17 jul. 2016

FRANKENSTEIN




A comienzos del siglo XIX, la todavía adolescente Mary Godwin (luego de casada Mary Shelley), escribe esta curiosa novela que será leída después desde innumerables puntos de vista. Frankenstein El Moderno Prometeo será interpretada como una historia de terror gótico, como una oposición romántica al racionalismo del siglo XVIII, como un relato de anticipación con respecto a la crisis de la ética en medio de la experimentación científica, como un texto de ciencia ficción que antecede a la creación de robots y cyborgs contemporáneos, como una obra que intuye el problema del inconsciente mucho antes de la llegada del psicoanálisis, en fin, los ángulos se multiplican hasta conformar una mirada caleidoscópica desde muy diversas disciplinas.
Ha sido vista también como una premonición personal y una exposición de los miedos más profundos a reproducirse, a tener hijos, a dar vida, pues la propia Mary Shelley tendría un parto prematuro por esos años y dos de sus hijos morirían luego en condiciones terribles. Para ella, como para Víctor Frankenstein, el médico de su novela, dar vida era en realidad dar muerte.
Algunos ensayistas han visto en este libro toda una reflexión de lo que significa el horror de la obra de arte, es decir, la manera como el artista, aislado y buscando parecerse a los dioses (al mito de Prometeo), se encierra durante un tiempo a crear un ser nuevo, una pintura, una película, una novela. El problema es que ese nuevo ser se puede convertir en una entidad espantosa, macabra, impredecible, hasta el punto de destruir la vida de su propio creador. La obra de arte se independiza y cumple muchas veces destinos atroces que son imposibles de prever. Como ciertos hijos cuyas vidas no podemos controlar y terminan convertidos en auténticos monstruos que hubiéramos preferido no engendrar.
De todas las adaptaciones que se han hecho para cine de esta novela, incluidas las del legendario actor Boris Karloff, quizás la más fiel a la historia original sea la de Kenneth Branagh con Robert De Niro en el papel del engendro mutante. Son memorables en esta película las escenas de Frankenstein aprendiendo el milagro de las palabras y convirtiéndose en un ser resentido y violento porque los mismos hombres lo obligan a ello.
Una de las lecturas más seductoras es la de ver el libro como una crítica al pensamiento racional que empezaba a considerarse por ese entonces todopoderoso y sin límites. Desde estos años los artistas y los escritores anunciaron de manera categórica el desplome de un determinado modo de pensar: la razón moderna heredera de los hombres del Renacimiento. Creíamos, sobre todo después de la Ilustración del siglo XVIII, de la Revolución Industrial y de la Revolución Francesa, que íbamos a ser capaces de construir un mundo mejor, solidario, fraterno, igualitario. Creíamos en el progreso. No fue así. Ninguna de las promesas del proyecto moderno se cumplió a cabalidad. En realidad, lo que ocurrió fue todo lo contrario: más miseria, más hambre, más desigualdad.
Frankenstein, los personajes trastornados de Poe, o Mister Hyde, el famoso personaje siniestro de Robert Louis Stevenson, que se ocultan tras la razón científica, funcionan como metáforas de toda la Modernidad occidental, de cuanto subyace tras el discurso cientificista y también tras la crueldad capitalista. Un monstruo que terminará emergiendo a la vida diurna e imponiendo su lógica.
La angustia de toda la primera mitad del siglo XIX, la desesperanza, la melancolía, desembocan en lo que aparecerá como el primer signo de desplome, confirmando todo lo que esos escritores, artistas, poetas y filósofos venían anunciando: la Primera Guerra Mundial deja perfectamente claro que no mejoramos, que no hay progreso, que tras los valores que encarnaba la Revolución Francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre subyacía una farsa.
Freud, lector asiduo del movimiento romántico, logra postular ese inconsciente que estaba latente en el Frankenstein de Mary Shelley, en Poe, en Stevenson, en Rimbaud. Las buenas intenciones del doctor Jekyll terminan en realidad dando vida a un engendro maligno que es Mister Hyde. De igual modo, los experimentos científicos del doctor Víctor Frankenstein acaban por crear en el laboratorio a una entidad demoníaca y perversa que funciona como un espejo del lado oscuro de la humanidad.
Esa escisión significa la otredad. Significa que ya no tengo identidad, que no me considero un ser sólido, monolítico, que percibo que hay en mí, como mínimo, un desdoblamiento que no logro entender a cabalidad. Si yo es un otro, como había dicho Rimbaud, ¿quién es ese otro? ¿Quién es ese que está ahí adentro dirigiendo de algún modo mi propia existencia? Esa distancia entre lo que yo quiero ser y lo que puedo ser es el inconsciente.
Uno no es dueño de su vida, hay fuerzas que vienen de una intimidad recóndita, de pasadizos internos ocultos, fuerzas sobre las que no se tiene control y que marcan de un modo u otro el propio destino. Más allá de mis deliberaciones y decisiones racionales hay algo que termina dirigiendo mi vida desde el sótano de mi psique. La mayoría de las personas no estudia ese sótano, y quien no conoce sus cloacas, como Víctor Frankenstein, termina ahogándose en ellas.
