víctima de bullying es la que luego entra a los salones de clase con un rifle en las manos y aniquila a sus compañeros y profesores sin pestañear.
Y ahora Francia decidió bombardear posiciones en Siria, es decir, una espiral de violencia que parece nunca terminar. La locura desatada. Ya están Francia e Inglaterra metidas de cabeza en el conflicto, China, Estados Unidos y Rusia, Turquía con una posición ambigua que sólo busca sus propios beneficios en la zona, e Irán que es clave tanto como agente desestabilizador como agente de paz.  Es una guerra mundial que irá creciendo poco a poco.
Las medidas contra los inmigrantes en Europa se harán cada vez más xenófobas y los ataques terroristas más dañinos y letales. Una noticia de último minuto dice que hoy en la tarde desalojaron la Universidad de Harvard por una amenaza de bomba.

Ya en ningún lugar del mundo estaremos seguros y la barbarie será la consigna a seguir en todos los rincones del tablero de ajedrez. Agonizan la mesura, la inteligencia, la alteridad y la fraternidad.

12 nov. 2015

Cristian Mclaud



Hace unos años conocí al artista Cristian Mclaud. Visité su taller y me encantaron sus cuadros. Adquirí dos, los cuales cuelgo aquí a manera de sentido homenaje. El de la pared amarilla se llama, precisamente, Buda Blues.
Ahora expondrá algunas piezas de joyería artística y aquí están los datos para aquellos que sientan curiosidad por su trabajo. La entrada es totalmente libre.
Saludos para todos, MM.











9 nov. 2015

Bienaventurados los desobedientes






No me interesan las fuerzas que nos lanzan hacia el centro, es decir, hacia las zonas de poder: dinero, éxito, belleza, prestigio. Me parecen muy peligrosos los discursos del triunfo, del liderazgo, del “tú todo lo puedes”. Me interesan las fuerzas que van hacia afuera, que nos lanzan en dirección contraria, que nos sacan, que nos ayudan a despertar.
Lo primero que tendría que aclarar es que, a diferencia de lo que han asegurado muchos críticos, a mí no me interesa la miseria, ni los humildes como mera reivindicación política. No hay que confundir marginalidad con pobreza. Son asuntos distintos. La marginalidad es una posición de distancia con respecto al centro, una línea que me deja por fuera independientemente de mi estatus social. Puedo ser millonario y entrar en una línea centrífuga que me deje al margen: el alcohol, la depresión, la inconformidad, la locura, la empatía con respecto al dolor del otro, el arte. No tiene que ver con tener dinero o no tener. Tiene que ver con salirse de las líneas centrípetas. Es un problema de física, de geometría, de diseño.
¿Y por qué me interesan esas líneas que nos lanzan hacia afuera, que nos obligan a tomar distancia con respecto al establecimiento? ¿Qué hay de positivo en la marginalidad?
Porque cuando todo alrededor apesta, cuando todo hiede, cuando todo es una farsa de mal gusto, salirse de la podredumbre es un asunto ético. Pertenecemos a una cultura que predica el amor, la solidaridad, las buenas costumbres, y que en realidad practica todo lo contrario: intolerancia, violencia indiscriminada, crueldad, desprecio, ruindad moral.
Aumentan los cultos y las religiones, por todas partes vemos cursos sobre crecimiento espiritual, y en realidad pisoteamos al otro, lo insultamos, lo matoneamos con enorme facilidad. Por todas partes los políticos de oficio enuncian sus buenas intenciones, y lo que vemos en la praxis es el matrimonio despiadado entre los grandes empresarios, los banqueros y los partidos conquistando escaños a punta de sanciones y medidas que afectan a la enorme mayoría.
Crece el hambre, crece la injusticia, crece la arrogancia y la soberbia, crece el desastre ambiental, crecen las guerras, el intervencionismo y la competencia económica desleal. Los ricos acumulan cada vez más y los trabajadores están siempre un paso más cerca del abismo. Es un juego macabro de afirmar una cosa y hacer otra, de decir algo y practicar exactamente lo contrario.
Por eso pertenecemos a una sociedad enferma, disociada, psicótica, dañina, perjudicial. Y cuando alguien no puede más, cuando alguien se da cuenta de ello, lo medicamos, lo enviamos al psiquiatra o al psicólogo, procuramos reincorporarlo a las filas de los normales obedientes que deben trabajar callados hasta el fin de sus días. Cuando debería ser al revés: el que despierta, el que guarda distancia, el que se aleja de la manada es el que está sano.
La sociedad occidental es la que debe sentarse en el sillón y analizarse a fondo para tomar conciencia de lo mal que está, de lo perjudicial, sádica, mentirosa y corrupta que es. Pero no, en un juego doblemente perverso, lo que hacen es todo lo contrario: señalan al marginal, lo enlodan, lo castigan y le hacen la vida imposible. Lo llaman de mil modos, todos despectivos (perdedor, fracasado, ocioso, desquiciado, vago), y detrás de ese señalamiento se esconde en verdad el miedo y la incapacidad de verse en el espejo y de reconocer la miserable condición humana que nos conduce día a día a una autodestrucción sin remedio. Esto es lo que en un tiempo se llamó la crisis de la conciencia, y que hoy hemos olvidado de manera taimada y socarrona.
El desastre exterior es un reflejo de nuestro desastre interior.
Por eso admiro y venero las fuerzas centrífugas que lanzan a un sujeto hacia el borde, que lo ubican en extramuros, más allá del feudo: porque son sanas, bellas, lúcidas y necesarias para recomponer una imagen del hombre no alienado por los discursos de poder. Me interesan todos aquellos caminos por medio de los cuales es posible escapar del panóptico contemporáneo.

Bienaventurados los desobedientes, los que un día dan un paso a un lado y se salen del rebaño, porque ellos y sólo ellos descubren la insania y el delirio en los que antes estaban atrapados.

2 nov. 2015

RECOMENDACIONES



En lugar de la columna semanal, algunas recomendaciones cinematográficas y una serie de TV. Espero que las disfruten.
Saludos, MM.

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