Freud no hizo sino insistir en que había que poner atención a esa fuerza invisible, que era preciso revisar el inconsciente. Nada. Todos sonrieron. El hombre occidental, muy seguro de sí mismo, enarbolando su ego racionalista como bandera, dijo que eso eran supercherías, que lo que los artistas y los psicoanalistas anunciaban no era nada científico, verificable en la realidad, y que en consecuencia eran puras tretas y fraudes inventados por poetas y agoreros.
Esto no sucede sólo en el plano individual. Freud anuncia a la cultura occidental que detrás de su aparente prepotencia y su discurso racional se oculta algo muy sombrío a lo que es preciso atender. Y estallaron las dos guerras mundiales y el mundo se convirtió en un infierno. Después de 1945 nada volvió a ser lo mismo.
¿Por qué esa fecha es tan definitiva, tan categórica, la división entre un antes y un después? Porque luego de los campos de exterminio y del lanzamiento de las bombas atómicas todo quedó permitido, el hombre occidental se creyó con derecho a asolar y destruirlo todo. Si fue capaz de masacrar a cientos de miles de civiles indefensos, incluidos niños que estaban en sus escuelas; si fue capaz de conducir a más de seis millones de personas a hornos crematorios y a cámaras de gas; si fue capaz de convertir a seres humanos en zombies ambulantes, famélicos y hambrientos, entonces se creyó con licencia para hacer cualquier cosa, para arrasar con lo que fuera. 
Y lo hizo.
Desde entonces, nuestro Frankenstein occidental, nuestro Mister Hyde, ha pisoteado el globo a su antojo, ha hecho y deshecho, ha desaparecido de la faz del planeta a miles de especies, ha contaminado, ha modificado el clima, ha bombardeado a diestra y siniestra, ha utilizado armas químicas, ha violado todas las prohibiciones internacionales, ha dejado a más de mil millones de personas en la inanición, ha creado un modo de vida en donde la clave es pisotear y hundir a sus semejantes.
Y nuestro monstruo está convencido de que no pasará nada, que tiene derecho a todo, que a él nadie lo puede cuestionar ni exigirle que rinda cuentas. Cuando lo intentan poner contra la pared se enfurece, agrede al otro y sale corriendo manoteando y vociferando. Cuando los académicos y los científicos le advierten que estamos a punto de entrar en un punto de no retorno y que las consecuencias de semejante arrogancia serán devastadoras, entonces llama a los que lo cuestionan “chapuceros apocalípticos”.
No hay forma de que esta criatura diabólica haga un examen de conciencia, no hay manera de enseñarle qué es un ajuste de cuentas consigo mismo. El se cree todopoderoso, brillante, indestructible.
El doctor Víctor Frankenstein también es el origen de otro personaje oscuro de la literatura: el doctor Moreau de H.G. Wells, un médico que experimenta con seres humanos en una isla remota y abandonada, que efectúa trasplantes entre individuos y animales de otras especies. Y, aunque parezca un disparate, tanto Frankenstein como Moreau tuvieron su correlato en la vida real: el doctor Joseph Mengele durante la Segunda Guerra Mundial.
El Ángel de la Muerte había sido el médico más famoso del campo de exterminio de Auschwitz. Su especialidad era la genética y arrastraba desde tiempo atrás una obsesión: los gemelos. Por esta razón, elegía a algunos de los prisioneros para esterilizarlos y otros para abrirlos en la mesa de disección y explorar dentro de sus órganos, como Víctor Frankenstein, en busca de la clave de la vida. Muchos de esos prisioneros morían en las camillas abiertos en canal, desangrados y con sus corazones palpitando al aire libre. Eran los cobayos humanos del Monstruo, como también se le llamaba en los campos de concentración.
En 1945 Joseph Mengele se fuga y de allí en adelante su vida parecerá sacada de uno de sus propios experimentos, pues tuvo que duplicarse y duplicarse en distintas personalidades para poder escapar de las autoridades internacionales.
Terminó camuflado en la Argentina de Perón llevando una vida común y corriente, poniéndose corbata y asistiendo a reuniones de la colonia alemana en esa ciudad, hablando de ópera y de arte como cualquier ciudadano europeo culto y elegante. No obstante, el Monstruo no pudo estar mucho tiempo alejado de su obsesión y muy pronto se hizo pasar como un ducho en temas veterinarios: inyectó a varios ganados de la zona con drogas desconocidas que hicieron a las hembras parir mellizos. Los terratenientes y ganaderos estaban felices con los tratamientos realizados por Mengele.
Cuando los servicios de inteligencia israelíes empezaron a buscarlo se internó en la selva brasileña y llegó hasta un pueblito llamado Cândido Gódoi, donde continuó con sus experimentos. Parece una ficción extraída de una novela de terror gótico, pero hoy en día Cândido Gódoi tiene la tasa gemelar más alta del planeta, y cada dos años estos hermanos idénticos se reúnen en un festival de replicantes misteriosos.

Frankenstein parece una novela que hubiera anticipado todos nuestros horrores. Al conductor del Proyecto Manhattan que armó la bomba atómica, Robert Oppenheimer, después de la guerra la culpa lo convirtió en un científico retraído y depresivo que terminó ahogado en sus propios remordimientos. Ernesto Sábato, que en principio era un doctor en física y matemáticas en el Laboratorio Curie de París, se retiraría de la ciencia durante la Segunda Guerra Mundial de manera definitiva porque ella, según sus propias palabras, “llevaría al mundo hacia el desastre”, y se dedicaría desde entonces a la literatura. No en vano, por esos mismos años, Sartre enunciaría esa frase lapidaria que parece extraída de la misma novela de Marie Shelley: el infierno son los otros.


Tomado de:

http://app.eltiempo.com/lecturas-dominicales/mario-mendoza-analiza-frankenstein/16642456

21 comentarios:

  1. Buen día,
    análisis enriquecedor desde diferentes puntos...
    Gracias, sumerce.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay que informarnos bien para poder defender el proceso... Saludos, MM...

      Eliminar
  2. Hola Mario ¡

    La Epístola a los gálatas es un libro de la Biblia en el Nuevo Testamento. Es una carta escrita por Pablo de Tarso, el capitulo 5 revela la dualidad de los seres humanos y su permanente lucha :

    Conflicto entre el Espíritu y la carne (Galatas 5: 16-21)

    Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

    El fruto del Espíritu :(Galatas 5: 22-26)

    Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
    Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

    Como te parece?


    Gracias Mario por compartir.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros"... Muy bello y cierto... Lo más difícil no será desarmar a los combatientes, sino a la gente... Saludos, MM...

      Eliminar
    2. Con todo respeto, de esa lista macabra yo quitaría la sensualidad y la hechicería, artes mayores.

      Eliminar
  3. Hola.
    Te escribe Maria Ordoñez, un placer saludarte.

    Quería hacerte una propuesta de beneficio mutuo con el blog que manejas , si estas interesado y quieres te informe un poco más sobre dicha propuesta, esperamos una respuesta de tu parte confirmándonos para así poder enviarte toda la información necesaria con respecto a lo mencionado.

    Quedo a tu disposición y a la espera.

    Puedes contactarme a través de marketingdigitalg@gmail.com o indicarme un email de contacto y con gusto te envío la información.

    Saludos cordiales.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ando en gira, María Victoria, y por eso no tengo tiempo en estos meses... Saludos, MM...

      Eliminar
  4. "Y, aunque parezca un disparate, tanto Frankenstein como Moreau tuvieron su correlato en la vida real: el doctor Joseph Mengele durante la Segunda Guerra Mundial".


    En una entrevista de Carmen Aristegui ( https://www.youtube.com/watch?v=z0v5nAOu-f4 ) ví que citaban este articulo http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/articulo/juan-ramon-de-la-fuente/nacion/2016/04/18/la-psicologia-de-donald-trump y me acordé de Frankenstein. También me acordé de León Soler. No sé si sea un disparate pensar que Donald Trump es la oscuridad que se supone nos hará brillar más, esa utopía. La lucidez es dolorosa, la realidad del orden mundial, todo al revés. Por fortuna hay amigos como Alfonso Rivas. Acordándome del pensamiento resiliente de Boris Cyrulnik mencionado en La Melancolía de los Feos "de todo dolor es posible extraer un renacimiento, detrás de toda desesperación hay una puerta que conduce a la vitalidad y a la esperanza".



    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todo tiende a empeorar. Por eso se dice que ya pasamos el punto de no retorno. Los conflictos internacionales irán en aumento... Qué buena cita... Saludos, MM...

      Eliminar
    2. En la popa de Nautilus II, Capitán, me parece oir vientos así https://www.youtube.com/watch?v=wEBlaMOmKV4

      Saludos Maestro, con aprecio y admiración, que los vientos comanden sus libros, que vengan muchas giras y giros por todo el mundo.

      Eliminar
    3. Qué gran video. Muchas gracias por compartirlo. Lo subiré ya mismo al Google+... Saludos, MM...

      Eliminar
  5. Me permito una digresión, señor Mario: estas palabras definen también (y extrañamente) al tipo de hombre que juega con las mujeres, hasta que alguna lo pone contra la pared, le canta la tabla tranquilamente y lo confronta. No generalizo, querido género masculino. Pero si digo que para mí es una de las involuciones del cerebro macho en la gran mayoría de sus filas. El pasaje que termina en "sale corriendo" es exacto: "Y nuestro monstruo está convencido de que no pasará nada, que tiene derecho a todo, que a él nadie lo puede cuestionar ni exigirle que rinda cuentas. Cuando lo intentan poner contra la pared se enfurece, agrede al otro y sale corriendo manoteando y vociferando. Cuando los académicos y los científicos le advierten que estamos a punto de entrar en un punto de no retorno y que las consecuencias de semejante arrogancia serán devastadoras, entonces llama a los que lo cuestionan “chapuceros apocalípticos”.
    No hay forma de que esta criatura diabólica haga un examen de conciencia, no hay manera de enseñarle qué es un ajuste de cuentas consigo mismo. El se cree todopoderoso, brillante, indestructible."

    También me hace pensar en aquel ex-presidente colombiano que se resiste a dejar tranquilo al país que asoló en su largo mandato de ocho años. C' est la vie. Igual no creo que le guste la buena literatura.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro que sí. Por eso mismo Brigitte Baptiste dice que su transexualidad tiene que ver con un tema ecológico: salir del punto de vista masculino, de la mano que atrapa, que posee, de la productividad capitalista...
      Saludos, MM...

      Eliminar
  6. Hola Mario, creo que la cosa es al reves. creo que el monstruo es la sociedad y frankestein es solo un chivo expiatorio. No te parece?

    Mario, una infidencia que creo que debes conocer. Es como de novela. Gracias a tus escritos conoci a mi novio. Sale en uno de tus libros y por alguna razon su historia me cautivo le hice la caceria y nos conocimos. Nunca me imagine que pudiera existir alguien tan dulce y tan melancolico a la vez.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sospecho de quién se trata... Me alegra mucho... La melancolía puede ser un exceso de lucidez...
      Saludos, MM...

      Eliminar
  7. De cierta forma cada individuo esconde dentro de sí algo que desea limpiar, eliminar de su interior. Que le causa recelo y miedo algo muy parecido a ese monstruo, porque somos parte de algo y francamente no manejamos un 5% de lo que hacemos y mucho menos de las decisiones que se desencadenan a nuestro paso, vamos dando tumbos intentando huir de nosotros y de nuestra carne. Que ironía.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Somos movidos por fuerzas que desconocemos, sí, así es...
      Saludos, MM...

      Eliminar
  8. Mario, la siguiente es una pregunta salida del tema pero espero no ser inoportuna. En esencia ¿Cuál cree usted que es el eje central del libro Cobro de sangre?. Estoy ensañada en la lectura y re lectura del mismo hace un buen tiempo y he llegado a pensar que podría ser tanto Proyecto Bogotá como la literatura en si, pero me resultaría gratificante saber su punto de vista.

    Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El autor no tiene la clave del libro. Funciona como un lector más. Tu opinión es tan válida como la mía... Para mí se trata de cómo la venganza puede hundir no solo a un individuo, sino a toda una colectividad...
      Saludos, MM.

      Eliminar
  9. Sí, en efecto, el infierno son los otros, pero la otredad no es otra cosa que un reflejo de la propia percepción, ese malestar que Freud entendió en la cultura, que se evidenció igualmente en las guerras del yo. Estamos constituídos por cosas perversas, pero lo grave es que los avances para superar ese estadío primal son cada vez menos considerados, con el creciente desprecio por las humanidades, a través de la negación de la capacidad creativa y la búsqueda tan solo de efectos productivos y rendimiento de cada actividad humana, lo que lleva no menos a que estemos cansados, a que se nos agote y se nos obligue tan solo a trabajar para poder descansar, a anhelar cada cosa que no podemos tener para que seamos fácilmente sometidos.

    Mario, si alcanza a leer este comentario, por favor recomiendeme algo de Rimbaud.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es... Hay ediciones de la obra completa de Rimbaud tanto en verso como en prosa. Si puedes conseguir la de Ediciones Río Nuevo, que es bilingüe, vale la pena.
      Saludos, MM.

      Eliminar